La noticia del merecido reconocimiento de la Universidad Complutense a nuestro León Portilla en forma de doctorado honoris causa, me llevó a releer “La Visión de los Vencidos”. La obra llegó hace 50 años para marcar el inicio de una nueva forma de historiografía cuyo propósito central es mostrar “la perspectiva y la imagen del otro”. Durante muchos años la perspectiva única perpetuada por el sistema educativo prevaleciente hacía incuestionable la única versión de la historia. Se condicionó así una cultura que aún hoy en día niega la dignidad de los vencidos en la conquista.
De igual manera, hoy aún se difunde como único por parte de nuestro sistema político, educativo y cultural el modelo socioeconómico que ha destrozado el equilibrio ecológico y el tejido social del mundo. La inconsciencia sobre su responsabilidad o la infame hipocresía de quienes controlan los hilos del poder, hace que los asistentes, ponentes y organizadores del Foro Económico de Davos (WEF, sus siglas en inglés) aparezcan con la máscara de concienzudos y preocupados por el bienestar del mundo que ellos se han encargado de enfermar y depredar.
Trascienden al sistema controlador de la conciencia colectiva frases y declaraciones conmovedoras invitando a encontrar soluciones a la pobreza y la degradación ambiental, pero que a la vez dejan ver el afán de no querer cambiar las actitudes que han provocado estos problemas. “Esperamos poder presentar un esfuerzo común e importante para la comunidad mundial…” decía engañosamente Klaus Schawb, el fundador del Foro, para concluir la frase con su verdadera intención “….[para la comunidad mundial] que muestra cierta ciudadanía corporativa global en Davos”. En el caso de haber beneficiarios de sus esfuerzos comunitarios, éstos sólo serán los fieles seguidores de su visión excluyente. “El mundo está enfermo y hay que curarlo”, advirtió Felipe Calderón, presidente de México, en el Foro, contribuyendo así a confeccionar el envoltorio, el papel y la caja de regalo en la que va escondida el arma con la que pretenden mantener el control del mundo.
“El objetivo es ayudar a ese país para que pueda ser sostenible (Haití)”. Hay que enviar “dinero constante”, dijo Bill Clinton, ex presidente de Estados Unidos e influyentísimo miembro de la Comisión Trilateral y el propio Foro. Con ello marcó el verdadero y sustancial objetivo del WEF-2010: mantener inundando con dólares al mundo en busca de que éste no pierda su carácter de moneda de reserva global. Y con esta tonada, los tecnócratas adiestrados en el “Consenso de Washington” siguieron a coro. Se necesitan “ideas para limitar los riesgos” que puede correr el sistema financiero, demandó Guillermo Ortiz, ex gobernador del Banco de México. “Cada miembro del G-20 necesita considerar las precauciones sobre cómo implementar las estrategias para contrarrestar la crisis económica, tomando en cuenta las condiciones de las economías globales”, propuso Lee Myung Bak, presidente de Corea del Sur.
Se han estado rompiendo las antiguas alianzas geopolíticas. El surgimiento del BRIC, bloque conformado por Brasil, Rusia, India y China en el seno del G-20, pone en riesgo la preeminencia del dólar. De allí el llamado a “cada miembro” a tomar en cuenta las condiciones globales, a no dar patadas al pesebre.
El poder total, lo saben los del WEF, lo están perdiendo. La crisis económica ha sido favorable para que en algunos pueda despertarse la idea de que es necesario definir nuevas relaciones económicas. Cierto que por el profundo arraigo de los patrones de comportamiento que han machacado durante años los medios masivos, resulta muy difícil contrarrestar la inercia del consumo no responsable. Éste se fomenta por la práctica cotidiana basada en la individualidad, la comodidad, la ganancia propia a costa de los demás, del equilibrio social y ecológico. El mundo, se dijo claramente en Davos, deberá seguir siendo propiedad privada de los cinco consorcios globales: alimentos, medios de comunicación, industria militar, industria farmacéutica y sistema financiero-bancario. Para ello cualquier catástrofe, telúrica, medioambiental, económica o sanitaria, es buena a fin de “rescatar” al mundo con dólares. El ahora filántropo Bill Gates, enriquecido con virus y vacunas a partir del terror mediático del 2K, traslada su sapiencia al mundo biológico y anuncia que destinará 10 mil millones de billetes verdes al desarrollo farmacéutico para la obtención de nuevas vacunas.
La presencia de gobernantes de países satélites y líderes de empresa sirvió para avalar, ante el mundo cegado por ellos mismos, todo lo que allí se dijo y que servirá de juego de sombras e ilusiones para ganar un año más depredando al mundo. También fue pasarela de los líderes en formación, que acudieron con la esperanza de recibir el visto bueno de los verdaderos jerarcas del mundo. Ya el año próximo se inventará otro pretexto, como la emergencia climática, otra excusa para justificar la preeminencia de la visión de los que hasta hoy parecen vencedores.
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