Aguascalientes sin feria

Escrito por on May 4th, 2009 y archivado en Política. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Feria de San Marcos suspendidaEl domingo 26 de abril asistimos por segunda vez a la feria. Probamos suerte en un restaurante que supuestamente servía comida francesa. Debido a que se puso de moda que cada año hay un país invitado, ahora le tocó a Francia. Sólo había tres o cuatro mesas ocupadas. Fue la primera mala señal. La carta era muy pobre y la calidad de la comida dejaba mucho que desear. Era de esperarse que los vinos fueran buenos, pero ni eso. Lo único que valía la pena era el café.

En general había muy poca gente en el perímetro ferial. Escuché comentarios en el sentido de que el número de visitantes en los días previos era muy inferior al de otros años. El día del inicio de la feria había estado yo con mi familia en el primer patio de la Casa de la Cultura escuchando un recital de música gitana. Había muchísima gente y, por cierto, el espectáculo fue espléndido. Pero el jueves siguiente, ya avanzada la noche, el secretario de Salud del gobierno federal anunciaba las primeras medidas por el brote epidémico de influenza en el país.

Afirman los expertos en temas epidemiológicos (los verdaderos, no los que ahora se han agregado formando auténticas legiones de charlatanes) que la distancia promedio entre dos personas debe ser de 1.80 metros para evitar contagios por la vía de los estornudos. Por esta razón, el principal foco de contagio en el país era la Feria Nacional de San Marcos. A pesar de esto me aventuré a ir a los toros. En el restaurante no hubo riesgo porque no había gente cinco metros a la redonda. Me habían regalado dos boletos de una platea. Fue allí donde me comentaron varios amigos que el gobernador del Estado acababa de anunciar la suspensión de la feria. La plaza estaba casi vacía y pasadas las seis de la tarde la autoridad anunció que se suspendía la corrida. De hecho, ya habían salido los hombres de a caballo con las banderas de México y España. Los toreros estaban listos. Pero hubo una orden superior. Por fortuna no tuve que hacer fila para reclamar el importe de los boletos porque los nuestros eran de cortesía.

Al dar a conocer la noticia el día siguiente, uno de los diarios locales informaba que sólo en dos ocasiones, durante los años treinta y cuarenta del siglo XX, se había suspendido el festival abrileño. Y también por razones de salud pública. No se indicaba si la suspensión fue total o sólo por unos días. En la página de Wikipedia se afirma que la cancelación de este año fue la primera en la historia. El hecho es que dada la dimensión actual de la feria, la suspensión tendrá un impacto económico serio.

El Presidente del Patronato me decía que en 2008 la derrama económica de la feria fue de 2,300 millones de pesos. Estamos hablando de casi 80 millones de pesos diarios (fueron 30 días de verbena). Se generaron seis mil empleos. El ingreso promedio de un empleado (un mesero, por ejemplo) durante el periodo ferial equivale a cinco meses de sueldo en condiciones normales. Hay hoteles que con los ingresos de la feria pagan la nómina de todo el año. El gobierno del Estado invierte una buena cantidad de recursos en el programa cultural (sin costo para la población) y en los espectáculos de paga. Para el municipio de la capital tiene un alto costo la prestación de los servicios básicos. Habrá pérdidas por todos lados.

En este espacio he procurado señalar de la manera más objetiva posible los pros y contras de la feria. Sin duda una de las principales ventajas es que constituye una importante fuente de ingresos para miles de familias, incluyendo a las que rentan sus casas durante la temporada. Si consideramos que en este momento Aguascalientes tiene uno de los mayores índices de desempleo en el país, la feria del presente año representaba, si no un alivio, al menos un paliativo ante la grave crisis económica que se está padeciendo.

Antes de iniciarse la verbena había yo señalado que estaba por verse si el entorno económico desfavorable tendría consecuencias negativas. Era lo más probable y todo indica que sí las tuvo en los días previos al anuncio de la emergencia sanitaria. Pero aun así, mucha gente esperaba tener algún beneficio en el transcurso de las fiestas. Un botón de muestra: la corrida del 25 de abril registró un lleno completo en la Plaza Monumental y hubo quienes pagaron hasta 2,500 pesos por un boleto en la reventa.

La suspensión era absolutamente inevitable. Una concentración de millones de personas, con visitantes de todos los rincones del país y algunos de la Unión Americana, conviviendo de manera tan cercana, era un gigantesco foco de contagio. Se está codo con codo en los toros, en el palenque, en el corredor de Expoplaza, en los restaurantes, en los bares. En los antros se comparte el sudor y a veces hasta el aliento.

He leído una buena cantidad de artículos sobre el tratamiento que la ha dado el gobierno de nuestro país al brote epidémico de influenza. Hay quienes se preguntan porqué el gobierno norteamericano mantiene una actitud mucho más relajada que las autoridades mexicanas. El Dr. Juan Ramón de la Fuente, ex secretario de Salud y sin duda una autoridad en la materia, afirma que en realidad los dos gobiernos están haciendo lo correcto a partir de sus propias circunstancias y potencialidades. El sistema de salud norteamericano es muy robusto y eficiente; se da el lujo de aislar uno por uno los casos de enfermedad para tratarlos y resolverlos. Por eso allá no hace falta el rigor de una alerta sanitaria generalizada como la que se está aplicando en México. Nuestro sistema de salud, en cambio, tiene enormes deficiencias, cada estado de la República se maneja a su arbitrio y ni siquiera es posible contar con información unificada y creíble. Por eso hay que aplicar medidas extremas que abarquen a toda la población para evitar un contagio masivo. Usando un símil, aquí disparamos escopetazos en lugar de tiros de precisión.

El impacto social de la suspensión de la feria se ha visto reducido precisamente por las medidas de la emergencia sanitaria. En días pasados se presentó un grupo de comerciantes en la Plaza de la Patria para exigir a las autoridades la devolución de lo que habían pagado por derechos de piso. Cuando llegaron los inconformes, el gobierno del Estado decidió cerrar las puertas del palacio de gobierno. Los manifestantes, en su mayoría mujeres, se concentraron frente al palacio municipal.

Durante años he visto manifestaciones de todo tipo y pocas veces me había tocado ver gente tan enardecida. Sólo gritaban una palabra: “cobardes, cobardes”. Me imaginé que se referían a quienes les habían cerrado las puertas porque las del Ayuntamiento estaban abiertas. Tal vez era un desahogo. El grupo era poco numeroso. Es muy probable que no hayan asistido más por temor al contagio. Finalmente, hay una buena cantidad de afectados por ese problema. Si en los próximos días volvemos a la normalidad, las autoridades deberán estar muy atentas a este tipo de exigencias. Los empresarios que invirtieron en la feria esperan que el gobierno los apoye, así sea con facilidades fiscales. No les preocupa la comida de las próximas semanas o meses. Pero los pequeños vendedores necesitan recuperar su dinero para asegurar la comida del día siguiente.

De veras que nos llovió sobre mojado. Hay otro dicho que también viene al caso: “éramos muchos y parió la abuela”. Las previsiones sobre la contracción económica del país en 2009 son cada vez peores: hay especialistas que la calculan ya en 5.2%. La cauda de desempleo será terrible. Tal vez llegaremos a los dos millones de desocupados. A todo esto se agrega la calamidad de un virus desconocido que tiene al país paralizado, prácticamente en cuarentena. Y en Aguascalientes nos tocó el colmo de los colmos: la contracción económica, el desempleo, la epidemia de influenza y la cancelación de la Feria Nacional de San Marcos. Ojalá que no le agreguemos la insensibilidad ante la desgracia ajena.

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