En los Inicios del Capitalismo Monopolista e Imperialista Usamericano

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En los Inicios del Capitalismo Monopolista e Imperialista Usamericano

USA-IMPERIO

En los Inicios del Capitalismo Monopolista e Imperialista Usamericano

En 1873, una nueva crisis económica devastó a la nación. La crisis era parte integrante de un sistema caótico de por sí, y en el que los ricos eran los únicos que gozaban de seguridad. Era un sistema de crisis periódicas -1837, 1857, 1873 (y luego: 1893, 1907, 1919, 1929)- que liquidó a las pequeñas empresas y trajo frío, hambre y muerte a los trabajadores, mientras que las fortunas de los Astor, los Vanderbilt, los Rockefeller, y los Morgan seguían creciendo, hubiera paz o guerra, crisis o recuperación. Durante la crisis de 1873, Carnegie se ocupó de hacerse con el mercado siderúrgico, y Rockefeller borró del mapa a sus competidores petrolíferos.

Howard Zinn

Los métodos gansteriles han sido de amplio uso para la dominación económica en los Estados Unidos, sobre todo en la primera etapa del proceso de concentración y centralización del poder económico. La casi totalidad de las ‘grandes fortunas’ y de las empresas monopolistas han utilizado métodos gansteriles en alguna de sus formas, para lograr sus propósitos de dominio y lucro.

José Luis Ceceña

Una Gran Verdad. Más acá de los sesudos análisis de los filósofos de la ciencia, discurriendo sobre métodos y praxis, proyectos y procedimientos racionalistas y protocolos de investigación, cuando que la clave de la ciencia moderna radica en haber devenido en una ciencia aplicada, y más precisamente, en una tecno-ciencia adecuada a la aplicación práctica, fabricante de máquinas, herramientas y enseres en muy diversos rubros de producción, conservación y transporte. Máquinas y más máquinas perfeccionadas, empleadas en el sector productivo bajo parámetros capitalistas y por tanto en procura de la producción acrecentada que se efectúa para obtener ganancias cortoplacistas. De manera tal que la ‘producción a chorro’ inunda los mercados del mundo, de ahí el que se haya fomentado la educación técnica en los países avanzados desde principios del siglo XIX, produciendo mecánicos, técnicos e ingenieros capaces de ir construyendo la infraestructura y el sector servicios; zonas industriales, inmensas áreas habitacionales, medios de transporte, centros comerciales, lo que propiamente pasa a ser la Tecnosfera.

“Muchos de los inventos de los comienzos del siglo XIX no habían surgido del cerebro de distinguidos hombres de ciencia, sino de la aplicación práctica del ingenio natural de mecánicos y artesanos”. El éxito premiado a la manera capitalista con dinero en abundancia garantiza el quehacer técno-científico concretando en la industria y la maquinaria progresiva. Más acá de los grandes descubrimientos o avances teóricos de Copérnico, Galileo, Kepler, Descartes, Pascal, Newton y subsiguientes físicos teóricos hasta Stephen Hawking, (lo mismo vale para biólogos y geólogos, etc., etc.; la ciencia teórica se sustenta en el desarrollo de la ciencia instrumental y ésta en la técnica, mecánica e ingeniería; en la elaboración de instrumentos y herramientas, por ser la ciencia experimental la que concreta el desarrollo científico). Es la técnica aplicada lo que explica el prodigioso desarrollo moderno. Irrigándose el progreso en una miscelánea de inventos tales como máquinas, aparatos, instrumentos  realizados en los países avanzados, puesto que la ciencia aplicada y la técnica de punta son propias, como privilegio exclusivo, de los países auténticamente capitalistas y así desarrollados. Efectuándose una interdependencia y correlación de diversas invenciones técnicas con sus respectivas aplicaciones conforme va  creciendo la tecnosfera: “…, después de 1850, el progreso técnico era más complejo y necesariamente más interdependiente. La extensión de los ferrocarriles por continentes enteros requería la cooperación de hombres que pudiesen construir túneles y puentes, transmitir signos telegráficos a lo largo de las líneas y entender de resistencias y esfuerzos en los nuevos procedimientos de fabricación del acero. De modo similar, la aplicación del dínamo en la generación de electricidad dependía en gran parte de la adaptación de las investigaciones del físico a la demanda masiva del sistema industrial”.[1] De manera que esos puentes tendidos entre las ciencias teóricas y la aplicación práctica constituyen la dínamo que edifica la Tecnósfera.

Más que Charles Darwin, Herbert Spencer viene a ser el patriarca del progreso, acuñando la idea de la inevitabilidad del progreso humano auspiciado por el ‘inevitable progreso tecnológico al servicio del mejoramiento de la vida’, dando paso a una preferencia tecnológica a promoverse en la educación. Clímax de la Ilustración cual razón científica facturando el progreso.

De manera tal que tanto en Inglaterra como también en Norteamérica, y por igual en Francia y en Alemania, las ciencias aplicadas tenían preferencia al constituirse en el factor primordial del desarrollo material; por algo serán las cuatro grandes potencias del mundo fomentando una educación poli-técnica.

(No resulta anómalo o fortuito que en la actualidad las instituciones educacionales estadounidenses en algunos estados rechacen la teoría de la evolución predicándose el creacionismo ingenuo, suponiendo que el ser humano tan sólo tiene 10 000 años de antigüedad (¿será porque ya no hay homo sapiens en tales latitudes?). Lo que no es óbice para que la tecnología aplicada a la extracción petrolera y la petroquímica, así como la informática sigan avanzando. Pragmatismo utilitarista usamericano mezclado con resabios calvinistas; y peor cosa, adosados con un manejo sensacionalista de fenómenos paranormales e imaginería derivada de avistamientos de OVNIS.[2] Cortina de humo utilizada por la US Air Force para encubrir sus proyectos secretos y las naves prototipo fabricadas en Bases Secretas que son Estados dentro del Estado Usamericano.

Efectuándose un embrutecimiento procurado por el establishment usamericano que afecta al ciudadano común de aquel país y demás en sintonía con la difusión de la realidad distorsionada. Nos lo han advertido, nos lo siguen advirtiendo, ‘está próximo el fin del mundo’, acorde con las profecías de Nostradamus y otras, como las del Panquecito (Gran Pirámide), el mundo terminara en el 2012. Versión History Chanel, canal televisivo propiedad de la Walt Disney Company, una de las 10 mega corporaciones mediáticas, cuyo Holding, incluye negocios petroleros y gaseros.[3] Lo que hace pensar en que la ideología de esta empresa oscila entre versiones azul y rosa de la naturaleza y la sociedad, y la historia de caricaturas apuradas en ‘grandes catástrofes’, antesala del fin del mundo, si es que antes no nos invaden los extraterrestres…, encontrándose la solución en ‘La tierra sin (libre)  humanos’. La pseudociencia y la historia chafa se compaginan preparando la mentalidad de los sujetos cautivos para el Gran Apocalipsis. De cierto que el sistema capitalista, con sus técnicas extractivas y su dinámica entrópica propicia calamidades al continuar con sus praxis exterminadoras de recursos inorgánicos y orgánicos, para satisfacer mercados insaciables dado el patrón de consumo desmesurado que la sobreproducción industrial genera en procura de obtener ganancias capitalistas, alcanzando la ingente máquina y la mancha urbana contaminante un tamaño de afectación planetaria, causante de mega catástrofes toda vez que el impacto medio ambiental, con el cambio climático y el deterioro de los recursos naturales avanza a pasos agigantados, avizorándose un horizonte crepuscular preñado de desastres provocados por el ser humano).

En lo que Usamérica desde el siglo XIX fue tierra de extremos y contrastes. Si en Massachusetts había una élite de intelectuales semejante a las de París y Oxford, un otro extremo se encontraba arraigado de manera popular en los atavismos puritanos, cristalizando en partidos reaccionarios como el Know-Nothing, compuesto por fanáticos enemigos de los inmigrantes, de los católicos y de cualquier liberal que defendiese ‘lo que ellos estimaban ideas no americanas’. Presentándose desde aquel entonces organizaciones fanáticas fundamentalistas sesgadas, las que hasta la fecha no han logrado obstaculizar el desarrollo tecno científico por el carácter preferentemente pragmático de la sociedad estadounidense, empero, partidos reaccionarios como el Tea Party, adherido a la extrema derecha republicana, ahora mismo pugna por frenar el desarrollo científico que les resulta incómodo a su ideología paleobíblica, propia de ‘cristianos’ –sionistas. En aquel entonces tales fanáticos extremistas triunfaron en estados del Norte y del Sur este, ejerciendo una influencia retardataria en lo concerniente a la superación de los atavismos esclavistas.

Para cuando los Estados Unidos estaban divididos en tres vastas regiones: el Nordeste en franco proceso de industrialización; el Sur de grandes terratenientes esclavistas, dedicados al cultivo de algodón y de tabaco en vastas extensiones; y una tercera región que venía a ser la Frontera Central, inluyendo por el norte a la porción que va de Michigan a Minnesota, teniendo como centro Illinois; zona ya ampliamente ocupada y poblada; presentando en California a la ‘Ultima Frontera’, territorio que fue incorporado como un estado liberal, no esclavista, en plena mitad de siglo. Pasando Chicago a ser las veces de capital intermedia en ruta hacia el ‘Lejano Oeste’, consolidándose como una zona granjera en donde la agricultura industrializada acreció gracias a las trilladoras mecánicas de McCormick. Floreciente factoría Cyrus Hall que industrializó la agricultura en las grandes praderas, haciendo de Chicago “la primera metrópoli granjera del mundo”;[4] pasando a ser una enorme ciudad comercial de granos y ganado, en la cual confluían navegación fluvial y vías férreas. Multiplicándose la producción de trigo que en una década se quintuplica, como fue el caso en Milwaukee; producción agrícola incrementada que a su vez intensifica el tráfico por el Mississippi, desembocando en Nueva Orleáns. Puerto en el que durante el último año de paz (1860) vio descargar unos 3 566 barcos fluviales, al unísono de que “El desarrollo realmente significativo en esos diez años fue el del kilometraje de vías férreas en Illinois: saltó de los 170 kilómetros en 1850 a los 4.587 en 1860”.

Temporalidad en la cual aparece un nuevo Partido Republicano que en Chicago elige a Abraham Lincoln como a su candidato a la Presidencia. Ahí estaba a la sazón el corazón de los EUA. Temporalidad misma en la que el Sur se estaba convirtiendo en una zona atrasada, condición que pasó a oscurecer el panorama del desarrollo optimo en la Unión. Lo que venía aunado a una Gran Depresión en resultas de la sobreproducción y de la especulación inmobiliaria, afectando hacia 1857 los mercados florecientes: “El pánico causó un auténtico conflicto en las ciudades industriales del Este y trajo penalidades a los ganaderos de Ohio, pero no afectó a la producción de las zonas trigueras”. [5] Una típica crisis coyuntural capitalista-urbana que sirvió para confundir a los sureños, haciéndoles creer que su economía agraria era más fuerte y así perdurable que el aparente ‘auge transitorio y ficticio del Norte’. Ergo, las diferencias y la animadversión entre el Norte y el Sur se acrecentaron.

Habiéndose cerrado la expansión territorial, al conjuntarse de manera administrativa-federal el Este y el Oeste, hacia 1890, se potencia la expansión Usamericana fuera de sus fronteras. Su contundente victoria sobre España lo comprueba. Estados Unidos de (Norte) América era la potencia en cierne y su futuro se prefiguraba como portentoso. El llamado ‘pueblo de la abundancia’ se hacía notar en el mundo como el Estado-Nación cuya sociedad iba en  vías de alcanzar la ‘opulencia inigualable’, pujando con impulso productivo por una forma diferente de conquistar el mundo.

Empero, las fastidiosas crisis económicas ya habían aparecido para constatar que el capitalismo no era un sistema idílico.[6] En esa ocasión en particular una aguda crisis iniciada hacia 1873 afectó tanto a Europa Occidental como a Norteamérica –lo que habla ya de la correlación noratántica anglosajonica-, oscilación que alcanzó su mayor afectación hacia 1893, conociendo un ‘pánico financiero’ que dejaba ver que el dorado de los midas men era a beneficio de capitalistas de grandes empresas y bancos, enriqueciéndose siempre a costillas del pueblo. En el reverso de la moneda agricultor y ganadero veían pasar su etapa de auge.

La agroindustria en competencia internacional por los mercados de granos, carnes y pieles, iba quedando a merced de los potentados ferrocarrileros y de los insidiosos banqueros. Los granjeros se tornaban dependientes de la industria del Noreste, mientras que los Estados del Oeste se tornan mono cultivadores y se volvían compradores asiduos y así cautivos de lo que por ferrocarril les enviaban de su ‘Lejano Este’: “El agricultor no sabía con exactitud lo que estaba ocurriendo, pero creía que estaban abusando de él, los precios de los productos que vendía oscilaban, pero casi siempre tendían a disminuir. En cambio, los precios de todo cuanto compraba –precios artificialmente mantenidos al alza mediante aranceles elevados, cómo él creía, y no sin cierta razón- nunca bajaban. Las deudas contraídas durante los tiempos de euforia tenían que pagarse en los años difíciles. La vida en la frontera era dura y violenta, sobre todo para las mujeres…. El agricultor norteamericano creía que estaba siendo sacrificado para mantener a los Estados Unidos dentro del patrón oro, debido a la influencia de los banqueros de Londres, en especial de los Rothschild. Así fue como el antisemitismo se infiltró en la mentalidad de la población agrícola”.[7] Era el caso de que el capitalismo financiero comenzaba a apoderarse de la economía.

Por debajo de la expansión y el crecimiento extraordinario había una problemática inevitable lacerando al trabajador. La gran depresión iniciada hacia 1870 –apenas salidos de la Guerra Civil-, afectó al conjunto de trabajadores urbanos que tendían a incrementarse, compuesto por diversas etnias y modalidades.

Para cuando una nueva oleada de inmigrantes italianos, polacos, austro-húngaros, griegos, judíos, arriban a los puertos del Este convirtiéndose en la nueva mano de obra urbana apta para ser explotada, haciendo que la lucha de clases cobrara sentido. Estallando huelgas en la prodigiosa industria del acero y el carbón. Así por ejemplo: “La gran huelga de Homestead, cerca de Pittsburgh, que en el año de 1892 dio lugar a sangrientas refriegas entre los detectives de la agencia Pinkerton, contratados por la Carnegie Steel Company, y los iracundos obreros, (lo que) vino a incrementar la escisión de la sociedad norteamericana”.

Décadas en las que las oscilaciones en el mercado mundial de granos y algodón dificultaban la recuperación del Sur: “El negro emancipado no era un auxiliar bien pagado ni un propietario rural sino una especie de aparcero, un trabajador al que no se pagaba en metálico sino con una parte de la cosecha. Lo mismo ocurría con muchos de los llamados poor whites (pobres blancos). Ambos eran víctimas de la guerra y del nuevo sistema industrial y agrícola. El Sur era entonces una colonia de los financieros del Norte; una colonia administrada por dirigentes sureños, pero colonia al fin y al cabo”.[8]

Los monopolios crecían como trust, precisando ser así oligopolios, y se hacían más poderosos; fue el caso de la odiada Standard Oil Company, agudizándose las contradicciones sociales y fomentando el malestar entre los trabajadores. ¿Cómo se habría de resolver o paliar el conflicto entre clases?:  En 1894 una marabunta de desempleados marchó de Coxey hacia Washington presionando al Congreso para obtener ayuda; mientras que en el Sur, las clases dirigentes vieron con preocupación la alianza –breve- establecida entre los poor whites y los niggers, formando un Partido Popular.  ¿Y qué sería de los ricos si los pobres se unificasen y los combatieran? El descontento cundía y el status quo se sintió amenazado. Cientos y miles de pequeñas batallas en la lucha política acaecieron en las crecientes urbes, pero el capital no dejaba de desarrollarse ni de imponer sus designios, tal y como fue percibido por el candidato demócrata de extracción popular, Willian Jennings Bryan, el desarrollo capitalista en Usamérica se disponía a “crucificar a la humanidad en una cruz de oro”. Lo que precisamente vendría a ser el caso en un país como los Estados Unidos, en donde el desarrollo capitalista aunado a la absorción de recursos por la fuerza centrípeta neocolonialista, dotaría de satisfactores suficientes incluso a las clases bajas, interrelación en la economía-mundo que para el Sur significaba (representaba) una crucifixión en una ‘cruz de hierro’.

Al centro el presidente William McKinley, en una visita a la casa de su 'mentor' Mark Hanna, parado a su izquierda

En ese entonces la contienda política se entabló entre demócratas versus republicanos, populistas versus representantes de los magnates. Willian McKinley, candidato presidencial republicano era el elegido de Mark Hanna, gran capitoste del acero de Cleveland.

La campaña presidencial de 1896 marcó un hito en la política estadounidense: “…, la aparición de Mark Hanna en la liza era otro signo de los tiempos, puesto que, para ser un hombre de negocios norteamericano, sus opiniones acerca del mundo industrial eran considerablemente avanzadas. Hanna despreciaba a quienes, como Carnegie y Frick, sostenían enconadas luchas con sus obreros, y estaba convencido de que los sindicatos obreros, si bien atemorizaban a muchos patrones, no les causaban serios perjuicios reales, a pesar de lo cual no tenía inconveniente en fomentar ese temor. La campaña republicana de 1896 fue la primera que se financió en gran escala mediante presiones aplicadas al mundo de los negocios: Mark Hanna cuidóse de indicar a los magnates y a las compañías más importantes las cantidades que debían aportar a los fondos destinados a sostener la campaña republicana”. Desde aquel entonces la tendencia a comprar candidatos y maniatarlos aparece en la ‘democracia ejemplar del mundo’.

Por su parte el candidato Bryan representaba los residuos (ideales) del mundo agrario: “La lucha de Bryan a favor de la libre acuñación de plata representó el último forcejeo de la América rural antes de ser engullida por el industrialismo”.[9] (Plata para que los endeudados granjeros le pudieran pagar la deuda a los pudientes banqueros del Este).

Pero el populismo de Bryan no estaba exento de demagogia y así de engaño, también Bryan formaba parte de la escenografía en el teatro de la política electorera, a decir de Henry Damarest Lloyd (político populista): “la candidatura de Bryan estaba subvencionada en parte por Marcus Daly (de la Compañía de Cobre Anaconda) y por William Randolph Hearst (de los intereses de plata del oeste). Lloyd vio las intenciones que se escondían tras la retórica de Bryan, que exaltaba a una multitud de veinte mil personas en la Convención Demócrata y escribió amargamente: ‘Esa pobre gente está lanzando sus sombreros al aire por los que prometen sacarles del atolladero por la ruta de las divisas. Van a tener a esa gente vagando durante cuarenta años en el laberinto de las divisas, igual que les han mareado durante cuarenta años con el proyecto de ley de tarifas’”.[10] Como se ve, lo de Obama no tiene nada de novedoso. Constante demagogia bipartidista, el demócrata que simula el cambio también está subvencionado por el gran capital. Ayer como hoy.

Y la ‘democracia del dólar’ funcionó para derrotar a los populistas, que ganaron los republicanos por tan solo medio millón de votos. Obreros y demócratas pudientes votaron en su contra pues su agrarismo no les favorecía. A contrapelo los republicanos se veían favorecidos por una postura fragmentaria entre las clases bajas. Por lo que de 1896 a 1912 detentarían el mando, siendo sus disputas internas las que representaban la competencia por ocupar los altos puestos gubernamentales; los demócratas de Bryan no tenían posibilidad alguna de derrotarlos…, hasta que el Partido Republicano se dividió.

El factor racial jugó su parte; los populistas y los demócratas ‘bourbon’ (agentes de las grandes firmas comerciales del Norte) se volvieron en contra de la emancipación de los negros que seguían agrupados con los auténticos populistas, tomando una actitud hostil, bloqueando sus derechos de ciudadanos libres. La represión anti obrera se acentuó, el populismo debería ser domesticado, cooptado dentro de la institucionalidad partidista, así oficialmente demócrata, resultando con posterioridad los sindicatos también amaestrados.

¿Qué ha sacado hasta la fecha al capitalismo de sus baches (crisis recurrentes)? En mucho la mayor explotación de recursos naturales y humanos implementando técnicas intensificadas. En el caso del fin del siglo XIX en USA la vieja cultura rural queda rebasada del todo por el ímpetu industrial-urbano, y por el incremento de la riqueza concentrada explotando el oro obtenido recién en los yacimientos de Rand y del Yukon, posibilitando ampliar la emisión monetaria: “Ello representó una inyección para el decaído sistema capitalista, y la libre acuñación de plata dejó de ser cuestión de primera importancia…”.[11] Y como ya lo aludimos en otra ocasión[12], la crisis del fin de siglo (XIX) catapultó a USA a su expansión por el Caribe y el Pacífico. Oportunidad para exaltar el patrioterismo bélico, infalible manera de aglutinar las emociones conduciendo la sinergia catártica dirigida hacia el enemigo externo, fue el caso de que McKinley exaltó ‘la bandera forrada de dólares’ direccionando la ofensiva marítima en pos de mercados tras fronteras.

Las medidas arancelarias tomadas por el gobierno en E.U. habían contribuido a colapsar el mercado azucarero propiciando que en Cuba la inquietud independentista eferveciera, para cuando el belicismo yanqui se aprestaba aprovechando la ocasión, el águila imperial despega del Continente, los sectores belicistas se vuelven preponderantes  -pasando por sobre los pacifistas y los aislacionistas- encabezados en la política por Theodore Roosvelt y Henry Cabot Lodge. A partir de ese entonces la guerra expansiva (imperialista) comenzaba a ser el gran negocio…, redondo como el Orbe. Era cuestión de que las líneas expansivas se fueran cerrando sobre la circunferencia…

Los principios republicanos y demócratas quedarían sepultados por el imperativo imperialista, ‘fuerza para expandirse’ era un lema para compartir, tal y como lo constató a la sazón Williams James.

Desde ese entonces las justificaciones absurdas, por no decir ridículas, dadas por los miembros del establishment de la ‘democracia’ imperial abundan, creando un síndrome o complejo de culpabilidad encubierta entre los políticos estadounidenses. Lo que se patentó en el ‘llevar el cristianismo a los filipinos’, cuando ya eran estos ‘cristianos’-católicos, habiendo sido adoctrinados en la ‘verdadera religión’, aunado a la aparición, más sincera, del racismo puritano; manifiesto en la postura tomada por un senador de Indiana de apellido Beveridge, presentándose como apóstol de la expansión de la raza teutónica por sobre las estirpes inferiores. Sin hacer alusión alguna a que las Filipinas eran per se una fuente de riquezas, o más bien, un eslabón indispensable en la ruta hacia Japón y China, contemplados como grandes mercados desde principios del XIX.

La Unión (Norte)americana se fue construyendo como la nación más poderosa del mundo en base a su gran tamaño: grandes extensiones de cultivo, estancias de ganado inmensas, muy diversas fuentes de materias primas. Un inmenso territorio de Océano a Océano que tiene todo tipo de ecosistemas; del Norte helado, lacustre y boscoso, a un Suroeste desértico pero plagado de recursos naturales y un Sureste húmedo, templado y tropical.  Entre  los Montes Apalaches y las Montañas Rocallosas y el Gran Cañón del Colorado, una inmesa extensión de praderas con un centro oeste apto para el cultivo y cría de ganados, en sustitución de la cultura del búfalo  y  el caballo de los amerindios. Aparecindo minas de hierro, carbón, zinc, plomo, oro y plata, en diversas partes del inmenso territorio. La Primera Revolución Industrial comenzada  con cierto retarso encontró en la abundancia de recursos mineros, primordialmente de hierro, la materia prima para edificar lo que precisamente pasará a ser una civilización de hierro: “Los famosos ranges ferrocarrileros se sitúan al sur y el oeste de los Grandes Lagos y en otras cuencas…” . El cobre se extrae de gigantescas explotacxiones en Arizona, Nuevo México y Nevada. Habiendo también importante producción de plomo, molibdeno y manganeso, así como la producción de aluminio, lo que permitió un despegue industrial basado en la metalurgia y en una siderurgia con recursos propios. (Pero es hora de saber que todo recurso es finito y no alcanza ante el desarrollo desenfrenado).

La cantidad total de tierra cultivada se calcula cuatro veces suprior al resto del mundo. Añadiéndosele a tan vasta extensión de tierra la mecanización agroindustrial, desde las primeras cosechadoras y trilladoras, hasta los  modernos tractores, se comprende por qué los EUA se convirtieron en el principal exportador de productos del sector primario durante más de un siglo. Acorde con la adaptación variable a clima y orografía, se fueron estableciendo diversas zonas de cultivo especializado: “Así, el Wheat Belt, que se extiende por dos zonas principalmente: la de trigo invernal, al Sur, y la de grano de primavera, al Norte“. (Estados Unidos de América -La República Imperial. Gran Atlas EnciclopédicoAguilar). Conforme los estados del centro oeste descienden del Norte al Sur, el cultivo del trigo se torna en cultivo de maíz; el Corn Belt, tendiendo hacia los Grandes Lagos, efectuándose en esa zona la explotación mixta,  por aquello de la engorda del ganado, desde antaño conocida zona del Dairy Belt, que concentra cualquier cantidad de ganhado vacuno, en las orillas lacustres y hacia Ohio-Potomac; por consiguiente se trata de la región de los grandes mataderos, concentrándose en Chicago el mercado de carne. Mientras que el Sureste siguió siendo la región preferentemente algodonera, aunada al cultivo de cereales y oleaginosas, apovechando su clima templado, región apta también para el hortofruticultivo, pudiéndose aprovechar las tierras semiáridas de California empleando el regadío, preferentemente tomado del río Colorado, culminando con la vid el complejo universo agrario  usamericano. (Pero el agua se agota).

Aprovechando ríos navegables, como el Missuri y el Mississippi, convertidos en vías  fluviales de transporte norte-sur. En pocas palabras ‘sus recursos naturales no tenían parangón’. Extenso espacio que hace permisible la presencia de una numerosa población proporcionada por diversas oleadas de inmigrantes europeos pobres (después chinos, japonés, filipinos…, mexicanos…), aptos para ser el ejército de obreros indispensables en la edificación del Estado Nación Moderno más grande del mundo, en construcción durante todo el siglo XIX; población que por lo mismo producía y consumía en grandes cantidades creando, a la vez, el mayor mercado del mundo. Nación concebida como unidad mercantil, en la que no había barreras arancelarias, lo que pasa a ser otro factor por el cual superaban a las potencias europeas y al resto del mundo.

Todo lo cual contribuye a que la mega industria haya aparecido en Usamérica en proporciones que superan fácilmente a las europeas, propiciando el que de 1860 a 1894 los EUA pasen a ser la primera nación industrial, saltando del cuarto puesto, sobrepasando casi cinco veces el valor en manufacturas producidas. Transformación de por medio promovida por el ascenso industrial que desplaza a la producción agrícola-ganadera en la última década del siglo. ¡Incomparable infraestructura e inmenso mercado en una sola Nación!

Era tal el potencial productivo de los EUA, que tan sólo cinco años después de haber terminado la Guerra Civil, sus manufacturas se colocaron en un segundo lugar mundial: “…, al aportar el 23 por ciento del total, siendo superado solamente por el Reino Unido, al que correspondió el 32 por ciento de la producción manufacturera mundial. Para fines del siglo XIX, los Estados Unidos desplazaron al Reino Unido del primer lugar, y en 1913 su aportación fue del 36 por ciento de la producción industrial mundial”.[13] Tratándose básicamente del nordeste industrializado, afianzando su dominio sobre un Sur agrícola que no le había venido mal como expendio de la materia prima primordial en aquella etapa del siglo XIX,  lo que fue el algodón y la industria textil.

La preponderancia de la Máquina industrial se hace patente; máquinas impulsadas por nuevas fuentes de energía produciendo a un ritmo regular de manera incesante, apoyadas en obreros que se van convirtiendo en auxiliares o complementos de la máquina, ejecutando acciones repetitivas, (la banausía tan temida por los helenos).

En el último cuarto del siglo XIX se efectúa una transformación tecnológica asombrosa, una Segunda Revolución Industrial en cuanto que potencia aún más la energía productiva y los medios de transporte: “al lado del carbón y del vapor, el petróleo y la electricidad hacen ahora girar las ruedas y las máquinas. Desde fines de siglo. El motor de explosión y el motor eléctrico relegan a un segundo plano a los motores primarios, movidos a vapor”.[14] Y ese ‘relegar’ se traduce en superar tecnológicamente la antigua mecánica industrial, produciéndose máquinas más avanzadas, optimizadas en capacidad y resistencia e incorporando nuevas funciones a la par de que se van abriendo nuevas áreas de producción; tales como los medios de transporte terrestre y aéreos.

La Segunda etapa de la Revolución Industrial, o la intensificación de la primera, con avances sustantivos en el progreso tecnológico patentado en máquinas y procedimientos industriales superiores que se van incorporando poco a poco, merced a lo cual, los medios de transporte y las armas conquistaron todo terreno y, por vez primera en la Historia, el aire. El sueño del hombre pájaro se alcanza, pero en base a grandes y pesadas máquinas propulsadas por motores que funcionan teniendo por energético indispensable aceites derivados del petróleo. …

Si la Revolución Industrial originaria se ‘alimentó’ de algodón y carbón, como productos constitutivos básicos de las industrias principales, en la Segunda el acero y el petróleo lo pasan a ser. De manera yuxtapuesta la siderurgia y la extracción de hidrocarburos generan portentosas realizaciones tecnológicas que impulsan muy diversas ramas de la industria. La Tecnosfera del siglo XX se construyó sobre acero, y se moverá con petróleo (gasolina), y tomará cuerpo con derivados del petróleo….

Progresos en la siderurgia empleando nuevos procedimientos patentados como Beseeman y Hornos Martin, regeneradores Siems-Martin, incorporando técnicas mejoradas para conseguir aleaciones más sofisticadas. Incluyéndose al aluminio, convertido en una materia prima abaratada al emplearse un innovador procedimiento: la electrolisis de la bauxita: “anteriormente este metal se consideraba como un metal precioso, y costaba 2 libras esterlinas la onza”.

A partir de entonces, pocas son las empresas capaces de incorporar la maquinaria avanzada a sus industrias, propiciándose la centralización y concentración de capital industrial, repercutiendo en el surgimiento de megaempresas, sobre todo en los sectores del acero-aluminio, en las refinerías, en la industria química y en las fábricas eléctricas: “El desarrollo acelerado del capital constante, del capital fijo y del equipo mínimo necesario para fundar una nueva empresa rentable favorece la concentración capitalista”.[15] Y a grandes empresas -monstruo pocos son los competidores, pues unos cuantos monopolios industriales son capaces de cubrir la demanda local, regional, nacional e internacional, pasando las megaempresas a controlar la oferta al unísono de que van suprimiendo la competencia.

La ‘productividad a chorro’ aparece y se realiza empleando la energía eléctrica, la que posibilita sincronizar el trabajo fabril empleando cadenas de producción: “nuevas divisiones de trabajo que favorecen la integración horizontal y vertical de las empresas”.[16] Provocándose una transformación en el empresariado capitalista, terminándose con la ilusión de la ‘libre empresa’ y la ‘libre competencia’, por la sencilla razón de que la libre competencia resulta ser la antítesis del desarrollo capitalista. Los grandes monopolios se hacen suprimiendo a las empresas competidoras, porque de otra manera no logran obtener la plusvalía que precisan para reproducirse.

El liberalismo, la libre competencia, la libre empresa se convierte en un absurdo, en un contrasentido para el auténtico capitalismo que como tal se dedica a capitalizar ganancias: “En lugar de atenerse al credo de la libre competencia, (los grandes capitalistas) comienzan a buscar las posibilidades de limitarla a fin de evitar toda baja de precio, es decir, toda baja acentuada de su tasa de ganancia”.[17] Todo sea por preservar los sacrosantos anti valores patentados por la propiedad privada y sus sacrosantas ganancias.

Iniciándose en inmensas fábricas la producción en serie de piezas standard, producidas de manera precisa e idéntica en cuestión de horas y en asombrosas cantidades debido a la velocidad de repetición, así maquinal. Piezas standard integradas en una cadena de montaje dando lugar a la producción en serie. Ritmo maquinal de producción continua posibilitando la producción múltiple de otras sofisticadas máquinas. Teniendo por base a ‘máquinas herramientas’: tales como la máquina torneadora, la perforadora, la barrenadora, la pulidora, la fresadora. El sueño del capitalista industrial realizado, la creación de máquinas creadoras de otras máquinas.[18]

Pero si la maquinaria industrial es la base de la sociedad industrial, las fuentes de energía son su ánima. La sociedad industrial con el efecto del incremento ingente del sector servicios, y por ende del supermercado, con su consumo exacerbado, se materializa como producto de las portentosas fuentes de energía que vienen a ser los hidrocarburos correlacionados con la generación de electricidad, así, calefacción a petróleo y refrigeración eléctrica.

Asistiéndose al surgimiento de: ‘La Corporación, madre de la empresa en gran escala’. La sociedad Anónima de Capital Variable, con su oferta de acciones compartidas en la Bolsa proveedora de papel dinero. Una fórmula aparentemente democrática de compartir la propiedad industrial, pero que en realidad favorece a los grandes capitalistas, pues de cierto que los dueños o socios capitalistas mayores de la empresa que cotiza en la Bolsa, resultan beneficiados al incrementar en gran medida su capital inicial, concentrando el aporte de cientos y miles de inversores, tenedores de acciones. Ofertando 1000 acciones de 100 dólares, al venderse cada una, “la Corporación había reunido mil veces 1000, o sea 100 000 dólares”.[19]

Creándose a la par el perfil del accionista especulador, beneficiado por la ‘responsabilidad limitada’ que adquiría con la empresa de la que obtenía un porcentaje mínimo. Aminorando el riesgo de que si tal empresa quebraba, el tenedor parcial, pero múltiple, al tener invertido su dinero en varias empresas no se veía perjudicado en gran medida, porque precisamente su ‘responsabilidad limitada’ no afectaba el total de su capital, ‘constituyendo una gran ventaja sobre la sociedad común’.

Y el mercado de dinero se fue instituyendo a favor de las actividades crematistas. Mientras mayor facilidad tuviere un tenedor de acciones de poder venderlas, mayor era el interés por parte de los modernos midas men de participar, que su dinero especulando en las vicisitudes de las empresas podía multiplicarse en proporciones de 5 o más cifras. Obteniendo ventajas por sobre los productores comunes: “La forma corporativa permitió que el inversionista sagaz, redujese su riesgo, invirtiendo no solamente en una o dos sociedades, sino en muchas. A diferencia del agricultor que se especializaba en un único cultivo, poniendo así toda su carne en el asador, el hombre provisto de dinero compraba acciones en una cantidad de corporaciones. Si una o dos se desmoronaban, estaba a salvo, el resto de su fortuna había sido invertida en otras partes”. [20]

Siendo el caso de que las Corporaciones a su vez aseguraban la ‘inmortalidad’ de los capitales; como también la heredad de familias de potentados, la prueba está en que poderosos monopolios perduran en el presente como propiedad de hijos, nietos y bisnietos de los iniciadores….

Y la Corporación precisa de una junta directiva, pues los capitostes dueños de las industrias ya no son capaces por sí solos de gerenciar sus empresas, lo que resulta demasiado complicado, difícil e ingente, requiriéndose del empleo de expertos administradores, ejecutivos insertos en un organigrama piramidal que cumplen tareas específicas con mayor eficacia en cuanto su parámetro de acción sea más específico. Aunque la Corporación es dirigida por una junta directiva que sigue siendo una élite que suele incluir a los principales accionistas. Por aquello de que los dueños, y socios mayoritarios, siguen siendo los principales beneficiarios o afectados con el subibaja en el que su negocio fluctúe, el subibaja que las acciones suelen tener, ocurriendo que la élite de los administradores pasa a convertirse, también, en propietaria de acciones de la empresa; así que no dejan de ser los propietarios capitalistas del negocio quienes controlan las Corporaciones.

Al final del siglo XIX la gran industria procreó a la Corporación, cual monopolio destinado a controlar los mercados, engendrándose al unísono otro monstruo acaparador: los grandes bancos, los que  yuxtapuestos a las grandes industrias aparecen como Sociedad Anónima de Capital Variable: “Con el respaldo de ingentes sumas de dinero, un directorio astuto, prudente y laborioso podía transformar una corporación pigmea en gigantesca organización. Pasada la década de 1889, los EUA fueron testigos del desenvolvimiento de muchas corporaciones que se agrandaron y agrandaron hasta que, en 1932, cada una de ellas valía más de $ 1 000 000 000. Con justicia llamóse a este período Edad de los Grandes Negocios”.[21] (Y de la Bancocracia, cabría añadir).

La Gran Empresa como Corporación es un Monopolio capaz de conquistar no sólo el mercado regional o nacional –que empieza por ello-, sino de convertirse en una Transnacional, capaz de ir a dominar los mercados internacionales, ya fuere en dirección horizontal: Norte-norte, o en dirección vertical: Norte-sur….

La esencia del Monopolio yace en el seno de la Gran Industria. El magnate procura tener el control de todos los elementos y factores que se interrelacionan en la actividad de producir y mercadear, así como no desdeñan lo concerniente al transporte.

Si el amo del acero en Norteamérica: Andrew Carnegie tenía que conjuntar en grandes cantidades hierro, con carbón, piedra caliza y coque para fabricar acero: “A los fines de transportar el acero, hacía falta ferrocarriles y embarcaciones”, qué mejor, en aras de obtener mayores ganancias, que adueñarse de las fuentes de materias primas adyacentes. Al tomar Carnegie cuenta de ello: “Decidió eliminar las ganancias uno, dos, tres y cuatro. ¿Cómo? En vez de comprar a cuatro hombres diferentes y pagar un beneficio a cada uno, decidió comprar a uno solo y él, en persona, sería ese hombre. De manera que Carnegie adquirió sus propias minas de hierro, sus propias minas carboníferas, sus propias plantas de destilación de coque y sus propios yacimientos de mineral calizo”.[22]

Y si para transportar el hierro de Minnesota a Pittsburgh había que emplear ferrocarriles y un transportador de vapor lacustre que atravesara el Lago Eire, pues qué mejor que adquirir también tales medios de transporte, todo fuere por reducir costos e incrementar los beneficios. Y si los otros empresarios, dueños de minas, fabricantes de coque, o propietarios de ferrocarriles, involucrados en la red del acero, no querían vender sus negocios, la mejor manera de lograr que cedieran sus propiedades fue incorporándolos al trust de Carnegie. Apareciendo así una de las primeras Corporaciones monopolistas, la Carnegie Steel Company, aconteciendo que Mr. Carnegie fue capaz de ir añadiendo una compañía tras otra: “Luego, puesto que era dueño de todos los procesos, desde la extracción en la mina hasta la laminación, puesto que no pagaba beneficios a ninguna otra compañía, pudo decir con orgullo: ‘Dos libras de mineral de hierro, extraídas en el Lago Superior y transportadas por espacio de 900 millas hasta Pittsburgh; una libra y media de carbón, extraía y manufacturada para convertirla en coque y transportarla a Pittsburgh; una pequeña cantidad de manganeso, extraída en Virginia y traída a Pittsburgh, y estas cuatro libras de materiales manufacturados forman una libra de acero, por la cual el consumidor paga un centavo”.

Por supuesto, no olvidemos el pequeño detalle de que la contraparte, las otras compañías acereras de la región, o de toda la nación, difícilmente podrían competir con los precios que la Carnegie ofertaba: “No podían, por supuesto, vender tan barato como lo hacía Carnegie, de manera que éste fue capturando más y más porción de sus negocios. No había transcurrido mucho tiempo y la Carnegie Steel Company se encargaba de la mayor parte del tráfico de acero en bruto, en los EUA”.[23]

Como resultado del vasto espacio que conforma a la Unión Americana, y a la presencia de otras empresas acereras de consideración en otra zona del país, se procedió a constituirse el gran monopolio del acero, la United States Steel Corporation, aparecida hacia 1901 con un capital nominal de un billón de dólares (en su manera de contar). Habiéndose incrementado de manera increíble el negocio, al alcanzar en 1929 un billón y medio de dólares en ventas. Éxito rotundo, qué los monopolios son la perfección del progreso capitalista…, en beneficio de unos cuantos y a costillas de los muchos…

Monopolios en el inicio y en el fin del sistema capitalista, dado que históricamente el capital comercial y manufacturero nació propiciado por la concentración de capitales emanada de los monopolios comerciales y banqueros medieval-renacentistas, volviendo a ser monopólico tras de que la primera fase del capital industrial de pequeñas y medianas empresas periclita, acaeciendo una transformación del liberalismo de ‘libre competencia’, ‘libre mercado’, hacia el capitalismo de los Holdings. Por algo será que aparecen en primera instancia en los Estados Unidos, en Alemania y en Japón, dominadores no solo del sector industrial, sino del Estado, pasando a pregonar y ejercer un ‘primer neoliberalismo’ en favor de la gran empresa y las finanzas controladas por los Bancos Centrales pseudofederales y las Casas de Bolsa, status quo neoliberal monopolista predominando ya en las primeras décadas del siglo XX. Pero cuyo proceder se vio interrumpido por la propia debacle que causó esta concentración monopolista voraz, propiciando ganancias procuradas por unos cuantos capitostes, estimulando la especulación financiera, cáncer social que se dilata por un mercado monetario enloquecido con la especulación crematística que otorga la ganancia fácil y así aberrante y predilecta de hacer dinero del dinero.

Temporalidad, pues, también propicia para que fueran apareciendo prácticas bancarias y bolseras procuradas para obtener cuantiosos beneficios derivados de la especulación, cual ardides o artilugios de la ganancia agiotista. Un primer procedimiento bursátil que marcó la tendencia agiotista fue la tenencia de bonos; lo que consiste en que las empresas oferten su deuda para obtener capital-dinero. Simiente de la especulación bancaria y germen del agio. Prototipo de la crematística moderna, ganar dinero de intereses estipulados en dichos bonos. Aun y cuando la empresa incurra en pérdidas, los tenedores de bonos mantienen el derecho a cobrar sus intereses….

Hacia 1870 se funda la emblemática Standard Oil Company de Ohio. Iniciando con un capital de un millón de dólares, fantástica suma para una empresa de aquella época, habiéndose iniciado 5 años atrás, bajo la conducción de J.D. Rockefeller, quien junto con su hermano William, acapararon la mayor parte de las acciones constitutivas de la empresa.

En aquel tiempo el petróleo era preferentemente utilizado como combustible para lámparas que componían el alumbrado público y privado, siendo precisos, se trataba de un producto destilado llamado queroseno. El petróleo se comenzó a extraer en los Estados Unidos justo cuando su ‘revolución industrial’ se detona, tras del finalizar la Guerra Civil, pasando a ser el combustible energético que potencia el desarrollo industrial avanzado. En los años 70 la producción anual había alcanzado los 10 millones de barriles de 165 kg cada uno.[24]

Habiendo diversas variedades de petróleo crudo, su refinación para darle valor de uso se tornó indispensable. Originalmente, en el proceso de destilación se obtenía en una primera fase a la gasolina, la que era considerada como inútil y peligrosa;[25] después aparecía el preciado queroseno, y del residuo se obtenía un combustible burdo y barato. Cuando la lámpara eléctrica, a partir de 1880 comenzó a desplazar a las de queroseno, la refinación se fue refinando (perfeccionando) con destilados que se perfilaban como aptos para ser combustibles de motores de propulsión, en primera instancia se procesó el fueloil para ser utilizado en barcos.

El olfato de Rockefeller detectó que en la industria de la refinación se hallaba una mina de oro, proponiéndose monopolizarla. Quién lo supiera, tres décadas después la desechable gasolina le dio vida al motor de combustión interna posibilitando la fabricación de automóviles, y del combustible bruto se obtienen lubricantes, elevándose a la 3ª potencia el valor de los destilados, convirtiéndose en el oro negro del mundo industrializado.

Aun y cuando el motor de combustión interna, el motor diesel, u el motor de gasolina eran una realidad en aquellas décadas, su empleo generalizado era como motores fijos diseñados para usos industriales, dada su relación peso-energía; por lo que su empleo en vehículos distaba de ser posible durante la primera etapa de la industria petrolera: Ni Rockefeller lo pudo olfatear. No obstante, la industria de la refinación era ya un gran negocio en las últimas dos décadas de siglo. Aconteció que en las décadas de 1880 y 1890 el petróleo llegó a ser un importante artículo de exportación: en 1891 la compañía Standard Oil, de la familia Rockefeller, daba cuenta del 90% de las exportaciones estadunidenses de queroseno y controlaba el 70% del mercado mundial. Ahora el petróleo era, tras el algodón, el segundo producto de exportación”.[26] El negocio de Rockefeller hacia 1880 consistía en poseer y controlar los oleoductos de las regiones productoras unidas con los ferrocarriles.

El siglo XX se construye con una energía básica que mantuvo un costo bajo (salvo dos incrementos bruscos); creció moviéndose y volando con el destilado primario y tomó cuerpo con miles de enseres extraídos de la preponderante industria petroquímica,;obteniendo también de sus derivados abonos, fertilizantes y pesticidas indispensables para que la Revolución Verde se haya efectuado.

Una miscelánea presente en todos los sectores relevantes de la Tecnósfera.

John D. Rockefeller se convirtió en el prototipo del magnate con olfato de sabueso para encontrar ‘oportunidades’ que hicieran crecer su empresa, tratándose no de otra cosa sino de convertir a la Standard Oil Company (SOC) en el primer gran monopolio de América y del mundo. Empleando primero la forma de un trust, merced al cual logró controlar un grupo de empresas del ramo, fungiendo él como principal capitalista en el ‘Comité de Fiduciarios’ que dirigía el Trust.

Por algo la forma de propiedad trust fue concebida por Samuel Dodd, abogado al servicio de Rockefeller en el año de 1879. Pasando a ser desde un principio la forma más inescrupulosa y rapaz de monopolio. Formalidad legaloide que permitía en base a un convenio a los accionistas canjear sus acciones por ‘certificados trust’ de la Standard Oil: “resultando de ello que los accionistas cedían el control de sus empresas al trust, manejado por un Consejo de fiduciarios…”.[27]

Por su flagrante ánima monopolista los trusts son suprimidos al ser declarados ilegales por gobiernos locales en un intento por detener a empresas voraces, pretendiendo mantener la libre competencia’ y los ‘empresarios independientes’. Pero el propósito no llega lejos, ni perdura ante el embate de los cañonazos cargados de dólares, que Rockefeller supo emplear su dinero sobornando autoridades en los más altos niveles: “…, desde miembros de legislaturas estatales, hasta gobernadores y miembros del Senado”. Anticipando el oficio de los loobys, el magnate ‘maiceaba’ por igual a senadores que a diputados. Cohecho que fue publicitado por la cadena Herst, en un trabajo periodístico conocido como las ‘Cartas de Archbold’.[28]

Menos amable que Carnegie, Rockefeller procedió empleando acciones gansteriles para hacer crecer su negocio afectando a la competencia. Que el Padrino de los Monopolios usamericanos tenía una red de espionaje para vigilar la competencia; empleando la calumnia para desacreditar a quienes se le oponían; siendo a la vez muy hábil para sobornar funcionarios o legisladores. Y si había periódicos honestos que dieran cuenta de sus fechorías, qué problema, su capital acumulado le permitía silenciarlos, o mejor comprarlos.

Empleando ardides, ‘Rocke’ controló las líneas ferroviarias empleadas para el transporte de petróleo, así como fue acaparando los oleoductos, lo que le permitió extorsionar y doblegar a rivales que ya no podían competir con los precios por él establecidos.

Si un refinador independiente era dueño de un vagón-tanque por el cual “traía petróleo crudo procedente de Mascksburg, Ohio. El ferrocarril le cobraba $ 0.175 el barril, por permitirle el uso de sus vías. Súbitamente, sin aviso previo, duplicó el cargo en concepto de flete, elevándolo a $ 0.35 por barril. Al propio tiempo, el ferrocarril cobraba a la Standard Oil $ 0.25 de los $ 0.35 que (Georges) Rice (un competidor desafortunado y así víctima propicia) pagaba en concepto de flete. Aun cuando Rice hubiese acaparado todo el negocio, sin tocarle parte alguna a la Standard, ésta había ganado, sobre el petróleo de él, $ 0.25 por barril”.[29]

En otro caso emblemático de raqueterismo a lo Rockefeller, ocurrió que los dueños de una recién fundada refinería (hacia 1870 también en Ohio), se vieron presionados por la SOC para que se la vendiesen: “Dado que la excelencia del negocio les permitía lograr altísimos beneficios, se negaron a considerar la oferta de la Standard”. Para ese entonces, como ‘Rocke’ ya tenía el control de la mayoría de refinerías en Cleveland y manipulaba las tarifas ferroviarias en alianza con las compañías ferrocarrileras que le interesaban, a la competencia le resultaba incosteable competir en su contra; así se los hizo saber el propio padrino de los monopolios, el control de las tarifas en los  fletes resultaba una desventaja insuperable, no quedándoles sino vender o perder su refinería: “No sólo (tuvieron) que vender, sino que (tuvieron) que aceptar lo que la Standard les ofrecía, $ 45 000 por una planta que (les) había costado $ 67 000 y cuyos beneficios, en el término de no más de un año habían ascendido a $ 40 000!”.[30] Digno ejemplo de la amable persuasión de Mr. ‘Rocke’, el hombre que tenía el Don.

Precisándose el mencionar que en el sector de los transportes y las comunicaciones  la concentración monopolista fue rotunda. En específico, las vías de ferrocarriles eran controladas por seis empresas; “el negocio de express  estaba dividido en tres compañías que, mediante influencias impidieron que los correos norteamericanos llevaran paquetes hasta 1912”; el servicio telegráfico fue acaparado por la Western Union, hasta el surgimiento del telégrafo postal. Para cuando “la American Telephone & Telegraphy Company, con un capital registrado en 1900 de 250 mil millones de dólares, ya iba en camino de convertirse en la mayor de las combinaciones modernas”.[31] El progreso en buenas manos, confíe usted en su monopolio favorito, ‘pensando en su bienestar y en el de su familia’.

Tanto en los Estados Unidos como en Europa, la aparición de los grandes monopolios en el último cuarto de siglo se patentó con el gansterismo. En realidad la ‘libre competencia’ encaminó al capitalismo hegemónico hacia una praxis gansteril, también conocida como raqueterismo. La esencia del capitalismo criminal se sustenta en el soborno, la compra de autoridades, el control de legislaturas y jurisdicciones, logrando que la jurisprudencia, y en sí los procedimientos propios del aparato judicial, resulten inocuos ante su poder. De ahí el que suelan proceder amedrentando, tanto a la autoridades, como a la competencia, sobretodo a la mediana y pequeña empresa que les estorbe representando un desmedro. Amos y señores del fraude y de manipulaciones bursátiles que alcanzan su apoteosis con los paraísos bancarios y la no regulación –o la desregulación, según sea el caso y el momento- de las operaciones monetarias.

Realizando en circunstancias extremas acciones criminales, que van desde asesinatos a la destrucción de propiedad de competidores, llegándose en los más extremos casos a producirse conflictos internacionales. Todo sea por eliminar a la competencia. Incluyéndose auto atentados procurados para culpar al rival o para cobrar el seguro, amañadas tretas características de los capitostes.

Cualquiera puede saber que los grandes delincuentes residen en los pisos superiores de la pirámide; pero no basta con saberlo, su poder de facto no se vence tan solo descubriéndolo, ni teorizando sobre su composición y proceder. El poder se impone persistentemente empleando diversos mecanismos, artilugios y dispositivos de control-dominio; persiguiendo un apotegma que supera los ideales helénicos: controlando las mentes controlas los cuerpos haciéndolos útiles y/o desechables, serviles o inservibles, adaptados o inadaptados, pero todos insertos y sobredeterminados, capturados  en las entrañas de la Bestia (Máquina-Monstruo).

El caso paradigmático del gansterismo empresarial fue un acto criminal realizado por las huestes de J. D. Rockefeller, iniciando las acciones terroristas que de manera soterrada no han dejado de ser empleadas por el capital imperialista. Caso insignia que sucede cuando el magnate decidió emplear maneras drásticas de eliminar la competencia, aconteciendo que a su ‘competidor favorito’, Mr. Matthews, quien no había cedido ante la persuasión del patriarca petrolero para que le dejara el campo abierto, le sabotearon su refinería. Fue un hecho comprobado en los tribunales que los agentes de Rockefeller volaron una refinería propiedad de Matthews. Todavía en aquellos inicios del dominio de los monopolios fue posible realizar una investigación, emprender un juicio y, dictar una condena en contra del poder supremo que viene a ser el capitalista, exigiéndosele pagar una indemnización por 85 mil dólares; lo que no significó ningún traspié para ‘Rocke’, consiguiendo su propósito al arruinar a Matthews. Se dice que buena parte de la indemnización la tuvo que emplear en pagar los honorarios del bufete de abogados que tuvo que contratar. ¡Entre gánsters te veas!

Fue aquel un caso emblemático que marca la tendencia a ejercer el terror por parte de los potentados en procura de obtener beneficios lucrativos. De aquél atentado a los actuales sólo hay diferencias graduales  en magnitud. Allí está el germen del 11-09. Qué el actuar de manera inescrupulosa ha sido la especialidad de los capitostes, cruel desfachatez que culmina en una actitud inhumana, propiamente desalmada.

Algunos otros fundadores de grandes emporios en los E U, y no solo en ellos, se han encumbrado en la cima de la pirámide ejerciendo actos criminales, grandes delincuentes, los verdaderos intocables…, si, por la justicia. Habitantes de un exclusivo sector privilegiado, viviendo como sibaritas, gánster de saco y corbata, ejemplares patrocinadores de fundaciones altruistas. Desde aquellos admirables caballeros del poder de la vieja Nueva Inglaterra que se enriquecieron traficando con opio; quién los viera viviendo sin carga de conciencia con sus refinados modales en su opulenta vida, disfrutando en grandes caserones, tan respetados en sus naciones.

Stephen Girard, John Jacob Astor, el ‘Comodoro’ Vanderbilt, tres padres fundadores de los monopolios originales, y formadores de dinastías empresariales, se destacaron por su desfachatez, compulsión capitalista a la hora de ir por las ganancias. En el caso de Vanderbilt, iniciando las intervenciones armadas en el patio trasero, Centroamérica, Nicaragua. Y la lista es larga.

Astor, acaparando el negocio de las pieles finas en el Noroeste de los Estados Unidos y el Sur de Canadá, fue uno de los pioneros en la procuración de monopolios empleando acciones criminales. El fundador de la American Fur Company, properó acaparando un negocio prefernte de los tiempos coloniales; comercio de pieles, en el que abusó de los nativos, al tiempo que inició la depredación de la fauna silvestre. La fórmula empleada por Astor para obtener el control del negocio incluyó precios inequitativos, fraude, venta forzada de licores, soborno, despojo y crimen. Recursos propios de todo gran capitalista. Pasando Astor, con el capital inicialmente obtenido en el tráfico de pieles a invertirlo en el sector inmobiliario en Nueva York, así como en la especulación bancaria. “La crisis financiera de 1836-7, que significó la ruina para millares de ahorradores, proporcionó grandes beneficios a J. P. Astor, que era accionista y factor decisivo en cuando menos cinco bancos: Manhattan Bank, Merchant’s Bank, Mecachanics Bank, Bank of America y National Bank”. (Ceceña. opus. cit.: 27). Hé aquí que un capital rudimentario formado con la explotación de la fauna se convierte en un gran capital urbano.

Du Pont y J.P. Morgan fueron otros destacados capitostes, ejemplares a la hora de emplear procedimientos  gansteriles; el primero traficando con armas y explosivos echó a andar su negocio; mientras que el segundo es una vida ejemplar que no puede ser olvidada en cuanto a que Mr. Morgan viene a ser el patriarca de las manipulaciones financieras que tanto éxito han conocido recién en Norteamérica.  Maestro en el arte de multiplicar el dinero ficticio, acaparando y promoviendo fusiones con emisión de capital fantasioso –valores aguados. Ambos, marcando el espectro por el cual se desenvolverán los monopolios, matriz del capitalismo imperialista….

La esencia del intervencionismo imperialista practicado por las potencias del Norte en los países del Sur se manifiesta en la praxis de los métodos gansteriles  potencialmente terroristas. Tal y como estos barones pueden utilizar la violencia en todas sus gamas, desde asesinatos individuales, o en la represión de agrupaciones populares, también en guerras etnocidas en contra de tribus asentadas en territorios por ellos codiciados; o recurriendo a intervenciones militares en el fondo por ellos provocadas y realizadas por sus gobiernos, empleando ejércitos o agentes intervencionistas: “para controlar concesiones petroleras, mineras y de servicios públicos; en plantaciones de caucho, chicle, plátanos, azúcar; en la pesca de atún, langosta, camarón, etc. En muchos de estos negocios se han valido de las amenazas, el fraude, el soborno de autoridades, el despojo, el asesinato individual y hasta el genocidio”.[32]

Habiendo otra forma de practicar su ‘guerra lucrativa’ que les viene como anillo (dinero a sus bolsillos) al dedo para controlar los mercados: la ‘guerra de precios’. Si la praxis monopolista es una guerra capitalista realizada para controlar el mercado, la fijación de precios por debajo de los costos de producción que pueden realizar las grandes compañías, resulta muy efectiva para acabar con las pequeñas. Así procedió Rockefeller en el caso del mercado petrolero, Vanderbilt con el transporte marítimo y, junto con su socio Harriman, en el marítimo y ferroviario. “Huelga decir que, una vez logrado el propósito, y ya con mayor control sobre el mercado, los monopolistas han subido de nuevo los precios a un nivel muy superior al que regía con anterioridad”. De la guerra de precios se sigue la fijación de precios, procedimiento por el cual la gran empresa le impone a las pequeñas y en sí a los consumidores, los precios que les garantizan la obtención de plusvalía. Así ocurrió con el acero, controlado por la USS; el aluminio con la Aluminium Co. Of America; en el petróleo, con la Standard Oil de New Jersey; en aparatos y equipo eléctrico, la General Electric; en automóviles, la General Motors; en productos químicos, la Du Pont,[33] y un largo etcétera que se prolonga hacia nuestro futuro. La crema y nata de las Corporaciones engendradas desde fines del XIX y aún presentes en su ‘inmortalidad’ institucional. (Tal y como fue captado en el discurso de nuestros próceres ‘robolucionarios’: Por aquello de que ‘los hombres pasan pero las instituciones revolucionarias permanecen, compatriotas’). Precios de monopolio, miseria popular garantizada. Antítesis del ‘libre mercado’ y la ‘libre competencia’ que supuestamente el capital promueve.

El raqueterismo se presenta como la praxis por antonomasia ejercida por el capital imperialista. Comenzando al interior de sus propios países, afectando a esos otros ciudadanos desechables que de una u otra manera estorban el predominio del totalitarismo privado al plantear la instauración  de su coto exclusivo. Afectando a capitalistas menores, pero también, y sobre todo, a las masas subordinadas; los consumidores cautivos que quedan a merced de su control productivo y mercantil. Procurando precios que satisfagan su sed de ganancias inconmensurables; controlando con la oferta no sólo el mercado, sino la procreación de infinidad de artículos que suelen poner de ‘moda’. Al gestar un consumo de cualesquier cantidad de productos, muchos de ellos superfluos, con que tienen a los consumidores atrapados, enajenados.

Pero dado que los mercados externos son numerosos (el resto del mundo en la medida en que logren integrar al mundo-mercado áreas de comercio no solo cercanas sino también lejanas), la praxis imperialista se dirige a conquistar y controlar los mercados del Sur, los que están a su merced debido a su falta de competitividad productiva, y a la fuerza de sobreproducción de la industria septentrional.

Como la configuración del trust se realizó empleando procedimientos inescrupulosos, la empresa rockefeliana se ganó la animadversión de la opinión pública, provocando que el propio gobierno de Ohio tomara las medidas pertinentes para disolver tal trust. Pero había otros estados de la Unión más aptos para el desarrollo de una gran empresa, trasladándose la SOC a New Jersey.

Por algo sería que en New Jersey –un pequeño apéndice neoyorkino- se fomentaba la organización de megaempresas, según esto, para obtener beneficios fiscales, creando una nueva forma de propiciar legalmente monopolios, al permitir que una empresa poseyera o mantuviera acciones de otras compañías, como base legal para la formación del Holding Company, o ‘compañía tenedora’ de acciones. ‘Estado’ en el que la Standard Oil Company se consolidó obteniendo utilidades en cifras más elevadas: “…, en el período de 1896 a 1906, logró una tasa de utilidades que fluctuó entre el 48.8 por ciento y el 84.5 por ciento anual, habiendo repartido dividendos de un 39.7 por ciento anual, en promedio”.[34]

La animadversión en contra del trust se ‘solucionó’ con la evolución del Monopolio, el que pasa de promover Trust a procrear Holdings. La Holding Company aparece en el Estado de New Jersey al aprobarse una ley que permite que una empresa posea acciones de otras. Compañía tenedora de acciones que supone una empresa central adquiriendo y controlando a otras empresas  ocupadas en la misma actividad, o en otras ramas de la industria y del comercio. Forma monopolista avanzada, perfeccionada, pues con cierto porcentaje de acciones, la élite de una sociedad anónima puede disponer de un buen número de otras empresas en el mismo país de origen, así como de filiales en el extranjero.

No siendo tontos, ni estando aletargados por la dominación mediática, en la década de los 80 de aquel siglo, agricultores, obreros, pequeños comerciantes, amas de casa, convertidos en compradores cautivos, presionaron a sus gobernantes para que se intentara frenar las prácticas monopolistas, considerando que coartaban la producción diversificada, lo que repercutía en la aparición de elevados precios, los que pasaban a ser ganancia de los monopolistas.

En resultas de la presión civil ejercida. El 2 de julio de 1890, patrioteramente el Congreso de la Unión promovió el Acta Anti Trust Sherman, un procedimiento legal para protegerse contra ‘las conspiraciones que restrinjan la industria’. Pero fue el caso de que la fuerza mayor estaba con los capitostes y no con los consumidores. Leyes y decretos no pudieron frenar la tendencia predominante, porqué el imperativo de la producción capitalista se imponía como factor preponderante en el quehacer social.

Los sucesivos gobiernos de los EUA no calificaban para constituirse en un contrapeso al gran capital -el gran ogro- por su carácter liberal-capitalista. A fin de cuentas, los gobernantes están predispuestos para servir a los capitostes.

El que la terminología del Acta fue vaga sólo denota la no disposición sincera para detener a los monopolios. Ni los jueces, ni los congresistas, ni el poder ejecutivo, estaban en realidad dispuestos a confrontarse con el auténtico poder que rige en la sociedad capitalista: El poder de los dueños, industiales y banqueros (por algo hoy en día designados como banksters).

Fue tal la ineficacia de la Ley Sherman, “que la mayoría de las colosales corporaciones de la actualidad, se establecieron a poco de ser promulgada la ley, en el lapso comprendido entre 1897 y 1904”.[35]

A manera de ejemplo, se refiere que cuando la American Sugar Refining Company, que a la sazón producía el 65% del azúcar refinada en los EUA, adquirió otras 4 compañías del ramo, el gobierno intentó en los tribunales detener aquel convenio, considerando el hecho de que con tales adquisiciones llegaría la American a controlar el 98% del refinemet of glass. Empero, la Suprema Corte estaba para proteger a los monopolistas. Por lo que: “si a los jueces les costaba descubrir muchos transgresores del Acta entre los trust y compañías que acaparaban la industria, fácil les era en cambio hallar combinaciones que restringían a esta última en otro campo, el del trabajo”.[36] Revirtiendo, por increíble que parezca, el espíritu del Acta.

Los tribunales terminaron por emplear el Acta en contra de los trabajadores. Bonito ejemplo de la inicial ‘justicia del dólar’. Desde aquel entonces y anticipando a otros criminales más conspicuos que han venido apareciendo con costumbres más rudas, a los funcionarios de la ley y el orden les queda como mejor opción aceptar la plata que el plomo.

El extraordinario desarrollo industrial usamericano produjo en tres décadas una pléyade de grandes empresas monopolistas capaces de controlar los mercados, primero en los EU y después fuera de ellos.

Así aparece en 1886 la Westinghouse Company. Especializada en aparatos eléctricos; seis años después, 1892, surge su gran competidora, la General Electric Company. La electricidad, la electrificación de las grandes urbes, era junto al petróleo, el gran invento-recurso que transformaba de manera radical el modo de vida civilizado (urbano).

En 1895 surge la Anaconda Copper Co. Orientada al sector minero cuprífero y áureo. Auténtico monopolio constrictor que durante 50 años de explotación de yacimientos en Chile, junto a la Kennecott, obtuvo(ieron) hasta 1963 un monto de ganancias por 4 106 millones de dólares, captando más de un 20 por ciento en utilidades sobre el capital invertido, mientras en otros países sólo lograba una utilidad promedio del 4 por ciento. (Esta Anaconda imperialista) tenía invertido en Chile sólo el 16 por ciento de todos sus activos y, sin embargo, con esa inversión durante mucho tiempo obtuvo el 80 por ciento del total de sus utilidades”.[37]

Otra empresa de carácter monopolista imperialista de negro historial en América Latina surge en 1899: la preferentemente bananera United Fruit Company. Y en 1901 el peso superpesado de las industrias estadounidenses, la ya aludida United States Steel Corporation, gran monopolio del hierro y acero. Seguida al año por otra compañía de época: la International Harvest Co., especializada en maquinaria agrícola. Ocurriendo que en 1903 se fundan dos de las más poderosas y duraderas empresas monopólicas: La automotriz Ford Motor Company; y la Du Pont de Nemours, en la industria química. Y como digno colofón al surgimiento de los primeros monopolios made in USA, en 1906 se inaugura la Corn Products Refining Co. Maíz industrializado a lo gringo, de la engorda de cerdos a los Corn Pops y Corn Flackes.

Monopolios que desde su inicio tienen por fórmula de solución la fusión de varias empresas dedicadas a la misma rama  productiva, haciéndose corporaciones supremas: “Como ejemplos cabe citar a la American Tobacco (fusión de 5 empresas, con el 95 por ciento de la producción del ramo): American Sugar Refining (fusión de 17 empresas, con el 78 por ciento del ramo); United Shoe Machinery (fusión de 7 empresas con el monopolio de la maquinaria para calzado); International Harvest (fusión de 5 empresas que controlaban el 85 por ciento de la producción de maquinaria agrícola), y la United States Steel Corp. (fusión de 8 empresas del ramo siderúrgico).[38]

Magnificar las ganancias, eliminar la competencia. Tales propósitos materializados en tan ingentes empresas constituyen el corazón del capitalismo imperialista. De ahí el que los monopolios vayan de la mano con la expansión de redes mercantiles y junto al incremento de la industria militar. Pues así como se comienza a eliminar otras empresas al interior de los Estados Unidos, la competencia se efectúa con otras megaempresas europeas, a la par de que al interior de las naciones subdesarrolladas van insertando filiales, acabando o no permitiendo la aparición de industrias autónomas que les compitan.

Contando con el apoyo incondicional de los gobiernos de Washington en turno para cooptar los mercados fuera de los Estados Unidos, dada la sobreproducción que la gran industria genera, la  expansión  se convierte en un imperativo para la política externa usamericana, y en ello radica la pulsión imperialista del capitalismo, apropiarse de los mercados externos. Consubstancial y copartícipe resulta el gobierno de la Casa Blanca en el desenvolvimiento del capitalismo imperialista, por lo que además requieren ambas esferas, privada y pública, del soporte militar, así como de las intervenciones subrepticias efectuadas por los aparatos de inteligencia imperial, los que proceden realizando espionaje policiaco y propinando los garrotazos, entiéndase: golpes de Estado, sobornos, sabotajes, etc.; lo es en sí las acciones terroristas requeridas en aras de conseguir la imposición transnacional.

Andrew Carnegie, el amo del acero

Así las cosas: “En 1898 los Estados Unidos se transformaron en una potencia imperialista, y no tardaron en verse envueltos en la política tendente a causar el colapso de la China manchú”.[39] Consideraban los usamericanos imperialistas que la ‘conquista del gran mercado chino’ resolvería sus problemas, (exportación de bienes de capital, ante sus primeras crisis de sobreproducción), pero no fue tan simple.

El capital creciente de los monopolios volvía imperialista la política exterior, entre otros motivos, al desplegarse la Standard Oil Company, como empresa transnacional de primer nivel, activa en Europa y en Asia, y porque, como hemos visto, coincidiendo con el inicio del nuevo siglo se articuló el Holding de la United Stated Steel Corporation, “con una capital de mil millones de dólares, suma extraordinaria que equivalía a los ingresos anuales de Gran Bretaña y a la totalidad de la deuda nacional de Estados Unidos. Ningún hombre había sido nunca tan rico como John D. Rockefeller, y pocos lo habían sido tanto como Andrew Carnegie. Ningún banquero había tenido el poderío que alcanzó J. Pierpont Morgan I. En el mundo capitalista, el centro del poder se había desplazado hacia el Oeste. Es cierto que los Estados Unidos eran todavía una nación deudora que buscaba capitales en Europa, pero sus deudas eran tan ingentes que, en realidad, la posición del deudor era más fuerte que la de sus acreedores”.[40] Lo que no dejaba de ser verdad en base al creciente potencial de este inmenso Estado Nación que superaba por mucho a las hasta entonces potencias hegemónicas europeas, en potencial nacional y en potencial colonialista en franco crecimiento por América y el Pacífico. Disputa por la hegemonía mundo que entraba a un nuevo episodio, con potencias en cierne fuera de Europa, incluyéndose a Rusia y a Japón. Por lo que pronto los EUA pasarían a ser los acreedores de Europa, contando para ello con la realización de las Guerra Mundiales, cual guerras libradas en Europa entre sus potencias, precipitando el fin de su hegemonía mundo….

Para cuando McKinley se reelegía, derrotando a un Bryan consecuente con sus ideales, decidiendo tomar la bandera antiimperialista, motivo por el cual sus posibilidades de triunfo se volvían nulas. En simultáneo a que en la ya poderosa  Urbe de Hierro, Theodore Roosvelt era nombrado gobernador en 1898; para que de inmediato, apoyado por la plutocracia se postula y logra la vicepresidencia.

Pero mientras McKinley viviera, era un segundo a bordo, y al parecer McKinley nunca fue del todo un peón dócil de los oligarcas que se tornaban imperialistas. Ocurriendo que en su viaje a Buffalo para inaugurar la ‘primer exposición norteamericana del siglo XX, fue asesinado por un ‘anarquista’ que había soñado eliminar un monstruo, cuando en realidad ayudaba a fortalecerlo. Atentado que propició el ascenso del joven y ambicioso Teddy Roosvelt a la presidencia, posibilitando implantar una política exterior de corte imperialista, la que el sector de capitostes requería. Por lo que con todo y su moralismo mojigato y sus disposiciones burocráticas a coartar el poderío de los grandes empresarios, en realidad la hegemonía usamericana despuntaba con el impulso de los oligopolios proporcionándole a Tedyy su ‘big strick’. (Vid. De Terrorismos a Terrorismos No. 18).

En lo que se constata que la actitud de Roosvelt respecto a los magnates y la Gran Industria fue ambivalente, pues su política de ‘bienestar para todos’, inevitablemente debía confrontarse con el poder de facto de los hombres de negocios. Nominalmente así lo hizo, pero en el fondo, el propio Roosvelt aceptaba que era imposible someter al gran capital, no era ese el camino a seguir acorde con la directriz  que la expansión de capitales determinaba, tanto al interior de la Nación, como en el impulso externo que justo con su presidencia se tornaba más agresivo: “Roosvelt se creó una reputación de ‘destroza-trust’, pero dos hombres de J.P. Morgan –Elberrt Gary, presidente de U.S. Steel, y George Pewrkins, que más tarde sería concejero de Roosvelt en las elecciones- concertaron negociaciones privadas con el presidente, para asegurarse de que el ‘destrozo de trust’ no fuera demasiado lejos. (Máxime que Teddy Roosvelt, como Thomas Jefferson y Anfrew Jackson, otros ‘campeones del pueblo’, eran cónsules imperialistas que apoyaban a ciegas el expansionismo usamericano. Consistiendo la diferencia en que en los tiempos de estos últimos aún no aparecían los monopolios, mientras que Teddy pasa a ser un presidente al servicio de las Transnacionales. Los tiempos cambian, las defensas ante los cañones que disparan dólares se caen como los muros de Jericó) En 1901, la Bankers’ Magazine escribía: ‘A medida que las finanzas del país han aprendido el secreto de la asociación, están corrompiendo grandemente el poder de los políticos y los hacen serviles a sus propósitos…”/ En 1904, 318 trust –con un capital de más de siete mil millones de dólares- controlaban el 40% de la industria norteamericana”.[41] He allí al verdadero poder y la gloria de este mundo, ante el cual los gobernantes se inclinan.

La última década del siglo XIX transcurrió signada por una crisis que afectó al conglomerado capitalista occidental. Con el desarrollo de los transportes propulsados por la energía-vapor, grandes buques de carga y ferrocarriles, se fue incorporando el hemisferio austral al mercado mundial, lográndose cerrar  un segundo gran círculo, incorporando al Pacífico y a la zona austral; Sudáfrica y Oceanía.

El incremento productivo propiciado por la intensificación industrial impulsa a su vez un comercio acrecentado por el desarrollo de nuevos y revolucionarios medios de transporte, los que aunados a los anteriores propician la ampliación de las líneas que configuran redes de comunicación.

La Gran Nación más industrializada que venía a ser Gran Bretaña, era una reducida isla, y un espacio de tierra aún más reducido si nos referimos tan solo a Inglaterra, una porción de esa isla, siendo el caso extraordinario posibilitado por la Revolución Industrial el que de ese espacio terráqueo reducido se generase una producción de miles de artículos, por millares realizados, productividad capaz de inundar al resto del mundo con mercancías, pero en su contraparte esto significaba que Inglaterra se convirtió en un mercado neto, importador de satisfactores básicos: alimentos y materias primas, para cuando sus productos manufacturados se distribuían por todo el orbe a un bajo precio contra el que no podían competir los productores del Sur. De manera tal que la contraparte de países re colonizados pasan a reconvertirse en exportadores de esos alimentos y de materias primas, no dejando de implicar una transferencia desigual de valores a favor de las metrópolis industrializadas.

Por obvias razones el capital matriz británico fomentaba la obtención de plusvalía con su tecnología avanzada y con la producción agraria y extractiva que absorbía con fuerza centrípeta de todos los rincones del mundo, ampliando la participación de los países meridionales en el comercio mundial. A su vez el comercio entre naciones industrializadas era superior en capital agregado, convirtiéndose en el inversor principal en los países no industrializados, patrocinando la construcción de los ferrocarriles, la explotación intensificada y ampliada de minas, así como el crecimiento urbano:

La construcción de vías férreas requería enormes inversiones que muchas naciones subdesarrolladas sólo podían obtener importando capital de las naciones adelantadas. La demanda de locomotoras y raíles favoreció el crecimiento de la industria de bienes de equipo de los países industrializados, pero, al mismo tiempo, el ferrocarril permitió colonizar zonas inexploradas, permitiendo que los países suministradores de materias primas se integrasen en la red del comercio mundial”.[42] A costa de mantenerse en tal condición de subdesarrollados, pues su atraso congénito las dejaba indefensas ante la intencionalidad del capital inversor, y tales inversiones que en apariencia desarrollaban al país intervenido, en realidad estaban planeadas para favorecer la extracción de recursos naturales y de capitales periféricos. El crecimiento urbano en las capitales periféricas lo constata, aparecen edificios modernos y zonas residenciales rodeadas por cinturones de miseria.

Ocurriendo que el progreso tecnológico se fomentó en la competencia entre los países avanzados, así industrializados, como se evidencia en la Historia, al Reino Unido le siguieron de cerca los pasos, Francia, Alemania y los Estados Unidos, en menor dimensión y competitividad: Holanda y Bélgica; mientras que en un segundo término se fueron incorporando, Japón, Rusia, Suecia y Australia. Y ¡nadie más! Era aquel un círculo selecto de potencias capitalistas; el neocolonialismo se realizaba fomentando y diseminando por un capitalismo financiero y extractivo intensificado por lo que vendría a ser una reconversión de la Revolución Industrial que incorporaba a los automotores como medios de propulsión que irán superando a la energía cinética del vapor, lo que a su vez significó la explosión de la extracción de hidrocarburos.

Fin de siglo y comienzo de otro que propiciaba asimismo grandes emigraciones de Europa hacia un ‘Nuevo Mundo re colonizado’, los pobres de Europa emigran otra vez hacia América, o hacia Sudáfrica, Nueva Zelanda, Australia. A los Estados Unidos inmigraron en la primera década del siglo XX nueve millones de personas, la mayoría de procedencia mediterránea y del este de Europa. Para cuando a Sudamérica viajaron muchos alemanes y los británicos se distribuían por la Commonwealth. De otra manera, como trabajadores en minas y en plantaciones tropicales, la mano de obra semiesclavizada, partiendo de China e India (los coolies) fue en primera instancia a dar a Malasia, y allende los mares, a lugares tan distantes como las Antillas, y África del Sur, así como también a California, y a partirse el lomo abriendo las esclusas que configuran el Canal de Panamá.

Resulta tanto evidente como compresible que en aquella temporalidad, aún la Gran Bretaña, en su condición de máximo país industrializado, fuese el que practicase con mayor profusión el ‘libre comercio’ aprovechando sus ventajas competitivas. No así sus competidores más cercanos, pues tanto Francia, como Alemania, Rusia , Italia…, crecieron manteniendo elevados aranceles para proteger sus industrias de la supremacía britana; pudiendo Gran Bretaña obtener un superávit en su gran colonia: la India. Hasta 1914 mantuvo el librecambismo importando alimentos y materias primas, lo que no dejaba de permitir que se inclinara la balanza comercial en su favor beneficiada por las exportaciones de bienes de capital, así como de sacar ventaja por ser potencia industrial que transfería tecnología ejerciendo patente originaria, y por consiguiente solía sacar ventaja de los no evidentes ‘flujos invisibles’ ligados a ganancias obtenidas de los flujos financieros, lo que le dio un ostensible superávit en la balanza de pagos durante la mayor parte del siglo XIX y principios del XX.

En el transcurso de unas cinco décadas que concluyen en 1914, se efectuó el ascenso de las dos auténticas nuevas potencias mundiales: Estados Unidos y Alemania; emergencia en camino a superar a Gran Bretaña manifiesta  en la producción de dos elementos fundamentales para el desarrollo industrial: Hierro y acero; verificándose al unísono un desarrollo in crescendo en los sectores químico, eléctrico y automotriz que patentaba el impulso de ambas neo potencias en tránsito a superar a las potencias coloniales tradicionales del XIX.

La llamada ley del desarrollo desigual aplicada al desenvolvimiento de la Segunda Revolución Industrial explica que las potencias ascendentes, en este caso Alemania y los Estados Unidos, obtengan ventaja por sobre las potencias anteriores, Gran Bretaña, Francia e incluso Bélgica, gracias a que su desarrollo industrial comienza con la nueva industria, logrando una concentración de capital-beneficio más rápida, optimizada.

Fue el caso de que hasta 1914, tanto Francia como Gran Bretaña, lograron mantener la hegemonía-mundo, lo que se hace patente en el hecho de que el capital británico seguía siendo el banquero del orbe. Para cuando en esta temporalidad aludida, la explotación capitalista alcanzó las regiones inéditas ya mencionadas, incorporándolas al tráfico comercial, ambos aspectos patrocinados en gran parte con inversiones británicas, como acabamos de mencionar: “El principal inversor en los países de ultramar fue Gran Bretaña, que en 1913 concentraba cerca de la mitad de todas las inversiones en el extranjero. A partir de 1900 se produjo un notable incremento de las inversiones británicas en el extranjero: su volumen total pasó de 2.400 millones de libras a cerca de 4.000 millones en 1914. Otros grandes exportadores de capital eran Francia y Alemania, y, en menor grado, Bélgica. Los Estados Unidos también invertían en otros países, pero hasta la Primera Guerra Mundial fueron siempre deudores netos, habida cuenta del mayor volumen de las inversiones extranjeras en su suelo”.[43]

Dato clave para entender que la hegemonía usamericana no era posible mientras no se convirtiera el capital estadounidense en acreedor del mundo, incluyendo a las propias potencias europeas. Situación que se hizo posible con el establecimiento de su banco central llamado Reserva Federal. Supuesto banco central de control estatal, en realidad bajo el control y dominio de una cúpula de banqueros norteamericanos y europeos, incluyéndose los adinerados Rothschild. Incorporándose así ellos al ya patente poderío nacional usamericano; pues la fuerza productiva ofertada por la industria nacional se constituye en el factor preponderante de la ‘economía’ capitalista, y los capitales bancarios no hacen sino ponerse detrás de la real riqueza. Fueron ellos, los fundadores del engendro ‘Federal’ (Fed.) hacia 1913 en la isla Jekyll; fueron ellos quienes iban construyendo el ‘más terrible de todos los trusts, el trust del dinero’…

La Plutocracia de Norteamérica crece correlacionada al surgimiento de los monopolios: “En 1864 Junius Spencer Morgan, que durante largo tiempo se había destacado colocando fianzas norteamericanas en Inglaterra, puso a su hijo John Pierpont a cargo de la rama norteamericana de la firma. En pocos años el joven Morgan se había asociado con la vieja casa banquera Drexel, en Filadelfia, y pronto estaba desafiando la supremacía de Jay Cooke and Company. La quiebra de Cooke, en el pánico de 1873, colocó a Morgan en una situación de inmenso poder. En la década de 1880, la Casa Morgan formó una asociación íntima con el Ferrocarril Central de Nueva York, y durante esa década y la siguiente organizó los ferrocarriles, extendiendo su influencia por todo el Sur hasta el lejano Oeste, donde después del fin de siglo, formó una alianza con el grupo Hill. Mientras tanto, los intereses de Morgan se habían extendido por muchos campos hasta que, en el nuevo siglo, pocos negocios importantes quedaban que no estuviesen en contacto con él, salvo los que se hallaban en la órbita de los intereses rivales de Rockefeller. En 1901, la Casa Morgan cerró el gigantesco trato que creó la United States Steel Corporation. Morgan monopolizó las manufacturas de aperos agrícolas, y surgió con la International Harvest Company, ayudó a financiar a la American Telephone and Telegraph, la General Electric y una docena más de gigantes. La Casa de Morgan controlaba una docena de grandes Bancos: Hanover, Chase, First National, Bankers’ Trust y otras y, más importante aún, se había unido con tres de las mayores compañías de seguros: la New York Life, la Mutual Life y la Equitable”.[44]

La U.S. Steel Corporation fue el resultado de la fusión de ocho ya megaempresas, las que habían sido asimismo resultado de la fusión de 139 compañías. Revelador resulta el hecho de que el valor nominal de la USS estuviera originalmente inflado, falsificado. Pues originalmente su valor en el mercado fue de 1 400 millones de dólares, mas un dictamen del Comisario de Corporaciones de los Estados Unidos, estimó que el valor real sólo ascendería a 682 millones de dólares.[45] Puede ser que este caso no fuese el único, sino algo procurado, pues tal procedimiento representó un beneficio líquido de 625 m de d para J. Pierpont Morgan. ¿Podría ser el caso también de la International Harvest y de la General Electric? De cierto que el capital agio, capital fraudulento, a lo Morgan,  desde el surgimiento de los monopolios infla las fortunas de los acaudalados, y en sí de Wall Street. Y más ahora que el capital ficticio inunda con dólares y euros chatarra los mercados monetarios.

La bancocracia se edifica al instaurarse las bolsas de valores pecuniarias, institución mercantil eminentemente lucrativa, en la que el financiamiento de las empresas estimula la especulación; mercado monetario inflado con papeles, bonos y derivados, ámbito de shayloks propicio para que con artilugios los potentados midas men pueden canalizar los activos y pasivos de otras sociedades anónimas o de empresas del Estado, así como de particulares medios, en una captación que favorece a su cuenta particular.

Siendo el caso de que en las bolsas de comercio se encuentra la esencia de la ganancia especulativa, cuando que: “La mercancía objeto de transacción bursátil puede no pasar directamente de unas manos a otras; el vendedor puede operar sin mercancía real, y el comprador, sin dinero en efectivo”. Así los templos de Pluto son paraísos de capital fantasma… y así fantásticos. Estando en juego grandes cantidades de bienes del sector primario y materias primas tales como, cereales, oleaginosas, algodón, azúcar, café, tabaco, cacao…, e incluso metales.

Ejerciéndose una compra-venta a largo plazo, estableciéndose un precio determinado a futuro, propiciando la especulación en la que el vendedor espera que los precios al llegar el plazo establecido hayan bajado, mientras que el comprador espera que aumenten con posterioridad a la compra, valiéndose de todo tipo de artilugios para que cualquiera de estos especuladores resulte beneficiado.

La Bolsa, real Templo de Pluto y Mammón, es la institución especulativa por excelencia, apta para que lucren los poseedores de gran capital: “En cambio, los pequeños propietarios y los de tipo medio, por lo común se arruinan en estas operaciones”.[46]

A principios del siglo XX el traslado de la hegemonía monetaria hacia los EUA estaba en cierne, pero todavía no acaecía. Basta conocer la dirección y los porcentajes de los empréstitos británicos para comprobar que aún mantenía la hegemonía mundial financiera, la banca británica seguía siendo el prestamistas del mundo: “Un 20% de ellos iban a dar a los E.U., cifra similar a la concertada con América Latina (particularmente con Argentina); manteniendo una preponderancia para con las inversiones en su propio Imperio. 50% invertido en Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica y en la India. Presentándose una variación en la dirección y el sentido que seguían los flujos de capitales: “Hasta entonces la mayor parte de las inversiones se habían dirigido a los países europeos y a los Estados Unidos, ya para cubrir los empréstitos de los Gobiernos o bien para la formación de compañías ferroviarias. Desde 1870, el capital fue dirigiéndose cada vez más hacia los países agrícolas, que empezaban a entrar en las corrientes de la economía internacional”.[47]

Por su parte Francia –la otra potencia-, invertía su capital en sus colonias africanas –principalmente en las del norte- y en el Sudeste asiático; “sin embargo, la mayor parte había sido invertida en Europa, y sobre todo en Rusia, que en 1911 acumulaba un cuarto de todas las inversiones exteriores francesas. Las de Alemania se centraban en Europa, aunque asimismo había invertido grandes sumas en los Estados Unidos y América del Sur”. [48] La relación de Alemania con el exterior, la materialización de su potencial nacional buscando expansión fuera de Europa, léase, dominio colonial, fue un factor clave en el impulso bélico que desemboca en las dos Grandes Guerras.

La ya aludida ventaja en dimensión tenida por los EUA, superando a las naciones potencia de Europa, se denota asimismo en el hecho de que el crecimiento usamericano se desarrolló de una manera óptima, por no decir perfecta, primero dando prioridad a la expansión territorial, para después incentivar la industria y posteriormente detentar la supremacía financiera. Lo que se dice fácil sin entender la carga negativa que tal desarrollo hegemónico representó en cuanto a las atrocidades, injusticias y los sufrimientos que significó para pieles rojas, mexicanos, cubanos, boricuas, filipinos…, de otra manera, para los inmigrantes europeos y asiáticos, granjeros y obreros explotados que constituyendo el sustrato de la portentosa economía se sacrificaron en la base de tan ciclópea pirámide, para que ésta creciera con solidez, quedándose en su condición de asalariados con las migajas del gran pastel. Sustrato de trabajadores que queda oculto entre alegres cifras macroeconómicas, las que dan cuenta de una etapa de auge. Incluso y sobreponiéndose a varias graves crisis acaecidas en el transcurso del XIX, el desarrollo capitalista termina por consolidarse, de ahí el que algunos historiadores consideren a esta época como ‘edad del optimismo’; de cierto que incluso termina de manera exitosa con el desarrollo inobjetable de los primeros 14 años del XX.

Optimismo así considerado desde la perspectiva del Imperio Británico, cuando que hacia fines de la Era Victoriana y en sus inmediatos sucedáneos, los intelectuales británicos pronunciaron desde sus anteojeras con óptica euro céntrica, que ¡’la Historia había alcanzado su clímax con nuestro Imperio’![49] Concibiendo una especie de milenarismo obtenido del progreso capitalista, ¡la Historia había llegado a su fin! Pasando a ser una especie de primeros posmodernos extraviados, si bien a la inversa, pues aquello se suponía como la modernidad plena alcanzando su plenitud, mientras que ahora los posmodernos consideran a la modernidad concluida, o descompuesta, ¡concluida sin que el capitalismo, su hacedor, haya sido superado!,  ¡en plena etapa del dominio monopolista trasnacional!; posmodernismo mocho, previo al verdadero pos modernismo, pos capitalista.


[1] Historia Universal en sus Momentos Crucialesvol. V/ época de optimismo 1803-1897– Aguilar: 104.

[2] Carl Sagan en su último libro: El Mundo y sus Demonios, publicado en 1995 en los Estados Unidos, da cuenta de una nueva etapa de oscurantismo apropiándose de la inteligencia común del estadounidense. Puesto que por sobre el pragmatismo funcionalista, base del crecimiento y desarrollo de la civilización material usamericana, siempre ha habido demonios engendrados por el irracionalismo capitalista…, tema a considerar en otros artículos.

[3] Ernesto Carmona. “Los Grandes Medios Corporativos se Amalgamaron con el Gran Capital Transnacional –los amos de la prensa-“. Red Voltaire. 22-05-07.

[4] No es casual que en la actualidad el mercado de alimentos, la bolsa mercantil en que se cotiza y se especula con el precio de los productos agrícolas, se encuentre precisamente en Chicago.

[5] Historia Universal en sus Momentos Cruciales. Op.Cit.: 105.

[6] Resulta oportuno enmendar la plana en cuanto a lo referido en de Terrorismos a Terrorismos 18 “El Hundimiento (Implosión) del Maine”. En cuanto a que la crisis de fin de siglo XIX fue la primera gran crisis en los Estados Unidos, esto dista de ser cierto. La primera crisis estructural que afectó a los Estados Unidos, procedente de Inglaterra, ocurrió entre 1836-1839, y de ahí pa´l real.

[7] Sir Denis Brogan. “Expansión de los Estados Unidos”. Historia Mundial del Siglo 20. Vergara, 1972: 27.

[8] Ibídem.

[9] Ibid.: 29.

[10] Howard Zinn. La Otra Historia de los Estados Unidos. Siglo XXI, 1999: 219.

[11] Sir Denis Brogan. Op.Cit.: 30.

[12] Ver: De Terrrorismos a Terrrorismos 18…

[13] José Luis Ceceña. El Imperio del Dólar. Caballito, 1972: 7.

[14] Ernest Mandel. Tratado de Economía Marxista. T. 2. Era, 1975: 172

[15] Ibídem

[16] Ibid.: 173-74.

[17] Ibid.: 183.

[18] Leo Huberman. Historia de los Estados Unidos –nosotros, el pueblo-. Nuestro Tiempo. 1985. 278-79.

[19] Ibid.: 284.

[20] Ibid.: 285.

[21] Ibid.: 285-86.

[22] Ibid.: 286

[23] Ibid.: 287.

[24] T.K.Derry-Trevor Williams. Historia de la Tecnología –desde 1750 hasta 1900 (I)-. Siglo XXI, 1991: 754.

[25] Ibid.: 757. En aquel entonces, por risible que ahora parezca, el posible empleo de la gasolina se proyectaba en la soldadura y en las ‘cocinas a presión’. Ibid.: 761.

[26] Howard Zinn. Op.Cit.: 224.

[27] José Luis Ceceña. Op.Cit.: 13.

[28] Ibid.:30.

[29] Huberman. Op.Cit.: 289.

[30] Ibid.: 288-289.

[31] Samuel Eliot Morison, Henry Steele Commager. William E. Leuchtenburg. Breve Historia de los Estados Unidos. FCE, 1989 458.

[32] Ceceña. Op.Cit.: 31.

[33] Ibid.: 32.

[34] Ibid.: 14 y 9.

[35] Huberman.: 293.

[36] Ibid.: 294.

[37] F. Serguélev. Chile, el Gran Negocio y la CIA. Progreso. 1980: 39.

[38] Ceceña: 10.

[39] Sir Denis… .: 30

[40] Ibid.: 30-31.

[41] Zinn. Op.Cit.: 259.

[42] Malcolm Falkus. “La economía moderna”. Historia Mundial del Siglo 20. Op.Cit.: 150-151.

[43] Ibid.: 152. Negritas añadidas.

[44] Breve Historia de los Estados Unidos. Op.Cit.: 459.

[45] Ceceña.: 21.

[46] Borisov Zhanin Makarov. Diccionario de Economía Política. Grijalbo, 1983: 12.

[47] Ibid.: 153.

[48] Ibídem.

[49] Vid. Arnold J. Toynbee. Estudio de la Historia III, parte final.

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