El significado del abstencionismo en la transición mexicana (Primera parte)

Escrito por on Jun 3rd, 2009 y archivado en Destacado, Elecciones. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

¿Votar o no votar?

¿Votar o no votar?

“Vivimos en el cieno: la mordida, el atraco, el cohecho, el embute, el chupito, una serie de nombres que se han inventado para calificar esta práctica inmoral (la corrupción). La justicia hay que comprarla. Primero al gendarme, luego al ministerio público, luego al alcalde, luego al diputado, luego al gobernador, luego al ministro, luego al secretario de Estado…”.

Vicente Lombardo Toledano, 1952[1]

Introducción

Hace 40 años, en julio de 1968, se iniciaron las protestas estudiantiles en la Ciudad de México. La represión y sus posteriores consecuencias marcaron a los mexicanos de toda una generación: una presidencia de la República autoritaria y sin contrapesos, un partido de estado que monopolizaba los cargos públicos, unas elecciones sin contenido y una estructura social convertida en la antítesis de la prometida por la Revolución Mexicana. Así, la represión y matanza de Tlatelolco simbolizaron el primer gran fracaso para el priísmo autoritario y también el primer paso de los mexicanos hacia la transición democrática del país.[2] Veinte años más tarde, en julio de 1988, la mayoría de los mexicanos hicimos fracasar de nuevo al viejo régimen autoritario en la elección presidencial de ese año, que significó un revés histórico para el partido oficial, pues como es sabido el PRI debió recurrir al fraude para “triunfar” por undécima vez consecutiva. Oficialmente, los votos combinados de la oposición sumaron casi la mitad del total (48%) y en cualquier caso, apenas la mitad de los empadronados se molestaron en ir a las urnas, de modo que Carlos Salinas sólo consiguió el voto de una cuarta parte de los mexicanos[3]. Esa división social que afloró en 1968, desembocó en la llamada Guerra Sucia.[4] Luego, la gran crisis y devaluación de 1982, combinada con los fraudes electorales de Chihuahua en 1986 y el nacional de 1988, reafirmaron la polarización política y social de antaño, pues el “salinismo” resultó ser una muy “mexicana” mezcla de privatizaciones abusivas,[5] cambio radical de orientación económica y política frente a los Estados Unidos de América no necesariamente benéfica para el interés nacional, así como una represión de baja intensidad contra una izquierda que ya había pasado en su gran mayoría de la lucha armada a la electoral. Entre los resultados de esta política, destaca el retorno al asesinato como método para resolver las disputas de la clase política -Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu- y la insurrección indígena – del Ejército Zapatista de Liberación Nacional- como vía para enfrentar la marginación extrema. Aun con todo, no estaba cerrada la puerta del cambio político y para 1997, el país pudo dar el primer paso para que el PRI reconociera su derrota en las urnas. La siguiente escala de los mexicanos en su búsqueda aspiracional de una democracia representativa tuvo lugar en 2000. Sin embargo, el liderazgo del “cambio” no estuvo a la altura de las circunstancias, pues el displicente e irresponsable Vicente Fox evidentemente careció de la estatura política necesaria. Así, en las elecciones intermedias de 2003, el nuevo gobierno no fue capaz de afianzar su victoria y los factores de poder del viejo régimen se aprovecharon a fondo de la permanente dubitación del nuevo gobierno. ¿Qué hacer con el PRI? parecían preguntarse Fox y su camarilla, pues quedar solo frente al PRD y al Jefe de Gobierno de la Ciudad de México no les resultaba una opción viable. Se optó entonces, como ahora, por hacer del PRI el aliado incómodo, pero indispensable. Sabemos que en 2005, Fox usó al PRI (o mejor dicho, se usaron mutuamente) para desaforar a López Obrador de la misma manera que en 2006, Calderón y Espino usaron el voto útil de las maquinarias estatales priístas para ganar la elección presidencial.[6] Esos costos son nada comparados con lo que significa para la Nación la pérdida del ímpetu de la consolidación democrática del año 2000, como resultado de las concesiones que los dos últimos gobiernos panistas han hecho al pasado autoritario.

1. Breve Radiografía política de los mexicanos

Según revelaba la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (ENCUP) levantada por primera vez en 2003, una abrumadora mayoría de los ciudadanos entrevistados era ajena a la participación social en cualquiera de sus variantes.[7] Los datos mostraron que sólo un raquítico 26% de los entrevistados tuvieron una opinión general buena o muy buena de las secretarías de estado del gobierno federal. En cambio, un 29% tenía una opinión regular y un 11% tenía una opinión mala o muy mala. La Cámara de Diputados fue peor evaluada aún, pues más de un tercio de los ciudadanos entrevistados se mostraron enteramente indiferentes a este órgano del estado. Un 28% tenían una mala o muy mala opinión de esa institución y sólo un 9% manifestaron una buena o muy buena opinión. La situación para el Poder Judicial era sólo ligeramente mejor que la del legislativo; así se ponía en evidencia que la confianza ciudadana en las instituciones públicas (en este caso los tres poderes u órganos del estado) era un punto intermedio entre poca y nula. Abundando en las anteriores cifras, la misma ENCUP de fines de 2005, la más reciente de la que se dispone información, arrojó otros datos relevantes: sólo 4 de cada 10 entrevistados asoció el término “ciudadano” con “tener derechos y obligaciones”. Un 13% pensaba que no le tocaba hacer algo sobre los problemas que trata de resolver el gobierno. En una discusión política, sólo 3 de cada 10 entrevistados dijeron participar y haber dado su opinión. Sólo 4 de cada 10 sabían la duración en su cargo de los Diputados federales. Un 56%, se inclinó por un régimen democrático en el cual se respeten los derechos de las personas. En 6 de cada 10 casos confiaban poco en las demás personas. Sólo 4 de cada 10 pensaban que el rumbo del país era el adecuado o adecuado en parte. Cinco de cada 10 creían que la democracia mejorará o mejorará en parte en un futuro,[8] mientras que 9 de cada 10 personas pertenecientes a grupos sociales en situación de vulnerabilidad consideraron que en nuestro país se les discrimina por su condición, lo que significa que una mayoría ha visto vulnerados sus derechos fundamentales.[9] En parecida forma, en la encuesta Latinobarómetro,[10] de 2005, los mexicanos exhibimos una cultura cívica caracterizada por una baja legitimidad de las leyes, los derechos y las obligaciones. En la percepción ciudadana, la alternancia y la consolidación de la democracia no van de la mano con la idea de contar con instituciones, en este caso partidos políticos y Congreso, que se caractericen por respetar los derechos y obligaciones que marcan las leyes. Así, la falta de legitimidad ante los ojos de los ciudadanos sobre las instituciones de representación, de gobierno, de seguridad pública y de procuración y administración de justicia responde a la acumulación de tres décadas y más, toda una generación, de crisis recurrente y merma de la credibilidad del Estado.[11]

2. Las causas que generan el abstencionismo

El abstencionismo es un fenómeno social que durante décadas ha preocupado a quienes se dedican al análisis político y al que se han vinculado las más diversas causas, desde las referidas a los mecanismos mismos de los procesos electorales hasta los relacionados con la forma de reaccionar de diferentes sectores de la población ante los problemas sociales. De ahí que parece sensato tomar en cuenta la gran variedad de las causas que lo originan, especialmente en un contexto de cambios acelerados, recurrentes crisis económicas y políticas a escala nacional e internacional. [12] Entre estos factores podemos citar como los más importantes, que no los únicos:

2. 1. Causas históricas

Ya en las postrimerías del Virreinato de Nueva España, tuvo lugar la primera elección moderna, misma que se desarrolló según los lineamientos de la Constitución de Cádiz de 1812. Dicho proceso electoral llevó al triunfo a los candidatos no deseados por el Virrey. A partir de entonces, todas las elecciones posteriores fueron más o menos manipuladas y no sirvieron ni para descifrar “los sentimientos de la nación” ni para legitimar a la autoridad.[13] Después, como estado independiente, sólo en dos ocasiones México se dio a sí mismo un breve germen de régimen democrático. A partir de 1824 y hasta 1857, existieron elecciones indirectas y la voluntad modernizadora de que México tuviese un orden democrático. Pero en el siglo XIX también ocurrieron guerras intestinas, invasiones, despojos territoriales y toda suerte de desgracias que impidieron que se consolidara ese experimento democrático que siempre duraba muy poco, porque siempre era interrumpido por revoluciones, golpes de estado y asonadas. Así, la primera etapa más o menos democrática ocurrió en la llamada “República Restaurada”, entre 1867 y 1876. En ese tiempo, México gozó de cierta división de poderes, de alguna libertad de expresión, de autonomía del Poder Judicial y de elecciones más o menos libres. Entonces, el caudillo por excelencia, Porfirio Díaz, se levantó en armas, tomó el poder, e inmediatamente convocó a elecciones, que naturalmente ganó él, pues la democracia era un sistema que había que respetar aunque fuese formalmente. Juárez había muerto en 1872; así, el Presidente fue un solo hombre entre 1876 y 1911, con una pequeña interrupción entre 1880 y 1884. Naturalmente que durante el “porfiriato” había elecciones cada cuatro años, aunque sólo tenían un contendiente en el Presidente y General Díaz. Seguía habiendo poder legislativo, aunque supeditado a la voluntad presidencial. Había poder judicial, pero el Presidente decidía quiénes eran los jueces más convenientes. También había prensa, pero era libre hasta el punto que decidía Díaz. Por tanto, la manipulación electoral y el férreo control ejercidos por El Caudillo terminaron por crear un resentimiento tal que el levantamiento encabezado en 1910 por Francisco Indalecio Madero González en contra del primer régimen estable del México independiente se pudo justificar con el simple lema de “sufragio efectivo, no reelección”. El siglo XX transcurriría haciendo efectivo únicamente el medio: la no reelección; pero no el fin: el sufragio efectivo. Así, en 1911 el régimen del Caudillo Díaz fue derrocado violentamente por una revolución armada, la primera del siglo XX. El formal e ingenuo demócrata Madero gobernó durante apenas 15 meses antes de ser asesinado después de tener elecciones limpias, aunque muy acotadas, en 1911. Luego, durante la época posrevolucionaria, diremos de 1920 en adelante, México avanzó en muchos sentidos, pero no en el político. Y así por ejemplo, en 1924 un general sonorense que además era secretario de estado en funciones, se levantó en armas por asuntos electorales.[14] Más tarde, en 1928, el ex presidente Álvaro Obregón (1920-24) decidió volverse a postular para la presidencia, pero fue asesinado. En ese momento, el hombre fuerte de México era otro general: Plutarco Elías Calles, quien decidió que México debía poner fin a la era de los caudillos y comenzar una nueva época de instituciones; fundó el Partido Nacional Revolucionario, hoy PRI. Entre 1934 y 1988, contamos nueve presidentes sucesivos del PRI. En cada uno de esos periodos hubo elecciones y también se presentaron candidatos muy débiles de oposición. Al abrigo del poder se generó una cultura de la falsificación y el fraude electoral, pero en los años 80 del siglo pasado muchos mexicanos presionaron para que el país empezara a tomar en serio la posibilidad de volverse una democracia y no una anomalía política en el mundo. Luego, en 1988, el sistema político mexicano, que ya había llevado la alquimia a la sofisticación electrónica, vio que los resultados no favorecían al candidato oficial y decidió operar un “cambio” en el resultado electoral del que ya se hablaba al inicio del presente ensayo. “Se cayó el sistema”, se dijo entonces y por mucho tiempo, cuando lo que en realidad se había caído era la fe y el crédito público en las elecciones.[15] Mal tenía que terminar esa historia de trampas y transacciones, con el asesinato político como fondo en 1993 y 1994. Quedó claro entonces que había que abrir el sistema político e introducir una reforma sencilla pero mayor: contar limpiamente los votos, para lo cual se le dio al IFE la personalidad que ahora tiene y de la que al menos en su primer tramo, hizo un uso ejemplar, acumulando un capital social invaluable.[16] En 1997 la oposición ganó por primera vez la mayoría en la Cámara de Diputados y el PRD obtuvo en 1989 la Jefatura de Gobierno en el Distrito Federal. Parecía claro que la transición democrática en México era irreversible, y para el año 2000, el PRI que había gobernado ininterrumpidamente desde 1929 dejó el poder y ocurrió lo que pocos se atrevían a soñar: un cambio pacífico con el triunfo de Vicente Fox. [17]

2.2. Causas políticas

Siempre ha existido un sector de la población que ante la desesperanza opta por vías distintas a la electoral para tratar de transformar la realidad en que está viviendo, o bien que considera que por medio de los procesos electorales nada va a cambiar en nuestra sociedad. Este sector incluye a quienes han optado por no registrarse ni obtener credencial para votar, por lo que ni siquiera quedan registrados como abstencionistas en la estadística electoral. El abstencionismo rechaza la participación electoral porque rechaza al sistema mismo, con la clara conciencia del significado de su acción, y ha estado presente de manera creciente a lo largo de los comicios mexicanos y lo estará cada vez más en el futuro si no se modifican las condiciones de participación ciudadana. Sin embargo, representa un porcentaje pequeño y aunque puede crecer en el futuro, lo hace de a poco porque se produce de manera espontánea, sin necesidad de llamado alguno. Otro sector que se abstiene por causas políticas es aquel que considera que aún es posible lograr cambios en la sociedad por la vía electoral pero que no encuentra la organización política que represente sus intereses. Analiza las opciones que se le ofrecen, las valora y llega a la conclusión de que todas representan en esencia, lo mismo. El votante considera que las diferencias entre los partidos son de forma y que por tanto nada nuevo sucederá si triunfa alguien diferente, pues ninguno representa una verdadera opción de cambio; por ello prefiere abstenerse o en el mejor de los casos, asistir a votar anulando su voto o eligiendo una opción distinta a las que le ofrece el sistema de partidos, tan mal apreciado por la sociedad como revelan diversas encuestas. [18]


[1] Citado por Vázquez, Rodolfo, Corrupción y Estado Democrático de Derecho, Nexos, Agosto de 2008.

[2] Véase al respecto a Castillo García Gustavo, El 68 Mexicano: del autoritarismo a la impunidad, La Jornada, 21 de junio de 2008.

[3] Muchas evidencias apuntan a que el voto real recibido por Salinas pudo haber sido inclusive menor. Meyer, Lorenzo, 40 y 20, Reforma, 11 de julio de 2008.

[4] Guerra clandestina del aparato represor del estado contra organizaciones subversivas urbanas y rurales, con cientos de muertos y desaparecidos políticos.

[5] Banca, televisión y telefonía, por citar las más importantes y cuestionadas.

[6] Espino lo admitió públicamente en fecha reciente: “También negocié con Marín: Reconoce el ex líder nacional del PAN que el gobernador de Puebla fue uno de los 10 mandatarios a los que convenció para apoyar la campaña presidencial de Felipe Calderón Hinojosa”, Diario Cambio, julio de 2008.

[7] Solo un 17% de los entrevistados declararon participar o haber participado en alguna asociación de vecinos, colonos o condóminos y solo un 5% declaró que formaba parte de alguna asociación civil. Un 60% declaró que confiaba nada o casi nada en las asociaciones de ciudadanos. Un 84% dijo nunca haber trabajado junto con otras personas para resolver problemas de su comunidad. Un 57% consideró difícil o muy difícil organizarse con otros ciudadanos para trabajar en una causa común.

[8] Resumen Ejecutivo ENCUP 2005, Consulta Mitofsky, 2008. www.consulta.com.mx.

[9] Información de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, CDHDF, www.cdhdf.gob.mx

[10] www.latinobarometro.org

[11] La Democracia en América Latina, Hacia una democracia de Ciudadanas y Ciudadanos, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD 2004. www.pnud.org

[12] IFE, op.cit.

[13] Meyer, Lorenzo, Lo que El Viento, El TEPJF y el IFE se llevaron, Reforma, 19 de junio de 2008.

[14] Rebelión armada del candidato presidencial Adolfo de la Huerta. Valenzuela, Georgette José, Campaña, Rebelión y Elecciones Presidenciales de 1923 a 1924 en México. Revista de Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, IIH, UNAM, www.iih.unam.mx.

[15]“En entrevista para La Jornada (3/7/08) Manuel Bartlett, secretario de Gobernación entonces y responsable de la elección, restablece una verdad histórica grande como una casa: él nunca dijo “se cayó el sistema”. Sin embargo, la anécdota apócrifa que le atribuye estas palabras autoincriminatorias se ha convertido en una de las mayores mentiras históricas, de las más repetidas y de las más citadas por académicos, mexicanos y extranjeros, periodistas y cualquiera que hable de la elección de 88”. Loaeza, Soledad, A 20 años de distancia, La Jornada, jueves 10 de julio de 2008.

[16]Que luego se encargaría de dilapidar en 2006. Al respecto, véase a, José Antonio Crespo en Hablan las Actas, Las debilidades de la autoridad electoral mexicana, Random Mondadori, México, 2008. La tesis central del libro es de enorme calado: como en la elección presidencial de 2006 hubo muchas actas electorales con errores aritméticos (más de 81,000), no conocemos con certeza quién ganó, porque la cantidad de votos irregulares contenidos en tales actas fue mayor que la distancia entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador.

[17] En 2008 parece claro que dicho cambio solo lo fue de gobierno y no de régimen, pues las estructuras autoritarias y corporativas de antaño se mantienen intactas o de plano fortalecidas hasta hoy.

[18] Para Consulta-Mitofsky, los partidos políticos fueron las instituciones peor evaluadas de todas en 2007 por los encuestados. Información similar reflejan datos de Transparencia Mexicana o de la ENCUP.

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3 comentarios en “El significado del abstencionismo en la transición mexicana (Primera parte)”

  1. César Torroella Labrada dice:

    Excelente artículo. A reserva de seguir las siguientes entregas, quiero comentar que los ciudadanos tenemos pocas opciones para votar y ser votados. Los Partidos no nos representan. En todos hay intereses personales o de grupo (caso Sodi o “Los Chuchos”). El dilema es votar o no votar. Hay quienes no creen en el sistema electoral para transformar la realidad (EZLN, por ejemplo). Los que sí creen (AMLO, por ejemplo). En algunos países de Latinoamérica, se han realizado cambios importantes a favor de las mayorías y en contra de las minorías a través del voto: Venezuela, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Brasil, etc.; y el más reciente: El Salvador. Sentimos que el IFE tampoco nos representa (el Fraude de 2006). Entonces ¿Qué hacer?. Parece que los IFE de aquellos países mencionados, sí han cuidado y respetado el
    voto ciudadano. Aquí entonces, tal vez lo que hay que hacer para recuperar la credibilidad, será poner otro IFE. Más ciudadanizado. O algo parecido para no desesperarnos. Lo contrario sería una Revolución. Todo esto demuestra que las revoluciones las hacen los señores del dinero y del poder: al no dejarnos salidas pacíficas.

    • María del Mar dice:

      César:

      Al igual que tú, estoy de acuerdo en que es magnífico el artículo “Votar o no votar”. Por otra parte, coincido contigo y lo reafirmo a través de la lectura del artículo que nuestra bronca electoral y nuestra muy tambaleante democracia ha dependido y parece ser que seguirá dependiendo de “nuestras” instituciones electorales. ¿De qué sirve el sufragio si el IFE, por “arte de magia” lo convierte en un tabique que construye el palacio de los poderosos?
      ¿Cómo creer en la democracia si todo lo que se refiere a ella en este país huele a…..podrido?
      Te felicito por la reflexión que haces al final de tu comentario: las revoluciones las originan los poderosos.

  2. Raúl dice:

    Todos debemos votar, con mentirosos como Calderón ¨Presidente del Desempleo” debemos ir a las urnas para sacarlos a patadas del gobierno. Comparto con ustedes este video

    http://www.youtube.com/watch?v=KSkW9tZ3FxU

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