¿Cuidadores o descuidadores?

Escrito por on mar 10th, 2010 y archivado en Buhedera. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Fistol

Oooooooooootra reforma legal más, ahora oooooootra vez a la seguridad pública y justicia. ¿Penas mááááás severas ooooooooootra vez? Bueno, de acuerdo, pero que ahora sean aplicables no a los malandrines nada más, sino también a quienes deben proteger a la población contra ese flagelo pero son ineptos, omisos o corruptos: policías, soldados, jueces, ministerios públicos, carceleros, alcaldes, gobernadores…

FISTOLES Y PINES

Con gran tacto un acucioso queridolector me enmienda la plana: “Confieso que he usado muchas veces el pochismo pin, tanto por pereza mental como porque viviendo fuera del país era más fácil hacerse entender usando ese vocablo sin traducir. Me encuentro que según el diccionario el fistol es una especie de alfiler que siempre va en la corbata, no en la solapa, amén de que parece ser que lo que se adhiere a la solapa es más bien un broche, dado que consiste de dos partes, una de las cuales encaja en la otra. Además, el diccionario de la lengua española ya acepta el término ‘pin’, el cual define como Insignia o adorno pequeño que se lleva prendido en la ropa. Y no conforme con eso acepta también la otra acepción moderna, es decir, ‘pin’ como clave o contraseña numérica que da acceso a un servicio electrónico.” Mmm, qué orgullo, tengo un público de primera y queda claro que mis ocurrencias (o provocaciones) nunca le pasan impunes. Ahora que nuestra Madre Academia añade aun otra acepción al vocablo: fistol. (Del italiano fistolo, diablo). 1. m. México. Alfiler que se prende como adorno en la corbata. 2. m. p. us. Hombre ladino y sagaz en su conducta, y singularmente en el juego.

EMPRESARIOS

Lo advierte el gurú: este planeta es una especie de correccional cósmica donde hacen escala almas bastante manchaditas, en su larga ruta de reencarnaciones kármicas depurativas-evolutivas hacia la iluminación final e integración con Brahma. Hay matices, por supuesto: no es lo mismo la Madre Teresa de Calcuta que el Mochaorejas. Pero estos matices van del gris oscuro hasta la negrura profunda del secuestrador, el asesino serial y el político profesional. No esperes toparte en esta tierra con ningún espíritu gris clarito, ni mucho menos blanco; esos están en otros universos o en otras dimensiones. Así que entiendo la advertencia, la acepto y me resigno: “En esta tierra no hay, ni puede haber, caballeros”. Recuerdo la frase de mi tía Cristina (“Para ser éste un valle de lágrimas, no está tan mal) y declaro solemnemente que a los señores empresarios (los de verdad) yo los venero como ejemplares de lo menos piorcito que puede dar esta especie nuestra, pues crean algo, producen, fabrican, inventan, innovan. Precisamente por eso aborrezco a esa versión pervertida de su raza llamada “empresaurios”: parásitos, logreros, explotadores sin compromiso ni con su mercado ni con sus empleados ni con sus proveedores ni con el ambiente ni con su sociedad. Por eso admiro a los hombres de empresa, pero detesto a los hombres de presa. En cuanto a los empresarios, soy reaccionario a ultranza; respecto de los empresaurios, soy marxista intransigente. Considero que la más grave tragedia de México es que las sanguijuelas políticas han pervertido casi por completo a la auténtica clase empresarial, para convertirlos en socios empresaurios. Juntos, a dos bocas, se están acabando de chupar al país.

MATERNIDAD RESPONSABLE

Ahora está claro por qué Dios inventó la menopausia. Con las nuevas tecnologías de la fertilidad, una mujer de 65 años da a luz a un bebé. Cuando sale del hospital llegan sus familiares a visitarla y asombrarse con el milagro reproductivo. “¿Podemos ver al bebé?”, preguntan ansiosamente. “Todavía no”, responde la flamante madre, “espérense tantito.” Pasa media hora y vuelven a inquirir: “¿Ya podemos conocer al nuevo bebé?” “Todavía no”, dice la madre. Pasa otro rato y los familiares impacientes insisten: “Bueno, ¿cuándo vamos a ver al bebé?” “Cuando llore”, es la respuesta de la madre. “¿Cuando llore? ¿Por qué tenemos que esperar hasta que llore?” “Porque no recuerdo dónde lo puse.”

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