La iniciativa de Ley de Ingresos para el año 2010, que el Congreso de la Unión aprobó al gobierno del Presidente Felipe Calderón, no tiene mayor justificación que los lujos de un gobierno federal ineficaz, irresponsable y omiso en el ejercicio gasto público y la rendición de cuentas. Los contribuyentes cautivos, pagarán las cuentas públicas de las burocracias federal, estatal y municipal que se niegan a reducir sus costos administrativos y cumplir con la misión de brindar a todos los ciudadanos la seguridad jurídica indispensable para promover el empleo y el mejor desarrollo económico y social.
La historia es cíclica. Los movimientos sociales se incuban durante años y luego hacen explosión. ¿Será posible que la rebeldía y desesperanza de millares de jóvenes que son reclutados por los varones del narcotráfico en México, representen la punta de la madeja de un levantamiento armado generalizado en el país? ¿Los contribuyentes asalariados deben sostener la corrupción e ineficacia de los gobiernos? Por todo el país, se escuchan los lamentos, mientras la pobreza ha crecido, y se refleja en la delincuencia.
Han sido los legisladores federales quienes han aprobado la Ley de Ingresos. Pero no se dice, y no se publicita con tanto rigor, que lo hicieron obedeciendo al diseño institucional de nuestro sistema político electoral. En la práctica parlamentaria de México, el “dedo” de los señores y las señoras legisladoras, está irremediablemente atrapado entre los cerrojos de los grupos de poder real; los gobernadores y el Presidente de la República.
En descargo de los legisladores, vale la pena hacer este comentario con el objeto de que los lectores no cometan el error de expresar opiniones basadas en la propaganda que el Ejecutivo pone en marcha cada año después de que se aprueban nuevos impuestos. Es una comedia, donde el Ejecutivo intenta hacerse la víctima, y descarga su responsabilidad en la persona de los diputados y senadores de la república, quienes en este tema hacendario, son apenas unos peones en el tablero del ajedrez de la política.
Pero más allá de quién debe cargar con las culpas, los ciudadanos se preocupan porque los impuestos que regirán durante el año 2010, sigan el camino del derroche que inauguró Vicente Fox y ha sido seguido por cientos de gobernantes que se niegan a rendirle cuentas a la sociedad.
Hoy son los propios empresarios que una vez creyeron y financiaron las campañas de Vicente Fox y Felipe Calderón, quienes luchan por no ser afectados en sus intereses muy personales, pero no tienen gran preocupación por aquellos pequeños empresarios que producen bienes y servicios, ni por los trabajadores asalariados, sino porque el desempleo producirá mayor inseguridad. Así que ahora presionará a los diputados para que el gobierno destine más presupuesto para el “combate al crimen organizado”, sin importar que los programas sociales no reciban presupuesto suficiente para apoyar el desarrollo humano y generar educación y mayor capacitación para el empleo.
La carga impositiva es grave. Solo por causa del incremento del 2% al impuesto sobre la renta (que pasa del 28% al 30%), un trabajador que gana actualmente 12 mil pesos al mes, deberá hacer un pago de 3 mil 600 pesos mensuales del ISR. Esto significa aportar 240 pesos más de lo que paga hoy y un deterioro del 2.77% del salario mensual. Al aplicar el descuento del ISR, ya sólo ganará 8 mil 400 pesos netos, cuando hoy gana 8 mil 640.
Por si eso no fuera suficiente, deberá pagar el 1% más al Impuesto al Valor Agregar IVA (que pasa del 15% al 16% y sólo en zona fronteriza del 10% al 11%). Así las cosas, nuevamente se deteriora el salario neto obtenido de 8 mil 400 pesos, pues al consumir cualquier producto o servicio (salvo medicinas y alimentos no procesados), cada trabajador deberá aportar a favor de su gobierno en 2010, la cantidad de 1 mil 344 pesos, mientras que hoy sólo paga 1 mil 296 pesos al gastar su salario neto.
Así las cosas, para el año 2010, un contribuyente que gane un salario bruto de 12 mil pesos al mes, terminará aportando impuestos por 4 mil 944 pesos, el 41.20% de su salario bruto. Actualmente aporta sólo 4 mil 656 pesos que representan el 38.8% de nuestro ingreso mensual.
La desgracia será mayor cuando el contribuyente padezca la enfermedad del alcoholismo y del tabaquismo, pues el daño a su economía será catastrófico, deberá pagar más pesos por cada cajetilla o brandy que consuma para curarse la enfermedad.
Siendo realistas, todos los trabajadores que obtengan un salario de 12 mil pesos y paguen debidamente el ISR, y luego paguen el IVA en lo que consume, sólo puede ahorrar, contar, o adquirir bienes que representan 58 centavos por cada peso que gana en nómina. Realmente le aporta a sus gobiernos 42 centavos por cada peso que gana. ¿Quién afirma que en México se pagan pocos impuestos?
Después de hacer cuentas, podemos tener una dimensión más justa, del porqué millones de mexicanos productivos, se niegan a incorporarse al régimen de contribuciones del sistema hacendario mexicano. Si el gobierno insiste en complicar las cargas tributarias, y en beneficiar a los grandes contribuyentes en perjuicio de los asalariados cautivos, lo que podemos visualizar en el futuro no muy lejano, es mayor evasión y elusión fiscal. En realidad los empresarios que mayor cantidad de empleos generan son los medianos y pequeños, los que comparten con sus vecinos la vida diaria, no los que especulan con la bolsa y se llevan su dinero a los paraísos fiscales. Esos no crean empleos, ni riqueza.
Es evidente que el proyecto del gobierno de Felipe Calderón, tiene la mira puesta en la afectación directa al bienestar de las clases medias en México. Tal vez, lo que se intenta es acrecentar la masa de pobres. Quizás al gobierno se le hizo poco saber que la mitad de la población sufre pobreza y pobreza extrema. Ahora pretende engrosar ese ejército de pobres.
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