Carlos Slim en contra del Presidente Calderón.

Escrito por on Feb 16th, 2009 y archivado en Política. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

carlos-slim-df-mexicoEl hecho más sobresaliente de la agenda pública nacional durante la semana pasada fue el pleito iniciado por el empresario Carlos Slim en contra del Presidente Calderón. El Primer Mandatario había venido criticando el catastrofismo de quienes insisten en que el panorama económico de los próximos años es punto menos que tenebroso. Por su parte, el Ing. Slim (el segundo hombre más rico del mundo), invitado a un foro organizado por el Senado de la República sobre la crisis económica actual y sus consecuencias, afirmó que no quiere “ser catastrofista” pero que nos espera un futuro de cierre de empresas y desempleo que no se veía desde la década de los años 30. Días después quiso enmendar la plana diciendo que se refería a Estados Unidos. Pero la ironía con la que inició su ponencia es una clara alusión al Presidente Felipe Calderón.

La respuesta del gobierno no se hizo esperar. Javier Lozano Alarcón, secretario del Trabajo, le dijo a Slim que en lugar de hacerle al agorero del desastre debería decirnos, a los mexicanos, cuántos empleos piensa crear, cuántas fuentes de trabajo va a impedir que se cierren, cuántas inversiones tiene contemplado realizar en México. De hecho, el mismo día en que Alarcón hizo esas declaraciones se anunció que Telmex va a reducir sus inversiones en México en un 30%. Enseguida siguieron en el mismo tono del secretario diversos actores políticos del PAN, sobre todo en el Poder Legislativo. Por su parte, los dirigentes del PRI y sobre todo los del PRD manifestaron su apoyo al Ing. Slim.  Dijeron a coro: “No descalifiquen al ingeniero”. Ahora les parece la voz más respetable del país.

El propio Presidente Calderón se subió al ring. Dijo, parafraseando a John F. Kennedy, que en lugar de ver quién hace el pronóstico más negativo, debemos pensar qué es lo que podemos hacer los mexicanos por nuestro país, sobre todo “aquellos que más han recibido de esta gran nación”. Señaló que está consciente de que el primero en este deber es el gobierno y él mismo se incluyó entre los que han recibido mucho del país.

Los comentaristas de prensa se han mostrado divididos. Algunos piden que no se descalifique a un empresario que tiene derecho a dar su opinión. Otros coinciden con el gobierno y se preguntan si Telmex, una de las mayores empresas de Slim, tiene considerado bajar las tarifas telefónicas en beneficio de la economía de los mexicanos afectados por la crisis.

Días después de las declaraciones del Ing. Slim, una revista española publicó un reportaje en el que se informa que el magnate mexicano vive un romance que dura ya más de un año con la reina Noor de Jordania, viuda del rey Hussein. Slim también es viudo. Habían pretendido mantenerlo en secreto pero ahora ya todo el mundo está enterado. Los maliciosos afirman que detrás de eso hay una labor de espionaje del gobierno mexicano para poner al descubierto la vida privada de Slim y que, para despistar, se entregó la información a una publicación extranjera.

Los enterados afirman que el fondo del asunto es la legislación en curso para crear circuitos de interconexión en el sistema mexicano de telecomunicaciones, lo cual afectaría de manera directa los negocios de Slim en ese ramo. Suena verosímil. Sólo así se explicaría el repentino cambio del ingeniero con respecto al gobierno federal. Hace apenas unas semanas (el 7 de enero), después de la presentación que hizo el Presidente Calderón en torno a las medidas del gobierno para mitigar la crisis, el dueño de Telmex se mostró eufórico en sus comentarios. El plan le pareció excelente. Pero ahora resulta que con todo y ese plan el mundo se nos va a venir encima.

Independientemente del fondo del asunto y de las posiciones que han adoptado los diferentes actores políticos y empresariales, lo que me parece deplorable es que se juegue, con motivo de turbios intereses económicos o políticos, con la tragedia humana que hay detrás de la crisis económica por la que está pasando el país. Muchos miles de personas han perdido su empleo. Por lo tanto son miles de familias las que han quedado en el desamparo, tomando en cuenta que nuestro país no cuenta con un seguro de desempleo, al menos como lo hay en los países desarrollados. Y si a esto le agregamos el escandaloso incremento de precios en algunos de los productos de la canasta básica, vergüenza debería darles el hecho de quedarse cruzados de brazos pudiendo aportar algo para evitar que siga creciendo semejante calamidad.

El viernes pasado informó el INEGI que el desempleo en México al cierre del 2008 llegó a un millón 922 mil 596 personas, el 4.3% de la Población Económicamente Activa. Fueron 306 mil 515 más que en 2007. Se trata del máximo nivel histórico. Ciertamente no todos los que han perdido su empleo son jefes de familia pero todos, en mayor o menor medida, aportaban algo al ingreso familiar.

Se entiende que el Presidente de la República trate de mantener la calma en los momentos de crisis, pero tampoco debe minimizarla. Desde hace meses hay una especie de duelo entre los funcionarios del sector hacendario y el gobernador del Banco de México, uno de los operadores del fondo de rescate de la banca mexicana, el que costó al país (a los contribuyentes) el 20% del PIB (proporción mayor a lo que ha costado en Estados Unidos), según declaraciones recientes del ex presidente Zedillo. Los primeros tratan de mantener un mínimo de optimismo ante el huracán que se inició en Estados Unidos y Guillermo Ortiz se empeña en pintar de negro el panorama. Este es el contexto en que el Presidente ha reprochado la actitud de los “catastrofistas”. El dice que prefiere una actitud de “realismo”.

Vistas así las cosas, el que de plano se vio mal fue el dueño de Telmex aunque eventualmente pudiera tener la razón en la polémica desatada. El más elemental sentido común conduce a preguntarle lo obvio: qué es lo que propone para ayudar a paliar la crisis. Finalmente dispone de más de 50 mil millones de dólares, más de la mitad de las reservas internacionales del Banco de México. Pero si en lugar de aportar algo se dedica a recorrer el mundo en aviones privados para darle gusto a su novia, parecería que le tienen sin cuidado los casi dos millones de mexicanos que se han quedado sin trabajo.

Hemos perdido la dimensión ética de las cosas. El hecho de que más de 300 mil personas se hayan quedado sin empleo el año pasado y de que otras 450 mil (o más) lo puedan perder también en este año, no es un dato menor.

Estamos hablando de que casi dos millones y medio de mexicanos estén sin trabajo al finalizar 2009.  Detrás de cada desempleado hay una tragedia personal. ¿Cómo van a sobrevivir? En la desesperación puede ocurrir cualquier cosa, incluso la tentación de sumarse a la delincuencia. Y en medio de todo esto, nuestros políticos y empresarios se muestran fascinados con la esgrima verbal. Se regodean con las cifras. El caso de Slim es verdaderamente patético, por decir lo menos. Amasó una inmensa fortuna al amparo del poder público. Me refiero a que el gobierno le vendió a precio de remate la empresa Teléfonos de México. No sólo eso. Pusieron en sus manos un monopolio a perpetuidad. Las tarifas de Telmex son de las más caras del mundo y no hay poder humano que los obligue a bajarlas. Las nuevas empresas que se han incorporado a la telefonía apenas si le hacen cosquillas.
Alguna vez mencioné en este espacio a Carlos Slim como uno de los pocos empresarios mexicanos que realizan acciones de filantropía. Es cierto, pero es lo menos que se le puede pedir a quien ha sido tan generosamente beneficiado por el poder público; en sentido estricto por los propios contribuyentes. Decía el gran filósofo vienés Ludwig Wittgenstein que de lo que no se debe hablar, “mejor es callarse”. Ojalá que nuestros empresarios y políticos entendieran esta máxima.

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