En las fronteras de la identidad ó los contornos de una comunidad imaginada

Escrito por on Jun 14th, 2009 y archivado en Agora, Destacado, Galería de vídeo, Galería Fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

En las fronteras de la identidad ó los contornos de una comunidad imaginada

(Segunda de dos partes)

La declinación lenta y desigual de las certezas interconectadas,

introdujeron una cuña dura entre la cosmología y la historia.

No es sorprendente que se haya comenzado a buscar,

por decirlo así,

una nueva forma de unión de la comunidad,

el poder y el tiempo dotada de sentido.

Benedict Anderson

americanecaxa

América - Necaxa

Desde la perspectiva planteada líneas arriba, el fenómeno identitario aguascalentense tiene muy diversos actores, pero decisivos pueden ser fundamentalmente dos, aunque uno influye en los cambios en mayor medida que otro. El principal motivo de los cambios en la identidad los hidrocálidos proviene, según las consideraciones que aquí se vierten, de la acción de quienes han emigrado y, por otro lado, la autoridad estatal. El Estado, en su tarea de configurar la identidad oficial, sus contenidos y la forma en que esta identidad, establece vínculos con la membresía y esta, a su vez, con la ciudadanía acalitense. Vistos e identificados ambos interlocutores, resulta conveniente introducir la perspectiva del tiempo, en función de ciertos acontecimientos históricos y contemporáneos, relacionados con la ampliación de las fronteras de las formas de ser y pertenecer a “un Aguascalientes” imaginando, que ya no es un ámbito de convivencia territorial, sino “una comunidad de membresías”, en relación con quienes entran en contacto con otras sociedades nacionales, como la norteamericana en sus diversos estratos y se siguen considerando a sí mismos como aguascalentenses.

Desde otro ángulo de percepción del fenómeno identitario y migratorio, según Fernand Braudel, la historia puede ser concebida como una suma de acontecimientos de “ondas cortas” y otros de “perspectivas largas”. [19] La historia de larga duración es una historia de estructuras con implicaciones fijas entre las realidades de una sociedad. Ciertas estructuras tienen una larga vida, por lo que se convierten en elementos estables de varias generaciones, que determinan la historia, con permanencias y supervivencias que se dan en el campo de lo cultural; la continuidad de una actitud que a fuerza de reiterarse, atraviesa transversalmente a las sociedades y las mentes de los individuos. En ese contexto puede ser concebida la tradición de “el Aguascalientes” que emigra desde hace un siglo, si bien se ha visto reforzada periódicamente, que va y viene del Norte, otorgando rasgos distintivos a la identidad regional y la aguascalentense en su conjunto.

La de corta duración, en cambio, es una historia de la que apenas se advierte su trascendencia, pero no por ello está desprovista de significaciones y es la que llevan a cabo cronistas y periodistas o intelectuales al servicio de la autoridad local, que intenta contener “todas” las expresiones de la vida: económica, social, literaria, institucional, religiosa, geográfica y política, necesarias para que el Estado elabore símbolos de la identidad y, como lo sugiere Anderson, re-elabore nuevas formas de unión de la comunidad “en torno al poder y el tiempo dotadas de sentido”, en un proceso de abstracción de las colectividades y el entono físico que la conforman. De esta forma se explica la producción de símbolos como el escudo de la entidad y más específicamente las leyendas que flanquean esa reminiscencia nobiliaria (Tierra Buena, Gente Buena; Cielo Claro, Agua Clara) y los intentos por mantener la lealtad, el sentido de pertenencia y la identidad de “los hijos ausentes”. Por su parte, los cambios de la identidad colectiva de la población no migrante, respecto de la que se ha asentado temporal o definitivamente fuera del país, son mucho más lentos pero admiten a la larga la intervención del no menos lento aparato del Estado, el régimen y la clase política para que, al reconocer las nuevas expresiones de identidad de la diáspora, tengan repercusión en “el proyecto de nación”, ó en “el Aguascalientes del Siglo XXI”, incluyéndolos como miembros de una comunidad que se extiende más allá de las fronteras geográficas locales y nacionales y que solo es posible de ser aprehendida como comunidad imaginada que amplía las fronteras de su identidad.

Siguiendo con Braudel, recientemente se ha verificado una conjunción de ambos tiempos históricos, pues bajo diferentes modalidades de organicidad e institucionalización, los emigrantes aguascalentenses han comenzado a negociar los términos de su relación con el Estado colocando demandas de membresía y ganando espacios ante la sociedad civil adquiriendo, por ejemplo el derecho a ser considerados parte del proyecto de desarrollo en el nivel local y en el nacional, el derecho a la doble nacionalidad y a votar y ser votados en procesos electorales, todo desde fuera de las fronteras nacionales. La manifestación más clara de su nueva membresía comunitaria, es el hecho de que han comenzado a participar organizados en clubes de paisanos y organizaciones transnacionales, en determinadas negociaciones sobre programas oficiales de co-inversión, como el “Programa 3×1”, que administra los recursos filantrópicos enviados anual y generosamente, para mejorar las condiciones de vida de sus comunidades de salida y, más recientemente haciendo contribuciones a las campañas políticas y viajando al terruño para votar en elecciones locales, todo mientras residen en el exterior. [20]

Nuevas instituciones: los Clubes de paisanos

Los clubes de aguascalentenses en Norteamérica se crearon principalmente en los años noventas, con objeto de re-construir un ambiente simbólico de recreación de la identidad y la convivencia en valores y tradiciones del terruño. En sus inicios, los aguascalentenses se agruparon y actuaron apegados a sus relaciones de identidad inmediata, de manera que las primeras acciones transnacionales que llevaron a cabo en beneficio de sus comunidades originarias fueron esporádicas, poco formales e invisibles para la sociedad y el Estado. Los estudiosos del transnacionalismo mexicano, encuentran innumerables evidencias de que la vida cotidiana de los inmigrantes no está contenida dentro del espacio geográfico donde viven, sino que desarrollan un elaborado sentido de pertenecer tanto a su lugar del origen, a su lugar de destino. Generalmente involucran a los emigrantes de una sola comunidad y adoptan los símbolos de su origen en escudos y emblemas de las asociaciones mismas, para diferenciarse de otras dándose, por ejemplo, el nombre de la ranchería de donde provienen. En esta dependencia, cuando les es posible, realizan el peregrinaje anual de los hijos ausentes a la comunidad de origen por un día de fiesta nacional, hacer recaudación de fondos y destinarlos para trabajos de infraestructura en la comunidad de origen, son solamente algunos ejemplos de actividades transnacionales.

Pero si algo caracteriza a esas representaciones del Aguascalientes diaspórico, es el hecho de que cada organización tiene su propia historia. La diversidad y asimetría que muestran en su desarrollo, depende desde sus inicios de la procedencia de los migrantes, las redes de interacción y participación que establecen; la intensidad de los vínculos que mantienen con sus comunidades de origen y la magnitud y frecuencia con que realizan el envío de dinero, bienes, información y ejercen su influencia y poder en la localidad. Actualmente se encuentran integrados oficialmente unos 20 Clubes y éstos a su vez, han conformado una Federación, conformando una trayectoria de institucionalización orgánica que muestra capacidad organizadora que no afloró mientras residía en el terruño. En esa misma proporción evolucionan hasta integrar organizaciones formales con fines filantrópicos y sociales, generando “capital social”, para contribuir a paliar el atraso y la pobreza de sus comunidades de origen. Así, los circuitos transnacionales de emigración de jaltichenses-calvillenses-aguascalentenses, por ejemplo, terminan por construir verdaderos campos sociales que no se restringen a las fronteras estatales ni a las internacionales borrando de su acción, como afirma Luin Goldring, “las restricciones de los límites geopolíticos y con ello consolidan la naturaleza transnacional”. [21] Con el tiempo, las prácticas de membresía y pertenencia simbólica a distancia, los inmigrantes obtienen gradualmente la prueba de lo que más valoran: el reconocimiento oficial de su comunidad de origen, por medio del cual la autoridad concede “su derecho” de pertenecer a sus comunidades y al país. Por medio de la identidad legitimadora, las autoridades consolidan en los emigrantes y sus familias la sensación de pertenecer a una sola comunidad que se reconoce tan diaspórica, como dispuesta a proveerles de mejores herramientas para alcanzar la asimilación, sin dejar de ser de los nuestros, “originando sensaciones compartidas de pertenencia, de confianza y reciprocidad social”. [22]

Los clubes de oriundos reproducen el imaginario social de las identidades locales, celebrando fiestas religiosas del santo patrono, como el “Santo Señor del Salitre”, o el 2 de Noviembre el “día de Muertos”, por ejemplo, reforzando la pertenencia a México con la celebración rumbosa y exaltada de las efemérides nacionales como el 5 de Mayo o el 16 de Septiembre. Ocasiones que se aprovechan para recolectar fondos para proyectos de obras de filantropía para con el terruño. Uno de los usos más frecuentes del envío de dinero o “donaciones” es el destinado al culto religioso, éste es tan fuerte que incluso entre las comunidades de migrantes, el regreso anual para la fiesta del pueblo, se convierte en un ritual y uno de los vínculo hacia la comunidad de procedencia, un lazo que permite el reforzamiento de la identidad comunitaria y el trasiego de información, artefactos, ideas y dinero, en la base social misma, de la cultura migrante.

Tan solo durante el año de 2004, diversas organizaciones transnacionales conformadas por aguascalentenses, reafirmaron su membresía comunitaria y realizaron obras y patrocinios económicos tendientes a reforzar la identidad, así como la procuración del bienestar de una extensa región del estado de Aguascalientes. Con ello se establecen y refuerzan no solo los vínculos de la identidad, sino que también se suman al proyecto de nación en su versión aguascalentense, desde la distancia. Así, el Club Social Los Arcos, de Calvillo, con sede en Oklahoma City, Oklahoma, construyó una cancha de básquetbol en la ranchería de “Los Arcos”; el Club Emigrantes de Calvillo, con sede en Hillsborough, Carolina del Norte, rehabilitó un templo en la cabecera municipal y en “La Panadera. Por su parte, sumándose a las acciones anteriores, otros clubes de migrantes transnacionales calvillenses “se hicieron presentes estando ausentes” solo con el envío de remesas familiares, pues en el año 2006, por ejemplo, contribuyeron a la realización de significativas obras de filantropía por un monto superior a los tres millones de pesos, en conjunción con autoridades municipales y estatales, lo que revela su capacidad organizativa y su compromiso con el mantenimiento de los valores que identifican la cultura regional. Lo anterior, lejos de intentar un recuento de inversiones en obra pública o más allá de interpretar en ello la suplencia de una responsabilidad que concierne al Estado, da justo testimonio de la fuerza de la identidad. [23]

El papel legitimador de el Estado

Por décadas, la población general y aún más las autoridades gubernamentales tuvieron olvidados a sus aguascalentenses residentes más allá de sus confines territoriales, ignorando los crecientes aportes al bienestar de extensas regiones y luego a la economía nacional, considerándoles por largos años como “traidores” o “pochos” (que quiere decir ´podrido´). Pero recientemente, diez años a lo sumo, el discurso oficial ha cambiado radicalmente para conceptuarlos como “hijos ausentes”, “ciudadanos heroicos”, en tanto que se comenzó a animarlos para que siguieran enviando recursos financieros al terruño en forma de remesas y contribuciones directas e inversión en obras públicas. [24] Así, el sentido de pertenencia a la comunidad aguascalentense que han demandado por décadas determinados grupos de emigrados, está siendo “concedido” como reconocimiento oficial, por parte de la autoridad gubernamental, como una especie de membresía comunitaria, considerándolos más o menos idénticos “a nosotros”, aunque “ya no vivan entre nosotros”. En este sentido, la comunidad aguascalentense ha debido experimentar un proceso de ampliación de las fronteras conceptuales, disolviendo la noción de convivencia en el entorno topográfico como fundamento del sentido de comunidad. Así, en el caso hidrocálido, las fronteras comunitarias de la identidad han dejado de ser territoriales, para organizarse en torno a membresías y la cercanía al ícono, que legitima la cualidad de “lo idéntico-aguascalentense”.

La ecuación que explica ese notable cambio en la disposición estatal para incluir a los emigrados en su noción de comunidad, aceptando nuevas fronteras identitarias, cambiando con ello el discurso y la acción oficiales, resulta simple si se articula solamente con las variables de naturaleza económica ya que, sin que sea del todo un proyecto de Estado, lo que se constata hoy en día es la generación de políticas públicas transnacionales que se desplantan desde una nueva noción no de “lo parecido”, sino de “lo idéntico”, aunque acartonada y generalizadora que resulta diferente a la que anima al transmigrante. Mucho más trascendente resultan los cambios que se experimentan en la base de la identidad “oficial” en el nivel local y nacional, pues exhiben ya una autoconcepción esencialmente política, al punto de reconocerse “oficialmente” como un “Estado emisor” o “Municipios migrantes” o “binacionales”. En ese proceso divergente, el poder de la identidad de los emigrantes transnacionales explica re-definición “gubernamental” de la identidad local y, por tanto nacional

Esta nueva disposición de el aparato de Estado tiene una perspectiva política y se puede denominar proceso inclusivo, ya que en el se verifica a la confluencia de las instancias de expresión institucionalizada, en sus diferentes grados de evolución y organización. La convergencia histórica se da entre el migrante organizado y Estado -recordando a Braudel y Castells-, inicia un proceso de integración que admite diferentes graduaciones, pues la “incorporación al ámbito de lo idéntico”, puede ser de tipo no-presencial, simbólica, política o jurídica. [25] En la creciente influencia y significancia económica, política y sociocultural de los emigrantes en determinados sectores de la sociedad, las autoridades gubernamentales han emprendido campañas de “acercamiento e inclusión” hacia los coterráneos en Estados Unidos, apelando a una identidad común a “las raíces”, para promover su lealtad y apoyo a la patria chica. A diferencia de las campañas nacionalistas de las décadas de los años 20´s y 30´s, que promovían el retorno de los migrantes que en defensa de la identidad nacional, rechazaban su asimilación a la sociedad receptora, considerándolo una traición a la patria, la nueva posición oficial promueve la “asimilación” de los nacionales al país receptor, al tiempo que intenta mantener su lealtad y vinculación al terruño, que son parte de esta nueva noción de identidad oficialmente aceptada.

Evidentemente, este hecho coadyuva al logro de una mayor estabilidad de los migrantes en el exterior, lo que a su vez asegura un mayor y más estable apoyo a su sociedad de origen, con visitas periódicas, el envío regular de giros y remesas: con ese propósito y no otro, se han establecido “certámenes” y concursos oficiales y para otorgar reconocimientos de tipo patriótico, a quienes demuestran la cultura de la laboriosidad y bondades de la gente hidrocálida en Estados Unidos, independientemente de su situación migratoria. Es evidente, que para conservar la pertenencia identitaria o la membresía aguascalentense en a población emigrada y sus descendientes, la autoridad estatal está ampliando los límites de la comunidad imaginada, hacia quienes viven fuera de sus fronteras, de la misma manera que establece mecanismos políticos y sociales tendientes a permitir que los emigrantes participen “a distancia”, en el proceso de desarrollo. [26] Tales iniciativas de inclusión a la comunidad imaginada, también promueven la creación y desarrollo de las organizaciones de paisanos y el aumento de los esfuerzos por aumentar el envío de las remesas. La efectividad de esas iniciativas depende justamente de una identificación creciente y vigorosa entre comunidades geográficamente dispersas; la aguascalentense residente y la aguascalentense-diaspórica. Es evidente también que con esas políticas se está reinventando la tarea de las administraciones estatales fuera de sus límites territoriales y de esta manera desde la identidad, reconfigurando el entendimiento tradicional de la soberanía, nación o ciudadanía.

Desde esta última perspectiva la identidad legitimadora intenta generalizar y abstraer determinados símbolos que contienen la relevancia de la gente y el entorno contra la cual se debe cotejar lo que debe ser idéntico, es decir, la fuente legitimadora de la identidad: pensemos en el significado de “Bona-Gens”. Con ello se intenta incentivar y mantener las prácticas informales de la población presente o ausente del territorio, especialmente ésta última, cuando se mantiene conectada a través del tiempo y el espacio con sus comunidades originarias, enviando dinero a casa y haciendo aportes filantrópicos para el bienestar de la gente que permanece viviendo en el terruño. El certamen oficial recientemente instaurado por el Gobierno del Estado, denominado “El Migrante Destacado”, se inscribe en la idea de seguir siendo la “Gente Buena” que ha emigrado y que hace énfasis en la importancia de la ausencia, desde la cual se realizan de manera destacada, actividades “de apoyo a sus comunidades de origen” y reconociendo el mérito de los ausentes en actividades económicas, comerciales, humanitarias, académicas, culturales. [27]

“A las Federaciones, Clubes y todos los migrantes aguascalentenses para que presenten las propuestas de hidrocálidos destacados que radican fuera de nuestro país, mismos que serán reconocidos con motivo de la celebración del Día del Migrante Internacional Aguascalentense 2007. Decretado para el próximo 27 de abril, bajo las siguientes bases: Podrán ser propuestos migrantes nacidos en Aguascalientes, que radiquen en otro país. Se considerarán “migrantes destacados”, a aquellos aguascalentenses que sean reconocidos por sus compatriotas, sus comunidades de origen y por el Ejecutivo del Estado”. [28]

La conjunción de identidades y tiempos históricos no puede resultar más ilustradora en el momento actual, pues la identidad legitimadora que la autoridad ahora hinca, como referente inamovible es una especie de Bona-Gens-migrandis idéntico al Bona Gens-residencis, como mecanismo de identificación, es incluyente y exclusiva. Incluye de manera simbólica a la de la diáspora, y excluye necesariamente de comunidad imaginada a los no-aguascalentenses. Desde esta última perspectiva, se ha adoptado una nueva forma de cotejo y pertenencia: la identidad diaspórica, por que emerge de las prácticas culturales que desarrollan a los emigrantes, como los aguascalentenses, por ser portadores de un legado cultural, pero no menos por mantener fuertes lazos de pertenencia e interés hacia las comunidades y sociedad originaria, aún cuando se estén incorporando en mayor o menor grado a otra sociedad nacional. [29]

Conclusiones

La identidad comunitaria aguascalentense se amplía y diversifica en la medida que convive con otras expresiones culturales. Esto puede entenderse como un proceso de contraste “con los otros” que implica a su vez un proceso de identificación y reconocimiento consensual, gregario, pues en la medida en que se masifica un “modo de ser y pertenecer”, constituye socialmente el icono identitario por antonomasia. La identidad de un grupo social se teje en la vida cotidiana, en las prácticas individuales cuyo sentido social se actualiza cíclicamente sin necesidad de cuestionar el porqué del significado de ellas, ya que esta función le corresponde al Estado, para producir y legitimar los nuevos hitos de comparación de “lo idéntico”. Está claro que el concepto de identidad hidrocálida tiene concernidos simultáneamente tanto la estabilidad como el dinamismo, pues todo proceso de cambio parte del núcleo mismo de toda cultura, como un reflejo adaptativo que tiende a la pervivencia, de manera tal, que el conservadurismo y apego a la “originalidad de la tradición” de una realidad cultural, supone su extinción al paso del tiempo. Lo opuesto, como lo proponen hoy en día las políticas de asimilación norteamericanas o la necesidad de buscar “fuera” un estímulo, un patrón, que haga posible un modo cultural suplantador del originario puede también suponer, a la larga, la destrucción de la identidad propia.

También es necesario dejar asentado que hasta hace relativamente poco tiempo, la identidad, la membresía a una sociedad determinada, lo mismo que la ciudadanía aguascalentense, como formas de pertenencia simbólica, sustantiva o legal, se ha concebido territorial, residencial, exclusiva y excluyente. Esta vinculación ha entrado en crisis cuando miembros de su sociedad conviven con otra, manteniendo el sentido de pertenencia a ella, a la originaria, y actuando bajo representaciones simbólicas de una identidad adquirida que interactúa se coteja y negocia símbolos con otras, en una sociedad nacional diferente. Bajo esta relación aparentemente simple entre emigrantes, en las sociedades originarias y más específicamente en sus autoridades gubernamentales, ha comenzado a emerger un concepto “ampliado” de la identidad y la pertenencia, dotada de la capacidad necesaria para transformar, en nombre de la identidad, a las sociedades en las cuales interactúa y transformar por ese medio el alcance de los derechos ciudadanos. La identidad aguascalentense que se construye desde fuera del terruño y de las fronteras nacionales, no solo da origen al transnacionalismo sino que, finalmente, logra transformar la noción de ciudadanía porque ésta tiende a ser cada vez más “externa”, “extraterritorial” y “de larga distancia”, en el ejercicio de ciertos derechos, demandados y concedidos en el marco de los grandes flujos de migración y asentamiento internacional. Este último fenómeno no se produce sin una ampliación de las fronteras de la identidad y de ciudadanía.

Como se ha dicho líneas arriba, la identidad no puede ser entendida como algo inmutable ni suficientemente fuerte como para resistir de manera estoica todos los embates identitarios de “los otros”, sino como un contenido vivo que se renueva constantemente, aceptando y enriqueciéndose con el entorno de otras sociedades locales y nacionales, mostrando una suerte de tensión y equilibrio entre un factor de permanencia y un factor de cambio: Factores que, más que ir en direcciones opuestas, constituyen supuestos necesarios para la pervivencia de las realidades culturales a través de los cuales, algunas áreas de significación son borradas por la acción del tiempo y el olvido, en tanto que otras son acentuadas y legitimadas por la vida cotidiana de la comunidad al ampliarse imaginariamente, y otras resignificadas por la acción de la “conciencia colectiva” que interpreta el aparato del estado Estado, como ente legitimador de dicha extensión.

Notas

Casos similares a nivel internacional se pueden conocer en el trabajo de Basch, Linda, Glick Schiller, Nina y Szanton Blanc, Cristina (1994), Nations Unbound. Transnational Projects Postcolonial predicaments and deterritorialized Nation-states. Gordon and Breanch Science Publishers. United States: Guarnizo, Luis Eduardo (1997), From wage-earning migrants to transnational entrepreneurs: The Mexican ethnic economy in Los Angeles and the transnationalization of migration. Revista de Ciencias Sociales (Río Piedras), 2 (Enero. 188). Y de Guarnizo con Smith, Michael Peter (1998), The locations of transnationalism, en M.P. Smith; Luis Guarnizo (eds.), Transnationalism from below. New Brunswick, NJ, Transaction Publishers, 3-34; Moctezuma, Miguel (2004). La presencia migrante desde la distancia. Clubes de zacatecanos en Estados Unidos. Clubes de Migrantes Oriundos Mexicanos en los Estados Unidos. (pp. 85). Guadalajara, Jal; [19] Braudel, Fernand. La historia y las ciencias sociales, Alianza Editorial, México, 1999, 53-56; [20] El “Programa 3×1”, apoya a los migrantes para concretar proyectos comunitarios sumando la participación de los tres órdenes de gobierno. Con ello “beneficia a comunidades de migrantes de alta marginación, promueve y fortalece la formación de clubes de oriundos; fomenta lazos de identidad con las comunidades de origen y Incrementa la interacción sociedad-gobierno”. Véase el Programa de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), que se ha propuesto: “Transitar de los proyectos de inversión social a los productivos; aprovechar el impulso de migrantes para detonar procesos endógenos de planeación participativa en las comunidades de origen, procurando la realización de proyectos de impacto; desarrollar modelos para que los migrantes patrocinen proyectos económico-productivos en sus localidades, generando sinergia con instituciones que los financien, así como, promover que las organizaciones de migrantes apoyen localidades marginadas o con menor índice de desarrollo humano, aún cuando éstas no sean sus comunidades de origen”. http://usmex.ucsd.edu/programs/documents/01MaluGuerraGuerrero.pdf. Para una perspectiva nacional, consultar a Rodolfo García Zamora (2005), Las Remesas Colectivas y el Programa 3×1 como Proceso de Aprendizaje Social Transnacional. Facultad de Economía. Universidad Autónoma de Zacatecas. Documento presentado en el Centro Internacional Woodrow Wilson. Washington D.C. Disponible en http://www.wilsoncenter.org/news/docs/garciazamoraesp.pdf; [21] Luin Goldring (1996), Blurring Boundaries: Constructing Transnational Community in the Process of Mexico-U.S. Migration. Research in Community Sociology , 6 (1996), 74; [22] Fernández-Kelly, Patricia y Schauffler, Richard (1994), Divided Fates: Immigrant children in a restructured U.S. economy. International Migration Review, 28(4); [23] El Club Señor del Salitre, con sede en Hillsborough, Carolina del Norte, por ejemplo financió la iluminación de una iglesia comunitaria, con una inversión conjunta con autoridades, por un monto de 872 mil pesos; el Club Jaltiche de Abajo, con sede en Addison, Illinois, rehabilitó el templo de la comunidad, con una inversión conjunta de 147 mil pesos; el Club Calvillo-San José, con sede en San José, California, coadyuvó en la ampliación de áreas asistenciales del Asilo de Ancianos, con una inversión conjunta de 774 mil pesos; el Club López Mateos, con sede en Hillsborough, Carolina del Norte, construye la techumbre de un templo de su comunidad, con una inversión conjunta de 869 mil pesos, finalmente, el Club El Salitre, con sede en Azusa, California, construye una cancha deportiva, con una inversión conjunta de 223 mil pesos; [24] González Gutiérrez, Carlos (1999), Fostering Identities. México´s Relations with it Diaspora. ttp://www.historycooperative.org/journals/jstor/jah/jah-86-2-toc.html; [25] Reyes Romo, Felipe (2008). Hay importantes aportaciones a esta idea, en Sherman, Rachel (1999), From State Introversion to State Extension in Mexico: Modes of Emigrant Incorporation, 1900-1997″. Theory and Society. 28:6; [26] Goldring (1996) hace una distinción similar entre las políticas de “extensión” de los límites identitarios a nivel nacional en México, que amplían la protección a los que retornan, como los braceros mexicanos (o trabajadores huéspedes) en los Estados Unidos, y las políticas que amplían la protección a las comunidades diaspóricas asentadas y así redefinen la membresía en el país de origen; [27] Véanse los contenidos ideales de la nueva identidad del migrante en la “Convocatoria” que realiza la Oficina de Atención a Migrantes y Familiares (Ofam), del Consejo Estatal de Población; http://www.aguascalientes.gob.mx/seggob/migrante/; [28] Consejo Estatal de Población. Gobierno del Estado de Aguascalientes. El subrayado en mío. http://www.aguascalientes.gob.mx/seggob/migrante/; [29] Robert C. Smith (2006), Diasporic Memberships in Historical Perspective: Comparative Insights from the Mexican, Italian and Polish Cases. International Migration Review. Volume 37 Issue 3, Pages 724 – 759

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