En este trance nacional en el que la delincuencia ha sobrepasado por mucho a la “Justicia”, nos hemos topado con una realidad atroz, que nos pone los pelos de punta, que nos desconsuela y nos pone a temblar: los delincuentes son los policías…. La mayoría de las veces que se atrapa a un grupo de delincuentes los resultados arrojan como mínimo unos dos ex policías en las filas de la delincuencias, cuando no, algunos elementos activos, y eso nos deja un muy mal sabor de boca, nos hace que en automático, descartemos la opción de la denuncia, ¿Con quién nos quejaremos de los males que nos agobian?
Es imposible que yo me queje ante una autoridad involucrada en un delito cometido en mi contra, es horroroso vivir en un país en el que nos cuesta padecer los agravios de una delincuencia que detrás de la máscara posee una placa y un puesto en una corporación policiaca, es terrible saber que no tenemos opción y que nadie nos cuida, difícil creer que la gente pueda subsistir en una sociedad corrupta y contaminada, que pueda desenvolverse como sin nada en un ambiente difícil y negro. Sin embargo, sí sucede, es porque la misma sociedad está involucrada en el juego, porque participa de este círculo vicioso permitiendo que esta terrible realidad suceda.
En la actualidad quienes se atreven a demandan un delito en su contra, sufren un viacrucis terrible en el que la tramitología y las mordidas marcan la pauta y no conformes con eso, las ayuditas que los agentes piden para ir avanzando en su caso, van minando el camino al éxito, al más puro estilo “mexican weave”, con todos estos obstáculos en la realización de una investigación ordinaria, ¿Cuando demonios vamos a confiar en nuestras autoridades, en sus oficiales y en las mismas leyes?
Bajo este doloroso anatema en el que los mexicanos transitamos, existe la opción de la confianza entre los ciudadanos, que los ciudadanos estemos siempre ojo a visor de lo que le sucede al vecino y tener el valor civil de denunciarlo entre nosotros y hacerle ver a los demás que somos uno mismo, que la gente está unida y que será difícil penetrar una barrera formada de ciudadanos honestos, unidos, fuertes y calmantes de justicia, demostrándole a los demás quiénes somos y en qué tipo de sociedad queremos vivir, para así poder ir obligando poco a poco a la autoridad a hacerse al lugar que le corresponde y a cumplir con el cometido que le corresponde sin más opción que ejercer su obligación como todos soñamos.
Pongamos más de nuestra parte para ser dignos de una atención legal adecuada, no aceptemos migajas, pongamos el dedo en la llaga y hagamos saber a los cuatro vientos nuestras inconformidades, unámonos y hombro con hombro no dejemos pasa ningún indicio de corrupción e ilegalidad.
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La pura y cruda realidad…
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