Que un obelisco no es un arco

Escrito por on May 4th, 2009 y archivado en Sin categoría. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Un grupo de ciudadanos publicó un desplegado que exige revocar el unánime fallo del certamen para construir el arco del bicentenario porque “ni en las bases del concurso ni en el Acta de Acuerdos de la reunión de aclaraciones al concurso se estableció que el monumento podría ser diferente a un arco”. Y citan textualmente lo que decía la convocatoria, que llamaba a presentar proyectos de: “Un monumento Arco como hito urbano-arquitectónico, emblemático del México moderno”, cuya ubicación sería “sobre el Paseo de la Reforma”. Los firmantes recuerdan que el punto 4.11 de las bases del concurso señala: “Ninguna de las condiciones contenidas en estas bases podrá ser negociada” y por si fuera poco consideran que “el proyecto elegido como ganador es prácticamente igual al proyecto de Luis Barragán para el Faro del Comercio” de Monterrey, diseñado hace 25 años. Lo de “prácticamente igual” es más que discutible, pues no se parecen tanto y Barragán, hasta donde sabemos, no patentó la forma obelisco que se usa desde hace algunos milenios. Celebremos que no se haya aprobado levantar un arco que obstruiría la visibilidad del Castillo y el Monumento a los Niños Héroes, pero reprobemos que los organizadores, tanto el gobierno federal como el capitalino, hayan establecido normas que no se iban a respetar.

10 concursos perdidos,
uno ganado
Un valiente libro del arquitecto Lucio Muniain es 10 concursos perdidos 1 ganado (Ed. Arquine, 2009). El volumen muestra una decena de proyectos que participaron en concursos sin ganarlos y sólo uno en el que resultó triunfador, la sede de la Corporación Andina de Fomento, de Caracas. Sin embargo, el mayor interés está en algunos de los proyectos “perdedores”, trabajos de una gran plasticidad, muy especialmente el Performing Arts Center que pretendía construir en Seúl, Corea, una especie de serpiente con reminiscencias de la famosa de Goeritz, pero tendida a lo largo de una isla oblonga, o la Expo Culiacán, para la capital sinaloense, con volados impresionantes, largos corredores para garantizar la fluidez interna y amplias áreas destindas a la estancia de los visitantes. Algo que habla mal de los concursos es que en éste le comunicaron a Muniain que había ganado y al día siguiente le llamaron para decirle que siempre no, pues preferían un proyecto más conservador, y seguramente convencional, mediocre. Otro proyecto deslumbrante, por lo menos en el papel, es el Complejo de Usos Mixtos, de Monterrey, con un edificio de oficinas que se abre hacia una gran plaza y ofrece una peculiar fachada a la que asciende una escalera monumental. Bajo la explanada estaría el área comercial y en otro costado se hallarían cuatro edificios de vivienda de planta cuadrangular que se elevan irregularmente y rompen la simetría en favor de sus habitantes, dueños de espacios y perspectivas diversas. En fin, que Muniain, también músico y pintor, tiene demasiado talento para que alguien lo considere perdedor. Su libro, si la influenza lo permite, se presentará el próximo jueves en el piso 28 de la Torre Latinoamericana.

Espléndido libro
de José Reyes Meza
Pintor perteneciente a la última oleada del muralismo mexicano, José Reyes Meza (Tampico, 1924) estuvo muy presente hace unos años, cuando ante la indiferencia gubernamental se procedió a la destrucción del Casino de la Selva de Cuernavaca, donde ejecutó un trabajo de grandes proporciones del que apenas sobreviven fragmentos. Pero Reyes Meza es también un puntual retratista, como lo prueba su representación del poeta Pedro Garfias. Las naturalezas muertas del maestro son una generosa fiesta de color, y sus escenas taurinas, las que a primera vista pueden ofrecer alguna reminiscencia goyesca, tienen algo de Picasso y mucho de un Reyes Meza imaginativo, creador. Para quienes deseen tener un acercamiento a su obra es recomendable visitar la iglesia de San Antonio de Padua, donde el maestro ejecutó relieves en los que formas simbólicas juegan sobre un fondo en el que prevalece el abstraccionismo, obra que se completa con el amoroso trabajo invertido en los vitrales. Un muestrario de su trabajo lo ofrece el libro de José Reyes Meza, con prólogo del entrañable y extrañable Emilio Carballido y una presentación del editor, Francisco Javier Fernández Soto, quien ejecutó un bello y bien cuidado trabajo artístico.

Filosofía en bachillerato:
siempre sí
Un grupo de distinguidos académicos, entre los cuales se cuentan Adolfo Sánchez Vázquez, Luis Villoro, Juliana González y Enrique Dussel, exigen no eliminar las materias filosóficas del plan de estudios de bachillerato, medida que anunció recientemente Miguel Székely, subsecretario de Educación Media Superior de la SEP, quien el martes se reunió con los representantes del Observatorio Filosófico y al día siguiente, el miércoles, rectificó y dijo a los representantes del Observatorio Filosófico —así se llama la agrupación de los personajes citados— que siempre sí habrá filosofía en el bachillerato, si bien falta saber en qué términos quedaría en el área de humanidades y qué opinan los directores y otros representantes de las instituciones involucradas en el asunto.

Breviario…
Murió Ricardo Anguía, pintor nacido en la Ciudad de México en 1951. Estudió en La Esmeralda (1968-76), expuso por primera vez en 1972 y obtuvo varios premios y una mención honorífica en el Gran Prix Internationale D’Art Contemporaine de Mónaco (1982). Dedicó muchos años al arte-objeto y ahora, pese a que fue internado por un padecimiento renal, tuvo como causa de defunción una neumonía (¿Influenza?). *** La caída de la casa de Usher, la celebrada obra de Edgar Allan Poe, acaba de aparecer en edición mexicana ilustrada por Diego Molina con tintes de historieta. El sello editorial es Nostra y, la traducción, de Andrea Fuentes Silva y Yeicko Sunner. *** Es un acierto que en estos días de recogimiento obligado la cartelera del Conaculta promueva la lectura. Entre los títulos que recomienda están Herida luminosa, de la poeta Minerva Margarita Villarreal, Las palabras y los días. Una antología introductoria (a) Octavio Paz, de Ricardo Cayuela Gally, y Los libros de la cocina mexicana, recuento de la acuciosa Cristina Barros.

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