En nuestro país, los profesionistas comienzan a proliferar de manera virulenta en el medio laboral, los negocios, las dependencias de gobierno, los lugares de ocio y esparcimiento, ¿pero qué clase de profesionistas esta pululando en nuestro medio? Ups… ojo, mire usted…
En los últimos diez o quince años en nuestro México se ha instalado una universidad en cada esquina, donde se forjan profesionistas de segunda, sin ningún grado de dificultad, ni el mas mínimo aderezo de exigencia en las materias que se imparten en la aulas universitarias, se expiden cedulas profesionales en cada área, dejando cada seis o cuatro meces miles y miles de profesionistas mal formados en las calles que están devaluando a los que con un esfuerzo enorme haces más de diez años se tallaron el lomo haciendo una carrera universitaria. Quizás suena agresivo pero observe, últimamente, en las nuevas universidades se imparten clases, en las cuales los maestros no pueden exigirles más de la cuenta a los angelitos, porque si estos se molestan, el maestro sale por pies de la universidad de la cual es catedrático, la educación es un negocio, no un compromiso, así que debe ser sumiso, cuidar su chamba y estar al pendiente de las necesidades de sus educandos…. Peor le cuento, ¿ha visto usted las maravillosas faltas de ortografía con las que nuestros jóvenes profesionistas adornan los textos que con sus manecitas hacen?, ¿se ha dado cuenta de lo incultos que son?, ¿le ha preguntado a alguno de ellos cuántos libros ha leído?; permítanme dudar del sistema: Inscríbase, page y no se muera en tres años para ser licenciado en los que guste.
De un poco menos que desastroso califico lo que sucede en México en la actualidad, con tanto burro con cedula en la calle devaluando la chamba de los que si estudiaron, el panorama se ve muy oscuro… analicemos más a fondo el asunto.
Los políticos se ofertan para conseguir votos con propuestas a favor de la educación superior, que nuestros jóvenes deben estudiar y que todos tienen derecho, y que más oportunidades para todos, pero… ya ve lo que pasa con su sueldo, ante tanta competencia; si usted no quiere recibir esa lana alguien más la perreará. Veo con mucha tristeza médicos que cobran treinta pesos una consulta, ingenieros que llevan proceso de producción por cinco mil pesos al mes, contadores que sufren las de Caín al recibir su sueldo al llevar una empresa en orden, en fin profesionistas mal pagados en todos lados, ¿Por qué? Porque hay tanto profesionista en la calle que si tú, como tal, no quieres hacer la chamba por esa lana miserable, la hará otro más hambreado; qué maravilla, sigan creando universidades en cada cuadra, para que su chamba y la mía cada vez valgan meneos.
Mi reclamo va encaminado a la mala planeación, a la poca perspectiva que estamos teniendo como nación, el hecho de que nos devaluamos a nosotros mismos, de que nuestros profesionistas no tendrán un campo laboral, que no fomentamos la competitividad, que observemos la proporción de profesionistas existe en otros países comparado con el nuestro. Qué porcentaje de gente tiene una profesión, llega a la universidad y cuantos ejercen, qué grado de dificultad tiene cada cual y por tanto observar si el grado de exigencia es directamente proporcional a los resultados que tendrá un estudiante en un futuro campo laboral. No es posible que en México tengamos más médicos que E.U.A. siendo que tenemos la tercera parte de la población, ¿se da cuenta? No estará ahí la respuesta a los bajos ingresos de los profesionistas y por ende de los que le siguen hacia abajo en escalafón, digo, si al arquitecto le pago una miseria, ¿Cuánto le pagare al chalan?
En fin en mi México todos somos licenciados, el que no lo es, es porque no se ha inscrito, no ha pagado y no ha tenido paciencia, porque no se necesita más…
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Fácil ver la paja en el ojo ajeno y no sentir la viga en el propio: Escribir “meces” en vez de “meses” en un artículo donde critícas la baja cultura de los egresados universitarios. ¡Qué barbaridad!
En conlusión: Peor le cuento, ¿ha visto usted las maravillosas faltas de ortografía con las que nuestro jóven –articulista– adorna los textos que con sus manecitas hace?, ¿se ha dado cuenta de lo incultos que son?, ¿le ha preguntado a –quien escribió este artículo– cuántos libros ha leído?
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