¿Comando rudo o discurso del pánico

Escrito por on nov 20th, 2009 y archivado en Cuatro de julio, Destacado, Galería Fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

¿Comando rudo o discurso del pánico

Garantizar la igualdad de los hombres ante la Ley, alcanzar la convivencia social en el marco del derecho, y eliminar las diversas expresiones de la discriminación, es el objeto de los principios de  igualdad jurídica que se describen en los artículos 1º, 2º, 4º, 5º, 12, 13, y 31 de nuestra Constitución Política. Desde un punto de vista doctrinario, todas las personas en México, somos iguales ante la Ley. Así de simple es el “estado de derecho” al que nuestras autoridades acuden de manera recurrente cuando el pánico de la sociedad está a punto de superar a su “autoridad”.

Se afirma que la delincuencia es producto de la impunidad, y en gran parte, de la pobreza y desempleo que se vive en nuestro país, y que parece que la autoridad utiliza el monopolio de la fuerza pública sólo para intimidar a los ciudadanos “buenos”, y proteger a los delincuentes. Vale ilustrar esta hipótesis con dos ejemplos de hechos reales.

Primero: Usted puede visitar muchas comunidades de Aguascalientes, donde los retenes militares brillan por su ausencia, por ejemplo “Tepetates” en el municipio de San Francisco de los Romo.  Puede detenerse frente al templo o beber un refresco en la tienda de la esquina y conversar con jóvenes desempleados que no pudieron pasar como “mojados” la frontera con los EUA. Ellos, sin más expectativas en su vida, se reúnen ahí para contar sus historias y pasar el día y comentan que conocen perfectamente a los delincuentes que roban, extorsionan y comercian con la droga en la zona. Pero los comerciantes, que también conocen a los maleantes, temen por su vida. Todos coinciden en que no vale la pena denunciarlos, pues mas tardan en denunciarlos y detenerlos que la autoridad en dejarlos libres nuevamente, “por falta de pruebas”, y luego vienen las represalias.

Ya lo han vivido en carne propia. Al enterarse de las denuncias, llegan hombres armados hasta los dientes que circulan en potentes y lujosas camionetas “gabachas”, introducidas ilegalmente al país y cuyo lujo contrasta con la generalidad de los habitantes de la zona, se burlan de ellos y nuevamente los atracan, pero ahora con más saña.

Segundo: veamos un ejemplo del “uso legítimo de la fuerza pública” ejercido por grupos “rudos” de policía municipal de Aguascalientes. En días pasados, en Santa Anita, un prepotente “taxista” pasaba como loco por una de las estrechas calles de esa colonia cuando varios jóvenes que estaban reparando su automóvil, hartos de la intimidación de aquél sujeto, le reclamaron airadamente para después arrojarle algún objeto al “taxi”. El influyente “taxista” los denunció a la autoridad y de inmediato un grupo “rudo” de policías municipales, seguramente muy amigos suyos, acudieron presurosos a tomar venganza y sin orden judicial de por medio, intentaron introducirse al domicilio de los jóvenes, sin decir “agua va”, golpearon puertas y ventanas, subieron a los techos de la casa y saltaron al patio trasero. La familia completa reaccionó más asustada que lo normal y repelió a los “rudos” policías con toda clase de “armas letales” a su disposición, como zapatillas, botellas, bates, agua caliente, y hasta el casco de algún viejo amortiguador que guardaban en su hogar. Mientras tanto, las tribus de pájaros, conejos y otras mascotas de la familia huían despavoridas ante la agresión del “estado de derecho”. Más tarde, los “rudos” policías, llenos de lesiones y fracturas, presentaban ante la “autoridad” a la familia que había osado defenderse de la agresión policiaca y el saldo de la golpiza que recibieron en su propio domicilio. Sin más argumento, el  “representante de la Ley” ubicado detrás de una barandilla, afirmaba que los policías tenían instrucciones del propio Presidente Municipal para “actuar y luego averiguar”. Al finalizar este capítulo, el influyente taxista se retractaría, pues había logrado su objetivo “intimidar” a esos jóvenes; los “rudos” policías, debido a sus fracturas tomarían unos merecidos días de descanso; y la familia agredida quedaría lesionada de por vida, confirmando que el “estado de derecho” solo se puede aplicar a los “buenos”.

No tengo dudas: cuando los gobernantes recurren al discurso del pánico lo hacen para huir de una realidad que vive la sociedad. Cobardemente, cómo lo hizo hace unos días el Secretario de Gobernación, arremeten contra los ciudadanos que ponen en riesgo la autoridad del Estado, y en su defensa enarbolan la frase de que vivimos en un “estado de derecho”, que “nadie está por encima de la Ley”. Bonito discurso, pero eso no significa que Gomez Mont, suscriba los principios de igualdad ante la Ley. Lo que está diciendo es “yo soy la ley”.

En otras palabras, muchos gobernantes imponen su monopolio de la fuerza pública, pero sólo contra los “buenos”, pero huyen frente a los delincuentes, se acobardan, o la utilizan para intentar protegerse ellos mismos.  Cuando un gobernante, o un ciudadano común, se atreven a contrariar el “discurso del pánico” que usan, por ejemplo el Secretario de Gobernación o el Gobernador de Nuevo León, realmente no ponen en riesgo nuestro “estado de derecho” sino  el estado de las cosas actuales y de las complicidades de autoridades con delincuentes.

Para su desgracia, la estrategia de la “avestruz” algunas veces no da resultados.

Recordemos el ejemplo del Presidente Municipal de García, Nuevo León, quien hace unos días, fue amenazado por unos 30 sicarios de los “Z”, quienes llevaron un “mensaje” hasta su casa y le ordenaron que se “alinee o se atenga a las consecuencias”. Con el miedo entre las orejas, el Alcalde sólo atinó a llamar a su jefe de seguridad pública municipal, quien acudió al llamado de su jefe acompañado por cuatro de sus guardias personales y en el camino se “topó” con aquellos delincuentes que montados en lujosas camionetas “gabachas”, quienes sin decir “agua va”, ejercieron el “poder de la fuerza y de las armas” y con una ráfaga de metralla acabaron con la vida de los policías. ¿Qué piensa usted amable lector? ¿El Presidente Municipal de García, Nuevo León, se alineará o los enfrentará poniendo en riesgo su propia vida?

Otro ejemplo reciente: En el municipio de Garza García, también en el estado de Nuevo León, una minoría de ciudadanos con gran poder económico que están hartos de la complicidad de los cuerpos policiacos, municipales, estatales y federales, con los distribuidores de droga conocidos como el Cartel del Golfo, y los “Z”, han enviado un mensaje a los delincuentes y a través de la persona de su Presidente Municipal Ellos han cambiado el discurso del pánico, por un discurso del “ojo por ojo, diente por diente”. Han anunciado la formación de un grupo especial de policías rudos, “de limpieza”, que tendrían como misión, “exterminar” a los delincuentes. Es decir, reducirán el trabajo del Ministerio Público, y los juzgados. No serán juzgados por los corruptos funcionarios que deben aplicar la Ley, simplemente los “eliminarán”. Con este discurso, los “ricos de Nuevo León” han retado a la autoridad estatal y federal y el “estado de derecho” parece estar muriendo por su fragilidad. ¿La autoridad castigará a los ciudadanos “ricos” que financian la eliminación de los delincuentes?

Enfrentarse a los delincuentes representa una señal de absoluta desesperación. Nadie, en su sano juicio, pone en riesgo su vida cuando sabe que con dinero puede conservarla.   Yo no me atrevería a recomendar acciones de este tipo. Tal vez, he sido programado para no usar de la violencia. Quizás estoy convencido de que la violencia sólo genera más violencia. Tal vez, debo obedecer a la autoridad y sacrificar de la defensa de mis derechos. No lo sé bien. Pero me parece que comparto mi desgracia con otros mexicanos que hemos sido adoctrinados para no arriesgar nuestra vida, para no enfrentar a quienes nos agreden pensando que existe en México un “estado de derecho” En otras palabras, adoctrinado sobrevivo en un México “de los agachados”, arraigado en el mestizaje del pueblo conquistado.

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