Iniciaron las campañas electorales en un clima adverso para las formas tradicionales de hacer proselitismo político, debido a la crisis sanitaria que ha trastocado las actividades productivas y sociales en nuestro país desde el jueves 23 de abril.
Suponíamos que por la misma contingencia los partidos podrían ser más inteligentes, prudentes y creativos para establecer nuevos canales de comunicación con la ciudadanía, con mensajes que le sean de interés y sin caer en el aprovechamiento lamentable del tema de la influenza, además de evitar en estos momentos los enfrentamientos. Sin embargo, esto no ha sido así y de nueva cuenta se muestran limitaciones graves en las campañas y su comunicación. Candidatos repartiendo y hasta fabricando tapabocas, geles antisépticos, folletería con recomendaciones y medidas preventivas, llamados a la unidad y críticas perdidas de algunos candidatos a la lentitud o sobreactuación de las autoridades.
La ley reguladora ha mostrado su inutilidad por la resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación de permitir la propaganda de promoción de logros de legisladores, pues no considera que sea propiamente difusión de campaña, como determinó en el caso del spot del Partido Verde en el que, antes del inicio de campañas, promocionó sus propuestas fuera de la pauta establecida por el IFE.
Pese a la oportunidad de elevar la propuesta, no hay mucha novedad en televisión y radio. El PAN anclándose en figuras deportivas y poniéndose emotivo en estos tiempos de influenza; el PRI mostrando algunos de sus candidatos con una respuesta de maduración, prudencia y propuestas frente al ataque del adversario, y el PRD de nueva cuenta con su dirigente nacional y su pequeña compañera hablando en corto con la gente de sus propuestas, y con el problema de que uno de sus cuadros emblemáticos, López Obrador, está haciendo campaña para Convergencia y el PT. ¿Esto es el fracaso de los partidos y de la política? Lo sabremos el 5 de julio, lo que sí podemos adelantar es que es el fracaso de la mercadotecnia.
El campo de contienda que sigue en expansión es Internet, donde el PAN viene aprovechando desde hace tiempo sus espacios, siguiendo una línea de reto y crítica al PRI, pues ahí no hubo regulación. Por su parte, el PRD, está trabajando en las redes para alcanzar una comunicación con 20 millones de personas. El PRI hasta ahora no ha mostrado un despliegue significativo y dinámico, quizá porque sabe que su fuerza está en sus estructuras, aunque no deja de ser un desaprovechamiento. A esto se suman los esfuerzos particulares de candidatos que montan sus portales, abren sus blogs y crean sus redes de cibernautas, además de la guerra sucia que se libra desde el anonimato contra uno u otro instituto o personaje.
Estamos entonces ante una campaña que inició con adversidades, pero que tiene un contexto más amplio y complejo, un significado, apuestas políticas, adelantadas lecciones para nuestra democracia y la oportunidad de seguir trabajando en una agenda reformista.
Las elecciones de este año se dan en medio de dos luchas que están costando bastante al país, la de la seguridad y la de contención de la crisis, de manera que el escenario, hasta antes de las precampañas, lucía bastante desolador para el partido gobernante, optimista para el PRI y de incertidumbre para el PRD, lo que resultaba comprensible después de que en 2007 y 2008 el partido que arrasó prácticamente con todo fue el tricolor. Actualmente, aunque se mantienen los partidos en sus posiciones, las cosas han cambiado por las estrategias emprendidas, como se verá más adelante.
Este es el gran marco, al que se debe sumar el comportamiento de la autoridad ante la crisis de influenza y la percepción de la sociedad sobre ello, así como los costos económicos y sociales que sufrieron varios sectores. Hasta ahora, más allá de los cuestionamientos técnicos al manejo de la contingencia, las encuestas y la opinión pública otorgan un reconocimiento social y un respaldo al actuar de las autoridades, particularmente a las más visibles: el gobierno federal y el gobierno de la Ciudad de México.
Hay que sumar también el exceso que peligrosamente está mostrando Felipe Calderón en sus respuestas ante los actos discriminatorios en otros países hacia los mexicanos, así como el discurso de salvación y belicosidad. El cálculo puede girar en torno a los beneficios internos en lo electoral, pero abrir frentes en el exterior.
Agréguese el anuncio formal de nuestra grave situación económica y el escándalo originado por la publicación del libro de Carlos Ahumada, que revela el entramado de intereses que sacaron a la luz los videos que mostraban la corrupción de funcionarios lopistas. En las semanas que quedan seguramente saldrán más cosas que incidirán en la contienda.
Sobre el significado del actual proceso, conviene retomar un apunte anterior, pues no han cambiado mucho las cosas: “Pudiera decirse, como en otros años en que hay contienda electoral a nivel federal, que es un año crucial para México porque se está ante la posibilidad de elegir a nuestros representantes; y porque estos, una vez electos, se harán cargo de una agenda de grandes cambios; o porque se estará en la posibilidad de darle un empujón más de salida al viejo sistema para instaurar uno nuevo; o quizá, por el contrario, votar para que se pavimente el camino de regreso del PRI a Los Pinos. Pero lo cierto es que no hay una sensación de que las elecciones de 2009 serán torales para el país -aunque lo pudieran ser por las razones expuestas-, ya que se trata de una ocasión más de elegir, en la que la ciudadanía aprecia que ello no es relevante, en la que no hay confianza y que su decisión, aún siendo la vía consensuada de participación y legitimación de la autoridad, no se traduce en una decisión transformadora, sino en el simple marcador que dará los resultados de triunfos y derrotas a los partidos políticos.” (Agenda Pública: Agenda Política 2009 I/II, 29 de diciembre de 2009).
También hay que decir que estas elecciones, como todas, constituyen una evaluación a la autoridad, al gobierno de Calderón, que apostará, como hace seis años fallidamente lo hizo Fox con el “Quítale el freno al cambio”, a contar con mayoría en el Congreso.
Y, además, los resultados marcaran el rumbo hacia 2010, aunque no hay lógicas lineales ni sumas aritméticas definitivas.
Las apuestas partidistas están justamente sobre el control de la gestión gubernamental desde el Congreso o con el Congreso. El PRI busca ganar la mayoría de curules para establecer sus prioridades, acotar al presidente y seguir en una ruta de regreso al poder. El PAN quiere una diputación que vaya con el presidente en sus propuestas, que se sintonice con los programas federales y que retome la agenda de reformas. Por último, el PRD aspira a la recuperación de sus niveles perdidos, especialmente en elecciones intermedias, mostrando el rostro suave y desvinculándose del liderazgo mesiánico de AMLO.
Estos cometidos explican las estrategias emprendidas: el Revolucionario Institucional reservado, no exponiéndose y rechazando los ataques y el debate; Acción Nacional en el papel del retador, pegándole al puntero, ubicado como si fuera la oposición, pero presumiendo también las acciones de sus gobiernos; y el Partido de la Revolución Democrática ajeno a la disputa, mostrándose como opción prudente y con el énfasis en problemas sentidos por la gente.
Al PAN las cosas le estaban pintando muy bien, con un Germán Martínez beligerante, que era muy criticado pero daba de que hablar y, sobre todo, fijaba la agenda. Las cosas se le complican con el brote de la influenza, aunque aún de ello puede sacar provecho por el reconocimiento a Calderón.
El PRI se paso de quietud, lo que le costó una baja en las preferencias, intentó reaccionar con las cuentas públicas de Fox, pero finalmente no pasó a una postura más radical. La tregua forzada también le sirvió y ahora sale nuevamente, pero no logra transmitir si su mensaje es que son prudentes o que tienen iniciativas, o ambas cosas, lo que en cualquier caso es grave para el priismo por tener y no explotar múltiples condiciones que tiene a su favor.
En el caso del PRD solamente hay que insistir en que la prudencia, en su caso, si le está redituando.
Ya podemos adelantar algunas lecciones que dejará este proceso: es necesaria una nueva reforma electoral; los partidos deben tener vehículos eficientes de comunicación de las propuestas de las plataformas; hay que plantear en general toda la modalidad de comunicación de campañas, usar los tiempos para transmitir ideas y no sólo formas, propiciar los debates, hacer más clara y sencilla la exposición de ofertas, no depender de los medios electrónicos, etc.; la ciudadanía debe crear observatorios y mecanismos de supervisión, y es necesario seguir acotando recursos al proceso, pues no es equivalente la insultante inversión realizada a la calidad de nuestra democracia.
La gran coordenada que debiera guiar al proceso es el continuar trabajando en una agenda para el desarrollo nacional, aislada de los cortes constitucionales por la renovación de poderes.
El autor es socio consultor de Azpol comunicación + estrategia política
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