
Gabriel Zaid
Me dice Demagog: “Del 50% al 60% de la economía mexicana es informal. O sea, no paga impuestos. Me parece interesantísimo. Claro que el sentimiento natural de los que sí pagamos impuestos, es que estos millones de compatriotas son unos sinvergüenzas que nos dejan todo el paquete a los que sí pagamos, y que debería imponérseles también la formalidad. Pero aparte de ese sentimiento natural, me parece FABULOSO que la mitad de México esté en la informalidad. ¡Gracias a Dios que hay tanta informalidad! Porque eso nos mantiene vivos, asegura que los mexicanos sigan comiendo (un hábito un poco costoso pero difícil de erradicar). Lo diría aún más enfáticamente: la esperanza de México es la informalidad; ella nos sacará adelante en esta horrible crisis. Gracias a esa informalidad tan enorme en México, tengo esperanzas de que podamos evitar una explosión social. Por otra parte, ¿crees tú que, si la informalidad se acabara y 100% de los mexicanos pagara sus impuestos con puntualidad y total cumplimiento, ya no subirían los impuestos? No me digas que eres tan ingenuo como para pensar que con eso quedaría saciada el hambre del Fisco. Pues no, ni así se estabilizaría el cobro de impuestos. Seguirían inexorablemente cobrando más, y más, y más, per saecula saeculorum. Más burocracia, más impuestos, SIEMPRE.” Comento: En efecto, sé bien que el ogro burocrático no tiene llenadera, siempre gastará “un poquito más” de lo que recibe (sea lo que recibe del tamaño que sea). Y sí, la informalidad es la esperanza de México (junto con la Morenita del Tepeyac y la plata). En eso coincide Gabriel Zaid, quien dice: “La informalidad es una bendición incomprendida que despierta sentimientos equivocados. Es el refugio del sentido común.”
¿RECUPERACIÓN?
Otro más de las docenas de datos que no apoyan esa dizque mejoría ilusoria que duró unos cuantos meses y ya hace agua por todas partes: tan sólo uno de cada diez trabajadores gringos encuestados dice que su ingreso está aumentando. Esa es la cifra más baja desde que se comenzó a llevar ese registro en 1946. Por algo el Washington Post la llama “una recuperación tibia”. Es como toparte con un cuerpo sospechoso en la banqueta. Le buscas el pulso y descubres que su temperatura todavía no alcanza el nivel del ambiente: penas templadito, no del todo vivo, no del todo muerto. Pero insisten en llamarlo “en recuperación”.
PERROS
En un concurso para determinar quién tenía el perro mejor entrenado, el ingeniero ordena a su perro: “¡Escalímetro, muestra tus habilidades!” El perro toma un martillo, unas tablas y se arma él solo una perrera. Todos aplauden. El contador dice que su perro podía hacer algo mejor: “¡Cash Flow, muestra tus habilidades! El perro va a la cocina, vuelve con 24 galletas y las divide en 8 pilas de 3 galletitas cada una. Todos admiten que es notable. El químico dice que su perro puede hacer algo aún mejor: “¡Óxido, muestra tus habilidades! Óxido camina hasta el refrigerador, toma un litro de leche, pela un plátano, usa la licuadora y se hice un batido. Todos aceptan que es impresionante. El informático sabía que podía ganarles a todos: “¡Megabyte, hazlo! Megabyte atraviesa el cuarto, enciende la computadora, controla si tenía virus, mejora el sistema operativo, manda un e-mail e instala un juego excelente. Todos sabían que esto era muy difícil de superar. Miraron de reojo al diputado y le dicen: “Y tu perro, ¿qué puede hacer? El político llama a su perro y le dice: “¡Güevón, muestra tus habilidades!” Güevón se para de un salto, se come las galletas, se toma el batido, borra todos los archivos de la computadora, les pela los dientes a los otros cuatro perros, se roba la perrera y alega inmunidad porque tiene fuero. Adivina quién ganó el concurso.
CÁPSULAS
Te recuerdo que mis breviarios “Hueconomía” de un minuto en Canal 40 pasan los viernes a las 8 de la mañana.
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