Mis maestras de primaria

Escrito por on May 28th, 2009 y archivado en Destacado, Lejano Cotidiano. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Colegio Portugal

Fachada del Colegio Portugal

Jesús Eduardo Martín Jauregui, compañero de estudios en la primaria, secundaria y la preparatoria, ha publicado, un texto titulado: “A mis maestras, gracias” donde hace un breve recuento de las seis maestras que abnegadamente nos soportaron durante los años de primaria y del cual comparto su visión en términos generales sobre ellas, aunque al igual que otros compañeros como Arturo Orenday, Joaquín Cruz Limón, Hugo Castañeda o Javier González Gutiérrez, por sólo mencionar a cuatro de la treintena que estuvimos de primero a sexto en el mencionado colegio, pues otros que iniciaron con nosotros, a los dos o tres años participaron en la diáspora de alumnos que alimentaron la creación del Colegio Marista, cada uno podemos o más bien debemos diferir en intensidad, impacto y huella que dejó en nosotros cada una de aquellas excelentes maestras, a saber en el orden de primero a sexto: María Rangel, Matilde Aguilera, María de Jesús Llamas, Josefina Romo, Guadalupe Serna y María Luisa Aguilera.
La delgaducha de María Rangel aparte de ser el pilar para enseñarnos a leer, tenía una gran memoria para recordar, prácticamente, a casi todos sus alumnos por más de cincuenta años de docencia, como me lo demostró a mediados de los noventa, pues como vivía por los rumbos de la casa de mi madre, solía saludarla, aunque fuera de acera a acera, siempre que nos topábamos, hasta que un día mi mamá me dijo que cuando ella se detenía a platicar, le preguntaba por mis andanzas, como si me tuviera muy presente. En un principio estime que me lo decía para que le tomara más aprecio a la maestra, así que acicateado por la duda, en el siguiente encuentro casual, no me conforme con cruzar saludos, sino que la detuve para platicar, sorprendiéndome que no solo sabía que había sido de mí y a lo que me dedicaba, sino que podía decirme lo mismo de otros compañeros de generación, que pude a bien yo recordar, porque María Rangel me hizo notar de algunos, que ni en cuenta tenía yo que hubiéramos estado juntos en el año escolar 1953-1954. Afirmándome que igual podía hacer el memorial de otras generaciones, pues su vida, al final de cuentas la había dedicado a la enseñanza y a sus alumnos, casi siempre de primer año, los veía como sus hijos.
De la maestra Guadalupe de la Serna el amigo Jesús Eduardo dice: “Tenía sus chiquiados. Yo no era uno de ellos, estoy seguro, pero ahora sí lo soy, también estoy seguro”. Yo, por mi parte, orgullosamente le puedo decir que a pesar de cuanta travesura hiciera, la maestra “Lupita” me reconvenía con afecto y de una manera u otra me hacía sentir que era de sus “chiquiados”, como me lo sigue haciendo sentir cuando nos encontramos en algún lugar de la ciudad.
En cuanto a las otras cuatro realmente les perdí la huella, me supongo que la señora Llamas, una viuda bondadosa y paciente, que ya frisaba por los cincuenta años en ese momento, ya ha muerto. Josefina Romo creo que no solamente comparte rasgos físicos con María Rangel, sino de carácter y trato gentil con los alumnos para corregirlos. Para Matilde Aguilera fuimos su primer o segundo grupo, lo cual explica algunos de sus arrebatos, pero como le gustaba el cine, durante la hora del recreo, sobre todo los lunes, solía comentar con algunos de nosotros los últimos estrenos. Y, si bien, María Luisa Aguilera, tenía fama de dura, al igual que Lupita Serna, sabía imponer su autoridad, pero no caía en injusticias, logrando mantener el control del grupo y dejarnos buenas enseñanzas.
Sé que en muchas ocasiones nos mueve a risa el discurso de la abnegación y sacrificio de los maestros, pero al escribir, brevemente, algunos rasgos de esas ejemplares mentoras, no me cabe la menor duda que cada una de ellas merece su propio monumento y que son los líderes magisteriales corruptos y eternizados en sus puestos, alejados del gis y el pizarrón, los que han llevado al desprestigio al gremio, coludidos con políticos, a lo largo de muchos años, para tener la educación en México, cada vez en peor situación, preocupados sólo por ser compinches en el fraude electoral y la búsqueda de prebendas mal habidas, lejos del aula, montados en sus ostentosas “hummer”. Creo que la marcha al precipicio del deterioro en la educación se inició con Víctor Bravo Ahuja y su “Reforma Educativa”, durante el sexenio de Luis Echeverría, en que otras muchas cosas comenzaron a funcionar mal o agudizarse como herencia del diazordacismo..
Por último: ¿De veras usted no tuvo una maestra o maestro que pueda tildar de abnegado y feliz de ejercer el magisterio, buscando cumplir a cabalidad con su vocación? No me diga que todos son de la misma jaez que Jonguitud y la inefable Elba Esther Gordillo.

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