La Cuarta Cruzada

Escrito por on Dic 15th, 2010 y archivado en La Nueva Europa, Nueva Europa. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

NUEVA EUROPA 4

LA CUARTA CRUZADA

-La Cruzada por el Reino de Este Mundo-

Héctor Alejandro Mora Gallardo

A los bizantinos les parecía que sobre su ciudad habían caído los precursores del Anticristo y había aparecido el fantasma de la devastación.

Franz Georg Maier

Impulsado por incentivos religiosos y materiales, el cruzado sale de Europa considerando que tiene una misión suprema dictaminada y amparada por su Santa Sede. Lo que le da dirección a su indómito arrojo, sinergia y catarsis del caballero medieval, concretando en un singular adoctrinamiento, merced al cual se muestra agresivo ante civilizaciones más refinadas; contando con el ímpetu propio de una sociedad que está en fase de crecimiento, a diferencia de sus opositores, que pasan por una etapa de estancamiento.

Profundas diferencias y animadversiones separaban a Bizancio de los europeos latino germanos.[1] La raigambre propiamente helénica validaba a una cultura de mayor abolengo, los auténticos herederos de los clásicos griegos venían a ser los bizantinos. Mientras que los occidentales no dejaban de tener sus emblemas y su pretensión de superioridad sintetizada en considerarse los auténticos herederos del Imperio Romano, y de la auténtica Iglesia cristiana. Estaban, pues, divididos desde lo profundo de sus raíces originarias y en conflicto de intereses, disputándose el Sur de Italia y la Europa Oriental. Mezclándose los intereses políticos con los religiosos se llega al cisma de 1054, confrontación entre prelados latinos y el emperador griego que terminan excomulgándose mutuamente.

Hacia fines del siglo XII, y durante el XIII, prosiguieron generándose cruzadas, dando cuenta del potencial demográfico acrecentado en la Europa que inicia el segundo milenio de la Cristiandad con un franco crecimiento. Entre el fervor disparatado y la proliferación de pobres y desamparados se explica los tropeles de peregrinos, ya habiendo partido desde 1064 entre 7 000 y 12 000 personas hacia Tierra Santa. Pero el caso más trágico y representativo del lado oscuro de las Cruzadas vino a ser la cruzada de los niños en 1212. Si la Tierra Santa se presenta como un lugar difícil de conquistar para los adultos pecadores, a un ‘pastor visionario’ se le ocurre que podía ser conquistada por la inocencia de los niños. Iluminación evangélica que pude prosperar por el interés de comerciantes esclavistas. Niños y niñas alemanes y franceses cruzando los Alpes mueren en ellos o son recibidos en puertos por barcos mercantes que en vez de llevarlos rumbo a Jerusalén, los llevaron a Egipto para venderlos como esclavos. Sólo unos cuantos fueron acogidos en Italia por iniciativa del Papa.

Para cuando Venecia se desarrolla de manera exclusiva y adelantada en Europa, porque precisamente crece dándole la espalda a la Europa Continental. Venecia era la excepción a un Occidente feudal y seglar. El contraste era drástico, en la Europa Occidental la tierra lo era todo y el comercio nada, mientras que Venecia era una ciudad sin tierra que vivía del comercio, es decir, del mar. Y aunque el mercado en el Norte de África y el Levante está en manos de los musulmanes, eso no es óbice para que se practique el comercio interreligioso. La praxis mercantil va inevitablemente apegada a la codicia: “poco les importa la religión de sus clientes con tal de que paguen”. Los artículos usados por los mahometanos para construir barcos y armas, así como la compra de esclavos europeos no era impedimento, sino al contrario, estímulo para que este lucrativo comercio se llevase a efecto; el ánima lucrativa del mercader se manifiesta: El mercader entonces, como siempre, considera el interés inmediato y el pingüe negocio que puede realizar”.[2] Para descargos de conciencia recurren a la dispensa de su Santo Patrono: San Marcos, cuyas reliquias fueron sacadas de Alejandría por los venecianos.

La fuerza mercantil de Venecia y de Génova dependía de la explotación del mercado Bizantino, de las concesiones que los emperadores de Constantinopla les otorgaban. Entre los siglos XI y XII Bizancio se encontraba amenazado en Oriente por la invasión de los turcos selyúcidas y en Occidente por los normandos y después por la incorporación de éstos al Imperio Germano. Las alianzas entre venecianos y bizantinos se realizan porque coinciden sus intereses; expulsar a los sarracenos de Baria, en 1002, y combatir la peligrosa presencia de los normandos, frenando sus intentos de expansión marítima. Dejando a las ciudades de Nápoles y Amalfi estancadas, quedando la conexión Venecia-Constantinopla asegurada, de lo que los venecianos sabrán sacar un enorme provecho. Favorecidos por los amos del Bósforo, incrustan sus establecimientos, ‘fondachis,’ por todo el Mediterráneo Oriental, detentando el monopolio casi exclusivo de la codiciada ruta que conecta a Europa con los preciados productos orientales.

Un aletargamiento interno es la causa cardinal de la concesión que los bizantinos le hacen a los mercaderes italianos, el dinamismo de éstos compensa la parálisis de aquellos. Problemas de desarrollo productivo internos afectan a Bizancio explicando la penetración de los latinos. Tendencias propias de la nobleza que favorecían a los señores de la tierra por sobre los gremios conducen al estancamiento: La clase de los artesanos se convirtió para los bizantinos acomodados en agua de cloaca”. Sin poder político la clase urbana bizantina perdía el mercado externo: preocupaba mucho que la legislación bizantina, mediante un sistema de aranceles preferentes y otras medidas a favor de los comerciantes extranjeros, los favoreciera a costa de perjudicar a los comerciantes y artesanos del propio país. Así ocurrió que amalfitanos, venecianos, pisanos, genoveses y comerciantes de otras procedencias pudieron tener en Constantinopla su propio barrio, con almacenes y muelles, en un emplazamiento apropiado. El hecho de que ya a mediados del siglo XII dominaran sucesivamente no sólo ciudades y mercados, como el mercado de Salónica…, sino también la vida económica del Imperio en su conjunto, fue algo lógico, dado el apoyo estatal”.[3] Sucesivos tratados por diversos emperadores conceden, ya a los adriáticos, ya a los tirrenos, el control de la ruta comercial del Mediterráneo Oriental, incluyendo su participación armada contra los enemigos de Bizancio.

Pero los venecianos son demasiado ambiciosos y buscan incrementar su comercio a costillas de Bizancio, procurándose mayores privilegios de los que para ese entonces ya se les habían concedido. Por supuesto que esta preferencia exagerada provocó una reacción en su contra, la geopolítica en el Mediterráneo oriental sufre oscilaciones drásticas. Los venecianos controlaban el mercado en Constantinopla pero no quisieron apoyar las incursiones bizantinas en Dalmacia que el Emperador Manuel I efectuaba, a consecuencia el emperador decide expulsarlos de sus dominios y darle preferencia en su lugar a los genoveses y pisanos; con sus nuevos aliados confrontan a la escuadra veneciana en marzo de 1171, y de inmediato aprisiona a los mercaderes venecianos y les confisca sus mercancías. Acto seguido, para 1175 los venecianos llegan a un acuerdo con el rey normando Guillermo II. Cuando que la política de los emperadores bizantinos para con los italianos seguirá oscilando.

Un evento cruento que exaltó aún más la animadversión entre las dos Europas fue la matanza de latinos en Constantinopla, corría el año de 1182: en los barrios de los pisanos y genoveses, así como en los otros comerciantes occidentales, se produjeron escenas estremecedoras. Las casas, almacenes, e incluso el hospital de San Juan, fueron incendiados, cerca de 30,000 personas, junto con el legado del Papa, cruelmente pasadas a cuchillo y más de 4.000 hechas esclavos. Los latinos fueron aniquilados tan desenfrenadamente que los mismos espectadores bizantinos vieron en estas crueldades el motivo de las atrocidades que hubo de sufrir la santa ciudad de Constantinopla durante la cuarta cruzada.[4] Es decir, los occidentales tuvieron motivos para preparar un ataque contra Bizancio simulando una cruzada, y más siendo el caso de los venecianos que sentían peligrar el acceso permanente al gran mercado.

Por su parte, en Bizancio mientras vivió el emperador Manuel I Comneno (1143-1180) se intentaron alianzas con italianos y normandos para contener al Imperio germano; a su muerte Bizancio se debilita afectado por luchas internas dinásticas. Andrónico, primo de Manuel, quien no había sido su aliado en vida, se queda con el trono asesinando a María, la hija de Manuel, a su esposo Rainero de Montferrato y al hijo de ambos, Alejo II. Este Andrónico I reina un breve período, 1183-1185, en el cual la debilidad de Bizancio se va acrecentando; debilidad interna agravada con la presión externa, incidiendo en un régimen de terror para los propios súbditos bizantinos, lo que explica la necesidad de renovar alianzas con alguna de las potencias marítimas italianas, ante la decrepitud de la escuadra bizantina y para desahogar una situación tan comprometida. En estas circunstancias qué tiene de extraño que se renueve una alianza con la Señoría de Venecia otorgándoles una indemnización. Que hay de extraño en que después de la terrible matanza, ante el enojo de los tirrenos, Bizancio recula hacia Venecia, con un tratado en 1185 por el cual se les da una compensación de 15 toneladas de oro.

Andrónico I, como usurpador que fue, no contó con el apoyo popular, ni el de los nobles a quienes desposeyó de derechos legítimos. Es por ello que una revuelta interna encabezada por el líder de la nobleza lo destituye, y aunque intenta huir es capturado, para ser cegado, mutilado y atormentado en el hipódromo de Constantinopla en septiembre de 1185, al unísono de que el pueblo saquea el Palacio imperial. Finalizando de manera trágica la dinastía de los Comnenos. Isaac II Angel es el nuevo emperador (1185-1195). Para recomponer la situación firma nuevos acuerdos, ahora con los tirrenos, indemnizándolos por los daños ocurridos en 1182.

Entonces es cuando Federico Barbarroja amenaza directamente a Bizancio con su Cruzada atacando Filípolis y Adrianópolis en 1190; preocupándose tanto Isaac II que concibe un acuerdo con Saladino, el enemigo de los cruzados en contra de quién iba dirigida la cruzada. Reculando ante el peligro mayor que representaban los cruzados posteriormente les permite el paso por el Asia Menor y les abastece con provisiones, para cuando ya Federico amenazaba con atacar Constantinopla teniendo a su hijo Enrique con una flota presta. De cierto que a Federico Barbarroja se le presiona para que conquistara Constantinopla, pero al parecer el Emperador de Occidente estaba poseído de una idea mística. La marcha hacia Jerusalén daba cuenta de la realización del Apocalipsis: en la consumación de los siglos el último emperador tenía que ir a Jerusalén para que colgara su escudo y su lanza en el árbol estéril del Monte de los Olivos.[5] Pero lo que ocurre en la Historia no tiene ese halo. Federico muere arrastrado por el agua del río en que se bañaba después de comer.

Para los venecianos el control monopólico de las rutas comerciales que conectaban a Oriente con Occidente implicaba una feroz competencia con los griegos y más aún con los genoveses y pisanos. Situación que se complica cuando a fines del siglo XII el Emperador Germano Enrique VI (1190-1197) anexó a sus dominios alemanes el Reino de Sicilia. En ese entonces la política en Europa Occidental intermita entre el predominio de un emperador fuerte y uno débil, cuando el débil existe se da la posibilidad que las fuerzas menores de Europa se recuperen, lo que convenía al papado y a los venecianos. Enrique VI de Hohenstaufen llegó a ser el último emperador poderoso que amenaza con unificar y anexar Italia a su imperio; y aún más, planeaba marchar hacia Jerusalén encabezando una Cruzada, lo que incluía amenazar a los bizantinos, es decir, les amenazaba a todos….

Mientras en Bizancio Isaac II es depuesto y cegado por su hermano Alejo, quién pronto abdica dejándole el trono a su hijo Alejo III (1195-1203). Isaac fue tomando prisionero junto a su hijo, el heredero al trono, el príncipe Alejo… En el otoño de 1201 el príncipe Alejo escapa, su cuñado era Felipe de Suabia, ‘heredero’ de Enrique VI; en la Navidad de ese año se reunieron con Bonifacio de Montferrato, quien será el representante de la casa Staufen en la Cuarta Cruzada… Todo confluye a que la Cruzada se ‘desvíe’ dirigida hacia Constantinopla, entrecruzándose los intereses de los venecianos con la casa imperial germana; aunque el Papa Inocencio III en un principio se opusiera…

Cuando Bizancio se siente amenazado por Enrique VI, hacia 1193, apoyan a un rey normando, Tancredo, buscando debilitarlo. Pero nada pueden ante el ascenso de Enrique Staufen, quién planea dirigir su embate contra Bizancio, sería para él un asunto pendiente. Tal era el poder que había cobrado el Imperio de Occidente con Enrique VI, que se atreve a exigirles a los bizantinos el apoyo para su cruzada, de lo contrario lo lamentarían. El hermano de Enrique, Felipe de Suabia era esposo de la princesa bizantina Irene, hija del emperador Isaac II, quien al ser depuesto y traicionado por su hermano, permite a los Staufen presionar sobre el usurpador, por lo que Enrique tenía derecho a exigir compensaciones; entonces Alejo III, empleando el oro de la Iglesia de los Santos Apóstoles, le paga un tributo de 16 centenarios de oro. Para fortuna de sus enemigos Enrique VI muere prematuramente y con él las ambiciones imperiales de controlar Europa. Como en otras ocasiones un evento inesperado salva al Imperio de Oriente. La reacción de los poderes de segundo nivel se produce: el Papa Inocencio III (1198-1216) será el papa con mayor predominio político en toda la historia de la Iglesia Romana.

La situación en Constantinopla no marchaba bien hacia 1200, Juan Comneno, el ‘gordo’, intentó apoderarse del trono, y al año siguiente hubo otros cuatro intentos similares; la población en las provincias soportaba un alto pago de impuestos, y el acoso de ejércitos y piratas; la corrupción era tal que el emperador prestaba apoyo a los piratas que saqueaban a sus súbditos; tan es así que muchos de ellos prefieren huir y refugiarse en territorio selyúcida.[6]

Mientras tanto, a fines del siglo XII los venecianos también conocerán una etapa de auge bajo la dirección de uno de sus más célebres duxes, Enrique Dandolo (1197-1205); un personaje de leyenda, de quién se menciona que había sido cegado por los bizantinos cuando era embajador en Constantinopla, por lo que estaba semiciego para cuando asciende al poder a una avanzada edad cercana a los ochenta años, muy a pesar de lo cual era un hombre de prodigiosa energía, bajo cuyo mandato la República del Adriático alcanza sus máximos logros, conduciéndolos hacia lo que les debía de parecer un sueño imposible: la conquista de los bizantinos, hacia quienes Dandolo bien podía sentir un odio profundo por la afrenta recibida. Tratándose de un dux prototípico de la política veneciana, patriota, ambicioso, que actúa sin escrúpulos realizando maquinaciones que favorecen los intereses mercantiles de su patria. Como experimentado hombre de negocios que era, resultó ser un eficiente dirigente apto para propiciar las medidas que la República requería tomar en procura de alcanzar el predominio del mercado oriental mediterráneo.

Seguro de su poder, Inocencio III convoca la Cuarta Cruzada pensando que puede tener el control sobre de ella. Originalmente el grupo dirigente se reúne en un torneo celebrado en el castillo de Teobaldo de Champaña en noviembre de 1199, incluyendo al conde Luís de Blois y a un gran número de barones y caballeros del norte de Francia. Se nota que el celo por la cruzada se mantiene, a decir de los participantes, porque la “indigencia era muy grande”, empero, los motivos mundanos prevalecen. El propósito original de los barones era dirigir la Cruzada en contra de Egipto (la Babilonia de esa época para los europeos), a la sazón un centro primordial del Islam con amplio comercio, así lo acuerdan en secreto, concertando que Teobaldo sea el jefe de los cruzados, pero esta decisión no convenía a los venecianos. El caso es de que Teobaldo muere, mera coincidencia, oportunamente, quedando la dirección de la Cruzada en manos de los Staufen que promueven a su hombre, el magrave Bonifacio de Montferrato para que la dirija, lo que a los venecianos les viene bien, pues ellos van propiciando su manejo con artimañas propias de los asuntos que se planifican como negocios…. Al papa se le escapó desde un principio la dirección de la cruzada, prevaleciendo los intereses de los barones y del Dux.

En ese entonces se rumoró en Europa que los egipcios habían sobornado a Dandolo dándole ricos presentes y concesiones comerciales excepcionales para que desviara la cruzada. Lo que hilvana con el sentido soterrado de la trama que convenía a los venecianos: no atacar Egipto porque malograría su comercio, en vez de lo cual atacar a Hungría que en ese entonces era el reino europeo que incomodaba su dominio marítimo en el Adriático. Lo cierto es que en 1207 el Sultán del Cairo les concede a los venecianos amplios privilegios que en el transcurso del siglo XIII les fueron continuamente renovados.[7]

A los venecianos, por su participación, el contrato les confería derecho a la mitad del botín y las conquistas. Siendo el caso de que si los cruzados querían ir a Egipto, deberían cruzar el Mediterráneo de Italia al sureste, para lo cual les era indispensable contar con los servicios de la flota veneciana, por ser ésta la más poderosa de Europa, lo que los puso en manos de los astutos mercaderes venecianos. Así fue que se tuvo que establecer un contrato con Venecia por el cual los cruzados se comprometían a pagar 85 000 marcos de plata para que los venecianos les garantizaran el transporte de 4 500 caballos y 9 000 guerreros de a pie, así como el avituallamiento de la expedición durante un año y una flota de 50 galeras de combate para protección del convoy.

Los venecianos cumplieron con lo estipulado en el día de San Juan del año 1201 había establos y albergues suficientes para los cruzados, pero 85 000 marcos era demasiado dinero para ellos, por lo que sólo pudieron reunir 50 000, y 35 000 era un déficit considerable. Desde ese momento la cruzada quedaba en manos del Dux Dandolo. ¿Acaso no lo habría así propiciado? ¿Cuál era la solución para salir del atoro? Como era de esperarse el Dux la propone: conducir la expedición militar en contra de Zara, un enclave ubicado en Dalmacia estratégico para la navegación veneciana que había caído en dominio del Reino cristiano de Hungría, con la agravante de que el rey magiar tenía originalmente participación en la cruzada. Por supuesto que el Papa Inocencio III se opone a que tal expedición se lleve a cabo, excomulgando a cruzados y venecianos[8]… El hecho es que se apoderan de Zara.

En ese momento preciso surge la coyuntura propicia para marchar contra Bizancio, cuando el depuesto príncipe bizantino Alejo aparece en Zara ofreciendo pagar los saldos de la Cruzada si lo ayudaban a restituirse en Bizancio, el príncipe provenía de Suabia, habiendo sido aconsejado por su cuñado Felipe, estando por finalizar el año de 1202. Y Alejo realiza promesas exageradas: no solo pagar el adeudo de los cruzados, sino entregarles la suma de 200 000 marcos de plata; además de proponerles su propia participación en la cruzada al frente de 10 000 militares. Atreviéndose a ofrecer lo imposible: Subordinar la Iglesia de Oriente a Roma. Obvio, los venecianos aceptan de inmediato, lo mismo que el jefe de la expedición, Bonifacio de Montferrato. El propio Dux Dandolo se ofrece para marchar en la cruzada, haciendo a un lado al legado papal; de cierto, utilizando la habilidad de los hombres de negocios, actuando de manera subrepticia, como un maestro de la intriga que no revela abiertamente sus intereses, pero logrando hacer que el rumbo de los acontecimientos marche en su favor. “…, hábilmente dejó a otros la iniciativa de la desviación de la Cruzada, limitándose a maniobrar con destreza para asegurar el éxito de las propuestas hechas, a ejercer influencia sobre las voluntades rebeldes, y a arreglarlo todo de modo que redundase en beneficio de los intereses venecianos”.[9] La prueba del caso es que así aconteció, ejerciendo una influencia sutil mangoneó a quién se opusiera, así es que el Dux Dandolo se revela como el artífice de las maquinaciones, la mano negra promoviendo la invasión de Bizancio.

La oposición que era relevante se vence con la siguiente excusa, entiéndase, una excusa de índole religiosa para conmover a la masa de cruzados: la toma de Bizancio se justifica porque éste es un reino cismático y alberga en su capital reliquias cristianas que no merece poseer. Además de que son un obstáculo para el dominio cruzado en tierra Santa, tal y como las anteriores expediciones lo prueban, Bizancio le había jugaba sucio a los cruzados. A fines de mayo de 1203 se firma el acuerdo entre el príncipe Alejo y veinte barones más el Dux Dandolo, comprometiéndose a marchar sobre Bizancio para deponer al usurpador. Se suponía que después de tomar Constantinopla proseguirían rumbo a Jerusalén, pero es obvio que el ‘negocio’ ya era otro.

¿Por qué aceptaron la mayoría de los cruzados, incluso los que tenían firmes convicciones religiosas? Porque materialmente ya estaban comprometidos en la Cruzada y en manos de los venecianos que en ese momento los sostenían y ante quienes de facto les debían 35 000 marcos. Estaban en deuda y eso crea una obligación; además de que el anticipo que habían dado no sería retornable; con el aplazamiento de la deuda se les convence y ellos conceden marchar hacia Zara. Con 60 galeras de combate y 150 barcos de transporte no se iba a dar marcha atrás, ya estaban embarcados en la Cruzada y hábilmente les cambian el objetivo.

La Cuarta Cruzada es el caso por excelencia de un complot medieval, los historiadores han dado cuenta de la intriga: Los partidarios de la teoría de la casualidad afirman que este acontecimiento debe ser remontado a una cadena de hechos fortuitos e imprevisibles; los representantes de la teoría de las intrigas culpan al Papa, a los venecianos, a Bonifacio de Montferrato o a Felipe de Suabia de haber planeado de antemano el ataque a Bizancio. En realidad era muy difícil imaginarse que un proyecto tan importante fuese decidido en último momento”.[10] Debió ocurrir que con anticipación se decide enviar la Cruzada hacia Bizancio, después se aprovechan y/o generan los aparentes hechos fortuitos que dan el motivo para así realizarla.

Si el príncipe Alejo habría huido y se había puesto en contacto con los dirigentes de la cruzada cuando ésta se estaba preparando había habido tiempo suficiente durante el invierno de 1201 a 1202 de discutir en la Corte de Felipe en Haguenau la sucesión del trono bizantino y de provocar la desviación de la Cruzada. Ergo: “hubiera habido suficiente tiempo para el complot”.[11] Bastaba con que los germanos se pusieran de acuerdo con los venecianos proponiendo a la persona adecuada para dirigir la cruzada en substitución del líder original. El monto impago del contrato original era el artilugio que ponía la cruzada a su merced, pudiéndose modificar su derrotero.

En este caso, como en tantos otros similares, la pregunta clave para vislumbrar la maquinación es: Cui Bono, quién se beneficia de que los hechos se materialicen de esa determinada manera. Pudo haber sido un acuerdo tomado en conjunto por Felipe de Suabia, Bonifacio de Montferrato, Enrique Dandolo, más difícil pero no imposible, el sagaz papa Inocencio III. (Que si al Papa le iba bien en los asuntos en occidente, mejor le iría si lograba lo que también para los religiosos latinos era su sueño dorado, someter a la Iglesia Bizantina). El caso es que entre Montferrato y Bizancio también existían motivos para una venganza, puesto que algunos parientes suyos casados con princesas bizantinas habían sido asesinados o expulsados de Constantinopla.[12] Así que Bonifacio de Montferrato fue uno de los que más abogó por el desvío de la Cruzada, y que después de la rendición de la ciudad en 1204, se esforzó por ser elegido emperador”.[13]

El historiador Maier expone los hechos revelando la imbricación favorable a los venecianos: Hacia finales del siglo XII las ciudades italianas de la costa tenían beneficiosas relaciones comerciales con Egipto, el objetivo originario de la Cruzada. Por otro lado, Venecia tenía ya sólo una pequeña parte en el comercio de Bizancio. Hasta la detención masiva de los venecianos en el año 1171 sus barcos habían realizado casi todo el transporte de mercancías desde Constantinopla y otras ciudades griegas a Occidente: desde 1183 pudieron ocupar de nuevo su recinto comercial de la capital, pero el emperador Alejo III favorecía visiblemente a sus rivales, Génova y Pisa. Además, los comerciantes occidentales en general ya no se encontraban seguros en las ciudades bizantinas, sobre todo en Constantinopla, desde las matanzas de los latinos en 1182”. Una conquista de la capital y la entronización de un emperador débil restituiría el monopolio de Venecia y lo aseguraría durante mucho tiempo”.[14]

Constantinopla nunca había sido conquistada, pero la combinación de odio e intereses que tenían los latinos por ‘destronar’ a la supremacía cultural y mercantil de los griegos obró milagros. Primero se intentó convencer a los constantinopolitanos de que se pusieran del lado del legítimo sucesor del trono, mostrándoles al Príncipe en paseos que sus barcos hacían por el ‘Cuerno de Oro’, lo que no funcionó, pero el ejército cruzado era muy superior al bizantino, así que éstos solo pueden refugiarse tras sus, ciertamente, portentosas murallas. Los venecianos usando los mástiles de sus barcos como torres de combate logran tomar 25 torres de la muralla e incendian un sector de la ciudad. El usurpador Alejo III huye, los bizantinos restituyen al viejo emperador Isaac II, después, al conocer el acuerdo de los occidentales con el Príncipe acceden a entronizándolo como Alejo IV… Pero era obvio, Alejo no puede cumplir sus promesas a los cruzados.[15] Bastaron dos estaciones, el verano y el otoño de 1204 para que estallara la guerra entre latinos y griegos: los bizantinos saquean los barrios de los italianos mientras que los cruzados arrasan los pueblos cercanos a la capital. Los cruzados atacan la mezquita de los comerciantes sarracenos e incendian la ciudad; griegos y musulmanes la defienden. Los cruzados le plantean un ultimátum a Alejo IV, o pagan o se los cobramos por la fuerza. Los bizantinos deponen a su efímero emperador y lo asesinan. Es lo que los jefes occidentales esperaban. Desde antes de volver a tomar las murallas ya tenían firmado un acuerdo entre ellos para instaurar un Imperio Latino en Constantinopla.

Matanza y saqueo es lo que realizan los cruzados…, los jefes se instauran en el palacio imperial permitiendo a la soldadesca tres días de saqueo. La queja del Papa puede ser un buen resumen de lo acontecido: “Los defensores de Cristo han gozado bañándose en sangre cristiana. No han respetado edad ni sexo. Han cometido adulterio, fornicación e incesto a la luz del día. Ni matronas ni vírgenes consagradas al Señor se han librado de su brutalidad. No sólo han robado y despilfarrado los tesoros del Imperio y de los particulares, sino que se han atrevido a poner sus manos sobre los bienes de la Iglesia”. Se cuenta que incluso se desenterraron los cadáveres de emperadores para saquear sus riquezas y encarnecerlos. Perdiéndose obras de arte de incalculable valor: “Bibliotecas enteras fueron quemadas, robadas las piedras preciosas de los objetos de las iglesias, fundidos el oro y la plata y pisoteado el marfil, soldados ebrios destrozaron con martillos y hachas la chapa del altar…, una prostituta se sentó en la silla del patriarca, cantando canciones francesas, mientras se usaban como copas los vasos sagrados (Un abad, tras de amenazar de muerte al sacerdote ortodoxo de la iglesia del Pantocrátor si no les mostraba las reliquias, en cuanto las tiene frente a sí) metió rápidamente las manos con avidez y como sus ropajes eran amplios, llenó su cogulla con el botín de la iglesia”.[16] La barbarie cruzada en toda su avidez. El papa excomulga pero después perdona y acepta los beneficios políticos. ‘Vénganos tu reino señor aquí en la tierra’.

El historiador bizantino Nicetas expresa: ‘los musulmanes hubieran sido más humanos que los caballeros de la Cruz’. El Mariscal de Champagne, Godofredo de Villehardouin, en su relato de testigo ocular, constata que el botín fue “tan grande que nadie lo hubiera podido contar. La parte del león, como buenos acreedores de la Cruzada que venían a ser, se la llevaron los venecianos, pero el resto le proporciona 400 000 marcos de plata a los cruzados.[17]

En la instauración de Romania (El Imperio Latino de Oriente), también se denota la mano de Dandolo. El Épiro, el Peloponeso, Jonia, Creta… para Venecia; de Constantinopla tres octavas partes para ellos incluyendo la zona de Santa Sofía, permitiéndose el establecer a un patriarca veneciano al frente de la nueva iglesia latina. Así se congratulaban con Roma, a fin de cuentas, el Papa se acomoda, era la Europa Católica la que había triunfado sobre los cismáticos.

Por su parte, los caballeros cruzados se reparten buena parte del Imperio implantando feudos, fragmentándolo y debilitándolo aún más, mientras que las posesiones de los venecianos van en el sentido de afianzar una talasocracia, además de que los venecianos no pagaban impuesto alguno en la Constantinopla latina. Pero un imperio feudal no podía perdurar, la reacción de los griegos, aliados con los búlgaros permite la recuperación bizantina. Pronto los cruzados y venecianos reciben una terrible derrota en Adrianópolis, el Emperador Beduino I es capturado y Dandolo huye con el resto del ejército hasta Constantinopla, muriendo poco después fatigado. (Muere seguro de haber obrado en provecho de Dios y de la Santa Iglesia Romana y para la gloria de Venecia. Quedando bien con Dios y con el diablo, por decirlo así, tal y como seguirá aconteciendo en el futuro del desarrollo colonialista occidental. Los intereses de Dios son compatibles con los del Dominador del Mundo). Dandolo muere perdonado y alabado por el Papa, siendo enterrado en Santa Sofía en junio de 1205.

Para combatir al Imperio Latino los bizantinos procuran la alianza con los eternos rivales de los venecianos, los tirrenos, porque la guerra por el monopolio de las rutas del comercio coloca a estos otros cristianos en la contraparte, cuestión de sobre-vivencia. Romania es efímera, en 1261 Miguel Paleólogo reconquista Constantinopla. Mas para Bizancio el daño estaba hecho, la Cuarta Cruzada marcó su declive, imposible que recuperase su fortaleza; máxime que el tráfico marítimo queda para los italianos, de manera indistinta, y a intervalos, tal y como venía ocurriendo, genoveses y venecianos seguirán disputándoselo, incluyéndose a los marselleses y a los catalanes. Pero el peligro mayor serían los turcos otomanos; dos siglos después….

La Cuarta Cruzada es producto del hombre nuevo, el Hombre Moderno que ya existía en la República de Patricios, el comerciante, militar y aventurero que planifica las acciones para obtener utilidad material. La esencia veneciana impregna la Cruzada, así concebida desde el punto de vista de los negocios como el mayor éxito comercial de la Edad Media.

A diferencia, las cruzadas de San Luís, el rey Santo de Francia, impregnadas del fervor religioso propio del espíritu original que los papas les insuflan, resultan inoperantes y fracasan: En la primera de ellas, la séptima de la cuenta total, Luís IX y sus huestes se internan en Egipto rumbo al Cairo sufriendo una terrible derrota, quedando capturado el Rey junto con un gran número de nobles, por lo que tiene que pagar un cuantioso rescate para ser liberados. Lo increíble es que después intente otra cruzada, aliado con Eduardo II de Inglaterra se dirigen a Túnez, muriendo Luís en sus desiertos. En este mundo las cruzadas del Santo Rey fueron un fracaso, pero pronto sus restos obran milagros y se transforman en reliquias, cristianismo puro, gloria trascendente.

Pero la Cristiandad también conoció la Cruzada en Europa en contra de los herejes. Como los cátaros florecían en el Meridión Francés se les declara los peores enemigos de la Cristiandad, peores que los propios sarracenos, lo que amerita lanzarles una cruzada para exterminarlos. Teniendo en este caso la Iglesia el control de la cruzada, emplean a barones y prelados del norte de Francia. Resultado, otra orgía de sangre, bajo la conducción ‘espiritual’ del abad Arnoldo de Sister “sólo en la Iglesia de la Magdalena de Béziers, fueron acribillados unos siete mil, ancianos, mujeres y niños, y seguramente no todos eran herejes”. En lo que respecta a la materialización del ‘reino de Dios en la Tierra’, un señor feudal septentrional se encarga de sacarle provecho a la cruzada, su nombre era Simón de Montford, quién tras de triunfar en la batalla de Muret (1213) se queda con las tierras de Toulouse. La Iglesia, como en los casos de Oriente, una vez que las barbaridades se han cometido termina por aprobar y dispensar la conducta de los cruzados. Para que de esa manera, como después les ocurriría a los Templarios, se elimina de Europa a peligrosos disidentes, semejantes a los mahometanos o a los judíos, con extrañas concepciones de Jesús, lo mismo sentenció a los propios cátaros con su fervor por la otra María: Inocencio III pudo considerar como una victoria e incorporar también esta guerra a la corona de sus triunfos eclesiásticos.[18]

Inocencio III moría, pues, considerando que el reino de Dios en la Tierra se había alcanzado, la Iglesia de Roma tenía la supremacía religiosa y política en Europa, pero ¿sería capaz de perdurar este dominio? Para fines del siglo, Bonifacio VIII (1294-1303), quién se consideraba a sí mismo el auténtico sucesor de Inocencio, tendrá la oportunidad de comprobar que el poder en el mundo seguirá siendo cosa de reyes cuando las monarquías nacionales se fortalecen; el Papa no podrá ya pretender ser César. Así que cuando Bonifacio se atreve a prohibir que los clérigos paguen impuestos a la Corona (bula clericis laicos de 1296). Eduardo I de Inglaterra y Felipe IV de Francia le responden poniendo a los clérigos fuera de la ley. Las prerrogativas arrogadas en la bula Unam Sanctam eran una pretensión exagerada que los monarcas no podían tolerar. Un rey poderoso como Felipe el Hermoso de Francia procede a poner al Papa en su lugar, así que toma preso a Bonifacio VIII, y aunque éste logra escapar a Roma, allí muere copado en el Vaticano a consecuencia -se rumora- de un veneno francés. La intriga y el complot es la praxis de siempre en el reino de este mundo.

La última cruzada se efectuó con la alianza del Vaticano de Juan Pablo II y el imperialismo yanqui de Ronald Reagan para terminar con el ‘imperio del mal’ soviético, en especial en Polonia. Por su parte, el ‘falso profeta’ (‘cristiano’ redivivo) que habla con el ‘dios’ de la hipnosis tele-evangélica intentó proclamar una cruzada contra el ‘eje del mal’, y aunque no obtuvo el asentimiento del Vaticano, no por eso obtuvo la condena a tan depravada invasión. La maldición de los ‘cruzados’ como fuerzas invasoras occidentales vuelve a asolar al Islam, ahora acicateados por el factor petróleo para hacer de esta ofensa, de manera menos disimulada, la cruzada del diablo. Empleando términos del ayatollah viene a ser obra del Gran Satán. La destrucción de Bagdad (incluyendo el saqueo de su preciado museo que daba cuenta de la milenaria cultura que inicia la Civilización) y los ríos de sangre que ha derramado la máquina de terror Usamericana (contando con la colaboración del Cruel Albión y del sionismo nacista) testimonian la última cruzada atroz…. La que prosigue cerniéndose sobre Afganistán, el Líbano y ahora Gaza, con el falso argumento de la ‘guerra contra el terror’; cuando que el gran terrorismo actual es el que practica el Imperio y sus más que aliados los sionistas. ¿Ya se dieron cuenta?


[1] La animadversión en contra de los bizantinos era punto menor a la que los cruzados tenían para con los mahometanos; tal y como lo podemos apreciar en una estampa en que se ensalza a Santo Tomás de Aquino, como máximo sabio de la Cristiandad, ubicando a Platón y Aristóteles a sus costados y teniendo humillado a sus pies al herético de Averroes. (Libros sobre Santo Tomás. Ed. Porrúa, Colección Sepan Cuantos). Desde la perspectiva del musulmán los cruzados eran el terror cabalgando sobre sus pueblos. El coco de los niños era el Rey Ricardo y cuando un caballo se asustaba su jinete le decía: ‘es que has visto al Rey Ricardo, el Corazón de León’. Charles Seignobos. Historia Universal. T. 6. Nacional. 1956 : 249.

[2] Henri Perenne. Historia Económica y Social de la Edad Media. FCE. 1987 : 20.

[3] Franz George Maier. Bizancio. Historia Universal Siglo XXI. Vol. 13. 1991 : 249-250.

[4] Ibid. : 270-271.

[5] Peter Munz. “La Caida de Constantinopla”. Historia Universal en sus Momentos Cruciales. Vol. II las llamas de la fe, 312-1204 d. de J.C. Aguilar 1972 : 152-153.

[6] Maier : 278.

[7] Carlos Diehl. Venecia; -una república de patricios-. Espasa Calpe. Colección Austral. 1961 : 64.

[8] A los prelados de los príncipes alemanes y franceses les causó una gran mortificación, preocupándose por conseguir la absolución; a los venecianos les importó un cuerno, un ‘cuerno de oro’ que pensaban ganarse…

[9] Diehl. Op.Cit. : 49.

[10] Maier. Op.Cit. : 287.

[11] Ibid. : 289 y 288. Algunos autores argumentan que el príncipe huye con tardanza para haber participado en la planificación de la cruzada desde un principio, pero el caso es de que los Staufen ya tenían planeada la invasión en vida de Enrique VI y la convergencia de intereses con los venecianos facilita la maquinación.

[12] Ya mencionamos el caso de uno de ellos, Rainero de Montferrato, esposo de la Princesa María, asesinados por Andrónico. Mientras que un hermano de éste salvó la vida huyendo de Constantinopla.

[13] Maier : 289.

[14] Ibid. : 289.

[15] Notable es lo que el patriarca de Corfú pensaba sobre la primacía de la Iglesia de Roma: “no conocía otro motivo para el primado del episcopado romano, excepto el de que habían sido soldados romanos los que habían crucificado a Jesucristo”. Maier : 286.

[16] Ibid. : 295. Incluye cita de Gunther de Paires.

[17] Historia del Mundo Salvat. Vol. 6. “Bizancio, desde la iconoclacistia hasta el Imperio latino de Constantinopla” : 56-59.

[18] Carlos Hempe. La Alta Edad Media. “La dominación universal del papa Inocencio III (1198-1216)”. Historia Universal Espasa Calpe T. III. 1962 : 636 y 637.

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