Olé! por Cataluña

Escrito por on jul 30th, 2010 y archivado en Destacado, Ensayo y Opinión, Galería Fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Olé! por Cataluña

Los toros son ángeles que llevan cuernos.

Pablo Picasso

Si, lo sé: el título de este artículo es predecible y totalmente naif. Pero al leer hoy día – miércoles 28 de junio– en la prensa española en Internet que, siguiendo el ejemplo de Canarias de 1991, el Parlamento de Cataluña prohibió la celebración de corridas de toros en la comunidad catalana por 65 votos a favor, 55 en contra y 9 abstenciones, no pude reprimir que la dicha exclamación saliera de mi boca de forma tan espontanea como, por razones muy diferentes y en circunstancias del todo distintas, surge de la boca de las personas que gustan de asistir a tales corridas… lo único que puedo alegar en mi defensa es que el pudor me impidió continuar la celebración bailando una pieza de flamenco, estilo de baile que, lo olvide por un momento, no sé ejecutar y que, por lo demás, me resulta tan antipático como los muchos villamelones que suelen abarrotar las plazas de toros.

De acuerdo a lo aprobado por el Parlamento catalán, la prohibición entrará en vigencia el primer día de enero del 2012. Para llegar a buen puerto la propuesta tuvo que recorrer un dilatado trayecto que se inició el 11 de noviembre de 2008 cuando el Parlamento catalán recibió una Iniciativa Legislativa Popular que proponía prohibir las corridas taurinas en toda Cataluña. Los proponentes contaban con 120 días hábiles para obtener las 50 mil firmas de ciudadanos que la ley les exige para que se incluyese en la agenda de legislativa y para que, en una primera instancia, se votase en el legislativo la pertinencia o no de debatirla, y en su caso, aprobarla o desaprobarla. El 5 de julio de 2009 -el mismo día en que el mata-toros José Tomás llenaba las 19 mil localidades de la Plaza Monumental de Barcelona – el Parlamento catalán recibió 180 mil firmas y el 18 de diciembre de ese mismo año aceptaron debatirla con 67 votos a favor y 59 en contra.

Durante una buena parte del primer semestre de 2010 el Parlamento se dedico a revisar la propuesta. Según las crónicas de diversos medios españoles, las debates, en los que además de los legisladores participaron un buen número de expertos en diferentes disciplinas, fueron de un alto nivel y lo suficientemente abiertos como para que se atendiera la gran variedad de ámbitos que el tema ofrece: el económico, el turístico, el social, el laboral, el cultural, el ideológico, el legal y, claro, el asociado a la suerte de los toros de lidia tanto en lo referido a su capacidad de sobrevivencia en ausencia de las corridas como el relativo al inevitablemente maltrato que sufren los animales en estas corridas, asunto este último que alentó y, a fin de cuentas, fue la justificación mayor de la propuesta abolicionista.

El físico español Jorge Wagennsberg inició su defensa de la propuesta legislativa el pasado 3 de marzo durante los debates diciendo: “No es admisible un espectáculo que requiera el sufrimiento de un ser vivo.” Añadió que, no obstante gustar el mismo de la fiesta taurina, está convencido de que “abolir los espectáculos que requieren sufrimiento se enmarca dentro del progreso moral de una comunidad”. Pese a que prácticamente desde que surgió la iniciativa antitaurina y hasta el día de hoy no ha faltado quienes han visto en este episodio sino una lamentable y fatigosa expresión de un viejo conflicto político y cultural entre Madrid y Cataluña, entre patriotas españolistas y nacionalistas catalanes, etc., creo que no es difícil reconocer en este par de aseveraciones de Wagennsberg tanto el espíritu del la iniciativa legislativa como del resultado de la votación en el Parlamento catalán y, por extensión, por las razones de porque hay que aplaudirlo.

En efecto, la abolición de la corrida de toros forma parte del progreso moral de una comunidad toda vez que supone el no admitir, por medios jurídicos legítimamente establecidos, que tengan lugar espectáculos públicos donde el infligir daño y matar a los animales es no sólo un acto deliberado sino, de hecho, una parte central de su razón de ser. A diferencia de otros ritos, de otras ceremonias donde se enfrentan la vida y la muerte, en las corridas de toros, el matar no es una alegoría o una metáfora sino que hay una víctima y un matador y, como dice Elías Canneti, “se mata de verdad [y] millares ven esa muerte y la multiplican por su excitación” (Masa y poder, 1982).

No puede también sino considerarse como parte de un progreso moral el que una comunidad considere que los toros -como otros seres vivientes aptos para tener una vida con la suficiente complejidad y sensibilidad como para, entre otras cosas, ser capaces de sufrir- tiene tal valor y son tan merecedores de tener una vida y una muerte libre de dolor como para abstenerse de celebrar una fiesta cuyo momento culminante es su sacrificio. Finalmente el considerar que no es admisible que sea parte de nuestras prerrogativas cívicas o políticas el poder organizar espectáculos públicos como las corridas es también parte de ese progreso moral sobre el que, por lo demás, se fundan las posibilidades de construir civilidad, es decir civilización.[i]

La prohibición de las corridas de toros no significa, por supuesto, que desaparecerán o aminoraran otras formas de maltrato, tortura y usos de los animales que son toleradas sino es que plenamente aceptadas por muchos sectores de la población, incluyendo los más fervientes anti taurinos. De hecho lo que se impone es una reflexión muy amplia en torno a lo que son y pueden ser las relaciones entre el hombre y los otros seres vivientes con que compartimos el planeta, reflexión que guie el advenimiento de lo que se ha dado en llamar un nuevo contrato natural y que evite lo mismo las imposturas y excesos del fundamentalismo ecologista como las trampas que supone el simple peso de ciertas inercias, inercias que algunos llaman tradiciones con el noble afán de otorgarles un prestigio cultural que, acaso, de otra manera no tendrían.

La decisión del Parlamento catalán no pone fin al debate entre los que apoyan la fiesta taurina y quienes se oponen a ella. No sólo porque es de esperar que, por un lado, se presenten en otras comunidades españolas iniciativas similares a la catalana (al menos en Madrid ya se anuncian) y, por el otro lado, porque es también previsible el activismo legislativo y políticas que por su causa desplegarán en los próximos meses los aficionados y profesionales del toreo. Pero, más allá de ello, puede ser que a partir de esta semana la historia del toreo puede comenzar a reescribirse no tanto por lo que ocurra en el ruedo sino por lo que pase fuera de él.

Textos relacionados:

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¿Qué hay detrás de los toros?

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[i] El lector interesado en el tema o simplemente curioso puede consultar con provecho el Capítulo VI del libro Las fronteras de la justicia. Consideraciones sobre la exclusión (2007) de Martha C. Nussbaum y el libro de J.M Coetzee, La vida de los animales (2001).

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4 comentarios en “Olé! por Cataluña”

  1. “Sancta simplicitas”… Claudio, creo que debiste haber leído el texto de la ILP antes de desgastarte en usar los manidos argumentos de los animalistas. El trasfondo real de todo ese asunto es político, de catalanes contra españoles y no viene de noviembre del año pasado, sino quizás de más atrás.

    Y no es todavía la decisión final. Ya tendrán, como dicen los americanos, su “day in court” y jurídicamente, eso no tiene sostén alguno, además de que políticamente caerá por su propio peso, junto con los que votaron a su favor.

    Un abrazo.

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  2. Refugacha dice:

    Si África empieza en los Pirineos, por la parte de la antigua frontera con Europa-UE-en esa parte del Robellón-Cataluña- las montañas son mas chaparras, lo cual hace posible que pasara mas cultura que ha otras partes de la península, que siguen ancladas en costumbres del Borbón Fernando VII.

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  3. Jesús E. Martín J. dice:

    ¡Olé! por Claudio, que muestra en sus primeras líneas hasta donde esta imbricada en la idiosincracia mexicana la fiesta brava. Por supuesto no es la primera prohibición histórica de los Toros, en México, en todo México también se prohibió y ahí está, como la Puerta de Alcalá, por continuar con la alegoría hispana. ¡Qué bueno fuera que fuera un buen paso en la transformación del hombre! No lo creo, aunque lo deseo. Mientras tanto y para quitarme el mal sabor de boca de las corridas de toros, lo crudo y violento de la fiesta, lo inhumano del actuar humano, veo los noticieros…

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  4. El Compadre Realista dice:

    He tenido una diferencia de opinión con mi Compadre Juán Pueblo ya que él dice que por un lado acepta que esta fiesta (sic) es una carnicería pública pero tambien sabe perfectamente que fué educado en la creencia (como la religión, sin tener derecho a cuestionar, para preservar dicho fanatismo) de que es un espectáculo maravilloso (sic y recotra sic).
    Por otro lado, si la desición de Cataluña de prohibir la excibición pública de esta carnicería fuera política, ¿por qué no prohibieron el fut bol ó el tennis ó el ciclismo, que son deportes, en donde mundialmente, España ha sido reconocido que tienen muy buenos representantes???.
    Y me pregunto, los que defienden este espectáculo ¿también defenderán la pelea de perros?. Y yo mismo me respondo…por la naturaleza de esta diversión es muy posible.
    QUE NO…

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