USA-IMPERIO
HAITÍ: LAS SUBSECUENTES ATROCIDADES DEL IMPERIO
-del neocolonialismo, al capitalismo del desastre, a los desastres inducidos-
Primera Parte
Si alguna maldición ha caído sobre el pueblo haitiano es precisamente la del intervencionismo de Estados Unidos; una maldición que al parecer continúa hasta el día de hoy, cuando todo indica que el gobierno de Estados Unidos toma la tragedia como un pretexto para ocupar militarmente, una vez más, a tan desdichada nación.
Guillermo Fernández Ampié
La tiranía mediática silencia las grandes verdades porque no son relativas: cuando el terremoto del 12 de enero pasado arrasó con Haití, los médicos cubanos llevaban más de 10 años allí. Y cuando el show de la “ayuda humanitaria” apague sus luces, los médicos cubanos seguirán estando allí.
José Steinsleger
1. Neocolonialismo; Azote de las Potencias Occidentales a La Española.
a) Haití, El Lado Oscuro de la Isla.
Reacción violenta en contra de los amos blancos franceses aprovechando las conmociones que venía causando el movimiento revolucionario en Francia en la última década del siglo XVIII; los esclavos negros se rebelan. A la sazón Saint Dominngue (Haití) era la más prodigiosa de todas las colonias azucareras del mundo; en un momento histórico en el que comenzaba a reconfigurarse la Europa que dejaba atrás l’Ancien Régime, transformando asimismo su dominio colonialista. Haciendo que las colonias americanas desempeñaran un triple rol en el concierto internacional capitalista, cual territorios administrados por sus respectivas metrópolis: i) como productores de monocultivos; ii) dotantes de materias primas y de mano de obra barata. iii) mercados receptores de las manufacturas europeas.
La coyuntura causada por la Revolución en Francia posibilitó la manumisión de los esclavos negros debido a que sus amos franceses, dueños de las principales plantaciones, asustados por las propuestas igualitarias de los revolucionarios, solicitaron la intervención inglesa que los amparase.
La rebelión negra encabezada en un principio por Vicent Ogé, y proseguida por Toussaint L’Overture, derrota tanto a los ingleses como a los affranchis, mulatos afrancesados locales acomodados a la dominación colonial, quienes encabezados por un tal Rigaud, de manera oportunista, buscaron aprovechar la ocasión para imponer su dominio como capa intermedia superior a los recién liberados.
Situación que revela la problemática interna que acusará la sociedad haitiana ‘independiente’, pasando a verse afectada en el futuro por la lucha interna de castas o clases, y por el dominio neocolonial perpetuado por reyezuelos (generalazos) y latifundistas, señores semifeudales que convierten a los ex-esclavos en siervos.
Comenzaba el siglo XIX y las fuerzas francesas, comandadas primero por Charles Leclerc, y posteriormente por Dematien Rocheambeaut, llevan a cabo campañas de exterminio contra los rebedes y en sí contra la población negra; a más de 100 mil esclavos y libertos asciende la cifra de sacrificados en las luchas independentistas.
Para que el 4 de febrero de 1794 los haitianos insurrectos, en concordancia con la Asamblea Francesa, se pronuncian por abolir la esclavitud, y aunque Toussaint L’Oberture muere preso en Francia, el 17 de abril de 1803, las huestes insurrectas no desfallecen, pasando a ser lideradas por su lugarteniente Jean Jaques Desalines, bajo cuyo mando obtienen la victoria definitiva en la batalla de Vertieres, pasando a proclamar la independencia el 1 de enero de 1804.
Habiendo en 1802 Napoleón Bonaparte intentado reestablecer la trata y la esclavitud en la Isla, virando los ideales revolucionarios en su tránsito al imperialismo, se produce la ruptura entre la Colonia y su Metrópoli. Memorable momento en la Historia de la Humanidad viene a ser la victoria de los haitianos unidos sobre las huestes napoleónicas enviadas a reconquistar, las que iban comandadas por el general Rocheambeaut, el 4 de diciembre de 1803, posibilitándose establecer la primera nación independiente en la América ‘Tropical’ . Libertad de sus amos e independencia de Francia era algo que los ex-esclavos debieron celebrar, y las potencias occidentales condenar: “La existencia de un pueblo negro en armas, (…) es un espectáculo horrible para todas las naciones blancas”. (Charles Talleyrand, Ministro de Relaciones Exteriores de Francia, 1805). Sépase que “hacia fines del siglo XVIII, los productos del trabajo esclavo representaban un tercio del valor del comercio europeo. Por tanto, las potencias de la ‘civilización’ no tenían interés alguno en abandonarlo”.[1]
Era una lucha de vida o muerte inmediatista por la que los esclavos negros acabaron con el dominio de sus amos blancos, consignada en su bandera azul y roja con el emblema: liberté ou mort. Y los libertos se vengaron: “’jamás un colono o europeo pisará el territorio de Haití a título de amo o propietario’. De hecho los escasos franceses que aún residían en el país eran considerados enemigos potenciales del nuevo régimen, y se llevó a cabo una matanza general, dirigida principalmente contra terratenientes y colonos. Sólo los médicos y sacerdotes escaparon a esta suerte”.[2] Cruel venganza ligada a un propósito libertario que no sería suficiente ni posible ante el subsiguiente embate neocolonial emprendido por las potencias atlánticas. Las que de inmediato de común acuerdo decretan el bloqueo al comercio en contra de la naciente nación. Por lo pronto no les sería necesario a los neocolonizadores ser ‘amo o propietario de tierras’; si bien éstas en un 90% eran propiedad del Estado independiente, lamentablemente tenderían a perder su valor con el bloqueo.
Los haitianos son emblema de independencia de Europa y liberación de esclavos, por ser los primeros en conseguir tan preciados logros ; ¿por qué habrían de perdonarlos los imperialistas? ¡Qué mal ejemplo para los esclavos en las colonias del Sur de Norteamérica! Por algo los esclavistas estadounidenses; sí, el gobierno de Washington, y no uno en Virginia, o en las Carolinas, o en Georgia, les negó el reconocimiento durante 60 años, es decir, hasta los tiempos de la Guerra de Secesión, cuando se resuelve el problema de la esclavitud en los Estados Unidos.
Y no contentos con eso, los promisorios imperialistas del Caribe se unieron al cruel embargo comercial, iniciado por Francia. Apréciese la infamia: “1807. Manteniendo su estrategia contra la Revolución Haitiana, el presidente Thomas Jefferson renovó su ‘embargo’ económico contra el gobierno haitiano entonces presidido por el general independentista Henri Christophe (1763-1820)”.[3] Ni quién se acordase de que gracias a la victoria haitiana sobre las fuerzas expedicionarias napoleónicas, éstas no alcanzaron su objetivo principal: Luisiana.
La separación de sus metrópolis para pueblos como el de Haití no pasaba a representar la inmediata emancipación, ni una mejoría económica para el pueblo. El nuevo orden internacional que se estaba fraguando no dejaba de acentuar el dominio europeo, el que se veía incrementado con la competencia estadounidense.
Ocurriendo que en las primeras décadas, los conflictos internos llegaron a tanto, que incluso se produjo una división territorial que partió en dos facciones-regiones políticas al pequeño país: la norte monárquica y la sur republicana. Esta última presidida por Alexandre Pétion y la primera en manos del general, presidente, presidente vitalicio, y finalmente rey: Henri I (Christophe); reino en el que: “Mientras el noventa por ciento de la población estaba sometida al trabajo forzoso, el rey creaba una nobleza artificial que, junto con el ejército, gozaba de todos los privilegios”.[4] Aquella fue una nobleza fantoche manteniendo la miseria en un Estado militarizado por la amenaza latente de reconquista francesa. Christophe terminó suicidándose con una bala de plata, ante la sublevación de sus súbditos hacia 1811.
Aun en tan difíciles condiciones implicando un inicio incierto, la esencia libertaria haitiana escribió otra página gloriosa en el proceso emancipatorio de Iberoamérica, cuando el mariscal mulato Pétión, de ideales liberales, ayudó con armas y pertrechos, e incluso dinero, a Simón Bolívar, hacia 1815-16, cuando el caraqueño se aprestaba a proseguir la guerra de emancipación en Venezuela y Colombia. Significando que la pequeña porción de La Española le insufló ánimos a los independentistas hispanoamericanos. La consigna que Pétion le transmitió al Libertador era precisamente que se liberasen los esclavos en la ‘Gran Colombia’, libertad que la oligarquía terrateniente criolla no estaría dispuesta a otorgar en primera instancia.
La fuerza que fueron tomando los militares haitianos les dio el impulso para invadir la otra parte de La Española y conquistar Santo Domingo en 1822, procurando repartir tierras entre los oficiales invasores; iniciando una ocupación que duró 22 años. La independencia de Dominicana de Haití se consigue hasta 1844. Creándose una animadversión entre ambas pequeñas naciones, que único caso en América, comparten en división político-cultural tan reducida isla, como herencia colonial signada por las metrópolis europeas.
Para Haití el mercado del azúcar y el café le resultaba indispensable para hacerse de divisas, dependencia que los pérfidos normandos atlánticos supieron aprovechar implantando el bloqueo, cerrándoles el mercado, para pronto impidiendo el desarrollo haitiano. Recurso metropolitano que aparecía desde aquel entonces complicándole la existencia a las nacientes y pequeñas naciones que aisladas no tenían posibilidades de ascenso material, porque de manera ex profeso, se lo impiden las metrópolis hegemónicas del Sistema Mundo Capitalista. Por algo los usamericanos habrían de emplean el mismo método, cual castigo metropolitano a otra excolonia en pleno siglo XX; es el caso de Cuba desde hace 50 años.
La hegemonía mundial de los países imperialistas condena al infradesarrollo a las colonias-islas liberadas del primer colonialismo. Así en el caso de Haití, durante toda su vida ‘independiente’ se verá afectada por las nuevas formas de injerencia neocoloniales, las que no necesariamente implantan el dominio in situ, ni requieren de ‘amos o colonos’ explotando la tierra y a los trabajadores nativos. Los mecanismos de intromisión neocoloniales penetran materializando una nueva dominación a través de las inversiones de capital, de detentar el monopolio del comercio y de la transferencia de tecnología, a lo que los haitianos no pueden oponer resistencia por carecer de alternativas, por igual que el resto de los países del Subcontinente.
Como estigma el neocolonialismo condena a la miseria a los pueblos liberados del primer colonialismo vigente hasta el siglo XVIII, el de los ibéricos, y el de los franceses e ingleses u holandeses asentados en sus plantaciones tropicales, comenzando a reconvertir el dominio Atlántico y por extensión el mercado internacional, excluyendo a los recién liberados, u obligándolos a participar subordinados por completo en condiciones desfavorables de transferencia desigual que establecen sus neo-metrópolis.
El Haití que pasa a ser país ‘independiente’, bloqueado y endeudado por las metrópolis, reducía su economía a dos grandes cultivos sujetos a los precios del mercado europeo, los ya mencionados y a los que hay que agregar el algodón y el cacao, cultivos que al venirse abajo por el bloqueo provocaron el abandono o descuido de tierras, conduciendo a una pobreza endémica. La que tendió a empeorar por calamidades tales como pestes, terremotos e inundaciones. En un país en el que el 95 % de su población era analfabeta…, y lo seguirá siendo.
Ante tal condición de castigo neocolonial, la historia del Haití ‘independiente’ fue dando tumbos, afectado el pueblo por la aparición de una oligarquía local y por tiranos; creándose una casta de militares y latifundistas, así como de funcionarios, campeando sobre siervos. Y los haitianos analfabetos no salían de su bajo nivel de vida. Ya en 1910 el ministro Antenor Firmin desnuda la negligencia de la oligarquía haitiana que se complace en “conservar la ignorancia en la masa, a fin de servirse de ella como de una escala y de sacar beneficios sórdidos y egoístas. Cómo, pues, extrañarse si nuestro país desciende y desciende cada día más, si nuestra impotencia nacional se acentúa al compás de la propia mentira oficial, que sólo engaña a las víctimas de nuestra organización social, esa mayoría del pueblo que debía ser fuerte de todo poder, de la cual se ha hecho ilotas sistemáticamente pisoteados en las capas inferiores”.[5] Y como el pueblo no era fuerte, Haití se sumía más y más en la miseria, hasta el grado de semejarse a los ilotas de los lacedemonios.
Junto con el bloqueo, el castigo neocolonial procurado por los franceses incluía el endilgarles una deuda como indemnización, estando de por medio, si cumplían con su pago los pobres haitianos, el que su exmetrópoli les reconociera su independencia. Condenándolos a conceder 150 millones de francos, a pagarse en ‘cómodas’ cuotas anuales durante los siguientes 70 años. (¡Francia vendió todo el territorio de Luisiana a Estados Unidos por 80 millones de francos!). En lo que para incentivar tan generosa oferta de reconocimiento, el gobierno francés, haciendo honor a su alta cultura civilizatoria, envió una flota para apurar la aceptación de los incapacitados haitianos para rechazarla.
Nótese la pérfida naturaleza del reclamo francés: exigencia de indemnización por haber conseguido la independencia y liberar las tierras y los esclavos, profunda afrenta a los portadores de la razón lumínica, el progreso y la civilización, además de detentar la verdadera religión y los correctos modales. Con saña les cobraron tal atrevimiento, el que no debería propagarse. Entiéndase: en el orden internacional que el dominio capitalista impone, un país pequeño no está en condiciones de ser libre, sino subordinado.
Cómo pagar una deuda así, se les creaba la imperiosa necesidad de pedir préstamos a bancos franceses y norteamericanos para saldar las ‘reparaciones’ a Francia. “El valor actual del dinero que Haití se vio obligado a pagar a los bancos franceses y estadounidenses asciende a más de 20.000 millones de dólares”.[6] La parte del préstamo de los gringos fue finalmente liquidada hasta 1947.
Ya para ese entonces el desbalance en los intercambios forzados producto del bloqueo colocaba a los habitantes de un pedazo de isla a merced del flujo mercantil metropolitano: Entre 1913-14 las importaciones haitianas provenientes de USA representaban el 70%, mientras que sus exportaciones a tal país eran de menos del 1% de su total. La asimetría propia del intercambio entre un gigante y unas cigarras. Como se ve, las grandes potencias no sacan nada de los pequeños países…, de por sí pobres. (Según la versión de los idiotas útiles de la derecha. ¡No, no, no, no, no, aceptémoslo: los ayudan a superar sus propias imperfecciones!).
b) El Caso Dominicano. El Lado Hispano de la Isla. (Similar).
La falta de cohesión interna, la lucha de clases, la invasión por parte de los vecinos, conduce a un estado de secular desasosiego que afecta al conjunto de la sociedad. Los criterios modernos como el de subdesarrollo se le aplican a Haití sin reparar en los causantes del mismo, y en el cómo fue empeorando su condición hasta el grado de caer en el infradesarrollo, igual a miseria permanente. Mas la República Dominicana no tenía por qué ser la excepción. Si bien es cierto que la distinta cultura y la confrontación por la invasión haitiana crearon animadversión y separación tajante entre pueblos (gobiernos) ubicados en una Isla de 77,387 Km2, manteniendo una frontera de más de 300 km., de manera que no dejan de compartir un destino similar.
Para pronto en su ‘independencia’ la Dominicana se endeuda con la casa Harmont & Co. de Londres; a la manera que pasa a ser la marca del Reino Unido en la vanguardia de absorción neocolonial. El empréstito oficial fue concertado por 420 000 libras esterlinas, la cantidad entregada no pasó de 87 mil 500. Suficiente para volverse impagable, porque se cobra por entero; lo que con el correr de los años ameritará la presencia amenazante de buques de guerra británicos recordándoles a los dominicanos que tenían que saldarla. Como se puede comprobar históricamente, patrón estratégico de neocolonización favorito.
En la década de los 70 y 80s del siglo XIX, desesperados tras de permanente caos político y desastres económicos, aparecieron gobernantes que les ofrecieron a los del Casa Blanca convertir a la Dominicana en su protectorado. Y el establishment usamericano dijo que no, aún no llegaba el momento de extender las alas. Lo que no es óbice para que ya en ese entonces los dominicanos tuvieran por acreedor a la Improvement Co., de Nueva York; deuda que el dictador Ulises Heureaux (en el poder entre 1882-1899, salvo un ínterin de 3 años) había renegociado ante la imposibilidad de pagar lo acumulado. Para cuando la Improvement administraba las aduanas dominicanas y controlaba en lo principal la economía del país.
Comenzaba el siglo XX y un gobierno civil se atrevió a reclamar las exacciones de la banca usamericana, lo que obligó al representante de los aguiluchos ya en vuelo imperial por el Caribe a dar un golpe de timón a la política local en febrero de 1902, cuando el vicepresidente, general Horacio Vásquez, depuso a su presidente Juan Isidro Jiménez y asunto arreglado a la usanza intervencionista Yanki. De inmediato las relaciones con Improvement mejoraron, es decir, se acordó seguir pagando la deuda: “En enero de 1903 el nuevo canciller dominicano Juan F. Sánchez firmó con (William F.) Power (encargado de los negocios estadounidenses) el reconocimiento de la deuda con la Improvement, que ahora alcanzaba a 4 500 000 pesos oro, casi el doble de lo que pensaba admitir el presidente anterior. La Improvement no necesitó presentar cuentas y comprobantes de la deuda para imponer este escandaloso acuerdo”.[7]
Como tales agravios no podían dejar de suscitar la defensa de los intereses dominicanos, otro general nacionalista, y el expresidente Jiménez presentaron oposición armada al títere de Washington en turno: Carlos F. Morales: “Esta vez los norteamericanos intervinieron en forma abierta, desembarcaron sus marines en Puerto Plata y Santo Domingo, y cañonearon las posiciones de los jimenistas en la capital, que fue después fácilmente dominada por Morales”.[8]
Lo peor habría de llegarles a los dominicanos cuando el Big Brother Theodore Roosvelt comenzó a emplear el big strick. Era el momento en que el Imperio desplegaba sus alas, y la mejor manera de ir afianzando el dominio neocolonial en las ‘repúblicas bananeras’ del Caribe y Centro América, consistía en incrementar los generosos préstamos a países desvalidos, préstamos con los que se podía cancelar la deuda concertada con los acreedores europeos, incrementándola al instante con el Tío Sam, un simple cambio de dueño (acreedor). Lo que significa que la Doctrina Monroe procedía a realizar el canje de hegemonía en el Atlántico Occidental: “Los pactos firmados con los EUA contenían siempre una cláusula que servía como pretexto a la intervención armada; si surgían dificultades en el pago de las deudas, funcionarios designados por el Departamento de Estado actuaban como recaudadores de impuestos interviniendo las aduanas locales”.[9]
Mientras en su intimidad Teddy Roosvelt oraba para que los dominicanos “se comportaran bien, de manera que “yo no deba proceder de modo alguno” (a mortificarlos en el nombre sea del Destino Manifiesto. Comportamiento sumiso, se entiende, como país bananero bajo la protección de la democracia imperial). “No quiero hacer nada en Santo Domingo que no haría un policía”. En el nombre sea de los santos peregrinos. Y sigue diciendo este moderno cruzado. ‘No crean que me apetece hacer de ese pedazo de isla un protectorado’. Ya con ocuparse de sus finanzas de momento les satisfacía el apetito, como solícito se los pedía el ‘presidente’ Morales. Por lo pronto el ‘buen comportamiento’ de los dominicanos radicaba en pagar puntualmente la deuda.
Así Morales firmaba en julio de 1904 una certificación por la que reconocía la deuda con los Estados Unidos y garantiza su pago, “con ‘los preventos fiscales de las aduanas de Puerto Plata, Sánchez y Monte Cristo y todas las demás que asistan o se establezcan en la costa o en el interior’. Por supuesto la recaudación la efectuaría un agente financiero designado por Washington”.
No tardó en pasar un mes, y a pesar de que el gobierno dominicano hacía todos los esfuerzos posibles por “portarse bien”, al Big Brother no le quedó más remedio, de seguro, con todo el dolor de su beato corazón y demás oraciones de por medio, que enviar al Comodoro A. D. Dillingam en calidad de comisionado especial, haciéndose cargo de las finanzas del país. “Los Estados Unidos fiscalizaron los ingresos aduaneros de la República Dominicana: de la totalidad de las rentas, un 45% sería destinado al gobierno dominicano y el 55% restante a solventar la deuda exterior. Navíos de guerra norteamericanos se apostaron en puertos de la isla para ‘asegurar’ el éxito de la operación”. [10] Esta situación perduraría casi dos décadas. ¿A cuanto ascendió el saqueo entre 1915-1934? Diría Tedyy Roosvelt: ‘Solo Dios lo sabe’.
Eran tiempos en que la respuesta bravía del pueblo alcanzaba para deponer a un títere de Washington, mas no para cambiar la situación. Una revuelta depuso a Morales de la presidencia, pero para ser reemplazado por su vicepresidente, un generalazo de nombre Ramón Cáceres, personaje que no hizo otra cosa sino reafirmar los tratados antes suscritos y legalizar la autorización de que la Presidencia de los EUA ejerciera las funciones de recaudador aduanero, recibiendo la debida protección del gobierno dominicano, cumpliendo tan proba obra en favor del misionerismo democrático usamericano. De ahí en adelante quedaba prohibido a los administradores dominicanos tomar medidas concernientes a los flujos monetario-mercantiles sin la debida aprobación de la Casa Blanca. Neocolonialismo con gobiernos ‘nacionales’ subordinados.
Para pronto los usamericanos encontraron en el general José Bordas al ‘hombre fuerte’ requerido para mantener el status quo por ellos impuesto. A la sazón gobernaba en Washington un paladín de la ‘democracia’, Mr. Woodrow Wilson, quien envió como ministro plenipotenciario a James Sullivan, alter ego de Bordas.
Puesto que las exacciones usamericanas no dejaban de provocar malestar en la población dominicana, un nuevo estallido social estaba en cierne. Era la ocasión precisa para que Woodrow Wilson impusiera un plan en su nombre que promovía el perfeccionamiento de la intervención neocolonial convertida en praxis imperialista: los jefes de los partidos designarían al nuevo gobierno y al presidente provisional, lo que significaba que una junta de notables designara a otro presidente (títere) provisional, dando paso a elecciones que se llevarían a cabo bajo supervisión made in USA. Democracia Bananera.
Mas la tensión interna no dejaba de generarse, los sucesivos gobiernos dominicanos se debatían entre la presión de Washington y los intereses nacionales. Así que los de la Casa Blanca decidieron intensificar la intromisión suprimiendo por completo la soberanía dominicana: “La economía del país debía someterse por entero a los designios estadounidenses, y el ejército dominicano debía ser comandado por un oficial norteamericano. Nombrado por el presidente de los Estado Unidos”.[11]
Ni los más cipayos entre los cipayos podían aceptar tales imposiciones, por lo que los imperialistas tuvieron que forzar la situación empleando una intervención militar, so pretexto de las continuas insurrecciones, que claro, ellos mismos provocaban con su extenuante política extractiva, igual a ejercer una imposición neocolonial. En mayo de 1916 de los buques de guerra yanquis desembarcaron 2000 marines ocupando lugares estratégicos, imponiendo a sangre y fuego la subsecuencia de sus intereses.
La economía dominicana se encontraba en ruinas: “ellos mismos habían fomentado esta situación con su constante intromisión en los asuntos internos dominicanos, destinada antes que nada a proteger los intereses de la Improvement y sus filiales”.[12] Pasando los yanquis a crear milicias locales que servirían de custodios a sus intereses, una vez que desocuparan el pedazo de La Española invadido. Mientras tanto, depuesto el gobierno local, los yankis impusieron oficiales estadounidenses en los puestos principales del gobierno, dejando a subalternos que continuaran administrando la exacción. Efectivizándose la expoliación de rentas y riquezas de la Dominicana.
Al término de la Primera Guerra Mundial W. Wilson sintió presión para darle un sesgo a la ocupación descarada, no resultaba muy democrática su política internacional; el auto considerado paladín de la ‘democracia’ había ocupado por la fuerza un pequeño país, asesinado y torturando a sus habitantes, en nombre de la ‘democracia ejemplar de América’.
Las siguientes elecciones en los EUA llevaron a la presidencia a Warren Harding, quien se había comprometido durante ellas a ´resolver el problema’. Y lo hizo a la manera usamericana, empleando la otra cara del Imperio: Envió a un jurista de apellido Evans a perorar discursos demagógico falsarios, la marca de la Casa (Blanca), encubriendo las reales intenciones del Imperio: “Nuestro interés no está en dominar a pueblos extraños: esa sería una política maligna y desastrosa. Nuestro interés está en tener vecinos prósperos, pacíficos y respetuosos de la ley, con quienes podamos cooperar para ventaja mutua”.[13] Bla, bla, bla.
Pero la real política intervencionista no hacía sino prolongarse, los invasores no accedían a la partida incondicional, había que perpetuar las condiciones coloniales a favor del Imperio. Ante tan cerrada obstinación a los dominicanos no les quedó más remedio que “proponer” la existencia de dos gobiernos simultáneos, mientras se retiraban los marines, como ínterin para organizar una nueva constitución y establecimiento. Los usamericanos, por fin aceptaron, siempre y cuando el nuevo orden político económico se estructurase garantizando su hegemonía. Asegurado el punto, sus fuerzas abandonaron por completo la Isla el 18 de septiembre de 1824. Dejando a la República Dominicana convertida en su Protectorado.
Como se puede ver el vecino de Haití no estaba mejor que Haití.
c) La Generosa Intervención Yanki en Haití.
Aparentemente las riquezas de un pequeño país como Haití parecen escasas, pero bien que los imperialistas de Occidente se ocupan de expoliarlas, propiciando el caos político y la pobreza endémica. Las intervenciones armadas en La Española fueron prueba del caso extremo al que son capaces de llegar los usamericanos y sus competidores europeos, cuando al Goliat neocolonialista le resulta apropiado maniatar a los pequeños países. Cierto es que la dominación Yanki ejerce el dominio imperialista utilizando de preferencia otros recursos y dispositivos, recurriendo a intervenciones maquinadas, soterradas, en procura de instaurar y mantener a la oligarquía local en el poder, la que una vez adoctrinada en las ventajas de estar a favor y no en contra del Imperio, se ‘convencen’ de oficiar haciendo prevalecer los intereses mancomunados de la oligarquía cipaya y de las empresas interventoras, lo que significa estar en favor del Imperio y disfrutar las mieles del dominio nacional. No serán reyes sino virreyes, pero viviendo como sibaritas. A sabiendas de que la injusticia que tal condición genera provoca de continuo un malestar intenso e intensificante en el pueblo, se producen renuentes asonadas, golpes de estado, magnicidios, y continuas represiones populares. Divididos y mal gobernados resultan presa fácil. Desorganizados no pueden impedir la invasión silenciosa, y la exacción contínua.
La historia lo demuestra: las grandes potencias vienen manteniendo en la miseria al pueblo haitiano, no dejando de sacar provecho material del desorden político por ellos generado, teniendo presencia contínua con empresas y mecanismos financieros extractivos.
Desde mediados del siglo XIX el pueblo haitiano estuvo dominado por dictaduras militares, apoyadas tanto por Londres, como por París y Washington. En la década del 80 el dictador Lucius Salomón gobernando con mano de hierro estabilizó al país, logrando cierto crecimiento y liquidar la celebre deuda con los franceses. Breve período que dio paso a otro caos al quererse reelegir (Salomón). Pudiendo ya en 1896 designar una asamblea legislativa a un presidente legítimo, para variar un militar, Simón Sam, en cuyo período la ascendente potencia colonialista europea que venía a ser Alemania aprovechó la ‘afectación’ a un ciudadano de tal nación -un borracho y pendenciero de nombre Emil Luders- como pretexto para enviar dos buques de guerra y apostarlos frente a Port-au-Prince, “amenazando con bombardear la ciudad si no cumplían con las siguientes condiciones: 1) Indemnización de 20 000 francos a Luders: 2) garantías para su estada : en Haití: 3) presentación de excusas al gobierno alemán; 4) saludo de 21 cañonazos en desagravio al pabellón alemán. Sam, imposibilitado de resistir, no tuvo más remedio que aceptar el ultimátum”.[14] En una infamia más, propia del colonialismo imperialista de las potencias europeas.
La presencia alemana en Haití irá acrecentándose. Hacia 1914 el 80% de las casas comerciales establecidas en los puertos haitianos pertenecían a mercaderes alemanes. “Mientras que la tercera parte de las exportaciones de café iban para Hamburgo. La línea Hamburgo-América domina el tráfico marítimo hacia y desde Haití. La deuda exterior haitiana asciende a 113.156,580 francos (equivalente a 22.574,316 dólares)”.[15]
Hacia 1908 el general en turno habitando el palacio presidencial de Puerto Príncipe se llamaba Antonie Simón, quien logró un nuevo préstamo de Francia, procediendo a fundar otro Banco ‘Nacional’ de capital franco-alemán, acto que disgustó a los monroeistas que habían comenzado a penetrar el país con la banca y los ferrocarriles. Motivo suficiente para que entre 1857 y 1900, Estados Unidos emprendió diecinueve acciones intervencionistas contra sucesivos gobiernos de Haití con el propósito de favorecer los intereses de ciudadanos estadounidenses (muchos de ellos de origen libanés o sirio-palestino) radicados en esa isla del Caribe.
Para 1910: Bajo la presión de sus cañoneras, la Casa Blanca le impuso al presidente Antoine Simón (1908-1911) un crédito de la Casa Speyer and Co. Y del Nacional City Bank (ambos de Nueva York), así como el llamado Contrato Mac Donald, mediante los cuales el gobierno de Haití perdió su soberanía financiera y autorizó la penetración en su economía de diversos monopolios estadounidenses.[16]
Para 1911 una revuelta popular llevó al poder al general Cincinatus Leconte, quien apoyado en los cacos (montañeses del norte) y demás fuerzas populares, establecieron un gobierno a grosso modo progresista; emprendiendo una reforma en la administración pública favorable a los intereses nacionales, reorganizando el ejército, lo que le valió su exterminio, ¡y de qué manera!: “Todo terminó cuando una terrible explosión hizo volar, el 12 de agosto de 1912, el Palacio Nacional de Port-au-Prince, con Leconte y sus huestes en el interior”.[17] Desde ese entonces, como este hecho lo constata, el terrorismo imperialista de las potencias occidentales realiza las atrocidades más terribles para deponer fuerzas nacionalistas contrarias a sus intereses capitalistas.
¿Serían los franceses, los británicos, los alemanes o los yankis los autores del atentado? El caso es de que: Quo Bono, a partir de ese entonces los yanquis comenzaron a incrementar su intervención en Haití, ¡Y de qué manera! Ya al presidente Simón le habían sugerido los representantes de Washington que postrara Haití en una condición similar a la de República Dominicana, permitiéndoles administrar las aduanas, por supuesto que Simón debió negarse, lo mismo que su sucesor, Davilmarc Théodore, cuyo canciller respondió a tal afrenta en diciembre de 1914 que era “decisión irrevocable’ de su gobierno el no aceptar control alguno de la administración nacional por una potencia extranjera…”. La respuesta wilsoniana paso a forjar otra pagina gloriosa del colonialismo-imperialista, episodio memorable, la más descara intervención usamericana en su largo record, no incluido en los ‘annales de Ripley’; piratas modernos con banderas de barras y estrellas: “No había pasado una semana de la presentación de la nota haitiana cuando una fuerza de marines desembarcó en Port-au-Prince, se dirigió hacia el Banco Nacional y a plena luz del día, mediante el ejercicio de la fuerza, se apoderó de 500 000 dólares guardados en sus cajas fuertes para retornar con el botín al crucero Machias, que regresó inmediatamente a Nueva York. Se trataba, sencillamente, de un robo que privaba al gobierno haitiano de dinero en efectivo, para obligarlo a aceptar la extorsión financiera estadounidense”.[18] Recién inaugurado el Bansco (sic) Central Usamericano, llamado Reserva Federal del Agio Universal.
Y si Théodore se atrevió a protestar, pues había que deponerlo por un general gorila proclive al Imperio, V. Guillermo Sam, en febrero de 1915: “Un enviado de la gran potencia, Paul Fuller Jr., ofreció a Sam la condición de protectorado para Haití. Estallaron nuevas luchas fratricidas; el pueblo, al tener noticia de la cercanía de buques estadounidenses, se alzó en armas; Sam y Charles Oscar, uno de sus lugartenientes, fueron linchados./ Los norteamericanos ya tenían el pretexto para la intervención abierta. En agosto de 1915 el almirante Caperton, jefe de la flota estadounidense estacionada en aguas haitianas, hizo desembarcar sus tropas y ocupó la capital… desde luego que para mantener el orden que los haitianos eran incapaces de conservar por sí mismos. Esta ocupación habría de prolongarse por casi veinte años./ Se trata ahora de encontrar un haitiano ‘comprensivo’ que aceptara el papel de presidente títere bajo la virtual administración norteamericana. El elegido fue Sudre Dartiguenave, que sólo pidió que, ‘hasta donde fuera posible, se evitaran humillaciones’. La hacienda pública, las aduanas, la higiene, la policía, el ejército y los transportes iban a ser controlados por los ocupantes, que además podían instalar una base naval en la Mole Saint-Nicholas”. (Ayer como hoy) Los cacos presentaron resistencia. Caperton le cablegrafió a la Casa Blanca: ‘precisamos de la permanencia de nuestras tropas, de lo contrario el gobierno haitiano caerá’: “Mi opinión es que ellas deben seguir hasta que el gobierno pueda sostenerse por sí solo y el pueblo aprenda a respetar las leyes” (sic). Trátese de las leyes que la ‘democracia’ imperialista le impone a los incivilizados. (Nota de aclaración de corte histórico cultural).
“Dartiguenave fue elegido para la primera magistratura por una asamblea legislativa en cuyo recinto se paseaban armados los oficiales estadounidenses. Los atropellos no pararon allí: Caperton expulsó de las aduanas a los funcionarios nativos, designó consejero financiero y recaudador general a dos oficiales suyos y decretó la ley marcial con censura de prensa e incluso juicios sumarísimos. Fue eliminado el Senado, y la Cámara de Diputados quedó trasformada en Asamblea Constituyente; los legisladores haitianos que pretendieron oponerse a tales medidas fueron desalojados de su banca por los marines/ La nueva Asamblea, dócil a los intereses de los ocupantes, promulgó una constitución que prácticamente legalizaba la intervención norteamericana. Se modificaron todas las cláusulas nacionalistas de la Carta Magna anterior y se institucionalizó la entrega de la economía haitiana al invasor. El ‘presidente’ Dartiguenave, que había aceptado su puesto a condición de no ‘sufrir humillaciones’, llegó al extremo de ver confiscado su sueldo y el de sus ministros por orden del consejero financiero norteamericano McIlheny”. (Democracia depurada made in USA). Por siete años Dartiguenave tuvo que soportar contínuas humillaciones, todo lo que duró su período en el Palacio de Gobierno, su canciller Luís Bono fue elegido para sustituirlo durante los siguientes cuatro años: “Bono fue aún más sumiso que su predecesor. El coronel John Russel, nuevo jefe de las fuerzas de ocupación, pudo decir en 1929: ‘Bono no ha tomado jamás ninguna decisión sin consultarme previamente”.[19] Desde luego que en los informes y demás documentos oficiales tratados en el Congreso usamericano se aseveraba que la intervención era debida a la incapacidad haitiana para autogobernarse, y al peligro de que cayeran bajo el dominio europeo. Doctrina Monroe activada. Por supuesto que la intervención usamericana era a favor de los neocolonizados, pues los sacaría de la miseria…. Ahora van por un nuevo intento….[20]
¿Hace falta agregar algo más? Basta con reproducir esta denigrante página de la Historia del imperialismo Yanki para recordarle al mundo sus pérfidas hazañas, siempre olvidadas, en resultas de su dominio ideológico y de la carencia de una educación crítica en el sistema educativo iberoamericano, que promueva y difunda una historia anticapitalista- antiimperialista…
Historiografía crítica que dé cuenta de cómo en tan nefasto episodio de intervención marin hubo resistencia armada prolongada, empleando los patriotas haitianos la guerra de guerrillas, ubicándose los focos principales de resistencia al norte y nordeste de la Isla; los que no podían dejar de estar constituidos por “los cacos dirigidos por los hermanos Charlemagne, Saoul y Saint-Rémy Péralte, que llegaron a contar en sus huestes a cerca de 5000 hombres”.[21] En difíciles condiciones la resistencia guerrillera haitiana presentó batalla durante dos años. Fue menester recurrir al recurso de la traición para que los imperialistas pudieran asesinar a Peralté, empleando a traidores que permitieron la entrada al campamento de dos oficiales usamericanos embadurnados de betún, el 31 de octubre de 1919.
La resistencia guerrillera de los cacos habría de prolongarse hasta 1929, sufriendo una contundente derrota hacia 1915 por los “ [métodos terroristas (empleados) por parte de la Infantería de Marina estadounidese y de sus cipayos haitianos. Estos incluyeron el bombardeo aéreo contra diversas zonas rurales y contra la población civil asentada en estas”.22] ¿Se puede añadir una infamia más? Trátese de un caso que reúne todos los elementos propios del terrorismo imperialista made in USA.
Como se puede comprobar, las intervenciones ‘humanitarias’ yankis proceden desde el siglo XIX y se intensifican en el XX. Los soldiers invasores terminaron de desocupar Haití hasta 1934, cuando Franklin Delano Roosvelt efectúa un giro en la política imperialista de la Casa Blanca, presionado por la depresión y el ascenso del fascismo, del nacional socialismo y del imperio del Sol Naciente. Consciente Roosvelt de la deteriorada imagen de los Estados Unidos en América Latina y el Caribe, opta por la política del ‘Buen Vecino’; tratándose simplemente de una interfase en la permanente presión usamericana en el Subcontinente; tiempo de ser más discretos y soltar algunas zanahorias, pues convenía tener el patio trasero sosegado ante la tormenta que se avizoraba en el Atlántico y en el Pacífico. Quién se acordara que el propio Franklin Delano redactara la Constitución que le impusieran a Haití en 1918: “Ustedes saben –dijo Roosvelt- que yo tuve algo que ver con la dirección de los asuntos de un par de republiquetas….”.[23]
Como se comprueba en las citas de esta historia, las historias que dan cuenta de las atrocidades colonialistas emprendidas por las potencias occidentales sobre Ibero América y el Caribe existen, lo que hace falta es mucha difusión para que los pueblos agredidos y agraviados se enteren de la verdadera naturaleza del Imperio, ahora que están realizando la caracterización de las intervenciones humanitarias. Algo que con el creciente predominio ideológico mediático que acompaña la imperante hegemonía imperialista, bajo el dominio de los monopolios transnacionales de la difusión comercial, resulta de momento imposible. Los que no son otra cosa sino empresas de desinformación; negocios de magnates comprometidos en la expoliación capitalista y en el carnaval consumista; simulando objetividad y no comprometimiento como parte del establishment en función de mantener el status quo. Haciendo de la realidad algo superfluo, mercancía para consumo desechable en lo inmediato, presentando episodios repentinos, imágenes fugaces con una crónica insulsa, apta para el desvanecimiento. Incorporando a las tragedias al show business, sin dar cuenta de las causas profundas detrás de las sucesivas catástrofes que el capitalismo desquiciado propaga por un mundo sobre poblado y empobrecido. Cual buitres carroñeros fingiendo preocupación y canalizando apoyo ‘humanitario’ fugaz y ajeno a las verdaderas necesidades de los pueblos afectados. Sirviendo de pantalla a la nueva intervención Yanki.
La proliferación ideológica incontrastable conduce al dominio de las mentalidades, cristalizando la forma de dominio totalitario que el capitalismo tardío perfila, como sometimiento hasta ahora no basado preferentemente en la coerción, sino en la aceptación apaciguada de los sujetos, sometidos en el libertinaje consumista.
Desinformación tan contraproducente como efectiva en la despolitización y en la desarticulación de los movimientos contestatarios, impidiendo la toma de conciencia, de lo realmente acontecido en el pasado y en el presente, condición indispensable para generar alguna propuesta de cambio al desolador orden imperante. Puesto que el dominio imperialista en buena parte de Iberoamérica, ocurre bajo la supervisión de gobiernos felizmente neocolonizados, como el de los neopanistas en México, ubicándose en un primerísimo lugar en destruir y entregar el Estado y la Economía nacional a magnates y empresas extranjeras, labrando y larvando la madre de todas las Crisis.
¿Cómo podrían tener los pueblos de Haití y de la Dominicana futuro promisorio si fueron afectados durante todo el siglo XIX, principios del XX (en lo que va de este ejercicio histórico) por la barbarie imperialista de las Potencias Noratlántica? Los idiotas útiles de la derecha habrán de reconocer que la perfidia imperialista que el sistema capitalista viene efectuando, se complace con ejercer el papel de Goliat golpeando al más débil.
La Verdad de esta realidad se transparenta, la disputa imperial por los dominios caribeños, era la disputa por un collar de perlas, entablada entre estadounidenses, británicos, franceses y alemanes. Hasta los españoles se dieron el lujo de invadir Haití en 1871; en el 69 lo habían hecho los franceses; los alemanes en el 72, en el 77 le tocó el turno a los británicos. No faltó ninguno de los carroñeros, que hincar el diente en los desvalidos es propio de las fieras colonialistas.
Resultando importante retener en las ‘memorias del fuego’, el hecho de que en lo particular el imperialismo made in Usa, desde el siglo XIX viene perpetuando actos terroristas promovidos por sus gobiernos para imponer condiciones favorables a la expoliación institucionalizada como orden mundial en favor de sus empresas, implantando intervenciones imperialistas de corte neocolonial. Nada nuevo bajo el Sol, trátese del continuum del Imperio.
(Continuará)
[1] José Steinsleger. “Haití, Cuba y la ley primera”. La Jornada. 03-02-2010.
[2] Gran Historia de Latinoamérica. Pueblos y Países. Vol. 2. Latinoamérica Patricia (1820-1880). Abril: 34.
[3] Revista Insurrección 200. “Siglos de invasiones, destrucción y crisis en Haití”. Rebelión-Internet. 28-01-2010.
[4] Ibid: 37.
[5] En Gregorio Selser. Cronología de las Intervenciones Extranjeras en América Latina. T. III, 1899-1945. CEIICH-UOM: 165.
[6] Hill Quigley. “Destruyendo Haití –por qué le debe USA miles de millones a Haití-‘’. Counterpunch. Traducido para Rebelión Internet por LB. 22-01-2010.
[7] Gran Historia de Latinoamérica. Pueblos y Países. Vol. III. Latinoamérica Burguesa (1880-1930). Abril: 159
[8] Ibidem.
[9] Ibidem.
[10] Ibid: 161-162.
[11] Ibid: 162.
[12] Ibidem.
[13] Ibid: 164.
[14] Ibid: 166.
[15] Selser. Op.Cit.: 268.
[16] Revista Insurrección 200. Op.Cit. Extracto del libro de Luís Suárez: Agresiones de los Estados Unidos Contra América Latina y el Caribe.
[17] Gran Historia de América Latina. Pueblos y países vol. III: 166. Subrayado añadido
[18] Ibid: 167. Subrayado añadido.
[19] Ibid: 167-168. Subrayados añadidos. .
[20] Vid en G. Selser. Op.Cit. Diferentes documentos en los que se presenta esta versión de manera oficial. Y vaya de muestra dos botones: “…, Estados Unidos espera que se le confíe la fiscalización práctica de las aduanas y el control financiero de los asuntos de la República de Haití que Estados Unidos considere necesario para una eficiente administración”. Informe de Miembros del Congreso. Agosto de 1916:“El servicio de aduanas es ‘confiado’ a un receptor general nombrado por el presidente norteamericano Wilson. La empresa HASCO (sic) (Compañía Haitiana Norteamericana Productora de Azúcar) inicia sus inversiones en la producción de azúcar de Haití. Se reinstala el sistema de Corvée (trabajo obligatorio no remunerado) para los campesinos en la construcción de obras públicas”. : 309 y 340.
[21] Gran Historia de América Latina. Opus cit. 168.
[22] Revista Insurrección. Op.Cit.
[23] Gregorio Selser. Op.Cit.: 373.
