Impuestos, partidos políticos y otras superficialidades

Escrito por Darío Zepeda Galván on Nov 6th, 2009 y archivado en Aguascalientes, Destacado, Galería Fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Impuestos, partidos políticos y otras superficialidades

Todo el notable relajo que  se ha armado a propósito de esa broma de mal gusto que fue el paquete de ingresos de la dupla CaCa (Carstens – Calderón, ya se, es un chiste bajo y barato, pero  a estas alturas ya era irresistible el hacerlo) nos ha dejado lecciones que creo tenemos la obligación de entender, aprender y sobre todo no olvidar. Porque esta opereta bufa de acusaciones, retracciones, piedras lanzadas y manos escondidas nos permite pintar, como en pocas ocasiones, la clase de políticos que tenemos en México. En las últimas semanas hemos visto, despojados de las máscaras y de la pretensión de seriedad y legitimidad, con las que les gusta pretender que todavía que les creemos, a los gobiernantes del país, mostrando qué es lo que verdad resulta importante para ellos.

La primera e innegable lección es una que ya sabíamos o al menos intuíamos,a saber, que en México no existe la democracia, entendida ésta como la posibilidad de que la voluntad de la mayoría de los habitantes del país pueda ser expresada, reconocida y transformada en políticas públicas por parte de quienes son designados como representantes. Se también que esto no es tampoco un tremendo descubrimiento, pero es importante dejar constancia del hecho, sobre todo porque se puede leer por aquí y por allá a gente que sigue hablando de nuestra “joven democracia” o de que estamos “a la mitad de la transcición democrática” o que México es “innegablemente democráctico”, siendo que no es el caso. Y el lamentable ejercicio del congreso y hacienda haciéndole al cuento nos da una prueba empírica creo yo que bastante irrefutable de esto. Lo que tenemos en todo caso, es una oligarquía, que pomposamente se piensa aristocracia. Esto es, un grupo (cada vez más) pequeño de gente gobernante que presupone que son mejores que el resto de los mexicanos, por el sólo hecho de  “estar ahí”  (y por que son, todos están seguros de ello, tremendamente sagaces para “hacer política”) y que consideran que dicha inteligencia y sagacidad les permite saber qué es lo que “necesita el país”, independientemente de lo que los demás ciudadanos decidan.

Así, a pesar de que de todos los rincones, de todo el espectro político y económico del país, de arriba y de abajo, se les dijo, se les adviritió y se les gritó en la cara que sus brillantes

planes de poner más impuestos no eran bien recibidos, los políticos no escucharon. Entiéndase por favor que lo novedoso no es que los supuestos representantes no hicieran caso a otras personas que no fueran sus jefes de bancada/partido, eso lo hacen siempre. Lo novedoso es que ahora sí pudimos observar (en tiempo real dicen los internetólogos) el olímpico desprecio a todos y cada uno de los mexicanos. La votación de la cámara baja y del Senado para este paquete de ingresos es el momento exacto, histórico, en que todos pudimos oir, sin lugar a dudas, que los políticos nos dicen “después de nosotros, el diluvio”. Lo único que importa es mantener a salvo su modo de vida, cueste lo que cueste y a quien le cueste. Incluso están molestando a sus patrones tradicionales, los grupos empresariales, con tal de no tener que poner el peligro su equivalente a las “conquistas laborales” que defienden los sindicatos corruptos. El PAN y los panistas, no tuvieron nada que envidiarle al SME, el chiste es seguir cobrando mucho, así quiebre el país.

Esto es lo importante, de alguna manera todos estábamos seguros de que, subiendo esto o aquello, los partidos iban a encontrar la manera de perjudicarnos, la duda, ingenua tal vez, era saber si se atreverían a seguir adelante con sus tonterías a pesar del, ahora si me atrevo a decirlo, universal rechazo a sus planteamientos. Y lo hicieron. Desde mi punto de vista, el Congreso y el Ejecutivo (porque no hay que dejar limpio a Calderón, ahora que la culpa se repartirá entre los diputados y senadores) perdieron con todo esto, las últimas pretensiones de representatividad que les podían quedar. Se salieron con la suya, otra vez, porque el sistema está hecho para que se salgan con la suya,  pero ya no pueden tener cara para pretender que alguien les crea el anciano cuento del “bienestar del país”. Tampoco podrán ya decirse representantes de alguien más que sus propios partidos. Tenemos aquí la confirmación irrefutable de lo que el movimiento para anular el voto venía diciendo, gane quien gane, nosotros perdemos. El divorcio entre los intereses de la clase política y el resto del país se demuestra como total y definitivo. No hay nada ya que puedan ofrecernos los políticos, pero además, no les interesa. Viven contentos y felices, dándose palmadas en la espalda por su sagacidad y desmedida inteligencia para hacer ver mal al otro o para tratar de “asegurar más votos”.

Este es el momento para darnos cuenta cabal de que allá arriba no van a cambiar, los políticos no tienen ningún incentivo económico o de poder para modificar su conducta, y éstas dos son las únicas preocupaciones que tienen, a saber, cómo llegar al siguiente puesto y cómo obtener el mayor beneficio económico de él. Y se hará lo necesario para que no peligre ese carrusel, incluso, se podrá pedir permiso para votar en contra (como Camarillo y Lozano) habida cuenta de que dicha “desobediencia” no tendrá impacto alguno en la votación final, pero les permitirá a éstos presentarse limpios de culpa cuando intenten treparse a otro puesto. No hay para que modificar esta conducta, hasta ahora les ha funcionado muy bien para lo que quieren.

Y es que necesitamos caer en la cuenta de que la política no tiene nada que ver con cosas como “el bienestar de la población”, “la generación de riqueza(colectiva,claro)”, “crear mejores condiciones de vida” y toda esa retahíla de frases que nos recetan cada campaña. Tenemos que entender, finalmente, que la política es una forma de obtener un ingreso suficientemente alto como para poder dedicarse a eso de por vida. La política en México es una profesión, un negocio mejor dicho, y como todos los negocios es atractivo en la medida en que pueda generar ganancia, con la enorme ventaja de que este negocio tiene un ingreso constante, seguro, inmenso y creciente. Lo único que va a preocupar a los políticos será cómo mantener ese flujo de dinero público hacia sus bolsillos. Aceptemos esto como el primer paso para poder modificar las cosas, la política es un negocio en el cual nosotros pagamos muchísimo a unos individuos para que nos den a cambio discursos, comerciales, pleitos y para que ellos subcontraten (también con nuestro dinero) a otros individuos para que hagan planes y proyectos que les permitan -como no – hacer más dinero a ellos. Lo único que estamos eligiendo en cada votación (como la del año que viene) es a quien le vamos a pagar para salir en la tele, en el radio y en anuncios espectaculares. Nada más, la política social, económica, educativa, cultural y todas las demás, las decidirán ellos, según alguien ofrezca. Así, si las constructoras de casas ofrecen más, tendremos sexenios de “política de impulso a la vivienda”, si ofrecen más las constructoras de puentes, tendremos una súbita preocupación por “mejorar las vialidades” y así podríamos pasar revista a todas las políticas de los últimos y próximos años.

Concluyamos, porque esto ya se extendió y ya me estoy empezando a enojar, y, como diría Bruce Banner, no les gustaría verme enojado. La oligarquía actual es hoy un obstáculo tan grande para la democracia en nuestro país como un día lo fue el sistema de partido único y el presidencialismo. Ahora como antes, necesitamos deshacernos de este obstáculo, antes fue el PRI y El Señor Presidente, ahora son los partidos (todos) y los Señores Gobernadores. Para romper esto necesitamos quitarle a los partidos el monopolio de las decisiones y cerrarles la llave de los recursos públicos,necesitamos, pues,  hacer que la política deje de ser un buen negocio. Y necesitamos construir contrapesos reales contra los gobernadores, que obviamente no serán los congresos estatales, que juegan a lo mismo. Lo difícil y complicado de esto es que se necesita que muchos mexicanos dejemos la posición de observadores y nos convirtamos en actores. La única forma de evitar que estas personas sigan decidiendo nuestras vidas de acuerdo a sus estados de ánimo, es comenzar a decidir por nosotros mismos.

¿Difícil? encamionadamente difícil, complejo y complicadísimo. Pero los pasos se están dando, se acaba de integrar una todavía pequeña, pero movida Asociación de Organizaciones Civiles, integrada por individuos que, como todos los demás, estamos hasta la coronilla de estos sujetos; hay grupos como Evolución Mexicana, quienes ya han puesto en juicio público al Gobernador de Nuevo León y al ex- alcalde de Monterrey y como México Ciudadano, que está buscando desde hace rato reformar la Constitución para permitir que la iniciativa popular sea un hecho. Este es el camino, aquí es donde está la posibilidad de cambio, no tiene caso comprarnos los pleitos entre hermanos que veremos de aquí a que sea la elección de gobernador, nada ganamos nosotros si queda Lozano u Orozco o Martínez o quien quiera que sea, es tan estéril para los ciudadanos discutir sobre el PRI o el PAN como discutir que la telenovela A es mejor que la telenovela B, o que el América sea mejor que las Chivas (sobre todo porque es conocido de todos que los mejores serán siempre los Pumas), esto es, las discusiones siempre serán sabrosas y hasta apasionadas, pero al fin del día, lo que resulte de ellas no cambiará la forma en cómo se hacen telenovelas ni a la Federación Mexicana de Futbol. Lo mismo ocurre con la política, es solo un show multimedia para darnos algo por lo que pelearnos, nada más, las verdaderas decisiones y las verdaderas políticas no tienen nada que ver con el carísimo montaje del IFE y compañía. Dejemos de seguirles el juego y comencemos a trabajar, porque lo que no hagamos por nosotros, nadie lo va a hacer.

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1 comentario en “Impuestos, partidos políticos y otras superficialidades”

  1. Eduardo Quiroz Gutiérrez dice:

    Felicidades por el escrito Darío.

    Más claro, ni el agua.

    Definitivamente. Nuestra clase política es incapaz de escuchar.

    Personalmente, he enviado un gran número de correos a los legisladores. Nadie me ha contestado. No tienen la delicadeza siquiera de responder para decirme que mi opinión les parece nula.

    El que se llamen representantes me parece algo vacío.

    Pero, ¿qué tal hace unos días que escribí al parlamente europeo para quejarme de las palabras pronunciadas en Europa por la Embajadora de México ante la UE?

    Al día siguiente, tres eurodiputados me habían contestado atendiendo a mi correo. Uno, diciendo que se aseguraría de que todas las voces fueran escuchadas en el parlamento europeo. Otro, para indicarme exactamente a quién tenía que dirigir mi comentario. Y, ¡lo mejor! El tercero, diciéndome que la verdad era que habría puntos de vista diferentes, como en todo sistema político, pero, en el fondo “todos conocemos la situación por la que atraviesa tu país”.

    Cómo quise ser representado por un eurodiputado. Y que no se tome esto a malinchismo, por favor.

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