El día después

Escrito por on Jul 10th, 2010 y archivado en Destacado, Diálogo Privado, Galería Fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

El día después

Desde luego, todo es cuestión de enfoques. Pero diría yo que en términos de población, el PRI salió perdiendo en relación con las gubernaturas.
“Salimos tablas”, me dijo un priísta de esos muy optimistas.
–¿Por qué tablas?
–Porque fuimos a las elecciones con nueve gubernaturas y salimos con nueve.
Pero como digo: todo es cuestión de enfoque.
Porque resulta que los tres estados que el PRI le arrebató al PAN y al PRD -Zacatecas, Aguascalientes y Tlaxcala- suman cuando mucho tres millones y medio de habitantes. En cambio, Oaxaca, Puebla y Sinaloa, entre los tres andan cerca de los 11 millones. Algo así como si el PRI hubiese pagado en dólares y a cambio recibió pesos. Digo, si se me permite ejemplificar en forma tan elemental.
Ayer mismo un analista me comentaba, vía telefónica, que cuando el PRI postula buenos candidatos no hay quien le gane. Así sucedió en Tamaulipas, donde arrasó materialmente.
Por lo demás, las elecciones del domingo dejaron lecciones trascendentales.
En primer lugar porque una vez más quedó demostrado que cuando los gobernadores se encaprichan en imponer a sus delfines, el PRI se divide y pierde en las urnas.
Cuánta razón tenía JESÚS MURILLO KARAM, cuando dijo a propósito de la ruptura del PRI en Sinaloa, que su partido siempre pierde cuando hay dos o más buenos candidatos porque se divide y a la hora de la votación muchos militantes le dan la espalda al candidato tricolor. Y eso, exactamente, fue lo que ocurrió en Sinaloa. Al PRI lo derrotaron los propios priístas inconformes con la imposición del gobernador Jesús Aguilar Padilla.
Una segunda lección, tiene que ver con la gestión del gobernador saliente. En Oaxaca la derrota estaba cantada desde hace tiempo. De hecho, dos ex gobernadores operaron en contra del candidato del PRI. Ellos son, Diódoro Carrasco y José Murat. En este Estado una buena parte del priísmo le cobró muchos agravios al gobernador Ulises Ruiz, algo similar a lo que sucedió en Puebla, donde el hartazgo que Mario Marín provocó en muchos poblanos se reflejó en las urnas.
Sin embargo, aquí hay algo que vale la pena discernir: el candidato de la alianza PAN, PRD, Convergencia, Rafael Moreno Valle, es un muy prestigiado poblano, abogado por la Universidad de Boston y licenciado en Economía y Ciencias Políticas. Se trata de un ciudadano con carisma, con buena reputación, sin taches en materia de honestidad y trayectoria. Moreno Valle es nieto del ex gobernador de Puebla y ex secretario de Salud con Díaz Ordaz, Rafael Moreno Valle. Como su abuelo, el hoy triunfante candidato fue priísta. Con las siglas del PRI fue diputado federal y diputado local. Fue presidente de la Gran Comisión del Congreso Poblano y coordinador del Grupo Parlamentario del PRI. Fue secretario de Finanzas y Desarrollo Social, en el Gobierno priísta de Melquiades Morales y, antes, asesor de Manuel Bartlett Díaz. Esta breve reseña del candidato victorioso en Puebla, me lleva al siguiente punto, que debe asumirse como una lección, esta vez, para el PAN y el PRD.
Verá: si se fija bien, se dará cuenta, dilecto lector, que los tres triunfantes de la coalición PAN y PRD –más los liliputienses oportunistas PT y Convergencia- se lograron con candidatos pirateados al PRI.
Ninguno de los tres surgió de los cuadros panistas o perredistas.
El MALOVA es el más reciente de los priístas “capturados” por Acción Nacional. Le sigue Moreno Valle, de Puebla. Y con más antigüedad en las filas perredistas –pero sobre todo, en el lopezobradorismo- Gabino Cué, que se formó en el PRI, al lado del entonces también priísta, ANDRÉS Manuel López Obrador.
Aquí, justamente, se encuentra la lección: el PAN y el PRD no han logrado construir nuevos cuadros.
Por eso se mantienen al acecho, merodeando en las cercanías del PRI, para “cachar” cuadros resentidos del priísmo. Les ha funcionado, pero a un alto costo en imagen y en ética política. Bueno, si es que en política existe la ética.
Una lección adicional se refiere a las empresas encuestadoras. Usted estará de acuerdo que en Sinaloa todas hicieron el ridículo. Incluso, Consulta Mitofsky, la de Roy Campos, siempre él tan cuidadoso, tan cauto. Pero en Sinaloa los indecisos, ese segmento de elusivos votantes lo chamaquearon.
Pero como digo: la lección más importante es para los gobernadores soberbios que, asumiendo actitudes autocráticas, imponen a quien supone será el que les cuidará las espaldas, como fue el caso de Ulises Ruiz en Oaxaca, el de Mario Marín en Puebla, y el de Aguilar Padilla en Sinaloa.
¿Porqué diablos los gobernadores –y en general, todo gobernante que se sabe poderoso, sin ningún contrapeso ni al interior de su Estado ni en las alturas del poder en México- creerán que, imponiendo de candidato a uno de los suyos, podrán seguir moviendo los hilos del poder más allá del mandato constitucional? Es como si ninguno de ellos hubiese abierto un solo libro de historia. Si conocieran la historia, sabrían que el que tiene el poder lo ejerce. Y que una manera de consolidarlo, es deshaciéndose del antecesor.
En México esta experiencia la han sufrido muchos ex presidentes. Desde luego, el pasaje más ejemplificativo, es el de 1936, cuando el Presidente Lázaro Cárdenas, impuesto por quien se decía su padre putativo, Plutarco Elías Calles, expulsó al hasta en ese momento “Jefe Máximo” del país.
Algunos recordarán el triste despertar a la realidad de Echeverría, que pensó que su amigo de la adolescencia, López Portillo, sería fácil de manipular. JLP le metió a media docena de ex colaboradores a la cárcel. Y al propio LEA lo mandó a un exilio dorado al exterior. Y ocurre lo mismo en los estados.
En política, para poder ser hay que deshacer, solía decir un ex presidente. Tal es la cuestión.
Déjeme decirlo: En Tamaulipas el gobernador Eugenio Herández impuso al candidato Rodolfo Torre Cantú. Asesinado éste, volvió a imponer candidato, esta vez en la persona del hermano del occiso, Egidio Torre. Pero no fue una imposición arbitraria. Fue consensada. Y lo hizo en una forma racional, pues ambos hermanos han gozado de simpatía y prestigio en la Entidad. Por eso tiene razón el analista que me dijo ayer que cuando el PRI postula a un buen candidato, no hay quien le gane.
Algo más: César Nava logró salvar el pellejo. Es decir, que le fue mejor que a su antecesor en la presidencia del PAN, Germán Martínez Cázares. Y es que si bien el resultado no fue como para presumirlo, lo cierto es que fue mucho mejor de lo que en el propio PAN esperaban.
Ganaron tres estados emblemáticos para el PRI. Perdieron tres entidades pequeñas, pero fueron derrotados arrasadoramente –los panistas- en las locales de Baja California.
El PRI triunfó en Tijuana, en Mexicali, en Rosarito, en Ensenada y en Tecate. Y ganó trece distritos.
En Aguascalientes el PRI se llevó un triunfo a la vieja usanza: Carro completo. Con excepción de dos distritos electorales que ganó Acción Nacional con dos candidatos que trabajaron muchísimo y con bastante antelación. José Luis Novales y Jose Angel González “Paquin” realizaron una campaña de mucha penetración y era difícil que perdieran la elección. El rival de Paquín, Jorge Durán, es la segunda elección que pierde – y seguiditas-, por lo que debe considerar que la política no es su camino pues la población ya lo rechazó dos veces y eso está como para pensarse.

A Martín Orozco y su grupo no le alcanzó. El triunfo se veía difícil pues no era solo contra el PRI y su alianza con los otros partidos. Desde semanas antes se pudo observar el trabajo que desde las altas esferas se estaba realizando para que no ganara Orozco. Esta situación es histórica pues jamás en la historia de Aguascalientes se había dado esta voltereta para impedir que un candidato del partido del mismo mandatario fuera bloqueado, en este caso de manera tan evidente. Bien lo decía don Carlos Madrazo: “En política los amigos no son de a de veras, los enemigos sí”. Martín Orozco ya lo comprobó al cien por ciento.

Y ya a casi a una semana de la elección no se habla de otra cosa que de las elecciones del pasado domingo. Y es que cada quien ve las cosas a su manera. Los panistas, por ejemplo, festejan sus triunfos en Oaxaca, Puebla y Sinaloa. No se les regatea razón. Pero el asunto tiene sus bemoles, no crea usted. Alguna vez ya lo he dicho: PAN y PRD –me abstengo de mencionar a los “enanos convenencieros” por puritita pereza- fueron a las elecciones de esos estados con candidatos pirateados al PRI.
Sin pudor, sin ética, sin principios, sin dignidad política pasaron por alto la herencia de Manuel Gómez Morín con tal de ganar tres gubernaturas. ¡Ah, si Gómez Morín resucitara por Dios que se vuelve a morir!
La verdad sea dicha, hay cosas muy importantes que no se han analizado cuidadosamente por estar enfrascados en los triunfos y las derrotas en las elecciones de gobernador.
Todo esto, muy a pesar de que en algunos estados donde ganó el PRI, el tricolor retrocedió sustancialmente en número de municipios ganados. Como en Veracruz y Quintana Roo. Pero a cambio, arrasó en Baja California, donde después de más de veinte años de no ver la suya, ganó en Tijuana, Mexicali, Ensenada, Tecate y Rosarito. Y triunfó en 13 de los 16 distritos. O sea, que va a co-gobernar el Estado con Acción Nacional.
Vale la pena consignar lo que usted ya sabe desde el domingo pasado por la noche: que el PRI ganó todos los ayuntamientos de Aguascalientes y la mayoría de los distritos. Y claro: la Gubernatura así como la mayoría en el Congreso.
En el mapa político nacional tenemos otra situación digna de comentar: El PRI será mayoría en 12 de los 14 congresos estatales cuya renovación estuvo en disputa. Llama la atención que en el Norte y Noreste del país, el PRI avasalló literalmente en las elecciones. En Chihuahua, por ejemplo, todo –o casi todo el monte será de orégano para el PRI. Y no se diga en Tamaulipas.
Las lecciones que dejaron las elecciones los son para todos los partidos políticos. Y ya verá usted cómo, andando el tiempo, las alianzas “contra natura” se desintegrarán cuando entren en colisión. Y es que a fin de cuentas no pueden ir contra su propia naturaleza. Contra su razón de ser. Contra su identidad original.
¿Se imagina usted el predicamento en que se encontrará Gabino Cué, el futuro gobernador de Oaxaca, cuando tenga que decidir entre el PRD –o entre López Obrador- y el PAN, de cara a la sucesión del 2012?
Lo veo venir: igual que ocurrió en Chiapas y en Nayarit, terminará pulverizada la mentada alianza. Y si no, tiempo al tiempo.
Ciertamente, los partidos y la política en sí misma, se han vulgarizado. Se han perdido los valores fundamentales que dieron origen a los partidos. Al menos a los tres principales, que surgieron de movimientos sociales y filosóficos admirables, con verdadera altura de miras.
Por eso, como le comentaba en días pasados a un auténtico panista: no haya nada para celebrar en Acción Nacional. En términos simples, diría yo que el PAN no ganó maldita la cosa en Oaxaca pero el PRD tampoco obtuvo nada sustancial en Sinaloa. Y en Puebla PAN y PRD van en igualdad de circunstancias, con un candidato triunfante que nació en cuna priísta, se forjó en escuela priísta y por sus venas corre sangre priísta. ¿Qué festejan? ¿Dónde están los cuadros construidos por el PAN y el PRD? No los tienen, nos los han construido.
El PRI, por su parte, como partido, sigue siendo rehén de los nuevos caudillos estatales. Cada Comité Directivo Estatal ha sido captado por el gobernador en turno para ser utilizado en su proyecto personal.
Los resultados están a la vida. ¿Sabe usted porqué el PRI arrasó en Baja California?
Muy simple: porque allá el CEN del PRI, es decir, la dirigente nacional Beatriz Elena Paredes, si pudo operar el proceso interno para que de ahí surgieran los mejores candidatos. Por eso avasalló.
Y porque la ciudadanía se encuentra desencantada de sucesivos gobernadores panistas enclenques, sin agallas, que han pasado por la gubernatura con más pena que gloria. Total, que en las elecciones del 4 de julio, cada partido pagó sus propias culpas. Y curiosamente, cada uno se benefició de los errores históricos del otro.

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