Es hoy evidente la acelerada degradación de la política en nuestro país al brotar como pus de un cuerpo enfermo la evidencia de negociaciones partidistas a espaldas y en detrimento del pueblo. Como en los mejores tiempos del circo romano, el tema hasta sirve de distracción para evitar que el pueblo cuestione los asuntos de fondo.
Asuntos que tienen que ver con el porqué México ha carecido de un verdadero desarrollo social, político, económico y cultural durante otro sexenio más, acumulando ya 30 años de pésimos resultados y concentración monopólica. A veces nos perdemos en los vericuetos de un intrincado sistema partidista que tiende más a defender posiciones, lemas, proclamas y privilegios que en las verdaderas demandas de los gobernados. El reclamo por lo fundamental fue sustituido por el afán coyuntural de las posiciones y privilegios partidistas manipulando de manera espuria la soberanía del sufragio ciudadano.
¿Alguien del gobierno actual ha explicado el porqué las cosas han venido de mal en peor en los últimos 30 años? En su más reciente “Evaluación de Gobierno” (Feb/10), Consulta Mitovski ® reporta que 9 de cada 10 mexicanos (87%) considera que hoy la economía está peor que hace un año; 8 de cada 10 considera que hoy la política está peor que hace un año. Setenta de cada cien consideran que el principal problema es económico, mientras que veinticinco porciento, que es relacionado a la seguridad. La economía preocupa hoy a los mexicanos mucho más que la inseguridad.
El cambio que no llegó en el 2000, y tampoco en 2006, parece que no llegará en 2012. Se continúa con la misma política económica que se adoptó desde el 82. Dice el sentido común que si continúas haciendo lo mismo que no te ha dado resultados, lo único que puedes esperar son precisamente los mismos resultados.
Sorprende a México el reciclaje, como si fuera un proyecto nacionalista, de la tecnocracia vacua, eunuca, hecha gobierno. Los acuerdos político-partidistas tras bambalinas sólo aseguran continuar por la misma senda. Hasta llenar o hasta reventar. El gobierno, siguiendo la estrategia tecnocrática sin capacidad de generar resultados, se somete al sofisma de la irremediable integración al imperio globalizador. Se promete a la oligarquía local preservar sus ilegítimas riquezas sin medir el costo social por el vasallaje de una mayoría que está por hartarse.
Cuando no hay desastre natural, telenovela o drama deportivo, la televisión se usa para espantar, por un lado, con la ingobernabilidad que generan los violentos y, por el otro, para adoctrinar a la mansa –amansada- mayoría con propaganda oficial y emocionar con ceremonias huecas por el bicentenario.
En una dimensión que rebasa al gobierno mexicano, se perfila la involución del hombre: lo hace transitar hacia la esclavitud. Domina en el plan la biblia económica difundida por ondas hertzianas con sus evangelios deshumanizados de productividad y libre mercado para endiosar a las transnacionales; civilización bárbara de la ley del más fuerte.
La Consciencia Nacional como signo de identidad, ha sido secuestrada hasta ahora por la tecnocracia castrada, educada en la teología de la macroeconomía y su cínico postulado de que sólo la inversión, la que viene de esos cotos de poder transnacional, es la que genera el crecimiento y produce la riqueza. Riqueza concentrada en una oligarquía satisfecha que alimenta la falacia estadística. Esa que se autocomplace con un esquema de crecimiento del PIB, que empobrece. De 2000 a 2008, el PIB registró un crecimiento acumulado de 19%, mientras que la derrama per cápita cayó 8%.
Dice Javier Sicilia que lo que los políticos y la mayoría de la gente sometida a las ofertas de la sociedad económica no ven es que el despojo de la producción de subsistencia, con la que durante milenios sobrevivió el hombre, y su permuta por una economía de mercado con afán de productividad sin límite, producen miseria.
Esta forma de depredación social, política, cultural y humana escapa constantemente a la mirada de la mayoría de la gente que se entrena para mirar un mundo extremadamente orientado a la medición del éxito vital en pesos y centavos. Los parámetros de esta economía del saqueo -que han sustituido el sentido económico de cuidado de la casa por el de la escasez artificial que reporta utilidades a quien medra con producción de mercancías y servicios. No disponemos de un medio para cuantificar la pérdida que sufre la sociedad cada vez que se priva a la gente de un factor sin equivalente mercantil, como lo puede ser el derecho de vivir en paz.
De no rectificar por la vía de la concordia y acuerdos políticos de cara a la sociedad, no tardará el pueblo ejercer su derecho para oponerse a leyes y programas gubernamentales injustos, a desobedecer leyes que atentan contra su integridad.
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