¿Los partidos políticos son inescapables?

Escrito por on jun 8th, 2009 y archivado en Destacado, Sobremesa. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

¿Partidos inescapables?

¿Partidos inescapables?

No sé si ustedes tuvieron oportunidad de ver el programa de Carmen Aristegui en donde invitó a José Woldenberg y a José Antonio Crespo. Si se lo perdieron, búsquenlo en internet, porque vale la pena, es una gran confrontación entre dos puntos de vista muy interesantes con respecto a esta fabulosa gastadera de dinero público que llamamos elecciones. El primero, que podríamos llamar “tradicional” es el que enarboló Woldenberg y que sigue al pie de la letra la teoría democrática, según la cual el voto es el único y mejor instrumento con que contamos los ciudadanos para influir en las decisiones del poder y bla bla bla y guara guara y yaju y yepa y ándale gatito. Perdón, el otro punto decía, es el que ha estado tomando más fuerza en los últimos días, al menos en prensa escrita y ciertamente en internet, la postura que invita a anular el voto. Postura, que, a menos que sea la primera vez que lean Sobremesa (ahora con un nuevo y totalmente cool formato de página) sabrán que es a la que yo me sumo.

La presentación de puntos de vista fue, como dije, muy interesante, pero me quedé con las ganas de un verdadero debate. Crespo y Woldenberg son demasiado correctos, serios, creíbles y capaces en sus áreas respectivas como para rebatirse abiertamente en tele. Como yo no aspiro a ninguno de tales adjetivos calificativos, ni a salir de invitado con la Aristegui, me propongo comentar sobre dos posiciones de Woldenberg que me parecen totalmente insostenibles y en las cuales basa el ex presidente del IFE (cuando ser presidente del IFE era motivo de orgullo profesional) muchos de sus argumentos para desacreditar la abstención y el voto nulo como acciones válidas y útiles para los que queremos decirle a los partidos que estamos, más o menos hasta el gorro de sus vilezas, mediocridades y general ineptitud.

Una es la que da el pretexto a este artículo, y es que los partidos políticos son algo inescapable (el adjetivo lo inventó él) si se quiere jugar en una democracia y la otra es que en México todas las posturas ideológicas están representadas por los partidos existentes, o, para ser más preciso con lo que dijo, que no existen fuerzas o corrientes ideológicas que no estén representadas por los partidos actuales. En conjunto, estas dos afirmaciones pintan un panorama en el cual no hay escape alguno al modelo político actual, y le permiten a Woldenber sustentar la posición de que no votar, votar en blanco o anular el voto no son posiciones válidas, dado que solamente se puede trabajar a base de partidos políticos y todos estamos representados por los partidos políticos actuales.

Para variar, como que no me la creo, pero voy a empezar con la segunda afirmación que me parece la más frágil. ¿En serio están representadas todas las ideologías de México en los partidos actuales? Por nuestro propio bien, espero sinceramente que no. Si de algo adolecen precisamente nuestros políticos y partidos (además de honestidad, capacidad, confianza, credibilidad, imaginación, ideas, propuestas y otras minucias) es de ideologías. De los pocos partidos que podía presumir de tener una, el PRD, ha hecho toda una alharaca para convencernos de que ahora son, como todos los demás, un partido ligth en contenidos ideológicos.

Veamos, ¿qué opciones ideológicas representan los partidos actuales en México? ¿Cuál es la ideología del PRI, del PAN, de Convergencia? Tratemos de irnos por lo que los propios partidos dicen, porque si nos guiamos por sus acciones no acabamos nunca. Se supone, que el PRI ya se definió como un partido socialdemócrata, con algo de nacionalismo, cómo embona la socialdemocracia con el corporativismo, el autoritarismo de sus gobernadores y su estructura clientelar, solo ellos lo saben. El PAN, por su propia adscripción a organizaciones internacionales, pareciera ser una democracia cristiana, siguiendo un programa económico neoliberal; el PRD de Chucho también quiere a toda velocidad recorrerse al centro y presentarse como socialdemócrata con su pizca de nacionalismo (lo que me lleva –otra vez- a preguntarme en donde está la diferencia con el PRI). De la chiquillería, solo hay dos que me parece tienen una ideología claramente definida, el PSD, que está en la socialdemocracia “alternativa”, esto es, apoyando todo lo políticamente correcto (discapacitados, legalización de drogas y aborto, feminismo, etc…) y Nueva Alianza, cuya ideología es orgullosa e impúdicamente Elbista. El resto se irá con la ideología que les garantice la subsistencia presupuestal.

¿Y eso es todo? ¿Ahí se agotan las opciones ideológicas de los mexicanos? Más nos valdría que no, bastante grave sería que los mexicanos no tuviéramos ideologías más allá de estas opciones. Afortunadamente, me consta que no es así, la riqueza de opiniones y posiciones del país es mucho mayor que las pobres opciones que nos dan los partidos. Solo como ejemplos extremos de las múltiples posibilidades que escapan a este espectro político “oficial”, estarían la opción que representa el Ejército Zapatista y demás comunidades indígenas organizadas, las cuales tiene una propuesta política, económica y social que hasta el día de hoy ningún partido se anima a recoger. Del otro lado, en un artículo reciente, uno de los voceros más connotados del modelo neoliberal, Macario Schettino, se queja de que la esta ideología de competencia internacional y liberalización económica no está suficientemente bien representada en México, ni siquiera por el PAN, partido al que le asigna la carga de llevar adelante esta bandera. Los ejemplos evidentemente no se acaban ahí; la propuesta de economía social que entre otros tantos lleva José Luis Gutíerrez Lozano no tiene una cara política que realmente la respalde, al menos de momento; por definición, los movimientos anarquistas no pueden tener un partido detrás de ellos, así que hay que contarlos fuera también, junto con la mayoría de las llamadas “tribus urbanas” quienes tampoco responden a ninguno de los partidos establecidos; los ecologistas reales (nada que ver con la tontería del PVEM) también están fuera y todo esto sin contar con miles de mexicanos cuya ideología o filosofía de vida, simplemente no se acerca a una posición política.

No es cierto entonces lo que propone Woldenberg. Los partidos actuales no responden a la totalidad de intereses de los mexicanos, si así fuera, no tendría razón esta crisis de representatividad. Y ojo, nada más platicamos de sus ideologías, de lo que ellos mismos venden como su propuesta, si nos pusiéramos a ver sus acciones, su representatividad real sería (de hecho lo es) casi nula.

Ahora la otra cuestión, los partidos como única manera de jugar a la democracia, al menos a la representativa. En este sentido, para que vean, no tengo queja alguna, los partidos si son, en ese sentido, inescapables. Es como jugar futbol sin equipos, o comer tacos sin tortillas, no se puede. Pero – siempre tiene que haber un pero- el que nos tengamos que aguantar con los partidos políticos, no quiere decir que nos tengamos que aguantar con estos partidos políticos.

Y por esto mismo es que creo en la validez de ir a anular el voto, porque el problema de nuestra democracia actual no son “los partidos políticos” en términos abstractos, sino los partidos políticos en términos concretos. Estos partidos que tenemos, son una reverenda porquería. Si, hay que votar, si, hay que construir una democracia, si, hay que reforzar las instituciones, si, hay que tener partidos políticos, pero no estos. Ya chole. Nuestros padres y abuelos se las tuvieron que arreglar casi toda su vida con el PRI y el PAN encima, ojalá y no se los heredemos nosotros a nuestros hijos.

La anulación es un mensaje, bastante claro creo yo, de que ya no los queremos, de que su monopolio de la política y de las decisiones fundamentales ya nos hartó. Que queremos una organización nueva, con mejores y mayores opciones, en donde el acceso a un puesto de elección no tenga que venir precedido de favores, compadrazgos, compromisos en lo oscurito, palancas y recomendaciones. Me parece –ciertamente- que es solo un primer paso, incipiente e inseguro, pero en la dirección correcta. No vamos a ningún lado con estas fuerzas políticas. Se tiene que abrir la participación política y profesionalizar a los representantes públicos. De momento y por lo que viene, hay que anular el voto.

Yo lo voy a hacer.

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1 comentario en “¿Los partidos políticos son inescapables?”

  1. Ma. Elena Saavedra dice:

    Es indispensable que pongamos un hasta aquí, que dejemos de votar por el “menos peor”. Necesitamos herramientas que nos permitan quitarnos de encima a políticos y gobernantes que no dan resultado y que sólo trabajan para su élite.
    ¡¡¡Basta!!!

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