Amor es…casarse en San Antonio

Escrito por Carlos Reyes Sahagún on feb 8th, 2010 y archivado en Destacado, Galería Fotográfica, Recuperando Aguascalientes. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Amor es…casarse en San Antonio

Me acuerdo que alguna vez fui adolescente… Más o menos entonces estuvieron de moda unas tarjetitas que traían dibujadas las figuras de un hombre o una mujer, adolescentes como yo, aunque esbeltos, cuyas expresiones de alegría, tristeza, etc., se correspondían con el texto que las acompañaban, y que invariablemente daban inicio con las palabras Amor es, y luego cualquier simpleza: Amor es… Darle un beso cuando menos se lo espera, por ejemplo, o Amor es… Llamarle en una tarde lluviosa y decirle que la extrañas.

Ahora parecería que para más de una pareja, un requisito sine qua non para ser felices por toda la eternidad y el tiempo que sobre, es casarse en el templo de San Antonio…

Amor es casarse en san Antonio, y si además ocurre el 14 de febrero, pues entonces habrá un éxtasis adelantado; algo excepcional, como un eclipse solar, o la venida de un cometa.

Como que el ritual sacramental pasa a segundo término (para casarse, tener hijos y ser feliz, da igual donde sea, porque en primera instancia depende de otras cosas), y más bien se busca una escenografía idónea; un decorado que permita a la novia lucir a placer su belleza, al igual que el vestido, el tocado, etc. Es como si la obra maestra de Refugio Reyes Rivas fuera un teatro. Amor es… Casarse en San Antonio.

Apostaría mi salario de un mes a que durante noches y más noches, la aspirante a esposa se duerme imaginando ese momento dorado en que, acompañada por la marcha de Mendelssohn, o ya de perdida aquella otra pieza de Wagner, de su ópera Loghengrin (ya sabe, aquella a la que un descreído del matrimonio le puso una letra que dice: ya se casó; ya se amoló) y del brazo de su señor padre, desfilará por el pasillo central, la sonrisa congelada, saludando a diestra y siniestra a todos los de su contento (dos izquierda, uno derecha), que asisten para testificar semejante fasto…

Desde luego estas son elucubraciones mías, pura especulación de revista anti rosa, pero el hecho básico es que el lugar se aparta con meses; tal vez años de anticipación, y en estos tiempos en que los jóvenes quieren una cosa un día y otra al siguiente, este es un signo de perseverancia que mucho se aprecia. Además es uno de los más caros de la ciudad; por razones obvias.

¿Habrá casos en que el templo se desaparte meses después, porque luego dijo mi mamá que siempre no? Ahora que escribo esto último me acuerdo de una ocasión en que mi esposa y yo fuimos invitados a una boda en San Antonio. ¿Cómo olvidarlo, si nunca llegó el novio? Era de noche y llegamos, ahí estaban los parientes de la novia, rodeando a la aspirante a esposa, debidamente vestida de blanco, además de algunos invitados; no muchos por cierto.

Se me van los detalles, pero recuerdo perfectamente que mi esposa y yo terminamos esperando en el automóvil, que yo había estacionado muy cerca del templo, en Zaragoza, con una espléndida visión del atrio. Ahí estuvimos, pasando vergüenza ajena, a la espera del desenlace de tan insólita circunstancia. Y el desenlace fue anodino: los invitados que permanecían en el atrio, novia incluida, comenzaron a irse, vino el sacristán a cerrar la puerta del templo y se acabó. Ni una palabra sobre este asunto. Creo que esa noche terminamos cenando un pozole en cenaduría Kika, ahí en Barragán.

Pero se preguntará, interrogante lector, a qué vienen estas reflexiones, y si no se lo pregunta, de todos modos permítame desarrollar mi peroración.

Hace un año, aproximadamente, conversé con el arquitecto Aarón Quezada Sánchez, residente de la obra de restauración del templo, que me contó algunas sabrosas anécdotas, ocurridas en el transcurso de los trabajos tendientes a devolverle a la obra maestra de Refugio Reyes su belleza primigenia, con motivo del centenario de su inauguración.

Como usted recordará, la fachada del templo fue aprisionada por un andamiaje que cubrió todo, hasta el bulbo que remata la torre, en una acción que temporalmente arruinaba la visión del templo.

Entonces ocurrió que en varias ocasiones, seis cuando hablé con el temerario arquitecto Quezada, llegaron personas sumamente preocupadas por esta situación, preguntando por la fecha en que se quitaría el armazón, porque tenían la fecha de la boda apartada desde el año anterior, y no contaban con semejante desgraciada contingencia.

Eran personas que tenían la idea de una boda perfecta en el lugar perfecto; una ceremonia programada hasta en sus más ínfimos detalles; y todo para encontrarse con semejante desgracia.

Entonces, me contó Aarón, no faltaron quienes solicitaron que se quitara el andamiaje, con el costo que fuera. Los menos hicieron semejante solicitud de buena manera, pero hubo casos de auténtica desesperación, preguntándose cómo iba a verse la novia en el video, literalmente llegando a una obra en proceso; a una construcción, con ese vestido ampón pasando entre los andamios y la tierra. Y luego los invitados. ¡No, no, no! ¡Qué horror!

Cuando les hicieron las cuentas, del tiempo que se tardaría en quitar los andamios, y luego volverlos a montar, más el tiempo en que no se trabajaría; los salarios de albañiles y cantereros, invariablemente terminaron tragando saliva (por no decir que otra cosa), y resignándose, quizá suplicando al videosta que cuidara al extremo el encuadre.

Así que ya lo sabe: si tiene pensado casarse en San Antonio alrededor de diciembre de 2108, infórmese bien, porque seguramente, con motivo del segundo centenario, volverán a darle una manita de gato

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3 comentarios en “Amor es…casarse en San Antonio”

  1. HERLINDA HERNANDEZ dice:

    jajaja es muy bueno tu artículo… pero existe un dicho muy singular entre mis amigas que dice: “si es para siempre, que san Antonio no lo sepa” y es que conocemos mucha gente que se casó en este precioso templo, pero a los pocos meses o años, terminó por divorciarse… entonces por ser tan concurrido, también deberíamos señalarlo como uno de los que menos fortaleza dan en el matrimonio de los hidrocálidos, o acaso no es el lugar donde se promete estar con el ser amado hasta que la muerte los separe?… pero en fin, considero que la mayoría de las parejas que eligen el lugar en mucho es por la tradición, pero existen otros templos que también son tan bellos por fuera como por dentro.

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  2. carlos reyes sahagún dice:

    Herlinda: gracias por tus comentarios y tus risas. Pues sí, suele suceder. Quizá esto que comentas se podría plantear en términos de ¿qué es lo que quieres, una boda o un matrimonio?, porque no son lo mismo, y me parece que San Antonio, con todo su esplendor, es una gran tentación para prestarle más atención a la boda, quizá distrayéndose en proporción directa del matrimonio, que es lo que queda cuando la fiesta terminó.
    Nuevamente gracias.

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  3. ROBERTO HERRADA dice:

    Don Carlos:

    Permítame invitarlo a generar una apología de bodas en el majestuoso templo de San Antonio. Si Usted así lo decide, me inscribo en primer lugar. Estoy convencido de que existimos cientos o miles de afortunados que nos agradaría relatar a lujo de detalle nuestras ceremonias (en nuestro caso, mi sagrada esposa Raquel Martínez y un servidor). Nosotros llevamos tres en dicho recinto: nuestra boda un día 14 de julio (aniversario de la Revolución Francesa, donde naciera el lema de Libertad, Igualdad y Fraternidad; los XV años de nuestra primogénita junto con el sacramento de la primera comunión de nuestra pequeña; y nuestro XXV aniversario de boda. Esperemos tener otras oportunidades ya que nuestro enlace matrimonial, fue celebrado por el Señor Arsobispo Don Carlos Emilio Berlié Belaunzarán, con los cánticos del orfeón de la Casa de la Cultura, nuestra entrada triunfal acompañados por la marcha de Pompa y Circunstancia, así como de amistades muy apreciadas y desde luego nuestras familias. Valdría la pena dedicarle nuestro tiempo para enumerar momentos, actos, personas, cosas, detalles, etc., de antes, durante y después.

    Don Carlos, no omito comentarle que en dicha apología, se puede incluir una galería de fotos de las ceremonias, lo cual sería muy agradable.

    Finalmente, le comento que también gente como Herlinda Hernández, podrían aportar sus redacciones, aunque de eventos en donde no fueran protagonistas porque no lograron casarse o no lo lograron en San Antonio.

    Gracias.

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