Trastorno por Estrés Postraumático

Escrito por on Ago 20th, 2010 y archivado en Destacado, Galería Fotográfica, Psicología. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Trastorno por Estrés Postraumático

“Me siento muy mal, muy nervioso, todo me enoja, estoy como de ‘malas’ todo el tiempo. Yo no era así antes, no, para nada. El accidente ocurrió hace 6 meses pero yo todavía no me siento seguro en el carro, tengo que manejar porque no me queda de otra, pero es difícil. Tengo tanto miedo de que pase otra vez que evito viajar siempre que puedo. Me vienen a la mente imágenes del accidente así de la nada, no se van, me persiguen, incluso por la noche tengo pesadillas con escenas del accidente que se repiten una y otra vez… es terrible vivir así… es muy cansado”

Un acontecimiento traumático es un suceso o evento percibido como aterrador por la persona generándole sensación de impotencia para escapar o evitarlo. Los eventos traumáticos son inesperados y se presentan intempestivamente, afectando intensamente la percepción de seguridad y auto-confianza del individuo provocándole reacciones de desconfianza, vulnerabilidad y temor hacia el entorno ya que se destruyen las creencias de estabilidad y seguridad que tenía sobre su vida, forma, significado y propósito en particular. Ejemplo de estas situaciones son accidentes, desastres naturales, muertes inesperadas de familiares o seres queridos, asaltos, abusos físicos o sexuales, tortura, secuestros, etc. Otras formas de estrés severo, aunque no extremo, que pueden afectar seriamente al individuo son la pérdida del puesto de trabajo, un divorcio, el fracaso escolar, el rechazo social.

Los expertos consideran factores de generación de estrés postraumático cuando el individuo:

  1. Ha experimentado uno o más acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás y ha respondido con temor, desesperanza u horror intensos.
  2. El acontecimiento traumático es re-experimentado persistentemente a través de recuerdos recurrentes del acontecimiento, que provocan malestar que incluyen imágenes, pensamientos,  percepciones y sueños.
  3. Malestar intenso al exponerse a estímulos que simbolizan algún aspecto del acontecimiento traumático donde se incluyen respuestas fisiológicas.
  4. Evitación persistente de estímulos asociados al trauma y embotamiento de la reactividad general del individuo con esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático.
  5. Reducción importante del interés en actividades sociales o laborales y restricción de la vida afectiva (sensación de desapego o enajenación frente a los demás)
  6. Sensación de un futuro desolador (por ej. no tener esperanzas respecto a encontrar una pareja, formar una familia, hallar empleo, llevar una vida normal)
  7. Dificultad para conciliar o mantener el sueño, irritabilidad o ataques de ira, dificultad para concentrarse y respuestas exageradas de sobresalto

“Veo la vida de forma completamente diferente ahora. Todo el tiempo me pregunto ¿por qué a nosotros? Me siento muy culpable pensando que podía haber hecho algo para salvar la vida de mi hija, pero murió, fue mi culpa, si no hubiéramos salido de viaje… no hubiera habido accidente”.

Estas alteraciones duran más de un mes y provocan pesadumbre y tormento significativo con el resultante deterioro de las relaciones sociales, la actividad laboral o de otras áreas importantes de la vida de la persona. En la mayoría de los< casos estos síntomas vas disminuyendo paulatinamente hasta desaparecer.

El estrés postraumático puede ocurrirles a personas psicológicamente sanas de cualquier edad. Dentro de  las situaciones que más probabilidades tienen para originar estrés postraumático se encuentran catástrofes naturales, abuso sexual o físico, asaltos, accidentes automovilísticos, etc. La severidad de los síntomas depende de una gran variedad de factores, incluyendo la gravedad del trauma, el modo en que fue percibido, la capacidad personal de enfrentar el estrés y el apoyo recibido.

Las personas que desarrollan este trastorno presentan una notable dificultad para integrar el evento en su memoria; es decir, el trauma permanece como si fuera actual en su vida psíquica, no lo incluyen como parte de su pasado y, por consiguiente, lo re-experimentan continuamente pues el recuerdo no se modifica con el paso del tiempo ni pierden su carga emocional. Los síntomas del trastorno postraumático son los siguientes:

  1. Re-exposición compulsiva al trauma o re-experimentación: consiste en revivir a nivel mental lo sucedido, a través de pensamientos, recuerdos o imágenes relacionadas con el suceso traumático cuando la víctima está expuesta a situaciones que se los recuerdan sin que tenga control sobre ello aún cuando se encuentra en estado de alerta. También existe la tendencia a revivirlo en forma de pesadillas o “flashbacks” (escenas intermitentes que surgen inesperadamente), durante los cuales tienen la sensación de estar viviendo de nuevo todo lo que pasó incluyendo síntomas físicos como agitación, temblores, sudoración, taquicardias, etc. También experimentan sensaciones físicas parecidas a las que tuvieron entonces,  estas re-experimentaciones surgen acompañadas de emociones intensas como pánico y rabia, ansiedad, deseo de escapar o de defenderse atacando a alguien, ira, desesperanza…
  1. Conductas de evitación y bloqueo emocional: mecanismos que buscan evadir cualquier situación, persona o conversación que pudiera recordarles el trauma debido al malestar que sienten ante los recuerdos pero, paradójicamente, cuando más tratan de huir más parecen perseguirles los recuerdos. Esta huida llega a dar lugar a un embotamiento de los sentidos, en un intento de dejar de sentir cualquier cosa para no sentir más dolor emocional y se presenta como  pérdida de interés, bloqueo emocional y aislamiento social.
  1. Hipervigilancia o incremento de la activación: la persona reacciona intensamente ante estímulos irrelevantes y cotidianos como el sonido de un timbre, un golpe inesperado, que una persona entre de repente a la habitación, etc., lo anterior hace que se sobresalte pues se encuentra en un estado de alerta constante, percibiendo al mundo de forma hostil y amenazante. La hipervigilancia y el continuo estado de activación les provoca distanciamiento emocional y dificultad para reconocer sensaciones corporales propias, presentan problemas de concentración y para conciliar el sueño,  irritabilidad, impulsividad o agresividad.

Tiempo después surgen una serie de síntomas secundarios que se producen como consecuencia de los anteriores, tales como:

a)     Agresividad hacia los demás o hacia sí mismos originados por su necesidad (real o percibida) de defenderse.

b)     Culpa o vergüenza que surgen cuando la persona empieza a pensar y reprocharse que “debería haber hecho algo” para evitar el suceso, mecanismo generado por la necesidad de control, puesto que si se consideran responsables y creen que algo está en sus manos, en caso de que  vuelva a suceder, suponen que no se encuentran totalmente a la merced de su agresor.

c)      Problemas para relacionarse. Les resulta difícil volver a confiar en los demás. Su embotamiento emocional puede impedirles sentir cercanía emocional hacia otras personas. Su necesidad de estar en guardia y defenderse puede impedirles dejarse llevar en situaciones íntimas con sus parejas, pues eso requeriría bajar la guardia, lo cual puede dejarlos a merced de ese mundo que perciben como hostil, un lugar en el que pueden pasar cosas terrible, pero no a los demás, como suele creer la mayoría de las personas, sino a ellos mismos, sin previo aviso y sin que puedan hacer nada para evitarlo. Pueden acabar aislándose del resto de las personas y del mundo.

Entre los trastornos asociados destacan:

  1. Ataques síntomas de pánico: incluyen sensaciones intensas de miedo y angustia acompañadas de taquicardias, sudoración, náuseas, temblores, etc.
  2. Depresión: algunas personas pueden sufrir episodios depresivos posteriores al evento,  pérdida de interés, descenso de la autoestima e incluso ideaciones suicidas recurrentes.
  3. Ira y agresividad: aunque se consideran reacciones comunes entre las víctimas de un trauma, cuando alcanzan límites desproporcionados interfieren de forma significativa en el funcionamiento diario de la persona,  aunque  existe la posibilidad de resolverlo con éxito mediante la intervención terapéutica profesional y especializada oportuna.
  4. Abuso de drogas: es frecuente recurrir a la utilización de drogas como el alcohol para tratar de huir del dolor asociado, estrategia inadecuada que aleja al individuo de la posibilidad de recibir la ayuda requerida y prolongar la situación de sufrimiento.
  5. Conductas extremas de miedo o evitación: son comunes en la mayoría de los casos; sin embargo, en algunas ocasiones el miedo intenso y la evitación se desplaza a otras situaciones no asociadas directamente con el evento traumático, lo que interfiere de forma significativa con el funcionamiento cotidiano de la persona. Los síntomas citados, en la mayoría de los casos, disminuyen de manera significativa durante el tratamiento psicoterapéutico. Aunque cabe hacer la aclaración que la terapia debe adecuarse a cada caso específico, haciendo hincapié en que aquellas personas que sufren o presencian un hecho traumático encuentren la fortaleza interna con la que cuentan como recurso emocional para superar su problema y volver a vivir en plenamente.

“Ha sido culpa mía. Me estoy derrumbando. Me va a dar un ataque al corazón. No puedo superarlo. ¿Por qué me tuvo que ocurrir? Nada tiene sentido. No vale la pena vivir”. Estas frases son escuchadas con frecuencia en boca de las personas que presentan un Trastorno por Estrés Postraumático.

Los criterios internacionales de diagnóstico del Trastorno por Estrés Postraumático, de acuerdo al DSM-IV TR, son los siguientes:

El individuo a estado expuesto a un acontecimiento traumático en el que:

  1. Ha experimentado, presenciado o le han explicado uno o más acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás (por ej. guerras, atentados o catástrofes)
  2. Ha respondido con temor, desesperanza o un horror intensos
  3. El acontecimiento traumático es re-experimentado persistentemente a través de una o más de las siguientes formas:

a)     Recuerdos del acontecimiento, recurrentes e intrusos, que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensamientos o percepciones.

b)     Sueños de carácter recurrente, sobre el acontecimiento, que producen malestar

  1. El individuo actúa o tiene la sensación que el acontecimiento traumático está ocurriendo (por ej. sensación de estar reviviendo la experiencia, ilusiones, alucinaciones y flashbacks)
  2. Malestar psíquico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático
  3. Respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático
  4. Evitación persistente de estímulos asociados al trauma y embotamiento de la reactividad general del individuo (ausente antes del trauma), tal y como indican tres (o más) de los siguientes síntomas:

a)     Esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático

b)     Esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos del trauma

c)      Incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma

d)     Reducción importante del interés o de la participación en actividades sociales o laborales

e)     Sensación de desapego o enajenación frente a los demás

f)       Restricción de la vida afectiva (por ej. incapacidad para tener sentimientos de amor)

g)     Sensación de un futuro desolador (por ej. no tener esperanzas respecto a encontrar una pareja, formar una familia, hallar empleo, llevar una vida normal)

  1. Síntomas persistentes de aumento del estado de alerta (ausentes antes del trauma), tal y como lo indican dos o más de los siguientes síntomas:

a)     Dificultad para conciliar o mantener el sueño

b)     Irritabilidad o ataques de ira

c)      Dificultad para concentrarse

d)     Respuestas exageradas de sobresalto

Estas alteraciones duran más de un mes y provocan un malestar significativo o deterioro de las relaciones sociales, la actividad laboral o de otras áreas importantes de la vida de la persona.

Trastorno de estrés postraumático en niños

Los niños re-experimentan el trauma mediante pensamientos, recuerdos o pesadillas se centran en los momentos de terror extremo o desesperanza vividos durante el suceso. Pueden ir acompañados de síntomas físicos como taquicardias, náuseas, vómitos y sensación de mareo. Sus juegos o dibujos también incluyen las experiencias traumáticas, aunque, generalmente, tiendan a evitar pensamientos, sentimientos o actividades que desencadenen el malestar asociado al trauma, por lo que disminuye su interés por las actividades en general, pueden presentar regresiones a etapas previas de desarrollo en cuanto a las capacidades ya adquiridas, como el lenguaje y el control de esfínteres y también llegan a manifestarlo a través de trastornos de conducta para disminuir su ansiedad.

Presentan trastornos del sueño, irritabilidad, dificultades para concentrarse, respuestas acentuadas de sobresaltos, rabietas y agresividad, pues cree que así puede estar preparado para responder a posibles amenazas del entorno.

Los niños de edad escolar suelen presentar cambios en la afectividad y comportamiento, notoria disminución del rendimiento escolar y abandono de las tareas domésticas en las que solían colaborar. Los adolescentes suelen sentirse inseguros respecto al futuro, sus expectativas se ven mermadas o son negativas y oposicionistas.

TRATAMIENTO TRASTORNO POR ESTRÉS POSTRAUMÁTICO

  1. El enfoque Psicoeducativo: proporciona al paciente y a la familia  la información básica sobre su trastorno, síntomas y diversas estrategias y habilidades de solución de problemas para facilitar la relación con la persona afectada por el trastorno. Este enfoque permite reducir la confusión y ansiedad que suelen producirse dentro de la estructura familiar, ayudando de manera significativa en la recuperación del paciente.
  1. Terapia Cognitivo-conductual: se basa en la modificación de patrones de pensamiento distorsionados y el entrenamiento en habilidades de solución de problemas, manejo de ansiedad o inoculación de estrés.
  1. Las terapias Psicodinámicas se centran en los conflictos emocionales causados por el evento traumático, a través de la expresión de las diversas emociones y pensamientos asociados al evento, en un ambiente empático, el paciente adquiere seguridad y desarrolla maneras efectivas de pensar y de afrontar la experiencia traumática y las intensas emociones asociadas que emergen durante el proceso terapéutico. Pretende un cambio de largo alcance al reestructurar la forma en que una persona contempla la vida y reacciona frente a ella, ayudando a las personas a desarrollar una visión adecuada de sí mismas y a tomar conciencia de las fuerzas psicológicas del inconsciente.
  1. La terapia farmacológica actual reduce la ansiedad, depresión e insomnio a menudo asociados al propio trastorno, y en algunos casos puede ayudar a aliviar el estrés y el bloqueo emocional. Es importante destacar que la farmacoterapia por sí misma como única estrategia de intervención es raramente suficiente para provocar una remisión completa de los problemas asociados al trastorno del estrés postraumático. (Vargas & Davidson, 1993). Por lo cual se sugieren estrategias de intervención combinadas con la psicoterapia.
  1. La terapia familiar está dirigida al foco de interés fundamental que es la interacción de las personas; las estrategias terapéuticas abarcan una variedad de objetivos desde una perspectiva sistémica y global, de brindar información y pautas de actuación concretas a los miembros de la familia del paciente para que lo apoyen durante el proceso terapéutico, potenciando la comunicación entre las familias y reduciendo posibles focos de tensión. El tratamiento puede incluir el uso de medicamentos, aunque es más importante que se efectúe una terapia psicológica que ayude, en primera instancia, a dar confianza y seguridad a la víctima. Conforme se avanza, el paciente se vuelve consciente de los patrones que sigue su pensamiento y que le generan limitaciones hasta que logra reinterpretar el hecho traumático.

psicologiaclinicaespecializada@yahoo.com.mx

Referencias Bibliográficas

  1. www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci…en
  2. www.sciens.com.ar/tratadodepsiquiatria/…/Numero05-Nota01.pdf –
  3. www.eutimia.com › Trastornos Mentales –
  4. Manual Estadístico de Desórdenes Mentales, (DSM-IV TR). American Psychiatric Press, 2000.
  5. Kaplan. Psiquiatría, 9° Edición. Lippincott Williams & Wilkins Press, 2005.
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2 comentarios en “Trastorno por Estrés Postraumático”

  1. vecina dice:

    Como siempre enriquecedor su artículo. En el caso de haber tenido un accidente y que al paso del tiempo se tengan ciertos temores acerca de la repetición al encontrarse en condiciones similares a la del accidente, habrá de ser materia de terapia? Como simpre por su atención muchas gracias.

  2. Claudia Bermúdez dice:

    Estimada Vecina:

    Muchas gracias por su amabilidad de invertir su valioso tiempo en la lectura de este artículo. La respuesta a su cuestionamiento es que se recomienda una valoración psicológica para definir si existe el Trastorno o si hay indicadores de que se puedan presentar, en la Psicología como en las demás áreas de la Salud, es recomendable también la atención preventiva.

    Saludos.

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