Buscando el sentido de vida

Escrito por on Ene 11th, 2011 y archivado en Destacado, Galería Fotográfica, Psicología. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Buscando el sentido de vida

El Sentido de la Vida es lo que le da significado y guía a nuestra existencia, su búsqueda permite construir el soporte interno al diario vivir. Tal como Nietzche señalaba “Aquel que tiene por qué vivir, se puede enfrentar a todos los cómo”; sin esta estructura interna es más factible que la mente del individuo debilite y, por consiguiente, la ausencia del sentido de Vida sea un factor importante para alterar la salud mental de la persona.

El fervor del ser humano por encontrar su Sentido de Vida constituye el impulso para fortalecer su estructura mental, enriquecer su mundo interno y desarrollar pautas relacionales más sanas y profundas con las demás personas; aunque dicho significado puede referirse a la vida en general se concreta en cada situación que se le presenta, ya que al experimentarla se matiza de acuerdo a sus características de personalidad y recursos internos tales como su forma de percibir, pensar, reaccionar emocionalmente y sentimentalmente así como a su etapa evolutiva. Oscar Wilde señalaba que “A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto y, de pronto, toda nuestra vida se concreta en un solo instante”.

El ser humano vive permanentemente en busca de un significado que le brinde sentido a su vida y cuando no lo encuentra “sucumbe ante las exigencias del entorno” (Acevedo, 2002). El sentido no es el mismo para todos los seres humanos, pues cada uno lo busca y experimenta en función de sus necesidades, objetivos y circunstancias personales. Cada ser humano pretende hallar aquello que le confiere un significado a su vida; este deseo de significado es una necesidad específica no reducible a otras necesidades y está presente en mayor o menor grado en todos los seres humanos (Frankl, 1999). Dicho significado sirve de apoyo estructural para afrontar las situaciones adversas de la vida, pero también para asimilar las excesivamente gratificantes y ‘no perder el piso’ al experimentarlas.

En general, el cuestionamiento por encontrar el Sentido de la Vida, no suele plantearse mientras la persona se encuentra en un contexto placentero, sino precisamente cuando se destruye la ilusión de control que creemos poseer sobre las situaciones externas, desilusión que se manifiesta a través de disgustos, problemas y dificultades que desgastan, desmotivan para seguir luchando y, en ocasiones, derrumban al individuo; sin embargo, la experiencia del fracaso y frustración, que es inevitable, es la que genera la búsqueda del sentido del esfuerzo y significado de nuestra vida. La frustración no es algo patológico, por el contrario, es el principal factor para el cambio. Para que la vida tenga sentido es preciso reflexionar sobre la contradicción o incoherencia entre nuestro deseo y nuestro actuar que, generalmente, es la principal causa que evita poder vencer los obstáculos que nos desvían de la ruta que nos hemos trazado para concretar nuestros objetivos de Vida. Si con frecuencia nos proponemos hacer algo y no lo logramos, es posible que estén fallando las pautas de relación que se utilizan para conducir nuestra vida y no porque ‘no se puedan’ lograr, hay que evitar ser lapidarios  y corregir el rumbo para poder ser fieles a nuestro proyecto de vida. “Hay una ley en la Vida, cruel y exacta que afirma que uno debe crecer, o en caso contrario, pagar más por seguir siendo el mismo”, Norman Miller.

De acuerdo a Flores Herrera “Vivir es una tarea esforzada. Lo que el hombre necesita para encontrar sentido a su vida es tener una justificación para sus esfuerzos”, es decir, disponer de un objetivo y un fin claros, “para cuya consecución dedica la tarea de vivir cada día”. Cuando se tienen objetivos claros para la propia vida, los esfuerzos se ven como parte del camino que hay que recorrer para alcanzarlos, y por tanto luchar tiene entonces un sentido muy claro: llegar a donde se desea. El individuo, al percatarse de su breve existencia, busca la manera de trascender y ‘dejar huella’. Así que, a pesar de todos los problemas con los que se enfrente, descubre que para que la vida valga la pena, debe poner en práctica la fuerza de oposición de su estructura interna frente a las vicisitudes cotidianas. El proyecto de Vida puede cambiar durante el transcurso de la misma, pero más que preguntar qué podemos esperar de la vida, hay que preguntarnos qué hacer para conseguirlo.

Tener objetivos claros es el primer requisito para trazar el Proyecto de Vida que consiste en alcanzar las metas,  valores e ideales que queremos hacer nuestros. El Sentido se encuentra cuando la vida tiene el contenido necesario para brindar el fundamento que le dé emoción, intensidad y valor.  La ausencia del Sentido de Vida origina desocupación, alienación, falta de ilusión, vacío existencial. Pifarré indica que “una de las conductas que revelan la ausencia del sentido de la vida, es la que le atribuye al placer sensible el rango de principio y categoría suprema, y se traduce en la búsqueda desaforada de aquellos objetos que lo producen”, como las drogas, el sexo, el alcohol, los juegos de azar, la agresión, etc. o también en el afán desmesurado de poseer imperativamente los objetos materiales o a las personas mismas: posesión no construcción de relaciones.

La gama posible de las actitudes desesperadas, pesimistas y amargas es muy variada, tales como el sobreentender con prejuicios; el dar por hecho las cosas sin participar, el caer en la costumbre y en la monotonía de las rutinas, en el aburrimiento e indolencia; por lo que, la gente que se encuentra sumida en ellas, sin saber cómo superarlas, puede llegar al grado extremo de la pérdida por el deseo de vivir y al intento de anulación de su propia vida, mediante conductas autolesivas o el suicidio mismo.

Frankl señala que las personas que en el fondo están descontentas consigo mismas y con lo que hacen viven en la amargura de lo cotidiano llenas de malhumor. En tal situación utilizan la salida más evidente: huir de sí mismas buscando mundos alternos o al volcarse en la exterioridad fragmentándose en pequeños momentos de diversión y evasión dedicada a explotar la felicidad momentánea que dan los placeres superfluos. Sin embargo, esta opción deja huecos profundos y no resuelve el problema de la propia identidad. El destino de tales personas parece cifrarse en olvidar quiénes son en el realidad. Daudí señala que “Es curioso que la Vida, cuánto más vacía, más pesa”.

La reflexión sobre la propia vida aleja al hombre de la visión superficial de las cosas y le hace recorrer su propio camino. Es en la dinámica de la vida misma, en el cotidiano transcurrir, en las experiencias, en el movimiento propio que cada ser humano intenta, que adquiere significado. Como lo expresa Paul Tournier: “Un hombre en movimiento, continuamente experimentando cambios, viviendo una historia, desenvolviéndose desde su nacimiento hasta su muerte está implicando el significado de su vida”. El sentido que descubre la persona se forja en cada suceso, especialmente, en aquellos de impacto que lo llevan a cambios trascendentales, porque es en la transformación de la vida que el cumplimiento de un propósito se hace evidente y la persona encuentra un significado. La vida es apuntalada en una nueva dirección.

Durante la vida hay momentos especiales que impactan más que otros porque significan adoptar una postura firme, un compromiso y una selección decisiva. Estos puntos críticos son pocos en número, pueden darse gradualmente a través de crisis prolongadas o mediante una irrupción súbita; implican compromiso por un propósito, la responsabilidad por las acciones y sus consecuencias y la definición de un proyecto de vida, ante lo cual la persona no puede permanecer neutral.

Los expertos han encontrado una relación importante entre la búsqueda del Sentido de Vida y el bienestar psicológico, lo cual repercute notoriamente en el estado de salud mental de la persona. La carencia de significado es un indicador de desajuste emocional y se manifiesta en las personas que sufren ese vacío existencial, lo que puede adoptar cualquier forma clínica como el alcoholismo, la depresión, la obsesión, el abrazar de forma compulsiva una causa o actividad, independiente de su valor o contenido, como respuesta a la falta de propósito, lo que puede originar fanatismo; la desacreditación de las actividades que los demás lleven a cabo, la desesperación, un estado de aburrimiento continuo, la indiferencia y apatía, la indolencia. (Yalom, 1984). Estas consecuencias de llevar una vida improvisada se encuentran en:

1.        Falta de concentración, lo que dificulta la precisión de los objetivos.

2.       Inconsistencia e inestabilidad en el actuar del individuo.

3.       Incongruencia, al no existir integración entre lo que se desea y lo que se hace.

4.       No se toman decisiones fundamentadas.

5.       Falta de perseverancia y tenacidad para lograr los propósitos.

6.       Poca o ninguna previsión del futuro.

7.       Predominio de asuntos inconclusos.

Diseño del Proyecto de Vida.

El diseño de un proyecto de vida impone la profunda reflexión sobre vincular estrechamente los objetivos, las actividades y la distribución del tiempo de vida, donde creencias y valores juegan un papel primordial en la determinación, motivación y mantenimiento de los comportamientos dirigidos a su consecución. El sujeto que carece del correspondiente proyecto existencial corre el riesgo de perder el sentido de la vida y caer en un vacío existencial, con la consiguiente confusión y malestar emocional que ello ocasiona.

Se recomienda evaluar algunos aspectos como:

1.        Las principales creencias y valores, principales fortalezas y debilidades personales.

2.       Las experiencias que se pretenden vivir.

3.       Grado de satisfacción en los distintos ámbitos de su vida.

4.       Logros deseados para  los diferentes entornos de Vida (personal, familiar, laboral y social).

5.       Principales objetivos y metas de su vida.

6.       Valores que soportan la manera de actuar.

7.       Ideales de trascendencia.

Si se decide por construir su Proyecto de Vida y no sabe cómo hacerlo, busque la ayuda profesional correspondiente. Tal como lo decía Hemingway “El hombre que ha empezado a vivir seriamente por dentro, empieza a vivir más sencillamente por fuera”

psicologiaclinicaespecializada@yahoo.com.mx

Bibliografía

–         Acevedo, G. (2002). Logoterapia y resiliencia. Boletín de Logoterapia y Análisis Existencial, (6), 23-40

–         Frankl, V.E. (1999). El hombre en busca de sentido último. Barcelona: Paidós.

–         Yalom, I.D. (1984), Psicoterapia Existencial. Barcelona: Herder.

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4 comentarios en “Buscando el sentido de vida”

  1. Ignacio González dice:

    ¿Qué hay de aquel que no tiene un proyecto de vida? ¿Es infeliz?

    • Claudia Bermúdez dice:

      La persona que no ha creado su proyecto de vida más que infeliz, navega sin rumbo definido y se puede convertir en la “mejor víctima de las circunstancias” o actuar las necesidades y expectativas de los demás sin encontrar satisfacción en ello.

      Por otro lado puede ser fácilmente influenciable por los demás y manipulado por su entorno.

  2. Liz dice:

    Me pregunto si la construcción del proyecto de vida, se aprende o es parte intrínseca del individuo, y en todo caso, en circunstancias de desaliento, se pierde el rumbo.

    • Claudia Bermúdez dice:

      La motivación es intrínseca pero la ejecución se aprende a través del tiempo y las experiencias adquiridas. Una situación de crisis puede ocasionar esta pérdida de guía, pero si la persona ya contaba con él, puede retomar el rumbo o cambiarlo, pero bajo su propia decisión, no como resultado de las circunstancias adversas.

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