Balance y perspectivas I/II

Escrito por on Jul 8th, 2009 y archivado en Agenda Pública, Destacado. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Enrique Peña Nieto

Enrique Peña Nieto

El resultado más importante del proceso es el regreso del PRI en todos los años que lleva de oposición, tanto en el Congreso como en las disputas por los poderes estatales. Pasa de 106 diputados que actualmente tiene en la Cámara de Diputados a 237, según las estimaciones que se han efectuado, aunque no llega a los 239 de 1997. El triunfo más importante es la generación de un estado de ánimo triunfante, que augura un retorno en 2012 a Los Pinos.

Habrá muchas explicaciones de lo sucedido, pero dos destacan: el PRI tuvo la capacidad de mostrarse renovado y más democrático, y sobre todo enseñó una alta eficacia en la operación política de sus cuadros, especialmente la acción de los gobernadores, nuevos artífices del poder tricolor en esta época en que no tienen al gran elector.

En efecto, ya se menciona la inevitabilidad del retorno del priismo a la presidencia de la República por los resultados que se han dado. Sin embargo, esa interpretación sería demasiado optimista por el largo tramo que falta para 2012 y porque los cifras arrojan una recuperación que no supera el millón de votantes respecto a 2006, (2009: 12,520,418. 2006: 11,619,679). Hay que destacar también que los resultados de las diputaciones de mayoría por entidad enseñan números muy buenos para el priismo: gana en 19 y en 11 de ellas lo hace con carro completo, frente a 2 en las que lo hizo el PAN.

Pero además el avance en los estados es aplastante: conserva Campeche y Colima, que llegaron a tener incertidumbre; conserva Nuevo León que se daba como triunfo seguro por el panismo; recupera los bastiones albiazules de Querétaro y San Luis Potosí, y recupera zonas perredistas y panistas en el Estado de México, toda la zona metropolitana de Jalisco, la capital de Morelos y la capital de Guanajuato. Sólo pierde Sonora, y en su balance puede responsabilizar al efecto ABC.

Si la contienda significó una disputa de estrategias, sin duda que ganó la priista, pero se cruzan también más factores en el entorno que influyen en la decisión del electorado. La agenda nacional esta problematizada y ha resultado sumamente complicado desahogar los diferentes problemas que se tienen, por lo que la población juzga que no ha encontrado respuestas por parte de los gobiernos, particularmente del federal. Ello acaba pesando de manera significativa en las decisiones de la población que votó o se abstuvo, lo cual representa en sí un voto de castigo al PAN y al presidente Calderón

En ese sentido, la sonrisa del priismo se debe matizar, pues el triunfo no se debe en todos los casos a sus propuestas o a sus perfiles, sino a la capitalización de un desencanto y también a la maquinaria electoral que supo trabajarse como en sus buenas épocas. No hay una aplastante victoria de las iniciativas, sino la presencia oportuna para regresar y reafirmar, según cada caso. Incluso, la novedad incorporada en las campañas tampoco es para mayor motivo de orgullo: el anclaje en la presencia mediática del gobernador del Estado de México, que representa la personalización de la política vía el glamour, montado con un aparato y presupuesto insultante.

El otro dato relevante evidentemente que es la caída del PAN, presa de la adopción del pragmatismo que lo lleva a darle la espalada a las prácticas democráticas que históricamente lo caracterizaron. Si bien el panismo pagó los costos de estar en el poder y las dificultades que ha tenido para responder a las diversas crisis, el señalamiento directo que se le hace como partido es la adopción de las peores formas de lucha electoral, fundamentalmente las libradas a su interior y que terminaron con la imposición de varios candidatos. El saldo es desastroso: de contar con 206 diputados se quedará con 143, menos que los 148 de hace seis años; sólo una gubernatura de seis que se diputaron, perdiendo las posiciones de Querétaro y San Luis Potosí, así como importantes zonas y capitales.

Pero además es notoriamente contrastante la falta de operación de los gobernadores panistas, pues en todas las entidades en que hubo procesos locales obtuvieron malos resultados, con excepción de Guanajuato.

Es claro que se dibuja un bipartidismo como normalidad en la conformación de poderes, con paradojas interesantes como la buena calificación al presidente Calderón, pero no en automático el respaldo a su partido, o los comportamientos priistas del panismo y panistas del priismo.

Otro de los datos más notables y quizá más difícil de revertir que la caída panista, es la debacle de la izquierda mexicana, que retrocede en la Cámara de Diputados y en todos los estados; pero pierde sobre todo credibilidad por los tristes espectáculos que dio durante el proceso, pespecialmente los que protagonizó López Obrador, quien nos reveló de nueva cuenta su rostro antidemocrático. El desafío para la izquierda no es lograr una recuperación electoral en el futuro, sino redefinir muchas cosas.

Por otra parte, se observa una gran volatilidad en las preferencias, la emergencia del Partido Verde y el Panal, así como la novedosa movilización por la anulación del voto que logró buena cosecha. Todos estos votos serán decisivos en las futuras campañas políticas y en su conjunto representan una posición coincidente de rechazo a los partidos tradicionales.

A estos datos hay que sumar el alto porcentaje de abstencionismo para adelantar como conclusión que las cosas tienen que cambiar, que a la sociedad hay que responderle, transmitirle mensajes con sentido, informarle, rendirle cuentas y reconocer los nuevos espacios de organización que en adelante irá creando.

Hay un nuevo mapa político que para algunos ofrece la posibilidad de imponerse, con el riesgo de colapsar la agenda nacional. Si hay una buena interpretación de lo que deja el proceso, la idea que debe prevalecer es la de buscar acuerdos, aunque ello se ve difícil por la lucha del 2012. De hecho, los primeros mensajes de algunos priistas ya presionan a Calderón para cambios en el gabinete y fijar la ruta, lo cual es comprensible, pero puede ser peligroso si el partido vencedor no se abre a dialogar.

Hay que advertir que los triunfos priistas muestran la opción de la política espectáculo, encarnada en Peña Nieto y respaldada por Televisa, lo cual puede ser una gran amenaza para la democracia mexicana.

Finalmente, a las ya varias listas de ganadores y perdedores que se han realizado, habría que agregar algunos elementos de alerta:

-Debe considerarse que, en general, gana la democracia por el proceso, por los mensajes de hartazgo que mandó la ciudadanía y porque se asienta la alternancia.

-No pude considerarse, para beneficio de la misma democracia, que las elecciones son decisiones para encumbrarse eternamente o para terminar condenados a los sepulcros.

-Peligrosamente ganan gobernadores, que son verdaderos virreyes en sus estados.

-El PRI triunfador debe moderarse en la victoria y seguir trabajando en una auténtica renovación.

-El PAN y el PRD se requieren fuertes en el escenario nacional, con propuestas, jugando el rol de partido gobernante u opositor con vigor.

-Es lamentable que ganen propuestas ligeras y franquicias familiares.

-Los poderes fácticos no pueden ser los ganadores de un proceso que es eminentemente ciudadano.

-Debe seguir ganando más en credibilidad la autoridad electoral.

-Debe seguir ganando más la ciudadanía, desplegando sus capacidades organizativas que exijan respuestas efectivas a los políticos.

El autor es socio consultor de Azpol comunicación + estrategia política

www.azpol.com

Be Sociable, Share!

1 comentario en “Balance y perspectivas I/II”

  1. Ernesto Baltazar Sierra dice:

    Prácticamente estoy de cuerdo con todo
    su análisis, a excepción de la adjetivación para con
    Andrés Manuel López Obrador.
    Estoy de acuerdo si usted soporta la premisa ideológica sobre la Democacia
    que hace G. Sartori en su texto: “30 lecciones para entender la Democracia”
    Pero, le suplico amplie su adjetivación para con AMLO.
    A manera de fomentar el debate, este es el balance que observo de las elecciones del 5 de julio.
    ¡Sonríe, vamos a luchar!
    ¡San Luis y México merecen un mejor gobierno!

    Asistimos a una nueva versión de las Elecciones de Estado. Los grupos de poder en México, representados por el PRI y por el PAN, hicieron gala de poderío económico y de control mediático. No habló la voluntad general sino la voz de los poderes fácticos. La democracia de la que se presume en las instancias oficiales, está lejos de ser real.
    Los candidatos del pueblo padecimos los efectos de la inequidad, tanto en recursos materiales, como en el trato por parte de los organismos electorales. Nos destruyeron la propaganda, que de por sí era infinitamente minoritaria respecto a la del PRIAN.
    El votante rechazó los actos del gobierno espurio de Felipe Calderón Hinojosa, que tienen al país metido en una “guerra” absurda contra sectores importantes de la población y cuyo costo en vidas humanas supera al de norteamericanos caídos en Irak. También expresó su desacuerdo con las medidas económicas, que únicamente benefician a los oligarcas y crean más miseria y marginación. Sólo que no se decidió a dar un paso adelante y sufragar por los candidatos de la izquierda, sino que prefirió al “malo conocido”. Ahora volveremos al pasado de rapiña y represión.
    Las elecciones se convirtieron en un mecanismo de convalidación de las decisiones que toman las cúpulas partidarias. Lo que define el resultado no son las ideas de los aspirantes a puestos públicos, sino la cantidad de la propaganda que cada uno paga. Sobre todo, cuentan los promocionales de radio y televisión, que casi siempre están vacios de contenido y se limitan a la imagen. Es el dinero el que define quién ocupa los cargos de elección.
    La izquierda se presentó dividida. Luego del robo de la presidencia, ocurrido en 2006, una parte de ella se acercó a las posiciones de la derecha, arguyendo razones de pragmatismo. Los golpes a los gobiernos perredistas de Michoacán y Zacatecas son muestra de que el diablo paga mal a quien le sirve.
    En San Luis Potosí se confirmó la hegemonía de la derecha (ahora vestida de PRI). Nada cambiará para los pobres, que seguirán padeciendo los efectos de las políticas económicas neoliberales. La casta política es la misma y se preocupa únicamente por sus privilegios. Los marginados tendrán que luchar, como siempre, por hacer realidad sus derechos y sus aspiraciones.
    La lección es clara: debemos reconstituir la unidad de las fuerzas progresistas. El reto es inmenso, pues los poderes de hecho (la televisión fundamentalmente) han ganado terreno y sólo los derrotaremos con la unificación popular.
    La elección del 2012 empezó ya. Ganemos de nuevo la Presidencia, pero esta vez impidamos que nos hagan fraude. México no merece los gobiernos de derecha que tiene. El futuro es de lucha y de compromiso con la patria.

    NO CONSIGUIERON EXTERMINARNOS.
    NO ANULARÁN NUESTRA VOLUNTAD DE LUCHA.
    NO PERMITIREMOS QUE VENDAN LA PATRIA.

Los comentarios estan cerrados