El Trastorno Afectivo Estacional (TAE) es una forma de depresión que ocurre a causa de la falta de exposición a la luz durante el invierno. Por lo general comienza en el otoño (octubre o noviembre) y desaparece en la primavera (marzo o abril). Los síntomas son altamente individualizados y dependen mucho del lugar en que se vive.
Con el TAE, una persona sufre síntomas de depresión a medida que se acerca el invierno y las horas de luz se van reduciendo. Cuando la primavera regresa y los días vuelven a ser más largos, las personas que lo padecen experimentan alivio de los síntomas y su estado de ánimo y nivel de energía se normalizan. Se puede hacer un verdadero diagnóstico de TAE sólo después que los síntomas se hayan presentado durante los últimos dos inviernos al menos por dos semanas cada vez.
Los síntomas pueden variar de leves a severos. Éstos podrían ser simplemente una molestia con la cual vivir o lo suficientemente graves para afectar su capacidad para funcionar. Las personas que experimentan síntomas leves pero no son diagnosticados con frecuencia describen tener “nostalgia de fin de año”
¿Cuáles son los síntomas?
Los síntomas pueden ser apatía, depresión, fatiga, sensación de vacío o de falta de motivación por realizar actividades, así como un aumento de la necesidad de ingerir alimentos dulces, dificultad para concentrarse y para pensar con claridad, disminución de las actividades sociales; problemas con el sueño y con la productividad y la eficacia en el trabajo, incapacidad para disfrutar, sensación de no poder completar las tareas tan bien como antes y sentirse insatisfechos o culpables, somnolencia diurna, disminución del deseo sexual; demostrar mayor sensibilidad que lo usual y llorar o molestarse con más facilidad, síntomas que se acentúan si la persona ha tenido antecedentes de cuadros de ansiedad, depresión o trastorno bipolar.
Los síntomas del TAE pueden parecerse a los de otras condiciones psiquiátricas. Siempre consulte a su médico para el diagnóstico. Como otras formas de depresión, los síntomas del TAE pueden ser leves, graves, o de grado intermedio. Los síntomas más leves interfieren menos con la posibilidad de la persona para participar en las actividades cotidianas, pero los más graves pueden incapacitar a la persona que lo padece. El patrón estacional del TAE – el hecho de que los síntomas ocurren sólo durante unos pocos meses cada invierno (durante por lo menos 2 años seguidos) pero no durante las otras estaciones – es lo que lo distingue de las otras formas de depresión.
¿Cuáles son las causas del TAE?
Los expertos creen que en el TAE la depresión está desencadenada por la respuesta del cerebro a la disminución de la exposición a la luz natural. Las teorías actuales se concentran en el papel que podrían tener dos sustancias químicas específicas en el cerebro: melatonina y serotonina. Estas ayudan a regular los ciclos de sueño-vigilia, la energía y el estado de ánimo.
La melatonina, es una hormona, sintetizada a partir de la serotonina, que es un neurotransmisor, relacionado con la depresión, varía durante las 24 horas del día, en función de la iluminación de nuestro entorno, por ello influye en los ritmos circadianos y la vigilia-sueño, interviene en procesos fisiológicos y endocrinos, otras condiciones que la pueden hacer variar, además de la luz, son el estrés y la edad.
La melatonina está asociada con el sueño. El cuerpo la produce en mayor cantidad cuando hay oscuridad o cuando los días son más cortos, lo cual puede hacer que una persona se sienta somnolienta y letárgica. Con la serotonina, sucede lo opuesto – la producción aumenta cuando una persona está expuesta a la luz solar, de modo que es probable que los niveles de serotonina sean más bajos durante el invierno. Los niveles bajos de serotonina están asociados con depresión, de manera que aumentar la disponibilidad de serotonina ayuda a combatirla.
Los días más cortos y las horas de oscuridad más largas en el otoño y el invierno pueden causar un aumento en los niveles de melatonina y una disminución en los niveles de serotonina, que podrían crear condiciones biológicas para la depresión. Siempre que se haga este diagnostico se descartarán otras enfermedades que lo puedan producir.
¿Quién padece TAE?
El TAE puede afectar a adultos, adolescentes y niños. La prevalencia del TAE varía de una región a otra. Curiosamente, cuando las personas con TAE viajan a áreas de menor latitud durante el invierno, no padecen de sus síntomas estacionales. Esto respalda la teoría de que el TAE está relacionado a la exposición a la luz solar.
Este trastorno afecta a personas de cualquier grupo racial o étnico, y puede ocurrir a cualquier edad; aunque se observa con más frecuencia en personas entre los veinte y cuarenta años. Incluso los niños pueden ser afectados; sin embargo, podrían experimentar diferentes síntomas que los adultos. Por ejemplo, los niños son más propensos a estar irritables en lugar de tristes o ansiosos.
Se estima, según distintas fuentes, que entre un 6% y 30% de la población lo pueden sufrir, afecta cuatro veces más a la mujer que al hombre, y entre las mujeres en edades comprendidas entre 25 y 45 años. La química del cerebro, los antecedentes familiares, las experiencias de cada sujeto pueden aumentar su probabilidad.
Los médicos y profesionales de la salud mental diagnostican TAE después de una evaluación cuidadosa. Es importante hacerse un examen médico para asegurarse que los síntomas no se deban a una afección médica que necesite tratamiento. El cansancio, la fatiga y la falta de energía podrían ser señales de otra afección médica como por ejemplo hipotiroidismo, hipoglucemia o mononucleosis. Hay otros trastornos médicos que pueden causar cambios en el apetito, el sueño o la fatiga excesiva.
Cuando se determina que una persona padece de TAE, los médicos pueden recomendar alguno de los siguientes tratamientos:
1. Mayor exposición a la luz. Para una persona que tiene síntomas leves, podría ser suficiente pasar más tiempo al aire libre durante las horas de luz natural, tal vez haciendo ejercicio o dando una caminata diaria.
2. Fototerapia. La terapia incluye el uso de una luz especial que simula la del día. Se coloca un panel de luz especial sobre una mesa o escritorio y la persona se sienta delante durante un periodo corto de tiempo todos los días (más o menos 45 minutos al día, usualmente en la mañana). La persona debe mirar de reojo hacia la luz ocasionalmente y no de frente durante períodos largos (para que la luz actúe, tiene que ser absorbida a través de la retina). Los síntomas tienden a mejorar en unos pocos días en algunos casos o en unas pocas semanas en otros. Generalmente, los médicos recomiendan utilizar la terapia de luz hasta que la luz natural exterior sea suficiente. Como en el caso de cualquier tratamiento médico, la terapia de luz debe ser utilizada bajo la supervisión de un médico. Las personas con otro tipo de trastorno depresivo, piel sensible a la luz, o condiciones médicas que hagan que los ojos sean vulnerables al daño causado por la luz, deben usar la terapia de luz con cautela. Las luces que se utilizan para la fototerapia para el TAE deben filtrar y eliminar los rayos ultravioleta dañinos. No se deben utilizar camas o cabinas para bronceado para aliviar los síntomas del TAE. Algunos efectos secundarios leves de la fototerapia podrían incluir dolor de cabeza o fatiga visual.
3. Psicoterapia: se concentra en examinar los pensamientos y sentimientos negativos asociados con la depresión y ayuda a aliviar la sensación de aislamiento o soledad que sienten las personas con depresión. El apoyo y la guía de un terapeuta profesional es benéfico para una persona con TAE ya que le ayuda a actuar sobre los pensamientos y la conducta, el objetivo es descubrir los pensamientos negativos y automáticos que acompañan a este estado, así como las ideas irracionales que se generan, también incrementar las habilidades sociales adecuadas, realizar las actividades que se han dejado, resolver problemas, planificar actividades nuevas y gratificantes, controlar la ansiedad mediante técnicas de relajación, trabajar la autoestima.
4. Medicamentos. Los medicamentos antidepresivos ayudan a regular el equilibrio de serotonina y otros neurotransmisores en el cerebro, que afectan el estado de ánimo y la energía. Los medicamentos deben ser recetados y controlados por un médico.
El tratamiento específico del TAE será determinado por su médico basándose en lo siguiente:
1. La edad, el estado general de salud y la historia médica.
2. Lo avanzado de la enfermedad.
3. La tolerancia a determinados medicamentos, procedimientos o terapias.
4. Las expectativas para la trayectoria de la enfermedad.
La principal diferencia entre TAE y otros tipos de depresión es que ocurre sólo durante los meses de invierno. En muchos tipos de depresión, las personas generalmente comen y duermen menos y bajan de peso; las personas con TAE por lo general comen y duermen más y aumentan de peso cuando hace frío y está oscuro afuera. El TAE no es causado por factores psicológicos o sociales, aunque tales factores estresantes pueden agravarlo. La tristeza normal tiende a ser situacional y por lo general no incluye estos síntomas físicos.
La “nostalgia navideña” puede distinguirse del TAE debido a que por lo general no está acompañada por síntomas físicos. Ésta es causada por los factores estresantes típicos de la temporada de diciembre y ocurren solamente en la época navideña.
Si usted tiene síntomas de TAE leves, comience por incrementar su exposición a la luz regular al interior y al exterior. Si los síntomas están interfiriendo considerablemente con su calidad de vida, consulte a su médico y/o a un profesional en salud mental. Éste puede determinar y discutir los tratamientos disponibles. Hay numerosas opciones de tratamiento que se pueden usar solas o combinadas para sentirse mejor y mantener una perspectiva más brillante en el invierno. Siempre busque el consejo de un doctor u otra persona calificada antes de iniciar cualquier nuevo tratamiento, o si tiene dudas respecto a una condición médica.
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Dra. Claudia Bermúdez la felicito por su acertado comentario, ya que en esta época Navideña muchas veces le damos poca importancia a todos estos síntomas sin pensar que podemos tener una mejor calidad de vida preocupandonos más por nuestra salud mental y emocional.
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