Amor= (re)composición social

Escrito por on Ago 13th, 2010 y archivado en Destacado, Trepidación en el orden. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

El amor como basamento del movimiento humano redime a la reflexión sobre las causas que originan el actuar en la vida del ser humano. Se puede decir que los motivos más sobresalientes de la existencia se encuentran justamente en las motivaciones del corazón, y la razón toma el timón de los deseos por medio de la cognición para la confección de una realidad.

El amor es un reflejo del otro, es una proyección de la identidad, la realización colectiva a partir de la identificación personal. Desde el punto de vista biológico al ser humano lo conduce hacia la asociación de la base química envolviéndolo en una entidad funcional de la humanidad, formando un vínculo estrecho para compartir una experiencia, un pasaje, una historia, fijando la distinción del ser, del actuar frente a los demás.
La sociedad donde pervivimos se debe y se funda en el amor, ésta sociedad de consumo gira alrededor de un proyecto, una idea, un grupo, una familia, el hecho de estar vivos y dar mucho de sí para los demás, lo anterior –en teoría- significa vivir en armonía, en completo desarrollo, no importando el nivel socio-cultural del individuo. Aunque no existe un ser humano igual a otro, tampoco existe un ser enteramente diferente aquel, ejerciendo una singular manifestación de los agrupamientos, de enamoramientos por afinidad.

La (re) composición social surge desde la raíz, porque no se puede establecer una refundación social sin el aprecio a la persona y para tal efecto, se requiere haber satisfecho en primer orden las necesidades básicas, en un entorno propicio para el libre desenvolvimiento de las mentes, donde la rapiña no tenga lugar, donde la competencia no sea para oprimir, sino para crecer en conjunto.

Así que el amor siendo esa esencia nos invita a trabajar desde lo más hondo del ser, sin dejar a un lado el quehacer insoslayable de actuar con el pensamiento, pero, ¿Qué pasaría si dejáramos de actuar razonando?, es decir, ¿Podríamos actuar sintiendo?, el actuar intuitivamente es una decisión genuina por pertenecer al campo de lo sensorial. Co-habitamos en un espectro mental el que no permite desvincularse por cánones establecidos, por convenciones sociales del “sentir”, por las múltiples represiones de la educación primaria dentro de una orientación seudoespiritual convergiendo la ignorancia y el flagelo de un círculo social.

La manifestación de las emociones parecieran proscritas hacia algunas personas, sin embargo, el plano sensitivo esta mucho más allá de las lagrimas, el despecho o la nostalgia, es introducirse en el epicentro de las personas para comprender sus causas, sus acciones, sus efectos y de esta manera dimensionar un mundo acogedor reconociendo su vasta diversidad.

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