Marchan los cigotos a la pila bautismal

Escrito por on Abr 30th, 2009 y archivado en Sin categoría. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Mala cosa es que los adeptos a un credo religioso, el que sea, pretendan hacer de su moral, de sus juicios y prejuicios, artículos de acatamiento obligatorio por el conjunto de una sociedad. Lamentablemente ésa ha sido la regla en la historia de la humanidad, en tanto que el respeto a la disidencia y la tolerancia hacia otras creencias se sitúa en el apartado de las excepciones.

La libertad de credo religioso es una conquista de la modernidad, pues en Europa data apenas del siglo XVIII y en México es aún más joven, pues en varias décadas de vida independiente la Iglesia de Roma se mantuvo como única y obligatoria, tanto en el plano de las conciencias como en el otro, más terrenal, de la política, al extremo de que durante muchos años El Vaticano se negó incluso a designar obispos para la feligresía mexicana, pues consideraba imperdonable la separación de España y mantuvo con el trono de Madrid el concordato que daba al monarca la atribución de los nombramientos episcopales.

Resultó tan poderoso el monopolio de la Iglesia católica que ni siquiera la Constitución de 1857, documento que expresa en muchos sentidos el pensamiento liberal, fue capaz de liquidarlo. Por una paradoja histórica, fue el levantamiento de los conservadores contra la Carta Magna lo que precipitó las Leyes de Reforma que, ésas sí, nacionalizaron los bienes eclesiásticos, hicieron del estado civil de las personas asunto de carácter público, no religioso; pusieron en manos del Estado el Registro Civil, ordenaron la libertad de cultos, cancelaron la intervención del clero en los cementerios y los llamados camposantos, designaron los días festivos y prohibieron la asistencia oficial a los actos religiosos, secularizaron los hospitales y establecimientos de beneficencia y extinguieron las comunidades religiosas.

Fue aquel un triunfo histórico de Benito Juárez y la extraordinaria generación de la Reforma. Numerosos levantamientos conservadores y la intervención de las fuerzas expedicionarias de Francia, Bélgica y Austria no pudieron echar atrás esas disposiciones, como tampoco lograron hacerlo los sectores más derechistas del gobierno de Porfirio Díaz, la pandilla de los llamados científicos.

Pero esa tradición laica conquistada en los campos de batalla está en riesgo de perderse con la santísima trinidad de los priistas, los panistas y el ánimo de revancha que priva en unos y otros (padres, hijos y espíritu non sancto). La despenalización reglamentada del aborto en el Distrito Federal ha desatado las furias de los grandes partidos de la derecha, el PRI y el PAN, que amafiados en nombre de una causa religiosa, han emprendido una campaña nacional contra la libertad de las mujeres para decidir sobre su propio cuerpo.

Un desplegado del Colegio de Bioética desenmascara las supercherías en que se basa la campaña del PRI y el PAN, como la tontería aquella según la cual la vida humana empieza en el momento de la concepción, lo que iguala “al óvulo fecundado —dicen los científicos— con un recién nacido”, y citan como ejemplo de esta aberración el artículo 7 de la Constitución de Baja California, según la cual “desde el momento en que un individuo es concebido… se le reputa como nacido para todos los efectos legales correspondientes, hasta su muerte natural no inducida”, lo que implica la prohibición del aborto bajo cualquier circunstancia, incluso cuando hay violación de por medio, lo que contraviene el criterio de la Suprema Corte y de paso cierra la puerta a la muerte asistida, a la que cada adulto tiene derecho, especialmente en el caso de enfermedades incurables o muy dolorosas.

El Colegio de Bioética señala que reformas como la citada “parecen estar dictadas por ideologías basadas en dogmas y creencias establecidas por autoridades religiosas que ignoran el conocimiento científico a que deben acogerse las legislaciones relacionadas con la biología, la medicina y la reproducción humana”. Un ejemplo de esa ceguera prohijada por la ideología es reputar como nacido a lo que exista en el momento de la concepción, pues si ese fuera el caso, los legisladores panistas y los priistas, para ser consecuentes, deberían haber establecido la obligatoriedad de llevar fetos y hasta óvulos fecundados ante el oficial del Registro Civil, pues se les reputa como nacidos. Igualmente, para ser consecuentes con su mochería feudal y misógina, los mismos legisladores tenían que establecer la obligatoriedad de llevar al cigoto ante la pila bautismal, pues los consideran como nacidos para todos los efectos.

Además de Baja California, la estulticia fanática que hermana al PRI y al PAN también se ha manifestado en Sonora, Morelos, Colima, Puebla, Jalisco, Durango, Nayarit, Campeche y Quintana Roo, que tiene el liderato en lo relativo a embarazos de adolescentes. Mientras en el DF el aborto libre ha salvado miles de vidas, en los estados que gobiernan el PRI o el PAN se ha optado por hacer de la ley un inmoral y lúgubre himno de gusto por la muerte y desprecio hacia las mujeres.

Resultó tan poderoso el monopolio de la Iglesia católica que ni siquiera la Constitución de 1857 fue capaz de liquidarlo.

hum_mus@hotmail.com

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