A la memoria de Don Benito Palomino Dena

Escrito por on Feb 9th, 2009 y archivado en Sociedad. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Benito Palomino DenaEl primero de noviembre de 1933, Manuel Gómez Morín es nombrado rector de la Universidad Nacional de México. La institución había recibido el carácter de autónoma gracias a una decisión del Presidente Portes Gil en 1929. El movimiento estudiantil en favor de la autonomía, en el contexto de la campaña de José Vasconcelos por la Presidencia de la República, llevó a Portes Gil a ceder ante las presiones. Prefirió eliminar tensiones adicionales en un ambiente político de por sí caldeado.
Sin embargo, la precariedad financiera de la Universidad en los años subsiguientes la ponía en riesgo de desaparecer. Además, la relación con el gobierno era de una tensión creciente. Cuando el general Cárdenas promueve, en su calidad de Presidente electo, la reforma al artículo tercero constitucional para implantar en el país la educación socialista, se pensó en incluir la educación superior. Esto implicaba, para los universitarios de la época, el fin de la libertad de cátedra y de la propia autonomía universitaria.
Con el rector Gómez Morín a la cabeza, decidieron los maestros y estudiantes oponerse frontalmente a la imposición de un dogma oficial en la enseñanza universitaria. Universidades de otras ciudades del país, especialmente en Guadalajara y Monterrey, se sumaron al movimiento.
El argumento central de Gómez Morín y la mayoría de los maestros y estudiantes universitarios era que la Universidad debía estar abierta a todas las corrientes de pensamiento para contribuir de esta manera al desarrollo del país. Se debería poner énfasis en el estudio y solución de los grandes problemas nacionales pero sin sujetarse a un dogma oficial. Por el contrario, quienes pretendían imponer el “socialismo científico” en la educación superior como ideología única, argumentaban que la Universidad debía sumarse a la “vanguardia revolucionaria” para la conquista del poder por parte de obreros y campesinos. Afirmaban que la libertad de cátedra era un pretexto para mantener la Universidad al servicio de la clase burguesa. Gómez Morín les contestó que la propia ciencia evoluciona, de manera tal que las verdades científicas de hoy pueden cambiar el día de mañana o pueden ser sustituídas por otras.
En el fondo se trataba de una batalla política por el dominio de las universidades. En el esquema corporativo diseñado por el general Cárdenas, todos los estamentos sociales (obreros, campesinos, soldados, organizaciones empresariales) debían estar sometidos al control vertical impuesto por el Estado. Núcleos resistentes a este modelo autoritario eran las clases medias ilustradas y la Iglesia católica. Contra esta última, la única batalla posible (después de la guerra cristera) era la ideológica, centrada en el terreno de la educación. De ahí que se intentara poner en práctica el famoso “grito de Guadalajara”, emitido por el general Calles en 1933: había que apoderarse, dijo, de la conciencia de la niñez y la juventud para ponerla al servicio de la Revolución. (¡!)
(De paso, el régimen corporativo le dio al general Cárdenas la fuerza suficiente para deshacerse de Calles, a quien expulsó del país en 1936. En realidad fue Cárdenas quien dio inicio real en el país a la era de las instituciones y el fin de los caudillos. La idea fue de Calles pero nunca la puso en práctica después de haber concluído su mandato en 1928. Fue el poder tras el trono durante los gobiernos de Portes Gil, Ortiz Rubio, Abelardo Rodríguez y en el comienzo del de Cárdenas)
Los maestros universitarios eran en su mayoría herederos de lo más noble de la tradición liberal. La generación de Gómez Morín fue formada por figuras como Antonio Caso y José Vasconcelos, quienes venían de dar la batalla contra el positivismo de la era porfirista, que a final de cuentas era también un dogma oficial. Por eso la mayoría de los docentes del movimiento de 1934, incluyendo algunos partidarios del socialismo como Pablo González Casanova, apoyaban incondicionalmente al rector Manuel Gómez Morín.
Igual ocurrió con los alumnos, agrupados la mayoría de ellos en la Confederación Nacional de Estudiantes. Esta organización estaba presidida por Benito Coquet (director del Seguro Social en el gobierno de López Mateos). El vicepresidente era nada menos que el joven estudiante de derecho Benito Palomino Dena (gobernador de Aguascalientes de 1953 a 1956). Cuando se convocó a un plebiscito (en octubre de 1934) para decidir si se realizaba una huelga nacional a favor de la autonomía universitaria, ambos redactaron y firmaron un documento que en lo esencial dice: “…la Confederación Nacional de Estudiantes empeñará todo su esfuerzo, porque es su deber, como organización nacional, para apoyar a los compañeros que se han lanzado o en lo sucesivo que se lancen a la defensa de sus casas de estudio por el principio de la libertad de cátedra” (Sebastián Mayo, “La educación socialista en México. El asalto a la universidad. Argentina, Editorial Bear, 1963).
No cabe duda que los jóvenes son contestatarios. En 1934 le dieron la batalla a un gobierno de izquierda, el de Cárdenas (finalmente se trataba del poder establecido). Y le ganaron. A finales de octubre de ese año se aprobó la reforma al artículo tercero para establecer la educación socialista, pero se dejó fuera la educación superior.
Finalmente, el presidente Cárdenas optó por fundar el Instituto Politécnico Nacional en 1937, con el fin de convertirlo en contrapeso de la Universidad Nacional. Pensaban también los partidarios de la educación socialista que en la medida en que nuevas generaciones de jóvenes, formados en esa ideología, fueran ingresando a las instituciones de educación superior, ellos mismos empujarían para imponer un nuevo sello a la enseñanza universitaria y para generar las condiciones que hicieran posible el establecimiento de un auténtico régimen socialista. Pecaron de idealistas.
El tiempo dio la razón a los partidarios de la autonomía universitaria y de la libertad de cátedra. La educación socialista se suprimió al final del gobierno de Manuel Avila Camacho. Fue un experimento fallido. El intento cardenista de sofocar a la Universidad negándole recursos económicos, se desvaneció en unos cuantos años. El “socialismo científico” es sólo un recuerdo del pasado.
En cambio, la Universidad Nacional Autónoma de México es actualmente la de mayor rango en América Latina; se encuentra entre las 74 más importantes del mundo y es una de las más grandes. Tiene casi 300 mil alumnos, más de 38 mil profesores, 22 facultades y escuelas, 14 planteles de bachillerato, 75 carreras con 144 planes de estudio y casi 20 mil alumnos de posgrado. Uno de cada dos doctorados en México ha sido otorgado por la UNAM. El subsistema de investigación cuenta con 39 institutos y centros, cerca de cuatro mil investigadores y técnicos; ejerce el 23% del presupuesto federal en ciencia y tecnología, genera el 50% de la investigación en México y representa el 30% del sistema nacional de investigadores. Tiene 13 museos, 18 recintos históricos, 86 mil obras gráficas y 143 bibliotecas (el 20% de la red nacional). Publica un promedio de tres libros diarios. Su vinculación con la sociedad es muy significativa en materias como servicios meteorológicos, sismología, astronomía, vulcanología, bibliotecas y hemerotecas nacionales, jardines botánicos, etc.
Cuánto les debemos, especialmente quienes somos egresados de la UNAM, a todos aquellos que dieron la batalla por la Universidad en los años 30, algunos incluso a costa de su propia vida. Valió la pena el esfuerzo. Sin la UNAM, no se podría entender el desarrollo del país en los últimos 80 años.

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1 comentario en “A la memoria de Don Benito Palomino Dena”

  1. Gilberto Calderón dice:

    Estupendo el artículo de Jesús Orozco Castellanos. A fines de 1965, el maestro Luis Quintanilla, de muy grata memoria, nos inivtó a sus alumnos a una reunión en su casa con el general Lázaro Cárdenas del Río. El viejo era imponente y aceptó responder a los cuestionamientos que le hicimos. Algo le pregunté sobre La Sombra del Caudillo de Martín Luis Guzmán y contestó que no lo habia leído y luego al cuestionarle que si él creía que se podía llegar al socialismo decretando el carácter socialista de la educación, sin expropiar los medios privados de producción, respondió que sí, con lo cual revelaba una tremenda ingenuidad. Después leí la biografía que le preparó Frank R. Tannembaum que es en extremo elogiosa, pero cuyos datos duros revelan que él no entendía de política y cuando las cosas se complicaban, se iba de gira. Recuerdo que según Tannembaum, de los seis años del gobierno, la mayor parte del tiempo se la pasó fuera de la Capital. Cuando los pleitos en el gabinete hacían crisis, él regresaba, destituía a todos y volvía a integrar su equipo. Ello sin que les restemos méritos por la expropiación y por haber armado el país corporativista. Quien sabe por qué no dejó en la presidencia al constituyente Gral. Francisco J. Múgica que se pasaba de radical y optó por el mesurado Gral. Manuel Ávila Camacho.

    La batalla al interior de la UNAM fue muy violenta y no fue hasta en 1945, cuando se expidió la Ley Orgánica y se consagró la Libertad de Cátedra en la fracción II del Artículo 2.

    Al respecto, cabe señalar que hasta antes de la fundación de la UAA, la mayoría de los profesionsias de Aguascalientes se formaron en la UNAM, algo que debería reconocerse algún día. En relacion con ello, hay dos deliciosos libros del Dr. Humberto Ruvalcaba en los que recoge anécdotas de los estudiantes hidrocálidos en la Capital e, incluso, un bello poema de Horacio Westrup Puentes en el que exalta su nostalgia al tener que estudiar “lejos” de su tierra.

    Por lo que hace a don Benito Palomino Dena, hace falta una buena biografia suya, ya que fue un prócer hidrocálido en la ediucación y en la política, el cual no está debidamente valorado. Era, entre otras cosas, un orador portentoso y un hombre muy agradable. Fue un maestro en toda la extensión de la palabra. Ojalá que la UAA promueva la elaboración de ese texto que tanta falta hace..

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