Mi Buhedera sobre el código samurái despertó diversas reacciones. Un queridolector me dice: “El último que conocí mató a muchos niños hace 10 años exactamente en Columbine.” Oh, oh, me temo que los desquiciados de esa tragedia de abril 20 de 1999 (el tercer peor asesinato escolar en la historia de Estados Unidos tras la masacre de Virginia Tech en 2007 y la masacre de la Universidad de Texas en 1966) claramente no eran samuráis. El samurái (dicho en caló) no se anda con mamadas, pero tampoco tiene esa clase de arranques psicópatas. Eric Harris, de 18 años de edad, y Dylan Klebold, de 17, entraron en la escuela, de donde eran alumnos, armados con dos ecopetas (una de ellas recortada), una carabina Hi-Point 995 semiautomática calibre 9 mm, una pistola Tec 9 semiautomática calibre 9 mm, varios dispositivos explosivos caseros y una bomba compuesta por un tanque de propano de 9 kilogramos. Antes de suicidarse, los adolescentes, realizaron numerosos disparos en la cafetería y en la biblioteca de la escuela, asesinando a 13 personas (12 alumnos y un profesor) e hiriendo a 24 alumnos.
SAMURÁI
En cambio Joaquín López me cuenta: “Tu artículo me recordó la película Los siete samuráis (1954) donde Akira Kurosawa (1910-1998, descendiente de samuráis) dirigió a un Toshiro Mifune (1920-1997, el actor japonés más conocido en Occidente en toda la historia) transformado en un percudido borrachín, pero cuya palabra, como bien describe el Código Samurai, era ley universal. Los gringos la copiaron y produjeron Los 7 Magníficos (1960, ambientada en un pueblito de México, de John Sturges, con la música magnífica de Elmer Bernstein y protagonizada por un cañonazo de nombres que estremecieron la adolescencia de mi generación: Yul Brynner, Steve McQueen, Charles Bronson, Elli Wallach, James Coburn, Horst Buchholz, Robert Vaughn). Valdría la pena ver de nuevo a Toshiro quien por cierto caracteriza a otro personaje parecido cuando caracteriza a un arisco, borracho e irresponsable indígena oaxaqueño en el fantástico peliculón Ánimas Trujano (de Ismael Rodríguez, 1961, nominada al Óscar y al Golden Globe en 1962). Ahí tuvo que aprender a enunciar su diálogo de memoria, pues no sabía español. Hace unos años tuve el privilegio de compartir la mesa en un restaurante mazatleco con don Antonio Aguilar (qepd) y su esposa Flor Silvestre; ambos actuaron al lado de Mifune y recordaron con cariño al entonces recién fallecido actor japonés. Doña Flor me confirmó que Toshiro recordaba tan bien TODO el diálogo del libreto. Al grado de que cuando a algún actor se le olvidaba, él los ayudaba. ¡Hay tanto que aprender de los japoneses!”
ZEN
Y finalmente Enrique Maldonado me dice: “Durante los cuatro años que viví en Japón, asistí con cierta frecuencia a un templo-seminario-budista a tratar de aprender la filosofía sutra, texto fundacional del budismo conocido como Zen y sus principios (sólo remotamente emparentado con el Kama Sutra). Estoy convencido de que su aprendizaje me ayudó durante la guerra de Corea a auxiliar a mis compañeros y a sobrevivir. En la actualidad conservo algo que no he visto en ninguna otra persona en mis 81 años llenos de salud y, sobre todo, rodeado de muchos amigos que están cerca y lejos de mí, alumnos que solicitan mis consejos, y lo más valioso, apreciado y aceptado por muchos viejos y jóvenes que me rodean. BUSHIDO no sólo se basa en siete principios, es mucho más que eso. BUSHIDO SHOSHINSHU (código del samurái), que te recomiendo, es un pequeño libro que ampliará tus conocimientos en este tema. Durante años, me ha quedado muy clara y firme la triste convicción de que nuestra raza latina jamás alcanzará la sabiduría, honradez, humildad y dignidad que ha tenido el pueblo japonés durante toda su existencia. No sé si leíste en uno de mis libros que un maestro del Zen me dijo: ‘Perdimos la guerra y la paz, pero no nuestra dignidad.’ Él sabia muy bien lo que estaba diciendo. Watashiwa nihoon wakarimaska.”
Aplausos y chiflidos: gfarberb@gmail.com
Consultas: www.buhedera.mexico.org
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