“Disentir en México, casi significa el pelearse a muerte” José Emilio Pacheco.
Los Romanos tan eficaces y eficientes administradores que forjaron un imperio que duró alrededor de diez siglos, cuando decidieron deshacerse de los reyes optaron por un sistema político que ha sido conocido como la República, muy diferente del concepto moderno de república, pero con características que resultaban un avance para su tiempo y para su circunstancia. El rey fue sustituído por un grupo de magistrados especializados en diferentes áreas de la administración pública. Al frente del gobierno se encontraba el cónsul, en realidad se elegían dos, uno ejercía durante un año, en tanto que el otro permanecía en la imaginaria como diría un Charro, en la banca como diría un Futbolista o en la suplencia como decía Norma Esparza, flamante senadora de la república, merced a la licencia de su propietario.
El cónsul suplente tenía eventualmente responsabilidades graves. En caso de guerra se pondría al frente de las legiones, en tanto el otro, permanecía en Roma continuando con el gobierno. El suplente tenía además una facultad interesantísima llamada inter cesio, una especie de veto que suspendía alguna orden del que estaba en funciones, cuando consideraba que la disposición suspendida pudiera tener efectos negativos en la ciudadanía o en el estado. El veto era revisado por los comicios, asambleas representativas de los ciudadanos, que tenían la última palabra.
Además de los consules, existían los cuestores encargados de recaudar los impuestos y responsables de la hacienda pública, los censores que llevaban a cabo el conteo de la población para efectos militares y fiscales, y celosos vigilantes de las costumbres que castigaban las desviaciones del ideal de la “virtus”, los pretores que velaban por la aplicación de la justicia principales creadores del derecho consuetudinario a través de sus edictos, los ediles que tenían la función de mantener el orden en plazas y mercados, y por extención en toda la ciudad, los lictores que eran una guardia armada de los cónsules y que además de la custodia del magistrado eran también el brazo ejecutor de las disposiciones magistrales.
Además de las magistraturas ennumeradas los Romanos crearon una magistratura extraordinaria: la dictadura. El dictador era designado cuando por una contingencia grave, una guerra, un desastre natural, una influenza (por-si-na-die me la cree), o alguna epidemia de a deveras. La razón de esta figura era la suposición de que ante una contingencia grave es preferible contar con un mando único, a condición de que no se prolongue demasiado. El dictador no podía durar mas de seis meses como dictador. Ya lo decía Lord Acton desde 1887: “Power tends to corrupt, and absolute power corrupts absolutely” o en cristiano: el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.
El constituyente de 1917 determinó la existencia sólo de dos policías: la policía judicial, ahora llamada en muchos lugares ministerial o investigadora, y la policía preventiva. La primera habría de estar a las órdenes de la autoridad judicial a efecto de cumplir con sus determinaciones y de la institución del Ministerio Público, para la investigación y persecución de los delitos y de los delincuentes respectivamente. La segunda habría de responsabilizarse del orden público, cumpliendo y haciendo cumplier el bando de policía y buen gobierno, por lo tanto aunque siendo ambas, policías, cada una tendría una responsabilidad específica, siendo coadyuvantes, pero nada más.
Como somos una república federal, cada una de las entidades federativas tiene su propio gobierno, sus propios órganos ejecutivo, legislativo y judicial, determinadas por su también, propia constitución, consecuentes con el pacto federal. La organización interna de los estados responde también a una tradición romana: el municipio, encargado de la prestación de los servicios públicos, órgano descentralizado por territorio, como enseñaban los tratadistas de Derecho Administrativo, hasta que infortunadamente, no creo que concientemente, el presidente Miguel de lo Mas-gris, promovió (por no decir decidió) la modificación del artículo 115 constitucional para incorporar la palabreja de “gobierno” municipal, lo que ha hecho para desgracia de la administración pública, que los municipios se sientan “estaditos”, en algunos casos, Naucalpan, San Pedro Garza García, Zapopan, Aguascalientes, por citar algunos, se sienten “estadotes”, y los presidentes municipales, “gobernadorcitos” o “gobernadorsotes”, según. Los municipios tendrían naturalmente a su cargo la policía preventiva, por su razón de cuidar el orden y prevenir faltas y el gobierno del estado, la policía judicial para prevenir, investigar y perseguir la delincuencia.
Ah, pero los constituyentes del 17 no contaban con los mexicanos, que nos despachamos con la cuchara grande. De las dos clases de policías originales surgieron: la policía secreta, la policía industrial, la policía turística, la policía super secreta, la policía política, la policía infantil, la policía forestal, la policía de caminos, la policía super ultra secreta, la policía aduanal, la policía bancaria, la policía etcétera, etc..
La tentación del poder es tan fuerte, que prácticamente no hay ser humano que esté vacunado para resisitirla y superarla, de allí la necesidad, que han contemplado siempre las repúblicas de a deveras, de limitar su ejercicio, por medio de múltiples formas de control. No sorprende que el actual Secretario de Seguridad Pública federal, haya sucumbido también a la tentación. De su enfrentamiento con el anterior Procurador General de Justicia de la Nación salió victorioso y se deshizo de Manuel Medina Mora. Ahora de allí ha surgido la idea de unificar todas las policía del país para constituir una sola corporación con un mando único.
El argumento es seductor, la unidad de mando garantiza coordinación y trabajo efectivo, sin límites geográficos ni estructuras que limiten su operancia. El argumento lo han comprado muchos funcionarios, incluso gobernadores, como el Ingeniero Luis Armando Reynoso Femat, pero los argumentos sofistas suelen tener varias caras. Con el mismo argumento justificaríamos la desaparición de los municipios para unificarse en el gobernador del estado las decisiones administrativas, para garantizar trabajo efectivo, operatividad y unidad. Con el mismo argumento justificaríamos la desaparición de los gobiernos de los estados para unificar las decisiones en el Presidente de la República, monarca o dictador, lo que garantizaría trabajo efectivo, coordinación, disciplina y sometimiento a sus decisiones. ¿Seductor, verdad?.
La cuestión a mi manera de ver debe enfocarse en la perspectiva correcta. Respeto a la función y a la competencia de cada cuerpo policíaco, Cada policía tenía su competencia, hasta que lamentablemente el magnífico vendedor de cocacolas se convirtió en Presidente de la República, y entre otras tuvo la ocurrencia de abrir legalmente a las policías preventivas el combate al narcotráfico. Lo que durante muchos años desde López Mateos para acá, era feudo del ejército y la PGR, se convirtió en botín, ¡así!, en botín, del que todos quisieran una tajada. La persecución del delito se convirtió en guerra y las consecuencias las seguimos sufriendo con un futuro pavorosamente incierto.
Pero…dicen que la hora mas obscura de la noche es la que precede inmediatamente a la Aurora. Así sea.
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