Violencia en el noviazgo: todo por amor

Escrito por on Ene 27th, 2011 y archivado en Destacado, Galería de vídeo, Galería Fotográfica, Psicología. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Violencia en el noviazgo: todo por amor

Durante el noviazgo las personas idealizan a la pareja y creen que para demostrar su amor deben tolerar conductas arrebatadas, maltratos y ofensas. La violencia disfrazada de amor es difícil de reconocer porque los signos del maltrato durante el noviazgo son desconocidos para los jóvenes, quienes los confunden con muestras de afecto y pasión que, en realidad, ocultan conductas controladoras y de devaluación hacia la pareja.

La violencia en una relación de pareja se refiere a toda acción u omisión que daña de manera física, sexual o emocional, con el fin de controlar y mantener un dominio sobre la otra persona; para lo cual, recurre a la emisión de comentarios incómodos;  insultos directos o velados que merman la autoestima; mediante la manipulación sutil o el abierto chantaje emocional, o, en lo físico, desde jalones hasta golpes. Al principio, al miembro de la pareja que se le está sometiendo a tales vejaciones, le puede parecer una especie de juego entre los dos, y desconociendo la manera de ponerle fin a esta conducta lesiva, por el temor de terminar con la relación, la permite, lo cual ocasiona que, con el tiempo se incremente hasta llegar a la hospitalización, e incluso, la muerte.

La pareja no se da cuenta de la situación por la que está pasando porque hay factores a su alrededor que le fomentan la negación y le impiden pensar objetivamente; siente que el “amor” se demuestra tolerando actitudes y comportamientos lesivos, bajo la creencia de que es una situación pasajera que se modificará con el paso del tiempo. Esta ceguera selectiva ocasiona que no se quieran dar cuenta que ejercen violencia sobre su pareja o son víctimas de ella.

Los expertos consideran que la violencia en el noviazgo se origina por la repetición de patrones relacionales aprendidos desde la familia de origen, pues existe la distorsión en la percepción de la relación paterno-filial; es decir, si el hijo percibe que sus padres no sólo lo tratan amorosamente, sino que también lo regañan, golpean, gritan, enojan y  amenazan con la pérdida de su amor; reproducen esta creencia alterada en sus relaciones posteriores, especialmente las de pareja pues conciben la vida como un intercambio afectivo ambivalente, con sus dosis de amor y de maltrato simultáneo. Máxime cuando la relación de pareja entre los padres se basa en la agresión y violencia.

Una de las principales causas de esta confusión sentimental se debe a que las conductas violentas no son percibidas como tales ni por las víctimas ni por los agresores, pues generalmente se confunden maltrato y ofensas con amor e interés por la pareja; pues se cree, que se debe de “aguantar” todo por amor. Las fases evolutivas del noviazgo van de la mera simpatía o atracción a una relación de mayor conocimiento, de comprensión y de respeto; sin embargo, muchas veces la percepción del noviazgo, origina que algunas personas lo vivan como un juego, sin cercanía ni profundidad emocional; por otro lado, muchos adolescentes confunden sentimientos de amistad y amor, sin saborear la auténtica amistad y no permiten que ésta dé frutos; suponen que al llevarse bien como amigos, forzosamente tienen que ser novios, lo cual, con el tiempo, origina resentimientos y hostilidad que se descargan en la pareja.

Dentro de los tipos de violencia que se presentan en el noviazgo se encuentran:

1.        Violencia Física:  son actos de agresión intencional con la finalidad de sujetar, inmovilizar o causar daño a la integridad física de la otra persona, con la intención de sometimiento y control, en la que se utiliza cualquier parte del cuerpo, algún objeto, arma o sustancia, incluyendo empujones, bofetadas, puñetazos, puntapiés, etc., incluyendo leves pellizcos, jalones o insultos “en broma” son también manifestaciones de violencia que dejan cicatrices físicas y mentales que permanecen de por vida así como, lesiones leves o severas que pueden causar la muerte.

2.       Violencia Psicológica: es una forma de maltrato, generalmente,  más sutil y difícil de percibir o detectar que el maltrato físico. Se presenta a través de palabras hirientes, devaluación, descalificación, humillaciones, insultos y gritos. Si se ignora, descuida o se atemoriza a una persona a través de actitudes o palabras existe la violencia psicológica, término que incluye la negligencia en la crianza,  cuando el individuo, desde pequeño, no recibe amor y protección necesarios para su edad por parte de sus padres o tutores. La consecuencia evidente de este tipo de maltrato es que la autoestima de la persona se vea mermada y afecte su desarrollo emocional, su seguridad  y confianza. Esta violencia puede conducir a conductas delictivas o adictivas, para tratar de compensar su inseguridad personal con comportamientos “audaces” en apariencia; por otro lado, a las víctimas de maltrato psicológico se les dificulta notablemente, construir relaciones interpersonales sanas debido a la desconfianza que se ha gestado durante largo tiempo; momento en el que el  individuo afectado ha generado un gran resentimiento y la necesidad de buscar cómo “reparar el daño” convirtiéndose en victimario, tratando de intimidar, descalificar y de hacer sentir mal a la otra persona.

3.       Violencia Verbal es la que incluyen todos aquellos actos en los que una persona lastima moralmente a otra, por medio de agresiones expresadas mediante palabras o gritos, desprecios, insultos, mentiras, comentarios sarcásticos y burlas que exponen a la víctima en público. Esta violencia, algunas veces, tiende a ser imperceptible, para la víctima que justifica la existencia de tales manifestaciones negándose a reconocerlas por el temor a que se dañe la relación, lo cual, a fin de cuentas, se torna en algo bastante perjudicial, puesto que consiste en la realización de comentarios degradantes, insultos, observaciones groseras y humillantes sobre la falta de atractivo físico, la inferioridad o la incompetencia en alguna habilidad específica, acusaciones y gestos degradantes; así como cualquier intento de imponer conductas, formas de pensamiento, creencias, inclinaciones religiosas, políticas o deportivas, etc.

4.       Violencia Sexual: esta violencia es cada vez más común en la vida cotidiana de la pareja y se basa en un lastre cultural asociado con la creencia de que  “Yo soy su mujer/marido y le tengo que cumplir” ó “Yo soy tu marido/mujer y me tienes que cumplir”. El tener relaciones sexuales por obligación sólo porque es la pareja quien lo desea es un mito que deteriora la estructura individual y la propia valía personal; los hombres así como las mujeres tienen el derecho a decir no cuando no desean tener un encuentro sexual. Durante el noviazgo la forma más frecuente con la que se manifiesta la violencia sexual es a través de la conocida “prueba de amor”, frase que, mediante el chantaje emocional, la pareja ejerce una acción coercitiva al condicionar las relaciones sexuales con la manifestación de amor; lo cual, se convierte en una manipulación que degrada y devalúa a la persona por querer tener el control de su cuerpo y de su voluntad para satisfacer deseos totalmente egoístas.

5.       Violencia económica: Es cuando uno de los miembros de la pareja tiene mayor poder adquisitivo y cree que por tener más dinero tiene el poder de tomar las decisiones y de controlar y disponer de la otra persona.

Existe una etapa de atracción o enamoramiento en el caso de parejas en la que la víctima no se da cuenta de algunas señales de alarma que no pasan desapercibidas para los demás, tales como el control de la apariencia de la pareja y de su tiempo, un sentido de posesión exagerado, la búsqueda de aislamiento y renuncia a los entornos de convivencia previos incluyendo familiares, amistades y compromisos académicos o laborales.

Las investigaciones señalan que:

1.        La edad en que se es más vulnerables a la violencia es en la adolescencia.

2.       Es una situación que se mantiene en silencio porque la gran mayoría considera que las agresiones no se incrementarán ni en frecuencia ni en magnitud, o por la percepción que se tiene de pasar “tan lamentable vergüenza” que implica el atreverse a denunciarla.

3.       Se presenta en todos los estratos sociales, en ambos géneros, en noviazgos de corto tiempo o relaciones de años.

4.       Es muy probable que este comportamiento tenga antecedentes de violencia en la familia de origen y por lo tanto, la dificultad de reconocer que es algo que se debe evitar a toda costa.

5.       Una de las causas de la tolerancia a este tipo de comportamientos puede encontrarse en el temor de la persona a encontrarse sola y con tal de “tener a alguien a su lado” está dispuesta a pagar el precio que sea necesario, aún y cuando ponga en riesgo su salud emocional, su integridad física y moral y en casos extremos, hasta su vida.

Algunos indicadores de que existe la violencia en la relación de pareja son:

1.        El control que ejerce la pareja al buscar tener un registro constante de lo que la otra persona hace durante cada momento de su día, con la exigencia de las explicaciones correspondientes, acción que se puede manifestar de manera directa mediante interrogatorios exhaustivos o al revisar las pertenencias privadas, el celular o correo electrónico para comprobar la veracidad de la información obtenida (que aún y cuando sea comprobable, no le dará tranquilidad a la pareja violenta, por el contrario, pensará que hay una planificación para ocultar lo que está sospechando).

2.       Vigila, critica o pretende que la pareja cambie su  forma de vestir, de hablar o de comportarse mediante la constante comparación con otras personas destacando una aparente  “superioridad” de los demás, descalificando y devaluando a la pareja, ya sea de forma sutil o notoriamente abierta.

3.       Limita, mediante la prohibición explícita o velada, la relación de la pareja con sus familiares, amigos, vecinos, compañeros de estudio o de trabajo; ya que “no confía en que puedan ser una buena influencia” puesto que, la pareja “carece de la capacidad de darse cuenta de ello”.

4.       El agresor es quien decide las pautas de la relación entre ellos, al determinar cuándo verse, a qué hora, dónde, el tipo de salida, etc.; todo de acuerdo a su conveniencia personal. Sus reacciones provocan ansiedad, incertidumbre o miedo en la pareja.

5.       Coquetea con otras personas a espaldas o delante de la pareja. Si se le solicita alguna explicación, se exalta y culpa a los demás, pero no se responsabiliza de su conducta. Se niega a conversar o a discutir con franqueza acerca de los conflictos o los desacuerdos de la pareja, señalando que “no lo entendería” o que “siempre es lo mismo” o “que nunca llegan a nada con esas discusiones”.

6.       Generalmente, la pareja violenta se muestra como una persona agradable, simpática y respetuosa con los demás, pero en lo privado es totalmente distinta. Cuando se enoja, se exalta y deja de  hablarle a la pareja por un tiempo como forma de castigo.

7.       En cuanto al contacto físico el tocado, besado o acariciado sin su consentimiento a la pareja o incluso ha habido agresión franca.

Dentro de las consecuencias en la relación violenta se presentan con mayor frecuencia:

1.        Depresión en la pareja agredida, quien puede llegar a pensar en el suicidio.

2.       Aislamiento social y devaluación personal, afectación en la autoestima, seguridad y confianza personales.

3.       Fracaso escolar o deficiente rendimiento laboral.

4.       Trastornos en la alimentación y el sueño.

5.       Embarazos no deseados o adquisición de enfermedades de transmisión sexual con tal “de no ser abandonada” por la pareja.

6.       Mayores probabilidades de recurrir a algún tipo de adicción para evadir la realidad hostil en la que se encuentra.

7.       Agresiones físicas que pueden atentar contra su salud tanto física como emocional.

¿Qué puede hacer una persona que se encuentra en estas condiciones?

Para empezar, hay que tener muy claro que el problema es estrictamente de la persona violenta, tiene que ver con su historia y no con lo que la pareja esté haciendo o dejando  de hacer.

En el noviazgo la violencia puede manifestarse de manera muy sutil pero se va incrementando paulatinamente; a veces, sin que la persona que está dentro se percate de ello, por lo que se van adaptando de manera enfermiza a ese entorno degradante y violento, con lo cual, frecuentemente, cae en la creencia que el relacionarse de esta manera es la única opción que tienen.

Es recomendable analizar lo que se está viviendo para tomar las decisiones necesarias que incluyen terminar esa relación, alejarse, buscar la ayuda de un profesional especializado y denunciar el hecho. Las conductas que son violentas distorsionan la percepción de la víctima quien puede llegar a pensar que la persona actúa de esa manera para demostrarle su amor y la justifica con frases como “es celoso/a porque me quiere”, “me dice cómo vestirme porque se preocupa por mí”, “no me vigila todo el tiempo, me está cuidando porque no quiere que me pase nada” o “me golpeó sin querer, de seguro yo hice algo para provocarlo”.

Frente al maltrato psicológico hay una serie de respuestas adecuadas que pueden limitar el incremento de la respuesta agresiva de la persona, pero siempre con la conciencia de salir de esa relación y terminarla. Será preciso buscar ayuda profesional para descartar la posibilidad de que aparezca un cuadro psicológico derivado de este tipo de relación enfermiza. Es recomendable recurrir al apoyo de psicólogos especializados en temas de pareja, maltrato o victimología.

Referencias

1.          Alcale, M. (2007). El delito de malos tratos físicos y psíquicos en el ámbito familiar. Ed. Herder, Madrid.

2.         Smith, S;  Williams, M. y Rosen, K. Psicosociología de la violencia. (2008). Referencia electrónica.

3.         IZQUIERDO, M. J. (2010). Cuando los amores matan. Ediciones Libertarias, Barcelona.

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6 comentarios en “Violencia en el noviazgo: todo por amor”

  1. ANONIMO dice:

    Hay muchos errores en la explicaciòn de la violencia, porque cualquier clase de violencia en Mexico y en muchas partes del mundo se tipifica nada mas como violencia fisica y violencia moral.Para apoyar este comentario ella señala la fuente del “delito” Alcale, M (2007), asi encontramos que dentro de la violencia fìsica esta el aspecto sexual por ejemplo y dentro de la violencia moral esta el aspecto psicologico, como otro ejemplo.
    Ademas confunde el termino de la pareja con el de la persona, como se puede apreciar la pareja la integran dos personas y el termino de persona es una sola.
    El aspecto verbal y el aspecto economico entran dentro de la violencia moral y no deben separarse.
    Esta mal documentada la expositora ya que la violencia se puede dar y con mayor enfasis despues de la adolescencia, asì como el noviasgo tambien se puede dar en cualquier etapa de la vida.
    Creo que unicamente se debiò orientar este artìculo al aspecto psicològico de la violencia en el noviasgo y no en otras areas que no se dominan y las cuales son muy extensas. Por otro lado felicidades por lo rescatable de la exposiciòn.

  2. Claudia Bermúdez dice:

    Anónimo:

    Muchas gracias por sus comentarios y por haberse tomado la molestia de aclararlo.

    Su servidora, jamás pretendió invadir otras áreas más que las relacionadas con la Psicología y de acuerdo a los estudios relacionados con la misma; sin embargo, es muy importante contar con la aproximación tan contrastante desde otras disciplinas del quéhacer humano, que es notorio que Usted sí domina y enriquecer la información de los lectores que se toman la molestia de analizar el presente artículo.

    Estimado Anónimo, le reitero mi sincero agradecimiento por su valiosa aportación.

  3. Angélica dice:

    dónde puedo encontrar un terapeuta especialista en casos de violencia de “pareja”…

    me vale madres si el término está mal empleado, lo que requiero es ayuda porque me ví reflejada en lo expuesto.

    gracias

    • Claudia Bermúdez dice:

      Estimada Angélica:

      En Psicología el término de pareja es relacional, así que está bien utilizado aunque se refiera a una persona, probablemente en otras disciplinas haya una limitante en su uso, pero recordemos que esas diferencias son las que enriquecen al ser humano.

      Gracias por la oportunidad de aclararlo y por su elocuente aportación.

  4. Claudia Bermúdez dice:

    Estimada Angélica:

    Le envío datos vía correo electrónico.

    Saludos.

  5. Liz dice:

    Para ilustrar al ANONIMO, le he de recomendar que consulte los Convenios Internacionales en los cuales se contienen precisamente la definición de cada una de la clases de violencia, mismas que han sido incluids en nuestras legislaciones estatales. Es un tema que ha sido llevado a las políticas públicas, pero, que para su erradicación se hace necesaria voluntad política, de la cual hemos carecido, conciencia social, pero por el machismo galopante que padecemos se ha visto solo como un tema de moda y electorero, pero en la practica, las mujeres que la sufren y pretenden que se castigue al agresor, solo consiguen ser revictimizadas por personajes que ignoran o son golpeadores y por supuesto que no quieren que el tema sea expuesto y resuelto de raíz. Mis felicitaciones, temas como este deberian ser tocados con mayor frecuencia y buscar un medio que permita ser espejo del problema social que representa la violencia en “parejas” o seran disparejas para el ANONIMO?

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