Sin duda que el presidente estadounidense “se cuece aparte”. Los pasos dados en diversas materias muestran deseos de cambio, aunque no pasen aún de esa perspectiva. En la reunión que se realiza en Trinidad yTobago, estamos viendo que está decidido. ¿Qué fuerza política muestra, para que sus palabras lleguen a los hechos y no sean solo “agua de borraja” que desinflama pero no alivia?. Ya lo veremos.
De pasadita estuvo por México. Por cierto solo. Su esposa –que muestra una gran sensibilidad social- no le acompañó. Si va a la siguiente etapa del itinerario, dará lectura compleja para el gobierno mexicano. La Señora Michelle quería –según trascendió- un diálogo con los universitarios –los de la UNAM por supuesto- que no se concretó. Está, además, en excelente relaciones con lo que llamaríamos el sector obrero estadounidense, que apoya la lucha de los mineros mexicanos. Es una mujer de rasgos sociopolíticos excepcionales, que veremos desenvolverse como se espera de ella.
El Presidente Obama, por tanto, vino a lo suyo. A repetir hasta el cansancio, que la lucha contra el narcotráfico es la cereza del pastel de la agenda binacional –cada vez más trinacional, en temas como el económico, que no apareció en el breve diálogo-. También hubo apuntes reiterados de la necesidad de un trato especial a los migrantes –que tendrán que pagar multas, de intentarse su regularización migratoria allá-. De eso y algunas cosas leves se supo, de lo privado no. Pero eso lo estamos viendo en el Caribe, con América en pleno.
Calderón hizo una apreciación muy clara sobre el embargo a Cuba. Habría que eliminarlo, no por razones humanitarias, ni siquiera por intereses económicos generales. Pensó y dijo que no había servido para lo que se aplicó: modificar el régimen político, económico y social vigente en la isla. Con otras palabras, pero dejó en claro que si ya no sirvió para los designios imperiales, pues hay que eliminarlo y probablemente, buscar otro camino para cooptar a Cuba.
Ni por asomo muestran en círculos oficiales clara interpretación de la geopolítica continental, mucho menos de los desperfectos que provoca un sistema capitalista, a ultranza, que solo sirve para aglutinar la riqueza producida, en muy pocas manos. Sistema que no tiene trazas de cambiar, menos por decisiones del Jefe político del Imperio. Que la mera verdad, sería mucho pedirle a un hombre, que pese a su integridad ideológica –personal y familiar- se debe a los intereses de quienes representa, en particular a las grandes empresas financieras y transnacionales que participan –muchas veces con motivos especulativos- en la mayoría de las actividades del Planeta.
Al menos eso muestra la carretada de dólares que infiltrándose a las economías dependientes –empezando por la mexicana- vía préstamos blandos, con el pretexto de “defender” las monedas locales y por esa ruta apuntalar al dólar en su poder adquisitivo universal. Este movimiento masivo de dólares -la todavía divisa universal- fue la propuesta Obama en el G-20 recientemente reunido en Londres, que triunfo, frente a otras que pregonaban el control financiero global.
Su primer gran resultado es un grave endeudamiento de las naciones “beneficiadas” con préstamos, que si fueran para acrecentar su producción interna, a niveles competitivos, tendría justificación.
Por ello vemos con preocupación como avanza la vinculación de las fuerzas armadas mexicanas a los Acuerdos, que en la sombra firmó Fox. No es que estemos ciegos a la necesidad de integrarnos para crecer, pero nunca a costa de perder soberanía. Esa soberanía que hemos defendido con sangre ante tres imperios: el español y el francés en el siglo XIX y el estadounidense hasta momentos actuales.
Si el nuevo gobierno imperial quiere ser reconocido en el continente americano, tendrá que modificar mucho más en hechos que en palabras. Los primeros pasos serían para corregir, desde los organismos multilaterales, la designación y uso de los recursos –finalmente sancionados- que para el crecimiento del campo se adjudican al gobierno federal. Si no se aplican a proyectos productivos, que vengan desde la semilla hasta productos para el consumo, estamos poniendo parches a heridas profundas, que sangran internamente.
Ese trato -”Nuevo trato” le llamó el Presidente Roosevelt”- sería respetuoso de las decisiones de los pueblos para darse regímenes sociales, políticos y económicos que más les convengan. Eliminaría barreras que existen, contra diversos países, para que realicen actividades de intercambio con ese gran mercado. En especial urge levantar el embargo a Cuba, sin condiciones a su decisión soberana. Todos los agrupamientos entre países de América, podrían recibir apoyos, como lo planteó en buena medida el Presidente brasileño y lo grita a los cuatro vientos el venezolano. Esto trastocaría a nuestros países, de traspatio imperial, a colaboradores de la grandeza de la nación líder del continente, misma que compartirían nuestros pueblos.
Correo electrónico: v_barcelo@hotmail.com. Villah. Tab. 19-abril-09.
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