El Sexto concierto de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes (26 de junio de 2009).
En la página web que se presume que es la OSA y no de Luis Armando Reynoso Femat (ya que al buscar el sitio por la red lo primero que aparece es el nombre del gobernador), se anunció como parte del cartel de la temporada de conciertos primavera 2009 OSA, la presentación del Director invitado Nino Lepore, quien en lo particular se me antojaba escuchar, como un italiano dirigiría la Sinfonía No. 4 socialmente conocida como la Italiana del compositor alemán Felix Mendessohn, programada para esa noche. Obra cómoda y alegre para el lucimiento de los músicos, pero siempre un director invitado suele intentar moldear la orquesta anfitriona hacia un tipo de sonido propio.
Desgraciadamente según acusa el también crítico Sergio Rodríguez Prieto que por falta de presupuesto no se concretó la visita de Lepore, pero otro rumor que corrió dentro del Instituto de Cultura referente a un problema surgido desde los escritorios de los administrativos, quienes no lograron concretar el papeleo para la solicitud de visa de trabajo en nuestro territorio, cualquiera de las dos versiones son lamentables. En lugar de Nino, los asistentes nos sorprendimos gratamente cuando salió antes de la segunda llamada un viejo conocido de la OSA, un viejito bonachón de pelo cano, para acomodar el atril del director, si señores, era el mismísimo Gordon Campbell.
Hay que reconocer que al mismo instante que Campbell acomodaba su atril y saludaba efusivamente a sus músicos que alguna vez encabezó, el director del Instituto de Cultura de Aguascalientes el doctor Víctor González Esparza busco a este criticón de oficio dentro del auditorio, para advertirme: “Hoy si llegue temprano”.
El concierto inició nuevamente con una sinfonía de Haydn, en esta oportunidad fue La Reine, que en el catalogo del autor lleva el número 85. En definitiva F. Joseph es un compositor que se amolda perfecto a la OSA y por lo mismo pareciera por momentos que lo tocan en automático. Aparentemente un acierto de Campbell fue disminuir la cantidad de músicos en las secciones de cuerdas, pese a ello el director requirió a los músicos con tono imperante y en repetidas ocasiones matizar el volumen de las cuerdas, en pequeños momentos los violines tenían tanta fuerza que Campbell no los pudo controlar.
Lo anterior fue muestra pausible de falta de ensayos del director (ahora invitado), con la orquesta, lo que denota lo atropellado de la sustitución de la noche y la falta de planeación de quienes diseñaron la temporada.
Pero nuevamente los que terriblemente estuvieron fueron los asistentes al concierto que durante la interpretación de la Sinfonía 85 entre movimientos reventaban la atmosfera del concierto con sus aplausos.
Para que nos entendamos, la importancia de no interrumpir con aplausos cuando termina un movimiento, es para darles tiempo a los músicos de reponerse y reorganizarse para continuar con su ejecución, además, que son espacios de atmosferas de transición, las abruptas manifestaciones del público, rompen con la concentración y ritmo del músico, lo que pone en riesgo la calidad de la interpretación. Así como el director de orquesta controla la a los músicos, el asistente al concierto debe entender las señales del que tiene la batuta, quien también por medio de gestos da la indicación al público de cuando aplaudir, pero para que mis estimados hidrotetos, que ya no me causan enojo sino ternura les recomiendo aplaudir cuando el director deja de darle la espalda al público.
El solista de la noche fue Antonio Manzo, pianista que junto con la orquesta nos interpretaron de Camille Saint-Saëns el Concierto No. 5, L’Egypcien. Interpretación que en lo personal dejo mucho que desear, nuevamente la falta de ensayo entre el director y los músicos hicieron de la ejecución del Concierto No.5 una deslucida interpretación, donde la orquesta no acompañaba al piano, sino que el piano intentaba de vez en cuando sobresalir de entre la fuerza de la OSA. En los momentos en el que la OSA dejaba solo al pianista fue cuando Manzo nos regalo pequeñas pinceladas de sus habilidades, pero pronto eran suprimidas por la lucha entre secciones.
Para el final del concierto la OSA interpreto como ya se comento al inicio del texto una obra de Felix Mendelssohn, Sinfonía No. 4 conocida como la Italiana, en momentos repetitiva pero que no deja de ser espectacular aun cuando se trata de una sinfonía que no exige de los músicos gran concentración, por lo que los detalles fueron pocos y en general fué una correcta interpretación de la misma.
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