Urgencia de una reforma educativa

Escrito por Guillermo Macías y Díaz Infante on Feb 18th, 2009 y archivado en Educación. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

En los tiempos que corren, al manifestar alguna opinión crítica contra el pensamiento o intereses de los poderosos, se corre el riesgo de ser calificado de “catastrofista”. Bueno, aún a pesar de poder recibir ese calificativo, podemos sostener que la educación en México, en términos generales, es catastrófica. Toda, desde la preescolar hasta la superior y aún la pomposamente llamada “de post-grado”.

Durante los últimos gobiernos o administraciones federales y las de los otros niveles, se ha hablado de todo tipo de reformas: se hablado de reformas estructurales, a manera de cambios, que como por medio de una varita mágica, o por mero decreto gubernativo propiciarían el desarrollo del país, produciéndose un nuevo México, como surgido de repente y de la nada. En los últimos meses se nos habló hasta el cansancio de la reforma energética y se sigue hablando de la pretendida reforma fiscal, de la laboral y de la reforma del estado.

Es cierto que el país requiere de profundas transformaciones en todos los órdenes, pero el más trascendente no está al parecer en la agenda gubernativa. La reforma educativa no está contemplada en el ámbito del cambio estructural.

El país se ha manejado en los últimos sexenios, especialmente durante el inmediato anterior, como una mera empresa mercantil cuya problemática, circunscribiendo la problemática nacional a meras cuestiones económicas. La presente administración federal, escapa un poco a esta actitud, dada la cualidad humanista y de estadista del Presidente Calderón, pero no obstante ello, el círculo dominante, dentro y fuera del gobierno, sigue enfocando la problemática nacional al entorno económico.

Sin embargo, la deficiencia en el ámbito de la educación –la instrucción y desarrollo académico- es el principal problema nacional; es lo único que puede recibir el calificativo de prioritario. Las demás reformas y los demás asuntos son secundarios. El futuro del país –del México que nos resta vivir y del México que dejaremos a nuestros hijos- depende antes que nada de la calidad de la educación.

Ante la falta de una educación de calidad, toda otra reforma no pasará de ser un paliativo a los graves problemas que obstaculizan el desarrollo nacional. México no va prosperar ni se va a desarrollar con reformas energéticas, fiscales, laborales o políticas. Es en el mejoramiento de la instrucción académica donde está la base del desarrollo político, social, cultural y económico.

Es lamentable percatarse de que las reformas que hoy ocupan la atención de los políticos no nos sacarán de ser un pueblo de “mercanchifes” ni nos sacarán de ser una nación dependiente de los conocimientos, de la ciencia, de la tecnología y de los productos extranjeros.

El comprar para revender –el comercio a secas- seguirá siendo –lamentamblemente, si no hay reforma educativa- la esencia de nuestra actividad económica, la cual nos hace vulnerablemente dependientes del extranjero. Un pueblo con tal grado de dependencia, seguirá condenado al subdesarrollo, a la explotación y al empobrecimiento cada vez mayor y más angustiante. Sin el estudio de las ciencias y técnicas, los mexicanos no dejaremos de ser un pueblo de revendedores de productos ideados, inventados y producidos por otras sociedades. En nuestro país privan el desprecio y la desatención por la inventiva, la creatividad, el desarrollo del intelecto a profundidad; sólo nos concretamos a educar a los jóvenes a “administrar empresas”, que no es otra cosa que condenarlos a permanecer en la incapacidad de crear e inventar, sumiéndolos en la incapacidad creativa de “meros revendedores”.

El problema educativo empieza con las primeras letras. La deficiencia en la instrucción primaria es palmaria y desde ahí continúa el vicio y la deficiencia educativa, prolongándose hacia el nivel de la instrucción secundaria, la preparatoria y de manera destacada –por su trascendencia- y amplificada –por la magnitud de su deficiencia- en el nivel de los estudios profesionales.

Las manifestaciones de la deficiencia educativa –que se pueden apreciar en la vida diaria- son palmarias en términos generales. Lo generalizado del uso impropio del idioma, la pobreza en el la utilización del lenguaje, la pésima ortografía y la casi nula capacidad de expresión escrita son las primeras muestras de la pobreza académica que produce en lo general el sistema educativo, seguido de una exasperante incultura general en conocimientos cívicos, históricos, geográficos y de los conocimientos primarios de las ciencias naturales. De ahí, hasta llegar a la negligencia supina en el sistema de la educación superior; hoy, un grado de licenciatura no es –en términos generales- sinónimo de conocimiento, aptitud y capacidad profesional, pues se requieren maestrías, especialidades y hasta doctorados, a fin de que se llegue al conocimiento de lo que debe ser aprendido en el nivel de la licenciatura universitaria. Hoy los estudios académicos en su nivel de licenciatura –en las instituciones públicas y privadas- son sólo un embarrón de conocimientos que produce individuos mediocres, incapaces de profesar la ciencia o técnica en la que se supone se formaron. Esto es así en lo general, aunque hay excepciones que confirman la regla. Desgraciadamente las escuelas privadas de nivel profesional, se han convertido en empresas de lucro, dejando de ser instituciones de educación, en tanto que las públicas continúan perdidas en el mar de la burocracia, la negligencia, la grilla y las disputas en el marco del cúmulo de intereses que generan. Este triste panorama se confirma si tenemos en consideración que los exámenes en cada escuela, calificados y por los que expiden “certificados”, son puestos en tela de juicio con posteriores “exámenes de admisión”, “de conocimientos” y demás “exanis”. Los exámenes y las calificaciones de cada escuela del país, no sirven entonces para nada. ¡Qué lamentable! ¡Un sistema educativo que duda de los propios actores de las instituciones que lo forman!

Este panorama educativo no augura un buen futuro al país. Es imperiosa una reforma educativa integral, pensada, reflexionada y decidida con visión de futuro. Sin esta reforma, las demás -con las que supuestamente llegaríamos a ser el país de las maravillas- nos mantendrán en el retraso del subdesarrollo.

lic.guillermo.macias@gmail.com

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