En el priísmo local pareciera como que están jugando a perder en las próximas elecciones. Como antaño, cuando eran el partido invencible que ganaban de todas todas con los candidatos que fuera, vía el nefasto dedazo, hoy, sin reparar en lo que puede ser una derrota monumental, vuelven a las andadas. El registro de aspirantes a candidatos a diputados federales se dio con base en una convocatoria en la que algunos priístas creyeron les jugarían limpio. Sin embargo, la manipulación de voluntades para afianzar candidaturas y de triquiñuelas para tratar de que desistieran algunos de los aspirantes se dio de manera indecente de parte del delegado del CEN del PRI, Claudio Bres Garza.
Obviamente, la consigna era sacar las candidaturas ya negociadas a nivel cupular con las cabezas de los grupos políticos más influyentes del estado. Desafortunadamente, Bres Garza no supo -o no pudo- planchar los acuerdos y el control de la situación se le fue de las manos. En el camino va a dejar, de manera muy desaseada, a cuadros políticos importantes que fracturarán, quiérase o no, el proceso y, en consecuencia, la elección en cuyos resultados se observará el desaseo político del delegado coahuilense priísta quien se irá al terminar la jornada electoral y no podrá cumplir algunas promesas de candidaturas a diputaciones locales a quienes logró convencer de no registrarse en esta ocasión.
Coincido totalmente con la visión del profesor Andrés Valdivia Aguilera, de amplia experiencia partidista y a quien, desafortunadamente, este delegadito menospreció en sus exactas apreciaciones. Coincido con Valdivia Aguilera en que se están escogiendo candidatos a modo para ser barridos y trapeados en la próxima elección constitucional para renovar la cámara baja.
Y hablando del profesor Andrés Valdivia, le puedo decir que es el único priísta que ha sido presidente del CDE del PRI durante más tiempo: 13 años, habiendo abarcado los sexenios del profesor J. Refugio Esparza y gran parte del sexenio de Rodolfo Landeros. Y esta continuidad en el cargo más importante del priísmo local se la ganó por méritos propios y por realizar un manejo impecable de la política local, lo cual lo mantiene activo y que le ha permitido estar donde está actualmente ahora ocupando la trinchera en pro de los adultos mayores.
Y la pregunta que me hago es: ¿Cuántos hombres han logrado transitar al menos dos sexenios en el mismo puesto? Bueno, a nivel nacional y en cargos del servicio público por supuesto: el más recordable es el ex secretario de Hacienda y Crédito Público, Antonio Ortiz Mena.
Don Antonio ocupó por dos sexenios completos la Secretaría de Hacienda. Los de Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz, doce años en los que el país caminó en aguas tranquilas merced al Modelo Estabilizador. Una política económica que permitió que los mexicanos pasaran de un año a otro sin sobresaltos inflacionarios.
Aunque, por otra parte, la economía no avanzaba. No había inversión para el gasto social de modo que los pobres veían inalcanzable cualquier oportunidad de lograr metas de superación sustanciales.
De todos modos, para muchos, esa fue la mejor época del sistema político mexicano.
Legendaria y hasta proverbial, llegaría a ser la permanencia del sonorense Ernesto P. Uruchurtu en la Regencia del Distrito Federal. En ese tiempo lo que hoy es la Jefatura de Gobierno, era tan importante o más que cualquier Secretaría de Estado.
Dependía directamente del Ejecutivo Federal pero con mayores instrumentos de poder que una Secretaría.
Uruchurtu estuvo al frente de la Regencia por casi tres sexenios: inició con Adolfo Ruiz Cortines; continuó con Adolfo López Mateos y todavía logró mantenerse en el cargo durante los primeros dos años del régimen diazordacista.
Y mire usted lo que son las cosas, pero no cabe duda de que la política se recicla a sí misma: cuando Díaz Ordaz ya no pudo tener el contrapeso que le significaba Uruchurtu en la Regencia, puso en juego los mecanismos supra-constitucionales de la presidencia para eliminar al sonorense.
Hizo que grupos de elite de la Policía del Distrito Federal irrumpieran en terrenos invadidos por paracaidistas urbanos, para que, desde la Cámara de Diputados, el entonces presidente de la Gran Comisión -que en los hechos era otra Secretaría de Estado- organizara un linchamiento político contra el regente Uruchurtu. Éste supo que sus días como poderoso político habían terminado y abandonó el cargo.
El presidente de la Gran Comisión de la Cámara de Diputados era nada menos que Alfonso Martínez Domínguez. Menos de cinco años después, Martínez Domínguez sufriría en carne propia la máxima de que “el que a hierro mata, a hierro muere”.
Impuesto en la presidencia del PRI por Díaz Ordaz para que le coordinara la campaña presidencial a Luis Echeverría, parecía que parecía que sobreviviría a Echeverría.
En esta tesitura, cuando LEA asume la Presidencia, lo nombra regente de la Ciudad de México y, seis meses después, se registran los hechos sangrientos de San Cosme, llamados de Jueves de Corpus, justamente el 10 de junio de 1971. El grupo paramilitar “Los Halcones” asesinó a decenas de estudiantes e hirió a varios periodistas, entre ellos, a extranjeros. Echeverría obligó a Martínez Domínguez a renunciar, culpándolo de la matanza.
(Años después, en una entrevista concedida a Heberto Castillo, Martínez Domínguez le confió cómo, reunidos en Los Pinos el día de los hechos, el Presidente se levantaba frecuentemente de la reunión para dar instrucciones por teléfono. Le oía dar órdenes como ésta: “Súbanlos a los camiones, no los lleven a la morgue, quémenlos”… Al día siguiente, narra AMD, lo mandó llamar de nuevo a Los Pinos y ahí le diría algo como esto: “Alfonso, tu Presidente te necesita, te pide el máximo sacrificio que un Presidente le puede pedir a su leal colaborador y amigo: la renuncia”… Esto nunca lo desmintió Martínez Domínguez)…
Otro político repetidor sexenal, fue Arsenio Farell Cubillas, que siendo secretario del Trabajo con Miguel de la Madrid, se mantendría durante los primeros tres años del sexenio de Carlos Salinas.
El resto de repetidores se limita a encargados de despacho a la renuncia del titular, para luego ser ratificados en el siguiente Gobierno.
A vuelo de pájaro, citaría los casos de Jesús Silva Herzog, que asumió la Secretaría de Hacienda tres meses antes de terminar el régimen de López Portillo, y continuaría en el de Miguel de La Madrid.
Antes, Hugo B. Margain casi por la fuerza desplazó a Ortiz Mena de Hacienda para tomar posesión; continuaría con Echeverría por algunos años.
El propio LEA asumió la Secretaría de Gobernación (encargado del despacho) más de un año antes de que López Mateos terminara el sexenio y, seis años después, haría lo propio Mario Moya Palencia.
Pero, ciertamente, secretarios de dos o más sexenios, solamente Ortiz Mena y, como regente, Uruchurtu. Y en el caso del priísmo local sólo el profesor Andrés Valdivia Aguilera ha sido presidente del Comité Directivo Estatal por trece años consecutivos y esa experiencia, lamentablemente, no ha sido aprovechada por el partido tricolor.
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