“Te oigo pero no te escucho”, en esta frase se podría resumir la postura que adopta, la gran mayoría de políticos y funcionarios en el país y, sin excepción, en nuestro estado. Parecen escuchar, pero no es así, apenas se dan la vuelta y por sus omisiones y decisiones, la gente se percata que su opinión les entró por un oído y les salió por el otro, y de eso la ciudadanía está harta.
Acostumbrados a la perplejidad, se adiestran en solamente oír, y por supuesto, prefieren las porras pero no los vituperios. Se rodean de subordinados que reproducen lo que disfrutan escuchar: evaluaciones positivas, datos maquillados y halagos desproporcionados. No les gusta escuchar que no fueron incluyentes, que no cumplieron. Ignoran el reproche de las problemáticas que se comprometieron en resolver y no lo hicieron, menos la percepción que tiene la ciudadanía de su trabajo.
Poco les interesan los consensos y evaluaciones de mesas de trabajo o consultas ciudadanas. Encuentran en las cartas que reciben, las charlas con vecinos de colonias o las propuestas de organizaciones, un sonsonete apenas audible, y no una oportunidad de fortalecer el trabajo y enriquecer su proyecto. Ven en la apremiante falta de empleo y seguridad en nuestro estado, en la exigencia de igualdad y justicia de grupos marginados, en las propuestas para el desarrollo económico de la iniciativa privada, en los miles de jóvenes que requieren se amplíe la cobertura de la educación pública, en los ciudadanos que se acercan con la esperanza de obtener un apoyo o emitir su opinión, apenas pretextos para engordar los discursos y oportunidades para tomarse la foto.
No enarbolaremos un nuevo sistema político apelando sólo a reformas constitucionales, la fundamental, tiene que ver con la actitud y respeto hacia el ciudadano, la responsabilidad con que son atendidas sus demandas y la capacidad de servicio. Más allá de las formalidades, los ciudadanos quieren empeño, sinceridad, empatía, hechos, representatividad. Los resultados de los últimos comicios son tajantes, el abstencionismo es abrumador, y crecerá, hasta que las familias se sientan identificadas con un proyecto, incluidas.
Existe una diferencia abismal entre sólo oír y escuchar, el que escucha tiene el empeño porque le urge actuar en consecuencia. Tan importante como la diferencia entre quedarse inmóvil y hacer, distingue a los que buscan servir de los que quieren trepar. Entre las cualidades del hombre y la mujer que necesita nuestro país en instituciones, organismos y gobierno, indudablemente está la de la escucha, indispensable para la paternidad, la amistad, el liderazgo, y definitiva en el confesor, el maestro, el terapeuta o el periodista.
La escucha posibilita el diálogo, y este debe ser congruente, y en la congruencia se gesta la honestidad. La sociedad aspira a tener candidatos inteligentes, con voluntad de escuchar, con trayectorias exitosas y limpias. Nuestro tiempo y circunstancias exigen resultados. Las simulaciones, las viejas y dañinas costumbres, los intentos y no las acciones, han colmado la paciencia de la mayoría. Este hartazgo es delicado. Las personas ven en televisión a un candidato y le cambian; muchas familias que se los encuentran en algún lugar público, pasan de largo. La ciudadanía ya no quiere participar porque hay un desencanto generalizado, la sociedad ya no quiere más de lo mismo, anhela evidentemente una política diferente.
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Mi querida Lorena….
Ante esta forma de pensar y redactar no me queda más que decir…¡¡¡estoy completamente de acuerdo con usted!!!, pero no debemos olvidar que en todos los tiempos han existido políticos con muy diversas formas de expresión, desde los que no saben hilar una sola idea coherente, hasta los que únicamente por su oratoria son capaces de mover masas (pasando por los Cantiflescos y actualmente la que no sabe hablar ni leer y que lleva la pesada carga de la responsabilidad de la educación en nuestro pais); pero las ideas deben hacerse acompañar por las acciones, porque como decía mi abuelita “hasta no ver no creer”.
Si la mula no era arisca, sino que así la hicieron.
O ¿no está de acuerdo conmigo?.
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Totalmente de acuerdo, la ciudadanía necesita ser escuchada pero también atendida.
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