En la actualidad nos enfrentamos a la elección de un sinnúmero de variedades de alimentos la mayoría de ellos chatarra, no nutritivos y algunos nocivos para el organismo. Lo anterior lo debemos a una larga tradición del consumo por azucares, carbohidratos y grasas en el país. Y sí de comer hablamos, los mexicanos nos pintamos sólitos, el maíz, el frijol, las harinas, el pan dulce, la leche entera, las carnes rojas y el infaltable chile son los principales aportadores de energía, sin embargo, el exceso de su ingesta y la falta de combinación con otros alimentos provoca desnutrición, obesidad, enfermedades gastrointestinales, entre otros.
Ante esta realidad el fomento de los buenos hábitos empieza en casa con la formación de la idea de nutrir el cuerpo antes de llenar la panza como la vieja cultura lo ordena. Orientar a los vástagos a consumir mejores alimentos es una obligación de toda una sociedad. Se predica con el ejemplo y ese ejemplo es el de los nuevos hábitos para comer mejor y al hacerlo producirá un bienestar para el organismo y por supuesto una distinta apariencia física.
El gobierno también le ha entrado a la reformación de la idiosincrasia mexicana, con una propuesta inteligente, el Gobierno Federal promueve en escuelas públicas y privadas la ingesta de alimentos sanos en el refrigerio de los infantes, pues ellos son los más dóciles para concientizar la necesidad de comer sanamente.
La problemática es tan grave que las autoridades lo consideran un tema de salud pública y para muestra basta un botón según datos del Instituto Nacional de Salud Pública, más de 70 millones de mexicanos tienen problemas de sobrepeso y obesidad; de ellos al menos nueve millones son niños y adolescentes. Los mexicanos, gastan unos 240 mil millones de pesos al año en la adquisición de alimentos “chatarra” y sólo 10 mil millones en el consumo de alimentos básicos; además los niños destinan anualmente 20 mil millones de pesos a la compra de golosinas.
La solución está en lo colectivo porque al participar las asociaciones de padres de familia con las autoridades escolares en el diseño de programas y planes de alimentación, se establecerá un régimen distinto, a través de los almuerzos escolares y nuevos productos vendidos en las cooperativas de las escuelas, de esta manera se podrá alcanzar un mejoramiento notable en las futuras generaciones.
Esta acción tendrá un alcance para establecer que los refrescos o bebidas carbonatadas altas en azúcares que se pretendan vender al público en presentaciones que sugieran al consumidor de “quitar la sed”, deberán llevar en las etiquetas la leyenda: “el abuso en el consumo de este producto puede causar obesidad”, combatiendo con seriedad la desnutrición en México.
En conclusión nos hace falta mucho por educar a un pueblo sediento de nuevas formas, sometido al yugo de la pobreza alimentaria y sobreviviente de las migajas de su salario, sin embargo sin un salario digno es complicado aspirar siquiera a mejores alimentos que sostengan la productividad de todo el grueso de la población económicamente activa, es por esa razón que se debe promover un respeto al propio cuerpo el cual es un habitáculo perfecto, ¿Qué vamos a comer hoy? .
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