
Seguidores del Necaxa
De entre las pocas cosas buenas que nos dejó la peregrina y tórrida aventura que tuvieron Luis Armando Reynoso y Televisa, fue una pequeña renovación en el interés por ver al futbol desde una perspectiva distinta a la de los espacios deportivos de los noticieros o programas especializados- auténticos ghettos en donde se encierran a los espectáculos y juegos – y darnos permiso de analizar este deporte desde temas como la política o, lo más importante para mí, la ciencia social.
En resumidas cuentas, el affaire Necaxa puede contarse así: se gastó mucha, pero mucha lana, tuvimos buenos equipos en Aguascalientes (las Chivas, el Toluca, los Pumas, el Santos, el Pachuca, ¿ya dije los Pumas?), salimos un rato en la tele nacional (en donde todos nos dicen ¡Aguasscalientesn! Y piensan que nos morimos de orgullo), tuvimos aquí a luminarias de la talla del Perro Bermúdez y genios similares y al final nos quedamos con un estadio precioso, bastantes billetes pendientes y un equipazo de primera A al que (para variar) no van a ir a ver ni las mamás de los jugadores (en algunos casos debido a - se sospecha – carencia de las mismas).
Pero lo mejor, insisto, es que todo este penoso espectáculo ha invitado a la reflexión a personas que regularmente no se acercan de manera “seria” al ámbito de las patadas. Me ha tocado leer ya buenos comentarios de Lorena Martínez y del estimado Enrique “Chamuco” Varela. Con todo, me llamó mucho más la atención el artículo que apareció la semana pasada en La Jornada Aguascalientes, del Dr. Genaro Zalpa ( que pueden leer acá) en donde comenta sobre el asombro y la notable sensación de irracionalidad que ocasionan las historias de los aficionados al futbol, y el aparente misterio que envuelve a estos sujetos que dejan de pronto los límites bien marcados del mundo racional y se envuelven en banderas chillonas, se pintan la cara de colores y brincan sin parar al son de veintidós jugadores y una pelota.
Como el Dr. Zalpa prácticamente me invitó a colaborar también en esta disección de las porras y aficiones (yo soy el de la UAM con la tesis de doctorado sobre las porras del Necaxa) lo menos que se puede hacer es entrar de cambio para ver si podemos anotarle un gol a la incertidumbre. No puedo, en honor a la verdad, clamar que tengo la resolución total y definitiva a la encrucijada que planteó el Dr. Zalpa, pero el haber podido platicar largo y tendido con bastantes aficionados al fut (y al Necaxa, para acabarla de amolar) y el diálogo que también intento tener con los libros de autores que de esto ya saben un rato como Norbert Elías y Christian Bromberger, entre otros tantos, me puede ayudar a intentar comprender lo que parece a primera vista incomprensible.
¿Es el futbol, o mejor aún, son los aficionados “de hueso colorado” al fut – que el inmortal Ángel Fernández llamó “el juego del hombre” – francamente incomprensibles? La respuesta más sincera que tengo es: a lo mejor. En todo caso, habrá que apuntar que la afición a un equipo es igual de comprensible (o incomprensible) como la práctica de una religión, la identificación con una nación, la decisión de serle fiel a una persona toda la vida o una riña de gallos en Bali. Todos estos casos, nos parecerían irremediablemente absurdos si por un segundo nos pudiéramos despegar de los anteojos con los que estamos viendo al mundo desde que llegamos a él y a los que se les suele dar el nombre genérico de cultura. Dentro de nuestra cultura, todo puede tener una explicación o un razonamiento que haga que las cosas tengan sentido, cuando salimos de la misma, nos cuesta un poquito más trabajo.
Y esto es algo que a todos nos ha ocurrido. Recordemos cómo nos sentíamos el primer día de secundaria o prepa. No sabíamos como funcionaba ese mundo, no teníamos referencias, todo era nuevo, misterioso y un poquito temible (las novatadas tampoco ayudaban). Con el paso del tiempo, dominamos (casi todos) ese nuevo ambiente, esa nueva manera de relacionarnos y ya nos parecía de lo más normal.
Así ocurre con los aficionados (o al menos con los aficionados a los que entrevisté) una vez dentro de la bola, todo tiene sentido, todo responde a una lógica clara y fácil de entender. El problema, claro está, ocurre cuando se quiere trasladar esa claridad, ese conocimiento tácito y sencillo de las reglas del juego hacia fuera. Entonces es cuando cuesta trabajo cuadricular los sentimientos para que encajen dentro de las cajas de los conceptos. El aficionado al fut, tal vez más que cualquier otro aficionado a un deporte, está inmerso en un mundo de tradición, lealtad, coraje, territorialidad, sentido de pertenencia, masculinidad, competencia continua y un sinfín de cargas emocionales tan distintas y tan amontonadas, que cuesta mucho trabajo destilar y separar a qué corresponde cada acción y cada movimiento. No es –me atrevo a suponer – que los aficionados no sepan lo que hacen, sino que les cuesta muchísimo trabajo traducir esa labor afectiva a una lógica instrumental de tener que hacer algo por un fin (yo trabajo para que me paguen, yo estudio para sacarme diez). En muchos sentidos, para el aficionado al futbol, el acto mismo de estar ahí, apoyando al equipo es el propio fin, no requiere de otro aliciente.
¿Quiere decir entonces que tenemos que renunciar a explicar a los aficionados y a las aficiones en general? No lo creo. Tan no lo creo que me atreví a sugerir cuatro respuestas, creo que bastante claras y sencillas, a la pregunta que disparó mi investigación y por la cual tuve que padecer en interminables noches tormentos tan dolorosos como los juegos Necaxa – Puebla (antes del Chelís, claro) o peor tantito, Necaxa –Jaguares, en fin, lo que uno hace en nombre de la ciencia. La pregunta fue ¿Qué hace que la gente vaya a un estadio de futbol y se meta a una porra? Las cuatro respuestas fueron, grosso modo:
1) Porque van a disfrutar un juego: lo sé, esta es la respuesta más babotas que uno se pudiera imaginar, pero en realidad es más importante de lo que parece. Solemos dejar de lado, en un mundo atormentado por crisis políticas y económicas, que los seres humanos seguimos siendo seres sociales y que seguimos necesitando de contacto humano y de compartir emociones con otros. Encerrados como estamos en la rutina y en una cotidianeidad que no nos permite voltear a ver al de al lado (menos abrazarlo, por aquello de la influenza) los juegos, y los juegos multitudinarios, nos ofrecen un poco de esa necesaria dosis de afectividad que está tan escasa.
2) Porque por medio de su equipo logran identificarse mejor con su espacio y su comunidad imaginada: Si bien en el caso del Necaxa la cosa trabajó al revés. Como los que venían de fuera no hicieron nada por apropiarse de los valores y símbolos de los aguascalentenses, lo de aquí tuvieron que hacerle un hueco a los rayos y compartirles un poco de esa identificación de la que carecen desde hace un buen rato. Pero ciertamente, muchos jóvenes lograron finalmente esa sensación de “yo soy de Aguascalientes”, “Aguascalientes es importante para mí”, a través de la participación en la porra.
3) Porque al estar en una organización social (por precaria o efímera que sea) logran una percepción de sí mismos como sujetos ante diversas instancias de poder (autoridades estatales, policía, dueños del equipo). Nuestra sociedad, lo estamos viendo, sufre una crisis de representatividad, los ciudadanos estamos degradados a simples consumidores y estamos acostumbrados a ser irrelevantes e impotentes ante lo que pasa en nuestro país. La pertenencia a la porra les da a los aficionados una clara sensación de agencia, esto es, son capaces de hacer algo, son efectivos, sus acciones valen. Ahí, en la bola, se le paran a los policías y les mientan la madre en su cara. El grupo, todos los sabemos, da poder.
4) Porque dentro de la porra refuerzan la construcción de su masculinidad: Ni modo, todavía más del 60% de los porristas son hombres y en la barra sube la cuota hasta más del 80%. Y es que la porra exige una actitud desafiante y una resistencia que raya en lo heroico. Los viajes de decenas de horas en autobuses destartalados, que solamente duran lo que dura el partido y después de vuelta, sirven en muchas ocasiones como auténticos ritos de paso, ahí se separa a los hombres de los niños.
Se puede platicar mucho más de cada uno de estos puntos, pero de momento ya me pasé de rollo, así que mejor nos iremos a casa con la ventaja y dejaremos cada una de estas respuestas para el juego de vuelta.
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cada pendejada que dice este tipo de valde q sea profesionista no sabe ni que pedo con lo que es una barra y ahi esta abriendo el ocico .. si de pendejos este cabron se las mata ehh …cuando sepa lo que es sentir un amor .. un amor al futbol un amor al necaxa un amor a tu barra q mas q una barra son tu segunda familia q cada fin de semana pasas todo el tiempo con ellos .. cuando sepa esto y varias cosas mas yo creo q deja de decir tantisima pendejada 0 en tu tesis de mierda pss con razon eres de la uam ,,puro rechazado de la unam y del poli pobre pendejo
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Si, pero, del texto, ¿qué opinas?
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Darío, Gabriel no opina porque no piensa, es de la barra del Rorro. Es más, creo que se trata de Gabriel Arellano. Saludos.
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soy gabriel del comando rojiblanco y la neta si estoy deacuerdo que alos directivos y a toda esa pinche bola de ogts solo les importa el varo nosotrso les venimos valiendo una mama pero pss si se me hace una mentada de madre lo que escribe este compa por que como dije antes que sabe el de las putisas q s e habienta uno viajando, alomejor son muy muy pocas las alegrias pero les falto conocer lo que fue necaxa aqui en el df y por eso el motivo de tanto amor que le tenemos el equipo “¿estan locos los que le van al necaxa” jaja q jaladas ee neto yo cuando vi esto me cae q si me empute
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Saludos Gabriel del comando rojiblanco. Entiendo que tengas (tú y todos los necaxistas) motivos para estar molesto e indignado, pero, por favor, ¿no podrías primero leer el texto antes de comentarlo? No te quita mucho tiempo, y a lo mejor descubres que juzgar un artículo solo por su título puede no ser lo acertado.
Gracias
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pues si estan locos, porque los aficionados si dan todo, desde pagar un boleto de camion, comprar playeras, la bebida, hasta pagar un boleto de entrada al estadio y ese dinero va a dar directamente al club cuando es local, en este caso necaxa, mas sin embargo necaxa ni cualquier otro club da nada a cambio a la aficion y menos economica. esa es la realidad.
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