Para que no se diga que nada más se critica y no se propone nada, me aviento a presentar algunas ideas básicas sobre cómo podría ser este Aguascalientes que necesitamos, que a lo mejor no tiene mucho que ver con el que tenemos actualmente. Obviamente, no pretendo presentar la verdad revelada ni inventar el agua tibia. Estas propuestas son más que nada ideas para disparar la discusión y la construcción conjunta de soluciones. A mi, obviamente, me parecen muy buenas (geniales, casi, según me dicta mi proverbial modestia) pero entiendo que muchas de éstas a lo mejor no se pueden hacer tal y como lo planteo, o a lo mejor no son tan buenas. El chiste es animarnos, perderle el miedo a la responsabilidad. Hemos dejado que otros hagan nuestro trabajo durante mucho tiempo, y vivimos quejándonos de los resultados de esta abstención de nuestra obligación de ciudadanos. Creo que a la vuelta de doscientos años es un buen momento para empezar a recuperar nuestro papel como constructores de la sociedad que realmente queremos.
Entrando, pues, en materia, creo que la situación de la ciudad – porque no me pienso meter en el estado. Primero, porque como ya platiqué, no me acaba de convencer en absoluto la idea de los estados, que me siguen pareciendo un desperdicio inútil de recursos e iniciativas, y porque considero que la política actual se tiene que definir sobre todo en tres niveles nada más: lo internacional, lo nacional y lo local, la intermediación de los estados ya no es práctica. Segundo, porque creo que conozco mejor las problemáticas de la ciudad (donde las vivo y padezco junto con otros tantos habitantes) que las de los demás municipios. Así que lo que estoy proponiendo es directamente para el lugar en donde vivo y sobre el cual puedo hablar con más elementos.
Hay un concepto sobre el cual se puede comenzar a plantear un nuevo tipo de desarrollo en la ciudad – porque me parece más que evidente que el modelo actual de desarrollo, basado en la atracción de industrias maquiladoras, vendiendo el cuento de la “tranquilidad” de Aguascalientes como destino de inversión, ya dio lo que tenía que dar de bueno, y está dando ahora más bien cosas malas – y es el de sustentabilidad. Aguascalientes ha estado perdiendo a pasos agigantados su viabilidad como ciudad, como lugar para vivir, como sociedad incluso, la creciente anomia que se puede sentir, la sensación tan extendida de derrota en tantas personas, la falta real de perspectivas, nos habla de que algo ya se nos perdió. A pesar de las bravatas publicitarias del gobierno actual, la planeación está saliendo mal en casi todos los aspectos: sociales, económicos, ecológicos, culturales, laborales, de seguridad, de servicios, de calidad de vida. En todos estos, la sustentabilidad, esto es, la posibilidad de que la ciudad siga reproduciéndose a sí misma, creciendo de manera sana, está seriamente amenazada. Y creo que es el momento correcto para comenzar a recuperar el equilibrio.
Esta idea se puede trabajar desde cinco ejes rectores:
1 Recuperar el equilibrio con el espacio físico
2 Construir un modelo de desarrollo económico con una orientación diametralmente distinta a la actual.
3 Replantear el modelo de crecimiento habitacional y el uso del espacio urbano
4 Hacer más vivible la ciudad, no dejarla solamente como sitio de paso, sino como lugar para vivir, en toda la acepción del término.
5 Con todo lo anterior, crear un nuevo rumbo cultural para la ciudad, donde podamos reinventarnos como aguascalentenses y reinventar nuestra idea de ciudad.
Vamos a verlo por partes:
La sustentabilidad de la ciudad comienza obviamente por la posibilidad de que el espacio físico pueda seguir sosteniéndonos a todos los que vivimos aquí. Y aquí se tiene que repensar seriamente el tema del agua y la sobrepoblación que está teniendo la ciudad. Cualquier política de desarrollo para Aguascalientes que no contemple como máxima prioridad el abasto de agua está apuntando al lugar equivocado. Se tiene que reestructurar de arriba a abajo el uso del agua y también se tiene que regular seriamente el crecimiento de la mancha urbana y del tipo de viviendas que se están construyendo, el reciclaje de agua debe ser un requisito ineludible para la autorización de nuevos fraccionamientos. El agua tiene que dejar de ser un negocio y regresar a ser un servicio público, esto es, regresar a ser pertenencia de la municipalidad. Atenta contra la más elemental lógica el que un bien de primerísima necesidad para la existencia misma de la ciudad y todo lo que hay en ella, se maneje en términos puramente monetarios. Aunado al cuidado real del agua, tiene que ir toda una propuesta de reciclaje masivo para, literalmente, exprimirle hasta la última gota útil, pero esto tiene que ir más allá de las grandes plantas de tratamiento, se puede trabajar mucho más cerca de la gente y sin gastar tanto dinero modificando instalaciones caseras para reutilizar más el agua, crear sistemas de captación de agua de lluvia (que es poca, pero de algo sirve) y humedales artificiales para tratar agua en casa.
Es igualmente vital el preservar los pocos espacios verdes que todavía existen en la ciudad y crear más. Se debe de legislar para que por cada tres o cuatro fraccionamientos nuevos, se tenga que construir (ya sea el gobierno o las propias constructoras) un parque, jardín o deportivo para atender a las mismas, de dimensiones suficientes para cubrir toda la demanda, esto es, un parque de una cuadra no basta para fraccionamientos de 30 cuadras o más. Idealmente (y se que esto es muy complicado en los hechos) sería genial que se construyera dejando entre fraccionamientos áreas “salvajes” (de vegetación natural), que funcionen como colchón y pulmón entre zonas urbanizadas (por ejemplo, dejar un “cuarto anillo” al oriente de unos 5 km sin asentamientos, para evitar ese hacinamiento de viviendas sin un respiro que tenemos en la ciudad).
Como ya mencioné el modelo económico actual ya se agotó, prueba de ello es el rezago que hemos tenido en muchos indicadores de empleo y competitividad. Ya no conviene seguir apostando al método de los noventas, máxime que no tenemos (y el caso de la industria textil lo demuestra) cómo ponernos al tú por tú contra las grandes potencias maquiladoras, y, la verdad, ni ganas de estar así. El giro económico que más ha avanzado y que mejores dividendos da en términos tanto de empleo, de ganancia, de competitividad e incluso de mejoras en la calidad de vida es lo que se llama terciario avanzado. Estas son actividades de servicios que requieren personal altamente capacitado, que se basan no en la repetición de esquemas o modelos, sino en la constante innovación y en la creatividad. Las comunicaciones, la investigación, el desarrollo de tecnologías, la publicidad y el diseño son todas áreas de un enorme crecimiento a nivel internacional y que además tienen el bono añadido de que obligan a mejorar la preparación de los aguascalentenses y a atraer a cuadros especializados del país (y del mundo) para mejorar también el enfoque cultural de la ciudad.
Se tiene que desacelerar, si no se puede detener por completo, la expansión horizontal de la ciudad. La agregación sin ton ni son de colonias ocasiona múltiples problemas dentro de los cuales el tránsito es solo uno de ellos. La apuesta tendría que ser, por un lado, el crecimiento vertical, aprovechando lo horizontal para espacios verdes y nuevas centralidades y además, iniciar una estrategia de redensificación habitacional en el centro de la ciudad, recuperando construcciones antiguas y rediseñando por completo algunas de las colonias de esa zona, que no estén bajo el decreto de protección al centro histórico, como la Del Carmen, la San Pablo, entre otras. Esta zona ya tiene todos los servicios instalados y está cerca de las zonas simbólicas y económicas más importantes de la ciudad (centro), lo que falta es poder construir hacia arriba, dejando en las plantas bajas a los negocios, para no perder el atractivo comercial de la zona.
La ciudad tiene que poder ser más disfrutable para los habitantes, esto significa virar de una construcción pública enfocada casi por completo a los automóviles y empezar a trabajar para las personas. Dos cuestiones inaplazables son la modernización real del transporte colectivo,y las nuevas centralidades, ninguna ciudad en el mundo que pretenda ser competitiva y tener buena calidad de vida para sus ciudadanos, sigue confiando nada más en los camiones y los taxis. Se necesita transporte que no tenga que competir con los coches por un espacio. Los sistemas de carriles confinados, tanto de vía (tranvía, tren ligero), como de pavimento (metrobús) deben de empezar a tomarse en cuenta. Tienen una mayor capacidad de movilización, generan menos caos en las calles, se tiene mayor seguridad y confiabilidad para los usuarios e incluso son menos contaminantes. La segunda cuestión que ya es urgente es la creación de lo que se conoce como nuevas centralidades, esto es, espacios que cumplan con todas las funciones del centro de la ciudad en términos de servicios públicos, comercio, oficinas gubernamentales, espacios de recreación, artísticos y cargados de identidad cívica. De entrada se podrían poner en marcha uno en cada delegación del sur y el oriente (Terán, Morelos, Insurgentes), que es donde se concentra la mayoría de la población, de manera que éstas funcionaran realmente como ciudades por derecho propio, capaces de cubrir todas las necesidades de sus vecinos y ayudando a generar identidad y sentido de pertenencia entre sus habitantes para que ya no se tuvieran que desplazar las personas desde la periferia para llevar a sus hijos al jardín de San Marcos, por ejemplo.
Se necesita también generar espacios para otros medios de desplazarse en la ciudad, además del auto. Las zonas peatonales tienen que crecer y generarse corredores que puedan conectarlas entre sí, para poder moverse sin necesitar el automóvil. Hay que recuperar y cuidar la longeva tradición ciclista de Aguascalientes y no tenerle miedo a seguir siendo un “pueblo bicicletero”, hay que señalar rutas exclusivas para este medio de transporte, que realmente permitan movilidad por toda la ciudad, la flamante ciclopista de la Gómez Morín es una buena idea (para que se vea que así como se critica, también se reconoce lo bueno), pero si no tiene posibilidad de conexión queda como un tramo en donde se puede circular a gusto, pero nada más. Así como se plantea el trazo de las calles para coches, se tiene que plantear calles para bicicletas. Aquí regresamos también al transporte público, ya que los tranvías, por ejemplo, pueden convivir sin mayores problemas con áreas peatonales, como ocurre en muchas ciudades de Europa, lo que permite confinar enormes espacios para peatones, sin perder la conexión con zonas apartadas, gracias a este tipo de transportes.
Y lo más importante es que todos estos esfuerzos conjuntos (de los que todavía puede haber más, por ejemplo, no toqué la cuestión del reciclaje) no solo le cambiarían la cara a la ciudad en términos arquitectónicos, económicos y urbanísticos, también en términos culturales. Nos ayudaría a movernos hacia otra manera de ser aguascalentenses, nos ayudaría a recuperar ese sentido de ciudad pionera, de espacio para poder vivir bien, y nos abriría la puerta para proyectarnos al futuro con mejores expectativas. La posibilidad de tener una fuerza de trabajo con mejor y mayor nivel educativo, con horizontes de vida que no se cierran en la propia ciudad, sino que pueden extenderse hacia todo el mundo, representaría un cambio radical en nuestra forma de pensar y de simbolizar nuestra realidad, nos enriquecería notablemente en lo social (y también en lo económico, al final del día, hoy se trata de estar bien en lo local, para conectar mejor en lo global) y – ahora sí en la realidad y no en la publicidad- podríamos ser una ciudad de vanguardia.
Bueno, hasta aquí mis ideas, insisto, no son ni pretenden ser la última palabra, ni están grabadas en piedra, son guías que se retoman de estudios e iniciativas que ya se han aplicado en otras partes del mundo con buenos resultados (Curitiba, Bogotá, Barcelona, entre otras) y que han marcado pautas a seguir (no imitar) para lograr un desarrollo urbano más cercano a los que finalmente vivimos, padecemos y construimos la ciudad. Sobre todo me gustaría que fueran detonadores de discusiones más amplias y más plurales, no se trata de vender esto, no soy político en campaña (ni político a secas), se trata de generar intercambio de ideas, de poder diseñar de manera ciudadana una nueva y necesaria manera de ver a nuestra tierra. Yo cumplo de momento con lanzar los primeros disparos, ahora el balón está en su cancha.
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De acuerdo con las ideas, faltan los “comos” ,acercarse a los personajes claves y sumarse la sociedad entera. Uno más, el problema de la construcción vertical es el suelo irregular y las fallas geológicas.
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Gracias por comentar y ciertamente nos falta organización, aunque sinceramente creo que, una vez definidos los “qué” , los “cómos” pueden trabajarse más fácilmente, digo, si se pueden encontrar cómos para sostener este modelo de desarrollo que no funciona, supongo que uno que funcione mejor representará como mínimo el mismo esfuerzo.
Y sobre la construcción vertical, no me preocuparía tanto, primero, no es cosa de andar poniendo las torres petronas en la Madero, se puede trabajar con alturas más manejables y segundo, aunque reconozco que se poco de arquitectura, el que existan enormes edificios en zonas de tremenda actividad tectónica (Japón, Taiwán,China) me permite imaginar que no debe ser imposible construir en suelo irregular.
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