¿Por qué es necesario conservar y fortalecer el IMAC?

Escrito por on may 21st, 2010 y archivado en Cultura, Destacado, Galería Fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

¿Por qué es necesario conservar y fortalecer el IMAC?

En una entrevista al actual alcalde de Medellín, Colombia, Alonso Salazar, se le preguntó acerca de cuál ha sido la clave para disminuir considerablemente el clima de inseguridad que esa ciudad padecía ocasionado por el crimen organizado. Su respuesta fue contundente: “Al narco se le vence con Cultura… no sólo con la fuerza represiva del Estado”. Y agrega: “la ciudad de Medellín tiene un presupuesto cultural mayor al Ministerio de Cultura nacional”.[1]

Una ciudad con vida cultural vibrante, es un lugar donde sus habitantes transitan por el camino seguro al desarrollo. La cultura es un proceso general de creación humana y cohesión social, conjunto de valores, creencias y costumbres que contribuyen a la formación de una identidad. En este sentido, es necesario considerar la cultura como un cuarto pilar de la sostenibilidad y desarrollo local que —conjuntamente con el factor económico (que genera riqueza), el social (que distribuye la riqueza) y el ecológico (que conserva el entorno para el futuro) — logra afianzar el tejido social y permite al ser humano lograr plenitud.[2]

Es claro que los valores intrínsecos de la cultura (memoria, creatividad, conocimiento crítico, ritos, excelencia, estética, diversidad, entre otros) están siendo cada vez más importantes para el desarrollo humano. Las políticas públicas de las principales ciudades del mundo reconocen cada vez más este hecho y lo recogen en sus agendas culturales. Se tiene claro que a través de la cultura se forman ciudadanos.

Como bien los concibe el premio Nobel de Economía de 1998, Amartya Sen, la cultura da libertad a los hombres y mujeres, una libertad que significa “elevar las vidas que llevamos y las libertades que disfrutamos […] que nos hacen personas socialmente más completas, que ejercitan sus propios deseos (entendidos como capacidad de hacer elecciones deliberadas), interactúan e influyen en el mundo en el que vivimos”.[3]

El tipo de libertad a que hace referencia el párrafo anterior, por ser intrínsecamente importante como objetivo del desarrollo, es materia ineludible de las políticas públicas. Los valores, creencias y costumbres propias de los integrantes de una comunidad, incluida la influencia de la cultura de otros sitios, forman lo que finalmente es nuestra manera de concebirnos a nosotros mismos y la manera de actuar hacia los otros, es lo que alimenta la solidaridad, la actitud crítica y proactiva para resolver juntos nuestros problemas. Como lo afirma Philipp Dietachmair, lo que hace que las comunidades locales “sean abiertas o cerradas, aburridas o inspiradoras, vibrantes o vigorizantes, satisfactorias o desilusionantes, y por último —lo que no es poco— vivas o muertas, depende por tanto de cómo una ciudad se aproxime a sus temas culturales y fije su política de actuación frente a los mismos”.[4]

México ha firmado tratados internacionales que aceptan como fundamental el derecho a la cultura, es decir al nivel del derecho a la vida, a la salud o la educación, lo que significa que el país ha adquirido el compromiso de dotar a sus habitantes de las condiciones necesarias para que cada uno elija de manera libre lo que de la cultura le parezca, que lo identifique y le es propio.[5]

La acción del gobierno, principalmente en el orden local, tiene la posibilidad de garantizar que los habitantes de la ciudad puedan llegar, a través de la cultura, a un desarrollo humano más integral.[6] Los gobiernos municipales, al corresponder a la instancia política más cercana a la vida cotidiana del individuo y la comunidad, es donde la formulación e implementación de políticas culturales pueden tener resultados positivos de forma directa, pronta y particular.[7]

Esto fue reconocido por la gestión municipal de Aguascalientes del periodo 2008-2010 encabezada por el Ingeniero Gabriel Arellano emanado del Partido Revolucionario Institucional. Con la idea de generar una acción pública trascendente en materia cultural, el alcalde invitó como director de la entonces Dirección de Cultura y Educación, adscrita a la Secretaría de Desarrollo Humano, al Doctor Andrés Reyes Rodríguez, reconocido historiador y profesor universitario local, quien había contendido en el mismo proceso electoral por la Alcaldía de la capital por el Partido de la Revolución Democrática. Este hecho fue leído por varios intelectuales de la comunidad artística de la entidad como una oportunidad para articular desde el gobierno local una política cultural para el municipio.

Se revitalizó la figura del Consejo Consultivo para la Cultura y las Artes mediante su renovación, se integraron personalidades como Jorge Galván (teatrista), Eduardo Martín Jáuregui (crítico cultural), Felipe San José (escritor), Pilar Ramos (pintora), Silvia Ríos (promotora cultural), Enrique Rodríguez Varela (promotor y crítico cultural), Oscar Giacinti (pintor y gestor cultural), entre otros. Este Consejo, el equipo conformado por el Doctor Reyes Rodríguez en la Dirección de Cultura, además de la Regidora de Cultura y Educación, la Maestra Ma. Esther Pérez Pardo, empezaron a articular un proyecto para elevar de estatus la promoción cultural y artística desde el gobierno municipal.

La cultura en anteriores gestiones municipales de Aguascalientes era visualizada como simple entretenimiento, como oferta para el ocio de los habitantes de la ciudad. Si acaso el conjunto de actividades en el aniversario de fundación de la ciudad o el Certamen Histórico-Literario celebrado cada año era lo destacado en esta materia; las actividades realizadas desde la Dirección de Cultura y Educación se reducían a la programación de eventos populares en plazas públicas con presentaciones de cantantes vernáculos, imitadores, magos y payasos.

El proyecto del Instituto Municipal Aguascalentense para la Cultura (IMAC) se articuló a partir de la idea de convertirlo en un organismo público descentralizado para que institucionalmente tuviera la capacidad de encabezar la conformación de una real política cultural para la ciudad, que tuviera la capacidad de articular los esfuerzos de varios agentes culturales, provenientes de la sociedad y la iniciativa privada que fuera un instrumento útil a la población del municipio para el fortalecimiento de la identidad local y la cohesión social.

El diagnóstico incluía que en la ciudad se concentraban la oferta y la infraestructura culturales, manejadas por el Instituto Cultural de Aguascalientes (ICA), pero que el municipio tenía poca o nula influencia sobre acciones y procesos del ámbito cultural que eran importantes para el desarrollo local. No se trataba de competir con el ICA, sino de sumarse complementariamente, trabajar principalmente en las colonias, en los grandes fraccionamientos de la periferia, ahí donde la promoción cultural y artística tradicional no llega, donde incluso se tienen las más apremiantes necesidades de acciones articuladas para rescatar los espacios públicos que han sido tomados por la delincuencia, para hacer ciudad y formar ciudadanos realmente libres.

La idea original incluyó aprovechar los dos grandes activos con los que el gobierno local ya cuenta: la Banda Sinfónica Municipal y el apartado histórico del Archivo General Municipal. El primer activo es ampliamente reconocido por la población de Aguascalientes, y se hacía necesario generar una política de promoción que cambiara la idea que se tiene de que su función es la de amenizar los actos cívicos, festivales escolares, corridas de toros o incluso fiestas patronales. Se cree firmemente que la Banda puede recuperar parte de sus gastos de operación, y sin duda puede alcanzar otra posición artística y adoptar un rol activo en el rescate de la historia y tradición musical de la región. En cuanto al Archivo Histórico, la idea era convertirlo en un espacio desde donde no sólo se resguardaran los papeles considerados históricos (de 30 años atrás) de la administración municipal, sino que además se generara investigación a partir de la ampliación de la colección de documentos (en papel, visuales, auditivos y gráficos) que dieran cuenta de la memoria histórica de la vida del municipio más allá de la gubernamental. La idea era contar con un programa activo de difusión de la historia social, política, económica y cultural del municipio con la intención de contribuir activamente en la conformación de identidad local, ahí donde se cree no hay.[8]

Lamentablemente la sensibilidad política no es igual en todos los actores con capacidad de “hacer algo”, y el proyecto no recibió el suficiente apoyo. Si bien se logró que el IMAC se creara formalmente como organismo descentralizado del gobierno municipal, no logró su autonomía financiera de la ya para entonces llamada Secretaría de Desarrollo Social municipal, la Banda Sinfónica se transfirió al Instituto pero sin significar un aumento proporcional de los recursos (incluso esto representó la reducción del presupuesto real del organiso con respecto a la anterior Dirección de Cultura y Educación) y en cuanto al Archivo, aunque se mejoró sustancialmente la reglamentación en el Código Municipal para que quedara clara la trasferencia de los acervos del Archivo Administrativo al Histórico, en la práctica no se ha concretado la separación ni la reforma organizacional.

Esta situación y otras consideraciones personales hicieron que Andrés Reyes renunciara a la Dirección del IMAC en marzo de 2009. Pero el presidente municipal de entonces, consciente de las potencialidades del proyecto, nombró como director al maestro Víctor Sandoval, poeta y gestor cultural, un hombre con probada capacidad y actor que ha trascendido en esta materia en el orden nacional, quien a pesar de esto, tal vez por cansancio, no logró ‘cuajar’ el proyecto del IMAC y no pudo enfrentarse a los visiones miopes de políticos y burócratas de la actual administración municipal que ven en la cultura un gasto, y no una inversión, o que incluso al no ver ganancias políticas directas en estas actividades no las valoran en su justa dimensión.

Desaparecer el IMAC no es la alternativa. No se trata de un asunto que pueda o deba ser medido con la vara de “la eficiencia económica”. La cultura ofrece otro tipo de valor público a la sociedad. Una política cultural efectiva, bien diseñada y con impacto trascendental en el desarrollo local sólo puede ser articulada desde un espacio institucionalizado con las capacidades legales, organizacionales y profesionales necesarias para lograr esta importante tarea.

Aún si se considerara el criterio de costo-beneficio para invertir en la cultura, hay ejemplos claros de ciudades que han remontado su economía gracias a que sus habitantes, conscientes de su riqueza cultural, se convierten en los promotores de sus propios valores, costumbres e identidad. La cultura es sin duda una parte fundamental del desarrollo económico de una país, pues atrae al turismo, genera espacios atractivos para la convivencia y forma una ciudadanía preparada para enfrentar otro tipo de retos como el cuidado de su patrimonio, de su naturaleza y de sus recursos. Una exitosa inserción en un mundo globalizado, se hace desde lo local con una consciencia y orgullo de que quienes somos.

La figura de institutos o secretarías municipales de cultura está altamente difundida y validada tanto en la principales ciudades del país (ahí están los casos de León, Monterrey, Saltillo Durango, Puebla), como del mundo (el más conocido es el de Barcelona y para el caso de América Latina el de Medellín citado al principio). El lema adoptado desde un principio por el IMAC, “la Cultura es tu Derecho”, se dio a partir de una aceptación de la premisa de que sin una decidida promoción y difusión de la cultura, simplemente no hay ciudad para el futuro.


[1] “Al narco se le vence con cultura… no sólo con la fuerza represiva del Estado”: Entrevista a Alonso Salazar, en Milenio Semanal, México, 23 de agosto de 2009, http://www.msemanal.com/node/1057 (Consultado el 11 de mayo de 2010).

[2] Jon Hawkes, The fourth pillar of sustainability. Culture’s essential role in public planning, 2001.

[3] Amartya Sen en Garrett, Jan, 2003, Amartya Sen’s Ethics of Substantial Freedom, http://www.wku.edu/~jan.garrett/ethics/senethic.htm (Consultado el 19 de mayo de 2010).

[4] Philipp Dietachmair, “Introducción”, en Jordi Pascual i Ruiz y Sanjin Dragojevi?, Guía para la participación ciudadana en el desarrollo de políticas culturales locales en ciudades europeas, Fundació Interarts (Barcelona), Asociación ECUMEST (Bucarest), Fundación Europea de la Cultura (Amsterdam), 2007, p. 5.

[5] La relación entre cultura y derechos humanos está respaldada desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los Pactos Internacionales sobre Derechos Civiles y Políticos (1966), y sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966) y más recientemente a través de la UNESCO a partir de la Declaración Universal de la Diversidad Cultural (2001), y la Convención sobre la Protección y la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales (2005).

[6] Jordi Pascual i Ruiz, “Sobre la participación ciudadana en el desarrollo de políticas culturales locales en ciudades europeas”, en Jordi Pascual i Ruiz y Sanjin Dragojevi?, Op. cit. P. 13.

[7] Como ratificación de esta idea, los miembros de la Asociación Mundial de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU por sus siglas en inglés), firmaron el 8 de mayo de 2004 la Agenda 21 de la Cultura, como instrumento que expresa el compromiso de una ciudad por hacer de la cultura una pieza clave de las políticas urbanas y como símbolo de solidaridad y cooperación entre ciudades de todos los continentes.

[8] Hay un importante vacío de historias que den cuenta de los procesos de conformación de la identidad local en los nuevos fraccionamientos, tales como El Morelos, los Ojocaliente o los Solidaridad, por dar ejemplos.

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1 comentario en “¿Por qué es necesario conservar y fortalecer el IMAC?”

  1. Los institutos de cultura funcionan con proyectos solidos e inteligentes, no con el pedigree de un poeta que se volvio cabaret,,, y mucho menos con el beneplacito de algunos tetos intelectualoides,,,,,,,,,,,,,, Los artistas somos quienes le damos las glorias a los estados fallidos.

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