¿Política o políticos?

Escrito por Darío Zepeda Galván on feb 13th, 2010 y archivado en Destacado, Galería Fotográfica, Sobremesa. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

¿Política o políticos?

Tengo que confesar que me ha costado muchísimo trabajo no engancharme con el ambiente de carreras de caballos que se vive en Aguascalientes y caer en la tentación de empezar a hablar (mal, por supuesto) de la campaña (que no es campaña ¿eh? con guiño de ojo incluido) de fulano o fulana. Y no quiero hacerlo porque entonces volvería a caer en el garlito de considerar que lo que estamos viendo en calle, oyendo en el radio y recibiendo en el buzón de correo electrónico es realmente un asunto de interés social y ciudadano, siendo que no lo es. Lo que está allá afuera es simplemente un pleito entre socios, cómplices y/o parientes para saber quién se queda con un sueldo mayor y quién con un sueldo menor.  Vaya, los aguascalentenses que no estamos en un partido político, tenemos el mismo grado de injerencia y nos afecta del mismo modo esta guerrita de publicidad espectacular que el divorcio de Lucero y Mijares e incluso menos que  el caso del tristísimo balazo a Salvador Cabañas.

El pleito de los políticos tiene la misma veracidad y nivel de inseguridad que una pelea de lucha libre de la triple A, con la desventaja frente a ésta última de que al menos a los luchadores si se les puede llegar a desenmascarar. Claro, el problema surge -para  alguien a quien, como a mi,  le gusta escribir sobre lo que ocurre a su alrededor – cuando viene la pregunta ¿pero si no hablo de los políticos, cómo hablo de la política? Y creo que el problema es precisamente ese, hemos confundido a los supuestamente encargados de hacer nuestra voluntad, con nuestra voluntad misma, confundimos a los políticos con la política. Nos juntamos y especulamos sobre si el lic. X es más bueno que el ingeniero K., cuando no debería tener ninguna diferencia. Si aplicáramos la famosa democracia como debemos hacerlo -como ciudadanos – no tendríamos que especular sobre lo que haría o no alguien de llegar a la silla. La respuesta a esta duda debería ser siempre la misma – hará lo que nosotros le digamos.

Pero para lograr esto, primero tenemos que -además de aceptar la responsabilidad que implica ser ciudadanos – tratar de llegar a un acuerdo básico sobre lo que queremos que hagan los políticos. No entiendo por qué tenemos que estar esperando, casi con el rosario en la mano, que el monigote de traje que derrocha sonrisas de photoshop, haga “buenas propuestas”. ¿Por qué debería ser un candidato, o un partido los que hagan las propuestas? Me dirán que porque así se debe hacer según el sistema de partidos de México y blablabla. Pero la evidencia empírica (dicho esto con índice levantado y actitud de científico de laboratorio) nos muestra que en la realidad, esto de estar esperando a que los partidos hagan propuestas y luego esperar a ver si tienen ganas de cumplirlas, nomás no ha funcionado. Y no tendría por qué, al final del día, las campañas solo son competencias para aventar ideas que suenen interesantes y que se sitúen, según dicen los politólogos, al centro del espectro, para no hacer enojar a nadie. A veces tienen buenas ideas, que llegando a la silla olvidan en favor una montañota rusa o hartos puentes por toda la ciudad o cosas igualmente nocivas, costosas e inútiles.

Honestamente, ¿serán tan bárbaros los de los partidos como para que solamente a ellos/ellas se les pueda ocurrir como sacar al estado y la ciudad de la situación de estancamiento en que nos encontramos? ¿Estarán en los partidos las personas más inteligentes, creativas, emprendedoras y consistentes de la sociedad aguascalentense? Yo sinceramente lo dudo. Por lo menos se que he podido escuchar propuestas mucho más sensatas y coherentes sobre temas que van de la impartición de justicia al modelo económico del estado a muchos taxistas (y ni hablemos de los boleros) que las puntadas de muchos diputados, gobernadores y presidentes municipales.

El punto es que nosotros, los que no estamos involucrados en el cada vez más tonto jueguito de las sillas, tenemos la capacidad para construir uno o muchos proyectos para decidir cómo podemos hacer mejor el espacio donde vivimos. A los políticos les encanta que nos peleemos entre nosotros porque le vamos a uno o le vamos a otro, cuando en realidad los bandos, los equipos, son: ellos por un lado, porque sabemos que por mucho que se digan y por mucha tierra que se avienten (o demandas que se interpongan), mañana estarán cenando en un restaurante caro, (pagando con nuestro dinero) y platicando de lo más contentos. Por si alguna duda nos quedaba de esto, están las famosas alianzas en donde, al mejor estilo de Groucho Marx, los partidos avisan cuáles son sus principios, pero si no les gustan, tienen otros. Resultaría totalmente incomprensible ver de la mano al PAN y al PRD en Oaxaca y tal vez en Hidalgo, si no entendemos que al final del día son, todos, lo mismo. Sujetos que están buscando un mayor ingreso económico y una mayor influencia social que les permita hacer mejores negocios. No hay nada más detrás.

Y por el otro lado estamos los que nos quedamos fuera de la jugada sexenio tras sexenio, y no me refiero nada más a que no nos toque hueso, eso es solamente cosa de ruleta. No, me refiero fuera de la posibilidad de decidir cómo queremos que sea el lugar donde vamos a seguir viviendo, de no estar esperando a ver qué proyecto loco se le ocurre ahora al gober o al presi, o al diputado, o al senador; de no tener amarrado el futuro nuestro y el de nuestra familia a los vaivenes de humor de un sujeto o sujeta a quien le cuentan la realidad unos asesores, que se dedican a hacerle ver que todos los que opinan en su contra son simplemente figuras con afán protagónico o ejecutores de siniestras estrategias electoreras.

Tenemos que dejar de jugar a eso. Yo no quiero enemistarme con otro ciudadano porque “mi gallo” es fulano y los que no estén con él son sabandijas de la peor calaña, para los cuales el destierro sería el castigo más humanitario que merecerían (esto es cita casi textual de más de un foro de internet sobre asuntos políticos). ¿por qué debo hacerlo, si el otro ciudadano también tiene familia, también tiene necesidades y también quiere, como todos, vivir mejor que como vivimos ahora? La división es fabulosa para los partidos, nos tienen a todos golpéandonos y condenándonos (“huevones”, “mochos”,”violentos”,”corruptos”) mientras  se sirven con una cuchara cada vez más grande. No podemos seguir dejando que estas personas decidan por nosotros, necesitamos recuperar, u obtener, mejor dicho, el control sobre nuestro propio país. La siguiente independencia, que debe ser consciente, ordenada y pacífica, es la independencia de los partidos políticos. Tenemos que demostrarles que no son necesarios, que podemos estar mejor sin ellos.

Pero para ello hace falta, como ya se comentó, primero aceptar la responsabilidad y después, la organización y la comunicación. Es cierto que estamos en una coyuntura importante para el estado y la ciudad, es cierto que se necesita -pero ya – un cambio en el rumbo de las políticas públicas. Vayamos definiendo dicho rumbo entre nosotros, juntémonos, platiquemos, consultemos, propongamos, hagámonos oír,. Elaboremos de manera conjunta un proyecto para Aguascalientes y pongámoslo en marcha, si los partidos políticos se quieren sumar, será bajo las condiciones que planteemos y si no, pues que pena por ellos.

¿Quienes seríamos ese nuevo “nosotros”? En esencia todos los que quieran independizarse de los partidos y trabajar en serio. Las asociaciones civiles que quieren hacer más pero el juego de las sillas no los deja; los empresarios que ya no quieran seguir amarrados a que el candidato “les cumpla” ni a invertirles bastante capital para obtener magros resultados; las asociaciones de trabajadores de cualquier nivel; los investigadores y científicos de todas las áreas, cuya experiencia y conocimiento es vital para aterrizar buenas ideas; los profesionistas; los artistas; los jóvenes organizados, en fin. Todos.

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