Voto nulo, quejas y respuestas

Escrito por Darío Zepeda Galván on jun 22nd, 2009 y archivado en Destacado, Ensayo y Opinión, Sobremesa. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

José Woldenberg

José Woldenberg

El apogeo y popularidad que, al menos en los medios impresos y/o electrónicos ha alcanzado el debate sobre el voto nulo, ha dado pie a varios y variados análisis de esta propuesta, que de la misma manera que ha recibido adhesiones hasta por gente a la que realmente no se la puede uno creer (¿Dulce María Sauri?, quieren echarnos a perder la reputación, ¿verdad?) y también críticas, muchas muchas críticas, algunas serias y reflexivas y otras simplemente geniales, como las vomitadas por Onésimo Cepeda, (Cepeda con C, conste, para que no haya confusiones familiares indeseables) o las muy poco afortunadas expuestas a cada rato por el sr. Leonardo Valdés, que está ganándole a pulso el título del peor consejero presidente del IFE al mismísimo Ugalde.

Pero también ha habido objeciones muy interesantes y sólidas, a las que me gustaría, hasta donde me alcancen las luces, tratar de darles una contestación, sobre todo porque creo que es posible hacerlo.

OBJECIÓN NÚMERO UNO: EL VOTO NULO PONE EN RIESGO EL SISTEMA DEMOCRÁTICO

Esta es una de las favoritas de los que tratan primero de pegar y luego platicar. En un caso más de la gustada tradición política mexicana de echarle la culpa a las víctimas, se presenta a los anulistas (no me acaba de gustar el mote, pero parece ser que ya se quedó) como gente que pone en riesgo deliberadamente al sistema político nacional, lo cual pudiera traer catastróficas consecuencias al país, como el desmoronamiento de dicho sistema, la interrupción de la tan sobada transición democrática y quien sabe cuantos demonios del apocalipsis más.

Curiosamente este argumento suele ir en conjunción con el siguiente, donde se habla de la inutilidad del voto nulo y se hace referencia a lo gratuito e irrelevante del gesto, lo cual no deja de ser paradójico, ya que se pretende que este ejercicio, que no tiene fuerza alguna según los críticos, puede poner en riesgo a todo el sistema. Pero veámoslo con calma.

En el mejor de los escenarios propuestos por los que apoyamos el voto nulo, el nivel de participación alcanzaría el 10%, que ni de lejos sería un indicador de que todos estamos mandado al caño la democracia. Antes me parece que la situación es precisamente la contraria, un alto porcentaje de voto nulo demostraría que habemos muchos ciudadanos que queremos un sistema democrático, pero no con estos actores. Sobre la equiparación de sistema democrático con estos partidos políticos, platiqué un poco hace rato.

Quienes están poniendo en riesgo el sistema democrático son los partidos políticos, de manera casi coordinada con los grandes consorcios televisivos. Hasta donde yo sé, ningún anulista tuvo que ver con la forma en como se reorganizó el IFE, ni con las poco aseadas elecciones del 2006, menos con la reforma electoral actual ni con las resoluciones en contra de esa misma reforma del TEPJF. Cierto, los que hicieron eso fueron (no todos) electos por voto popular, pero ese es precisamente el problema, no están haciendo lo que queremos y necesitamos que hagan, están haciendo lo que les mande su partido ¿En donde está entonces nuestro poder de decisión ciudadano? ¿En elegir a quienes les van a imponer línea sus coordinadores?

OBJECIÓN NÚMERO DOS: EL VOTO NULO RESULTA SER INEFICAZ/INÚTIL/INGENUO/ESTÉRIL.

Con una exposición distinta aunque en esencia es lo mismo:

OBJECIÓN NÙMERO TRES: EL VOTO NULO SE AGOTA EN EL MOMENTO DEL VOTAR Y NO PRODUCE NADA DE MAYOR BENEFICIO QUE EL DESAHOGO.

Esta es una objeción mañosa y escurridiza, porque todo depende de la pregunta ¿útil para qué? ¿Eficaz para qué? Si se propone como la utilidad posible el hacer que gane un determinado candidato o que determinado partido pierda, obviamente no va a tener utilidad alguna. Pero si tomamos como principales objetivos el que:

a) Se haga manifiesto el descrédito, la falta de representatividad y la falta de legitimidad de los partidos políticos actuales.

b) El hacer público y notorio que en México, a diferencia de lo que dice Woldenberg, hay opciones políticas e ideológicas que están fuera del sistema de partidos.

c) Manifestar, de manera democrática y ordenada, que una gran parte de los ciudadanos mexicanos estamos hartos y decepcionados de los partidos actuales.

d) Como posible producto secundario, el iniciar un movimiento que busque una mayor participación ciudadana en la política y opciones de democracia más cercana a los individuos (referéndum, plebiscito, etc..)

Si nos atenemos a estos objetivos, creo que es bastante probable que el voto nulo resulte eficaz. Más todavía si tomamos en cuenta de que aún sin producirse el hecho en sí (todavía no votamos) se han podido alcanzar hasta cierto punto, casi todos esos puntos, incluido el último gracias a la propuesta, colateral pero relacionada, del grupo de Alejandro Martí.

¿El voto nulo va a curar el cáncer? Me temo que no, pero es un inicio, un primer paso, que se está reforzando y organizando, como se puede ver en la construcción de la Asamblea Nacional para el voto Nulo, que recién acaba de crearse, y que es, por donde se le vea, un nuevo movimiento político ciudadano. Si no se consiguiera otra cosa que eso, lograr una organización ajena a los partidos típicos, ya se ganaría algo importante. De momento y por principio, el voto nulo logra algo muy sencillo, que me atrevería a suponer que fue el inicio de muchos en esta idea (al menos en mi caso así fue), nos ayuda a resolver el acuciante dilema de ¿Por quién voy a votar, si todos están para llorar? La respuesta más sensata, por ninguno.

OBJECIÓN NÚMERO CUATRO: EL VOTO NULO FAVORECE A LOS PARTIDOS CON MAYOR CAPACIDAD DE MOVILIZACIÓN.

Esta es una de las objeciones más temibles y que realmente te pueden poner a dudar. “Por culpa de mi anulación va a ganar otra vez el PRI (o el PAN o el partido de su no elección)”. El truco en esta objeción es que para que funcione, se tiene que considerar que hay alguna opción peor que otra, esto es, que resulta peor que gane el PRI a que gane el PAN o el PRD. Precisamente, la base de este movimiento está ahí, en que no se concede diferencia alguna a ninguno de los partidos, todos son igual de malos. Se nos dice, bueno, si no quieres a mengano, elige a zutano o a perengano, el que resulte menos malo. Perdón, pero ese tipo de democracia no es el que al menos yo quiero; se trata de elegir al mejor, no al menos peor.

Y lo más triste es que en este caso, la experiencia nos da la razón. Hubo relajo, circo y faramalla y media cuando ganó Fox. ¿Y qué cambió? En los hechos terminó cogobernado con las tepocatas y las víboras prietas que según él iba a sacar de Los Pinos, y no solo por benevolencia democrática, sino por contubernio y complicidad (ejemplo: Elba Esther). Para que el argumento de “si no votas estás dejando ganar a…” funcione, el partido en cuestión realmente tendría que salir perdiendo si no votáramos por él. En los hechos, el PRI resultó el ganón de la elección del 2006, la tercera fuerza política en las votaciones, termina decidiendo qué se hace y qué no se hace en México. ¿De qué nos sirvieron ahí votos de castigo, votos cruzados, votos razonados? Si al final los acuerdos de cúpula y las componendas son lo que predominan, lo mismo da que sea Chana o Juana quien obtenga la mayoría en la cámara. Lo que no se está acabando de entender, me temo, es que no se plantea el voto nulo como un castigo a un partido en especial, ni a algún gobierno en específico, es un voto de castigo a toda la clase política, a toda, la de izquierda, la de derecha, la de más allá y la de más acá.

OBJECIÓN NÚMERO CINCO: A LOS PARTIDOS NO LES IMPORTA QUE EXISTA VOTO NULO, BIEN PORQUE SON DEMASIADO CÍNICOS, BIEN PORQUE PUEDEN CONSEGUIR UNA LEGITIMACIÓN POR OTROS MEDIOS DISTINTOS A LO ELECTORAL.

Esta es dolorosamente cierta, y, de nuevo, es parte precisamente del fundamento del voto nulo como protesta. Los partidos tienen todo perfectamente amarradito para seguir con su reparto del botín, sin que nosotros, los que no participamos con ellos, tengamos otra vela en el entierro que la posibilidad de decidir el color del que va a salir en las fotos que se cuelgan en las oficinas públicas. Y ciertamente han demostrado que fraudes van y fraudes vienen, y ellos se mantienen como si nada.

El único pero es que a pesar de todo, no pueden acabar de descararse por completo, necesitan un mínimo de credibilidad, sino frente a nosotros, al menos si frente a los consorcios financieros y las calificadoras de riesgo, los verdaderos jueces del desempeño político, que necesitan un ambiente “estable” y un entorno “democrático”, para ponerles sus estrellitas en la frente. Y tan no son completamente inmunes al “que dirán” de los ciudadanos, que ya han hecho, ante la mera campaña de promoción del voto nulo, bastantes aspavientos y dedicado no poca tinta y tiempo al aire para prevenir, señalar y deplorar los peligros del voto nulo. Es cierto que han logrado seguirse imponiendo a pesar de todo, pero es igualmente cierto que cada nueva imposición les cuesta un pedazo del teatro, desde el registro a los partidos de izquierda, a la construcción del propio IFE, a la restricción para que los medios medren a partir de las campañas. No les está saliendo gratis, hay que hacer que cada día les cueste más. Pero para quitarles otro pedazo, hay que hacer patente que así como está puesto el juego, no lo queremos jugar. Votar por un partido (el que sea) es validar la privatización del poder de parte de los partidos.

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4 comentarios en “Voto nulo, quejas y respuestas”

  1. Darío dice:

    Un análisis esclarecedor que sirve de manera concreta para que cada uno de nosotros continue con su análisis personal y resuelva de manera particular sus preferencias personales de y hacia los partidos politicos y sobre todo para la decisión del voto.

    Personalmente coincido con el comentarista que debemos ahora si el mayor número posible de ciudadanos hacer patente esa inconformidad con el sistema de partidos.

    Yo lo haré así
    por una ves unámonos

    Juan zepeda

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  2. Adrian dice:

    En lo general el comentario es correcto. Solo una precisión: en los actuales partidos políticos con registro electoral, no hay alguno que merezca el calificativo de izquierda. Todos, en diferente grado, son neoliberales. El PAN habla de una economía social de mercado, erl PRD de una economía de libre mercado y el PRI de un Estado de Bienestar Social. Todo ésto son formas diferentes de nombrarle al neoliberalismo. Así pues, todos los partidos, incluido el PT, no plantean la socialización de los medios de producción y cambio; planteamientos que debería asumir un partido que se diga de izquierda.

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    • Dario dice:

      Totalmente de acuerdo contigo, al menos desde mi perspectiva, la izquierda no debería incluir jamás al libre mercado como una bandera.

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    • cinthya y brenda dice:

      opino lo mismo, todos en este país son unas derechas disfrazadas; una verdadera izquierda debe estar unida, varias izquierdas son intereses privados, nada común.

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