ESTADO, GLOBALIZACIÓN Y DENIZENS (Primera parte)

Escrito por on Abr 28th, 2009 y archivado en Agora. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

I Globaloney and migrations

La noción de que vivimos en un mundo que se globaliza proviene de una idea de corta data, ha sido acuñada apenas en la década de los ochentas del siglo pasado, si bien sus síntomas son, con mucho, anteriores. Esta idea se nos presenta persistentemente de múltiples maneras y desde innumerables ángulos, como algo irreversible e inevitable, adquiriendo cada día visos más de ideología, que de fenómeno omnímodo, del todo verificable, por lo menos en cuanto a la velocidad y profundidad con que se afirma ocurre. La globalización, para más de un estudioso, no es sino la reformulación de algunas de las funciones del Estado, en un mundo donde las coordenadas espacio-temporales se están modificando y ya no responden a las condiciones en que se inició este proceso. Esta pareciera ser una verdad de Perogrullo, sin embargo, lo que está fuera de duda, es el hecho de que las principales coordenadas que se modifican son la organización de la producción y el consumo, impulsados y acelerados por los avances tecnológicos. Su acción se presenta como ubicua y simultánea, creando espacios de poder de decisión deslocalizados, en los cuales el Estado, por lo menos en su concepción nacional, ya no parece poder ejercer plenamente sus facultades, es decir su soberanía. Esto no ha supuesto, desde luego, la desaparición del Estado como tal, sino más bien la muda de determinadas expresiones estaduales a otras. La pieza central de la globalización es el marco político general: su arquitectura se fundamenta en el papel del Estado para eliminar la concepción de el Estado de Bienestar. [1]

Visto más específicamente, se transita de la las manifestaciones del Estado nacional inspirado en “el Derecho interno” a otro, en el que prevalece “el Derecho externo”, afectando movimientos sociales (migratorios, religiosos étnicos o culturales), así como las dinámicas que involucran la racionalidad del mercado y la división internacional de trabajo. Algunos autores han conceptualizado este fenómeno como una nueva forma que toma el capitalismo en su tránsito a un nuevo modelo de acumulación. [2] Este nivel de internacionalización de la economía tiende a redefinir, afirma Blanca Rubio, “no solo las nuevas relaciones de fuerza entre las grandes potencias, sino la forma de incorporación de los países y regiones al comercio internacional y las corrientes de mercancía, capitales y fuerza de trabajo”. [3]

Ahora bien, obvio es decir que México no ha sido ajeno a este proceso de influencia, capaz de modificar operar profundos cambios estructurales ya que, por ejemplo, en los últimos lustros, pasó de ser una economía cerrada y centralizada a una economía abierta, con una descentralización relativa e integrada crecientemente al mercado mundial. Así también pasó de ser un país rural, a uno predominantemente urbano, con acceso masivo, aunque diferenciado, a la educación servicios de salud, habitación y exposición a los medios masivos de comunicación. Todo ello bajo la endémica inequidad en la distribución de la riqueza que creó, a la postre, poblaciones marginadas al interior de las fronteras internas impuestas secularmente por lastres sociales, culturales y políticos. [4] Desde otra perspectiva, los efectos de la globalización se han traducido en políticas públicas “necesariamente modernizadoras”, que en esencia desmantelan el Estado nacional en su faceta benefactora, con medidas tales como la liberalización de la economía, el control del gasto social y las privatizaciones. Uno de los puntos que sostiene el debate es la idea de que, dado el contexto internacional de globalización, los estados nacionales están cambiando su estructura clásica. [5]

El desarrollo de este nuevo arreglo al interior de los Estados, más aun la desigual relación entre ellos, ha profundizado diferencias de toda índole, especialmente cuando de asume desde la perspectiva de países desarrollados y los que pertenecen a las regiones subdesarrolladas, que resultan necesariamente dependientes de los centros industrializados. De esta forma se vinculan los centros más dinámicos y la periferia del los países industrializados, a través de los flujos migratorios. [6] Esto supone también, un replanteamiento de las fórmulas tradicionales de la división del poder, así como el alcance y extensión de los derechos fundamentales. [7]

II Diáspora: entre la nacionalidad y la ciudadanía

En el tranco del siglo XIX, como parte de la evolución jurídico-política de los Estados nacionales se estableció el estamento de ciudadanía, circunscrito a la noción de territorio. Prevaleciendo así las cosas, dicho precepto empezó a ser cuestionado a raíz de las dos guerras mundiales y en particular como consecuencia de los grandes movimientos migratorios provocados por el subdesarrollo económico, por la inestabilidad política o por las persecuciones étnicas durante las grandes guerras. [8] Apenas despuntado el siglo XX, los soldados -y no los trabajadores-, que pasaban años lejos de sus patrias, fueron los primeros que comenzaron a reclamar la posibilidad de participar activamente en la vida política de su comunidad, estando fuera de las fronteras nacionales. Así, los ciudadanos australianos, no se niegan el timbre de orgullo de ser los pioneros del external voting. [9] Pero la realidad cotidiana de ese primer cuarto del siglo XX, no es comparable con constante flujo de pueblos y personas que hoy en día trasponen los límites geográficos de innumerables países, y por ello no debe resultar extraño que el concepto clásico de ciudadanía y sus concomitantes derechos políticos, esté siendo fuertemente debatido.

En este contexto, México es uno de los países que ha expelido un mayor número de migrantes en el continente, y probablemente, en el mundo. Si bien su diáspora inicia desde finales del Siglo XIX. Hacia el año de 1920, la devastación social derivada de la lucha revolucionaria y la demanda de mano de obra barata en California y los estados del suroeste norteamericano, provocaron un extraordinario aumento de la migración mexicana hacia los Estados Unidos. Entre 1920 y 1929 más de 500, 000 connacionales cruzaron la frontera norte en busca de refugio y de trabajo, y como consecuencia de ello empezaron a formarse grandes concentraciones de mexicanos en ciudades como Los Ángeles, San Antonio, Houston y Chicago. En contrapartida, hay que recordar también, que la Constitución de 1917 dejó estatuido que todo ciudadano mexicano tenía la obligación de votar en las elecciones populares en el distrito electoral que le correspondiese; por lo mismo y dado que no era posible establecer dichos distritos más allá de las guardarayas nacionales, el día de la elección los ciudadanos residentes en el extranjero no tenían modo alguno de satisfacer el requisito que la Constitución exigía para ejercer su legítimo derecho al voto. [10]

La imposibilidad de ejercer estos derechos, sin embargo, muy pronto empezaría a ser por los ciudadanos residentes más allá del Río Bravo. Esos mexicanos poseían la nacionalidad, la ciudadanía, pero no podían votar en las elecciones nacionales. Se trataba de ciudadanos que no podían ejercer el voto. Pero, aquí cabe preguntarse ¿eran no-ciudadanos, por el hecho de estar fuera de su país?, ¿se trataba de una condición de negación de sus derechos de ciudadanía o Denizens, para usar la expresión de los propios académicos norteamericanos?. [11] ¿Se trataba pues, de una ciudadanía incompleta? Me temo que no, al menos en ese momento.

En realidad, siendo un reclamo democrático, no había sido desarrollada la necesidad política al interior de México, y la consecuente evolución de preceptos jurídico-legales para su realización. Se trataba esencialmente de una “toma de conciencia”, una transición entre el sentido de pertenencia, la membresía activa como sujeto político transnacional y la necesidad de la plena asunción de derechos que concede la ciudadanía extraterritorial practicada en otros países. [12]

Registros hemerográficos consignan que los Consulados mexicanos ubicados en ese estado norteamericano, hicieron denodados esfuerzos para reproducir la cultura política y las estructuras corporativas del Estado revolucionario, entre las comunidades de migrantes, en respuesta, éstas desarrollaron rápidamente organizaciones y medios de expresión independientes, que muchas veces eran abiertamente hostiles a las políticas del gobierno mexicano. Esta percepción dio fuerza a un movimiento reivindicatorio que nace en el territorio de los Estados Unidos y desemboca en activismo. A esta enjundia de nacionalismo transfronterizo se unió la poderosa oratoria de José Vasconcelos, apenas en el año de 1929, en el marco de una campaña presidencia que desbordaba por primera vez las fronteras nacionales. [13] Un ameritado estudioso del tema, Arturo Santamaría, ha encontrado que en el diario La Opinión, publicado en Los Ángeles el 29 de Junio de 1929, se propuso por primera vez la demanda masiva de que los migrantes mexicanos conservaran el derecho al voto y la protección de las leyes en su país de origen. [14]

Notas

[1] Petras, James. Veltmeyer, Henry. La Globalización Desenmascarada. Miguel Ángel Porrúa. México.2001. P. 68; [2] Aragonés, Ana María. La Migración Internacional de Trabajadores en el Marco de la Globalización Económica. En México y la Globalización. Alejandro Dabat (Coord.) UNAM: México. 1994. Pp.87-113; [3] Rubio, Blanca. La Agricultura Mexicana en el Contexto de la Globalización. Citado por Ana María Aragonés. Op. Cit. P. 87. Las cursivas son mías; [4] Rivera Ríos, Miguel Ángel. Apertura Comercial y Reestructuración Económica en México. En México y la Globalización. Alejandro Dabat (Coord.) UNAM: México 1994. Pp. 151-168; [5] Calderón Chelius, Leticia y Martínez Saldaña, Jesús. La Dimensión Política de la Migración Mexicana. Instituto Mora. México 2002. p. 19. Las cursivas son mías; [6] Aragonés, Ana María. Op. Cit. p. 96; [7] Bonifaz Alfonso, Leticia. Et Al. Reformulación de los Conceptos de Soberanía y Ciudadanía ante la Dinámica del Proceso de Globalización. Instituto Federal Electoral. México. 2004. Pp. 78-94; [8] Jeanne Batalova. The International Migration of the Highly Skilled:Demand, Supply, and Development Consequences in Sending and Receiving Countries; [9] La participación electoral de los australianos en el exterior se consolidó a partir del año de 1918. Véanse las consideraciones de Alan Wall, en el documento Seminario Internacional sobre el Voto en el Extranjero. External Voting the Australian Experience. Paper for the IFE/UNDP/IDEA. International Seminar on External Voting. México. Agosto de 1998; [10] Manuel Gamio (compilación de Devra Weber, Roberto Melville y Juan Vicente Palerm). El inmigrante mexicano: la historia de su vida: Entrevistas completas, 1926-1927. México, Secretaría de Gobernación/University of California/. CIESAS/Miguel Ángel Porrúa, 2002. Migraciones Internacionales, Vol. 2, No. 1, Enero-Junio 2003 pp. 171-175; [11] Esta expresión sajona es tan certera como ingeniosa. Denota en un apócope, la relación estrecha de significados ente la negación y la ciudadanía [den-(egation cit)-izens]. Véase el artículo The Road to Citizenship: “Guest-Workers” Denizens-Citizens? De Michael Jandl. http://www.net4you.com/jandl/roadto1.htm; [12] Este fenómeno sociopolítico ha sido extensamente estudiado en sus manifestaciones actuales a nivel masivo en el ámbito binacional, por el Doctor Miguel Moctezuma Longoria. Hay un extenso catálogo biliográfico de sus obras: La organización de los migrantes zacatecanos en los Estados Unidos, Cuadernos Agrarios, Nueva Época, No. 19-20, México 2000; Programas Tres por Uno y Mi Comunidad: evaluación con migrantes zacatecanos y guanajuatenses radicados en Chicago, Ill. y Los Angeles, Cal., Informe de Investigación, Unidad de Posgrado en Ciencia Política, UAZ, octubre 12 de 2000; Propuesta de Iniciativa de Reforma de la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Zacatecas, 2003; Territorialidad Socio-cultural y Política de los Clubes Zacatecanos en Estados Unidos, Red Internacional de Migración y Desarrollo, Julio de 2003 www.migracionydesarrollo.org;[13] Véanse las coincidencias plenas de este caso histórico, con las manifestaciones actuales de las comunidades trasnacionales, estudiadas por Miguel Moctezuma en La senda Nacionalista del Voto de los Mexicanos residentes en el Extranjero; ­­Inconsistencias de la Ciudadanía Jurídica en oposición a voto de los mexicanos en el extranjero, y Vanguardismo de la Ley Migrantes de Zacatecas, en jmmoctez@cantera.reduaz.mx; [14] Para Ignacio Lozano, un destacado vasconcelista, “México vivía el desorden social, la censura y la supresión religiosa bajo el mando de los generales revolucionarios. En tales circunstancias, resultaba indispensable que los migrantes gozaran del ejercicio pleno de sus derechos políticos, a fin de que influyeran en las transformaciones de la patria y de este modo pudieran regresar a salvo, a la tierra materna. En esta cruzada democrática participaron destacadísimos intelectuales, para entonces en el exilio, como Victoriano Salado, Nemesio García Naranjo, Querido Moheno y Juan Cayetano Valadéz, entre otros. Para mejor conocimiento de este episodio, se puede consultar el estudio: El Movimiento Vasoncelista en Estados Unidos y el Voto en el Extranjero. De Arturo Santamaría Gómez. S.f. p. 1.

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