Dijimos que la campaña contra la marihuana se desató por la conjunción de varios factores: el primero fue el regreso de los soldados de la primera gran guerra en 1918, que provocó la promulgación de la “Ley seca” en Estados Unidos, lo que condujo a los jóvenes excombatientes a popularizar el uso de la “Mary-Jean”.
El segundo factor fue la crisis económica de 1929, que provocó una campaña contra los braceros mexicanos a los que se acusó de incurrir en delitos graves por el influjo de la marihuana, con el propósito de arrebatarles sus puestos de trabajo.
El resultado de aquella campaña fascista fue tan efectivo, que logró incluir una propuesta para proscribir la cannabis del comercio mundial, en la revisión que en 1925 se hizo de la Convención Internacional del Opio (primera en su tipo destinada al control de una droga, firmada en 1912).
Aún así, no pudieron conseguir que aquella iniciativa fuera aceptada en esos términos ni por todos los países, como tampoco pudieron consolidar una ley que la prohibiera dentro de los propios Estados Unidos.
Más aún: hacia 1930 su cultivo inicia un auge tal, que estuvo cerca de alcanzar el primer lugar en la producción agrícola, debido a la prosperidad de la industria del papel producido de pulpa de cannabis que por su alta calidad, resistencia y duración, tenía una gran demanda en la impresión de periódicos, libros y revistas, aparte de muchos otros productos industriales.
El “amarillismo” periodístico
Mas he aquí que por esas fechas surge el tercero y definitivo factor: las familias Mellon (de grandes banqueros, empresarios y políticos) Dupont (de empresarios químicos) y Hearst (el gran monopolista de la información) se confabulan para apoderarse de la industria del papel a base de celulosa de madera y de los textiles a base de las novedosas fibras sintéticas plásticas -ambos inventos registrados por Dupont- así como de los aserraderos y la producción de algodón, para lo cual reavivan la vieja campaña en contra de la marihuana.
Aquí vale la pena mencionar que, además, William Randolph Hearst inventa un nuevo tipo de periodismo escandaloso y sensacionalista cuyo único propósito consiste en vender más ejemplares, sin importar que lo escrito vaya en detrimento de la cultura; esta práctica inmoral ha contribuido al deterioro de la calidad en la formación del individuo en todo el mundo en menos de setenta y cinco años, ya que aquél fue, junto con los de Joseph Göebbels -jefe de propaganda de Hitler en el partido nazi- uno de los primeros pasos en la invención de métodos de enajenación y desinformación utilizados por los propios gobiernos encargados de “educar” a los pueblos del mundo. Así, Hearst utilizó su capacidad de manipulación de la opinión pública para convertir su monopolio en un “cuarto poder”, capaz de imponer su voluntad a los tres poderes del Estado, nauseabunda influencia tan lacerante en nuestro conflictivo presente.
Ese poderío mediático utilizado por Hearst para desacreditar la marihuana, fue bautizado como “amarillismo” por el hecho de coincidir la impresión de los periódicos en aquél papel que debido a su proceso de producción se hacía amarillo, con la aplicación de su técnica sensacionalista.
El efectivo resultado de esta última campaña fue la “Marihuana tax Act” de 1937, por medio de la cual y con el pretexto de prohibir su consumo, estableció un impuesto a su producción para encarecerla, dejando en claro que el propósito no consistía en salvar a la población de una droga llamada marihuana, sino enriquecerse aún más eliminando de la competencia una materia prima de alta calidad: la fibra de la cannabis sativa. El pueblo ignoraba que marihuana, cannabis y cáñamo eran la misma cosa.
(Próximo capítulo: Legalización)
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