El PRI a sus 80 años

Escrito por on Mar 9th, 2009 y archivado en Política. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

priEl 4 de marzo de 1929, hace 80 años, se fundó el Partido Nacional Revolucionario (PNR), el abuelo del PRI. Antes, el primero de septiembre de 1928, el Presidente Plutarco Elías Calles había declarado que terminaba la era de los caudillos para dar paso a la era de las instituciones. Se nombró a Emilio Portes Gil como Presidente provisional para convocar a nuevas elecciones, tras el asesinato del general Alvaro Obregón, el presidente electo. Calles ofreció retirarse de la vida pública.
La muerte de Obregón hacía imposible que Calles buscara un periodo más en la Presidencia de la República. Circulaban rumores de que el propio Calles estaba involucrado en el crimen. La historia mostró que no, pero los partidarios de Obregón creían esa versión. Por otra parte, el candidato oficial Pascual Ortiz Rubio necesitaba una estructura partidista nacional para su campaña y para la jornada electoral. En esta coyuntura nace el PNR. Nueve años después, el 30 de marzo de 1938, el Presidente Lázaro Cárdenas le cambia de nombre para denominarlo Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y lo sustenta en un andamiaje corporativo que comprendió los sectores campesino, obrero, popular y militar.
Como es sabido, el ofrecimiento de Calles de retirarse a la vida privada fue sólo parte de un discurso. Convertido en “jefe máximo” de la Revolución, ejerció el poder a trasmano durante los gobiernos de Ortiz Rubio, Abelardo L. Rodríguez y al menos en los dos primeros años del régimen de Cárdenas. Este último decide terminar con la influencia de Calles: lo expulsa del país el 10 de abril de 1936 y pide la renuncia de todos los callistas del gabinete.
De hecho, quien realmente le da un carácter institucional al poder surgido del régimen revolucionario es Cárdenas. El sí le dejó todo el poder a su sucesor Manuel Avila Camacho. Ciertamente, Cárdenas se incorpora al gabinete presidencial como secretario de la Defensa durante la Segunda Guerra Mundial. Se trató de una auténtica emergencia y de la convocatoria a la unidad nacional planteada por el Presidente. Terminado el conflicto bélico, el general Cárdenas dejó su cargo.
Finalmente, en 1946, el PRM cambia de nombre para convertirse en Partido Revolucionario Institucional, del cual quedó excluido el sector militar. En 1989 el PRI pierde la primera gubernatura a manos del Partido Acción Nacional (PAN). En 1997, el priísmo pierde la mayoría en la Cámara de Diputados, dando inicio a un régimen de alternancia en el poder (no olvidemos que el Legislativo es uno de los tres poderes). Después de 71 años de ejercicio indisputado del Poder Ejecutivo, el PRI lo pierde en las elecciones de julio del año 2000. El PAN ganó la Presidencia con Vicente Fox como candidato. Volvió a ganar en 2006 con Felipe Calderón, el actual Presidente. Hasta aquí los hechos históricos.
Cuando perdió el PRI las elecciones del 2000, algunos analistas llegaron a pensar que el otrora partido oficial no sería capaz de mantenerse en el poder. Sin embargo, los hechos mostraron todo lo contrario: hoy en día es la principal fuerza política del país en cuanto al número de gobernadores, legisladores locales y presidentes municipales. Más aún, de acuerdo con toda la información disponible, se podría convertir en el partido con mayor representación en la Cámara de Diputados como resultado de la elección intermedia del próximo mes de julio. Podría incluso contar con la mayoría absoluta (251 diputados), de acuerdo con algunas estimaciones.
Pienso que las claves para entender la permanencia y la fortaleza del PRI son las siguientes: 1) tiene instinto de sobrevivencia, 2) conserva el sentido de Estado que le dio su larga permanencia en el poder, 3) cuenta con una estructura más o menos organizada en todo el país, 4) mantiene una base social histórica que le garantiza por lo menos una franja de “voto duro” y 5) tiene recursos económicos, al igual que los demás partidos políticos.
El análisis que se hace en el sentido de que el PRI aprendió a competir en un régimen democrático no explica la realidad, por lo menos no toda. Participar en las lides electorales locales o federales no tiene mérito alguno. Está en el interés de cualquier partido político. Contamos con una estructura jurídica, organizativa y de recursos económicos que hacen posible esa participación. A eso se dedican los partidos. Unos ganan y otros pierden. De hecho, esto lo había venido haciendo el PRI desde hace muchos años aunque la derrota no formaba parte de sus escenarios.
Me parece que hay que poner el acento en los méritos reales porque no se trata de inventar causas sino de encontrarlas. No todos los partidos tienen sentido de sobrevivencia. La lista de los que han desaparecido es ya larga. Antiguamente algunos se vieron beneficiados por la vida artificial que recibieron por parte del Estado. Hoy no existe esa posibilidad. Los que no alcanzan el 2% de la votación total desaparecen.
El sentido de Estado que tiene el PRI le da una gran ventaja frente a la sociedad. En un país de clases medias en ascenso (por lo menos hasta antes de la crisis económica), la gente se vuelve conservadora y desconfía de las posiciones políticas extremas. Al PRI se le ve como una opción seria de gobierno. Es, digamos, el relevo natural del partido en el poder en el momento en que los electores advierten que el gobierno no hace su tarea o no la hace suficientemente bien. ¿A quién se le ocurriría votar, por ejemplo, por un candidato que hubiera participado en el asalto vandálico de la catedral de México en el 2008? Solamente a los vándalos que iban con él.
La estructura territorial y organizativa que tiene el PRI en todo el país es algo con lo que ya contaba antes de perder el poder presidencial. Se trata de la forma como se estructura la base social histórica que el partido ha venido acumulando durante ocho décadas. Es su principal activo social y humano, la columna vertebral de su organización. La agrupación organizada por sectores, distritos, seccionales, es algo que le funciona para el despliegue del activismo político y para el desarrollo de la jornada electoral. Ningún partido tiene una estructura tan compleja. Es algo muy útil a la hora de cosechar el voto duro. No en todo el país funciona con el mismo grado de eficiencia pero no deja de ser una gran ventaja.
El mérito de haber ideado un sistema de asignación de recursos públicos a los partidos políticos es de un presidente del PRI: Ernesto Zedillo. La reforma electoral de 1996 garantizó a los partidos el acceso a los recursos públicos. Me parece que en los altos círculos del poder del Estado ya se consideraba, sobre todo desde 1994, la posibilidad de que el PRI llegara a perder el poder presidencial y por ello el tema del financiamiento cobraba relevancia.
El PAN estaba acostumbrado a vivir de sorteos y aportaciones de sus militantes. El PRD comenzó a ganar posiciones cuando ya existían las prerrogativas de ley. El PRI tenía por costumbre sobrevivir con el cobijo oficial. Es casi imposible imaginar qué hubiera hecho de no tener recursos oficiales. Aunque dadas las características de las campañas político-electorales modernas, también resulta difícil imaginar lo que hubieran tenido que hacer los demás partidos para ganar campañas sin recursos. Las rifas no alcanzan, por ejemplo, para pagar los millones de dólares que cobran los consultores y lo que cobraban las compañías de radio y TV.
Creo que a 80 años de distancia, si el PRI logra consolidase entre la sociedad como una formación política socialdemocrática moderna, al estilo de lo que vemos hoy en algunos países de Europa, podría asegurar su viabilidad a largo plazo. Y eso no es cualquier cosa.

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