Corridas de toros y ética en la relación hombre-animal

Escrito por on Ago 2nd, 2010 y archivado en Actualidad, Destacado, Ensayo y Opinión, Galería Fotográfica, México. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Corridas de toros y ética en la relación hombre-animal

Don Gus:

Además de mi colaboración semanal deseo mandarte estas reflexiones acerca del tan interesante debate que se ha desarrollado en torno a las corridas de toros en la excelente revista “Crisol Plural” que tu diriges

Primero que nada debo agradecer los comentarios dados por algunos lectores a mi artículo “Toros: antropología de la crueldad”. En estas líneas me referiré a ellos y a otro interesante artículo de Claudio H. Vargas “Olé! por Cataluña”.

Hay dos clases de comentarios a mi artículo, los que están de acuerdo con él y los que difieren. El lector puede ver en “Crisol Plural” los comentarios favorables y por eso me limitaré a comentar principalmente, a los que son críticos.

Las principales críticas que se me hacen son las siguientes:

Gerardo de la Concha dice:

“Las corridas de toros son un hecho cruel, semejante en este aspecto a la tortura que se somete a los animales en otros ámbitos (rastros, industria alimentaria, cósmetica, etc.), el problema con la fiesta taurina es que la gente se divierte con ello, disfruta de esa crueldad, entonces abolir las corridas en un primer paso en la lucha por proteger y defender a los animales como seres vivos y eso deberá suceder en una forma amplia…”

Radamanto dice:

“La crueldad en los rastros o respecto al sacrificio de animales para consumo humano no es justificación para la tortura como espectáculo, Tolstoi, en uno de sus mayores momentos de cuestionamiento descalifica el sacrificio animal, incluso cuando es para consumo humano; aún nos resistimos a considerar a los Animales como nuestros hermanos, como seres que sienten, que sufren.”

Francisco dice:

El problema fundamental no es la corrida de toros en sí sino la hipocresía de la sociedad que se rasga las vestiduras por las corridas, me explico, en Cataluña existe una fiesta muy popular por cierto, que se llama los Correbous en donde al toro se le suelta y se le prende fuego a sus cuernos mientras se le tortura, eso sí humanitariamente (si se me permite la palabrita) se le permite vivir después para repetir al día siguiente.

“Olé! por Cataluña”.

Escrito por Claudio H. Vargas

“El físico español Jorge Wagennsberg inició su defensa de la propuesta legislativa el pasado 3 de marzo durante los debates diciendo: “No es admisible un espectáculo que requiera el sufrimiento de un ser vivo.” Añadió que, no obstante gustar él mismo de la fiesta taurina, está convencido de que “abolir los espectáculos que requieren sufrimiento se enmarca dentro del progreso moral de una comunidad

“Finalmente el considerar que no es admisible que sea parte de nuestras prerrogativas cívicas o políticas el poder organizar espectáculos públicos como las corridas es también parte de ese progreso moral sobre el que, por lo demás, se fundan las posibilidades de construir civilidad, es decir civilización.

“La prohibición de las corridas de toros no significa, por supuesto, que desaparecerán o aminoraran otras formas de maltrato, tortura y usos de los animales que son toleradas sino que son plenamente aceptadas por muchos sectores de la población, incluyendo los más fervientes anti taurinos. De hecho lo que se impone es una reflexión muy amplia en torno a lo que son y pueden ser las relaciones entre el hombre y los otros seres vivientes con que compartimos el planeta, reflexión que guíe el advenimiento de lo que se ha dado en llamar un nuevo contrato natural y que evite lo mismo las imposturas y excesos del fundamentalismo ecologista como las trampas que supone el simple peso de ciertas inercias, inercias que algunos llaman tradiciones con el noble afán”.

Comenzaré por el final es decir por el argumento de Claudio H. Vargas sobre las relaciones entre el hombre y el animal que me parece ser un elemento importante. Debo señalar que aunque coincido en lo general, con lo que escribió Fernando Savater en “El País” (29-07), en defensa de las corridas de toros y que denominó “Vuelve el santo oficio”, discrepo con su afirmación en la que expresa “… la moral trata de las relaciones con nuestros semejantes y no con el resto de la naturaleza”. Yo creo que la ética es mucho más amplia y no sólo se restringe a los seres vivos sino que abarca también a los seres muertos que aun recordamos y además, la ética se ocupa también de nuestra relación con la naturaleza. Difiero con Claudio Vargas cuando señala que las relaciones con los animales sea una especie de “contrato natural” ya que el contrato se refiere a la relación de dos o más seres dotados de consciencia e inteligencia plenas, cosa que no es el caso de la relación hombre-animal. En todo caso, se trata de una relación ética ya que una parte importante de la relación entre seres humanos, pasa por la mediación de otros seres naturales y de las cosas.

Hay dos elementos de juicio importantes a tomar en cuenta en la relación ética hombres-animales. Primero, en todas las culturas del mundo se ha concebido esta relación, pero ella ni es única y además ha sido variable en el tiempo es decir, las culturas han concebido esta relación en forma diversa y cambiante. Segundo, no hay ni ha habido una relación que, como todas las relaciones, es apreciada y concebida culturalmente, se considere o se pueda considerar como la verdad total y de aplicación universal. Los principios éticos son creaciones de las sociedades humanas y en ellos hay algunos elementos que más o menos se han repetido en muchas de las culturas existentes pero también hay diferencias y evoluciones distintas. La diversidad cultural y dentro de ella la ética, es un hecho fundamental que hay que subrayar.

Otro aspecto esencial a considerar es que la ética no está formada por aseveraciones aisladas unas de otras y que éstas sean válidas por si mismas; por el contrario, toda relación ética forma sistema y todo valor ético sólo tiene sentido por el conjunto de relaciones de unos con otros en el interior del sistema en que se encuentran inscritos. Por eso a la palabra crueldad se le debe concebir y evaluar no en abstracto sino en el interior de una sociedad y de una cultura. El diccionario de la Real Academia da tres acepciones para esta palabra: inhumanidad, fiereza de ánimo e impiedad. El diccionario francés Petit Robert la concibe como: tendencia a hacer sufrir. El concepto de humanidad y por ende, el de inhumanidad, ha cambiado mucho a lo largo de la historia y de las sociedades y por consecuencia, también lo que se concibe como inhumano. El hacer sufrir y la impiedad, son hechos que han existido siempre y generalmente han sido condenados, pero también en todas las sociedades que permiten el hacer sufrir y la impiedad como por ejemplo en tiempos de guerra o los tratos de la “Santa Inquisición” que duró hasta principios del siglo XIX. Antes se pensaba que los animales no sufrían y por ende, se podía ser cruel con ellos. Hoy sabemos que al menos, todos los que tienen un sistema nervioso por simple que sea, sufren.

Otro principio clave que hay que tener en cuenta en todo tipo de éticas es que, cualesquiera que sean sus preceptos, éstos deben ser generales y aplicables siempre independientemente de quién los lleve a cabo; las excepciones (que casi siempre existen) deben ser claras y justificadas en términos de la propia cultura. Por ejemplo, sólo se puede matar en la guerra y en caso de que ésta sea justa.

Establecido lo anterior, volvamos a los argumentos que me presenta. Gerardo de la Concha dice: “Las corridas de toros son un hecho cruel, semejante en este aspecto a la tortura que se somete a los animales en otros ámbitos (rastros, industria alimentaria, cósmetica, etc.), el problema con la fiesta taurina es que la gente se divierte con ello, disfruta de esa crueldad”. Debo señalar que si la crueldad contra los animales es condenable, entonces esta proposición se le debe aplicar a cualquier crueldad contra cualquier tipo de animal”. La diversión con la crueldad en los toros es discutible; en los toros hay actos de crueldad es cierto pero, la diversión no deriva de ellos sino de la calidad del toreo, de la emoción que surge por el peligro que vive el torero, del mando y dominio que éste tenga sobre el toro y de lo que se considera como una relación estética que se produce en los pases, tandas y faenas. La crueldad es uno de los componentes que está muy lejos de ser la totalidad del toreo. Aun aceptando que es muy chocante la diversión en los toros, hay que señalar que no hay gran diferencia con el placer bucal y colectivo que produce un plato de carne compartido en una comida entre varios comensales. En el segundo caso, el grueso de la carne consumida y los cientos de miles de animales sacrificados cada año no se hace por necesidades alimenticias (ya que se puede estar muy bien alimentado consumiendo poca carne) y además, los comedores de carne la suelen consumir en cantidades que van mucho más allá de sus necesidades alimenticias. En las corridas y en los platillos los animales son sacrificados no para las necesidades biológicas sino por placeres personales y culturales. Si la crueldad es reprobable, lo es en los dos casos. La supresión de las corridas de toros debería estar ligada a una reglamentación muy estricta de las cantidades de animales sacrificados (no hay forma de dar muerte a un ser vivo en forma benigna ya que toda muerte es cruel), debería estar sujeta a una estricta reglamentación en términos de las estrictas necesidades biológicas de una sociedad determinada. Bastaría de sobra comer carne cada 10 o 15 días.  Aplicar solamente a los toros el rechazo a la crueldad es parcial, no general y por tanto, no ético. Habría que demostrar que el sacrificio de los animales para alimentación es ético en término de la cultura de defensa de los animales que se pregona.

La crueldad no sólo se da en la muerte del animal, también proviene de la forma de vida de éste. Hoy día, un porcentaje de animales destinados al consumo de carne se les da un trato de crueldad impresionante. La inseminación es artificial por lo que se les suprime el derecho al sexo además, su natural pulsión sexual no puede realizarse porque se les sacrifica muy jóvenes para que la “carne sea de mejor paladar”. A los animales, se les mantiene en lugares muy pequeños y casi sin moverse y así el derecho de todo  ser vivo al movimiento y relación con la naturaleza les queda suprimido. Las gallinas en los gallineros modernos viven auténticas cámaras de tortura día y noche lo mismo que en el caso de los cerdos.

Hoy está claro que sólo una parte pequeña del mundo puede comer carne ya que el planeta es ampliamente insuficiente para que todos los humanos consuman carne. Además, si diminuyesen con fuerza el número de animales, la disposición de alimentos para el ser humano crecería notablemente y el hambre mundial disminuiría. El sacrificio de toros bravos sólo alcanza a algunos miles en los lugares en que hay corridas frente al sacrificio de animales para la alimentación superflua. Así, el daño a los animales, a la ecología y a las posibilidades de alimentación mundial es infinitamente más elevado que se origina en el consumo alimenticio que al que proviene de la corrida de toros.

Yo estoy de acuerdo, sí hay que reducir o suprimir la crueldad contra los animales, hay que hacerlo en serio y entonces, hay que dictar leyes que cambien todo el sistema mundial de producción de carne y de alimentación. Concentrarse solamente en las corridas de toros conduce a únicamente a una ilusión sin fundamentos en la creencia de defensa de los derechos de los animales. Por eso yo estaría más de acuerdo con el argumento de Radamanto aunque me parece un poco excesivo considerar a los animales como mis hermanos; no hay duda de que los seres humanos somos un tipo especial de simios pero no necesariamente hermanos de toros, vacas, borregos, etcétera.

El caso de Francisco y el Correbous es un argumento más para caracterizar la hipocresía de la ley catalana.

El argumento del físico español Jorge Wagennsberg citado por Claudio Vargas, sobre espectáculos en donde hay crueldad para los animales, ya también está considerado en mis argumentos anteriores. El otro argumento de Claudio Vargas, en el sentido de que la prohibición de las corridas es “parte de ese progreso moral sobre el que, por lo demás, se fundan las posibilidades de construir civilidad, es decir civilización”, ya lo traté en mi artículo “Toros: antropología de la crueldad” al señalar que la palabra civilización es profundamente inadecuada para tratar el caso, ya que ésta ha sido usada ampliamente en la historia para justificar todo tipo de colonialismos brutales, de genocidios realizados contra otras poblaciones por los europeos e incluso, se usó a la “civilización” para justificar las atrocidades del esclavismo.

Hay otro aspecto a considerar: la ética en la relaciones hombre-animal. No todas las infracciones a una concepción ética tienen el mismo grado de gravedad. Casi todas las éticas toman en cuenta el hecho de que “según el sapo es la pedrada” y por ende, hay que calificar la gravedad de las transgresiones cometidas. Así, de todas las barbaridades, crueldades, crímenes, etc., que hace el hombre en la actualidad y aun aceptando (por hipótesis) el punto de vista de los anti-taurinos, la crueldad que se realiza en las corridas de toros es una de las faltas menores que se cometen si se consideran todas las que cotidianamente se realizan. La cultura a la que yo pertenezco y a la ética contenida en ella, conduce a que debería de concentrar mis esfuerzos en contra de la crueldad en muchos otros lugares en donde la gravedad y extensión de la misma es mucho más elevada. Un desempleado, un ser que vive en la pobreza o en la miseria, reclaman en mi visión ética de la vida una atención mucho mayor e inmediata. De ahí mi lucha cotidiana en contra de la política económica neoliberal que nos aplican y que considero criminal.

Finalmente, debo señalar que respeto mucho, tanto a las personas como a sus argumentos  de aquellos que difieren de mis posturas y que el artículo de Claudio Vargas, lo encuentro bien hecho e interesante y por eso discutible. Sólo quiero dejar en claro los argumentos analíticos que me diferencian de las actuales posturas anti-taurinas. Al respecto ni yo ni nadie, tenemos la verdad absoluta y debemos ser respetuosos del otro. Pero, si no se parte de la verdad absoluta, la prohibición de las prácticas sociales y culturas de otras personas carece de todo sentido.

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1 comentario en “Corridas de toros y ética en la relación hombre-animal”

  1. Aparte de excelente economista, estupendo taurófilo. Felicidades, Juan. No le veo acuerdo posible a esta polémica que es tan antigua como la cita de Schopenhauer, “El hombre ha hecho de la Tierra un infierno para los animales”. Sólo espero que cuando la Dictadura de lo Políticamente Correcto irrumpa en las plazas mexicanas, tengamos el mismo ímpetu del toro de lidia para defender nuestra afición y no acabemos reculando como ya lo hemos hecho en todos los ámbitos donde esos “iluminados” arriban con su moralina deidológica, pero sobre todo, intolerante. Un abrazo.

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