Recuerdos de fin de año

Escrito por on dic 28th, 2008 y archivado en Sin categoría. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Estamos a unos días de que finalice el año y la reflexión que me hago es: ¿Con qué me quedaría de lo que hasta ahora he vivido? Sin duda me quedaría con la imagen de un día lluvioso y con el descubrimiento del arco iris. Con el recuerdo de mis amigos cuando brincábamos los charcos cuando presurosos acudíamos a nuestro colegio, el Colegio Zaragoza de las señoritas Zoila y Oliva Cárdenas.
Me quedaría con el rostro de mi hijo mayor el día que acudimos al centro y se quedó curioseando en una tienda habiéndoseme perdido por unos minutos; cuando nos percatamos del olvido involuntario, regresamos a buscarlo y vi en su carita la transformación del susto al gusto por encontrarnos nuevamente.
Me quedaría con la imagen de las calles de la colonial ciudad de Durango, ciudad de mis antepasados, de mi abuelo el Profesor Rodrigo Avalos Martínez, pintor reconocido en aquellos lares; y mi bisabuelo Petronilo Avalos, maestro, tan solo algunos meses, de Doroteo Arango. De Durango sus calles, típicas del México antiguo; el barrio de Analco, del Calvario, las Moreiras o Tierra Blanca; calles por donde deambulaban los comerciantes ofertando sus diferentes productos. Cargas de leña -¡ah! que rico el olor a leña saliendo por las chimeneas de las casas que todavía cocinaban así-, o las canastas gorditas de maíz, los marquesotes, los dulces de anís y de canela; otros con semitas de trigo. Había quienes cargaban los costales llenos de carbón y otros que jalando sus carritos gritaban desde muy temprano: ¡agua miel!..¡Pulque! o las deliciosas nieves de garrafa en el Parque Guadiana. ¡Los lonches de Juanon! Recuerdos muy bonitos.

CATEDRAL DE DURANGO

También me quedaría con la imagen de mi abuelito Nacho cuando despachaba los boletos del tren allá en la estación de Uruapan, en Michoacán, lugar al que en una ocasión llegó un indito a comprar un boleto para Corupo, pueblito que está a 38 kms de Uruapan.

El indígena le pidió el boleto a mi abuelo, que era un hombre muy educado con un hablar muy correcto; cuando mi abuelo le dijo el costo del boleto el indito no completó la cantidad y le decía a mi abuelo que se lo dejara mas barato, que le faltaban algunos pesos. Mi abuelo le respondió: No objete señor, no objete, el boleto cuesta tanto. El indito le respondió: no señor, no soy ojete, lo que pasa es que solo esto traigo. Mi abuelo platicaba que la inocencia del aborigen le cayó en gracia y él puso lo que le faltaba para el pasaje.

PALACIO MUNICIPAL DE SAN FCO DEL RINCON
De Guanajuato mi Estado natal me quedaría con la imagen de mis tías, tan cariñosas con su primer sobrino- o sea yo-. Genoveva, Lupe, Esther y Luz María. De mi tío Nacho que me llevaba al fútbol. Ahí nació mi gusto por el América, aunque él le iba – y le sigue yendo a pesar de los pesares- al León. Como recuerdo la casa en que nací, en la calle de Madero # 32 en San Francisco del Rincón. Casa antigua en la que en tiempos de los cristeros mi bisabuela escondió a un sacerdote, el cual oficiaba a escondidas. Desafortunadamente un mal día fue hallado por los soldados y cuando le preguntaron si él era sacerdote no lo negó. Al otro día fue fusilado debajo de un puente que aún existe a la entrada al pueblo. Este sacerdote es uno de los que canonizó Juan Pablo II.

Esa casa de San Francisco era muy bonita, grande, con su jardín y su pozo, de donde sacaban agua para los quehaceres y para tomar. En las mañanas, muy temprano se escuchaba el trinar de los pájaros que alborotados anunciaban el inicio de un nuevo día.

Mi abuela ya para esas horas había iniciado la preparación del desayuno y el olor del café recién hecho era algo cotidiano. Afuera de la cocina estaba colgada una jaula en la que permanecía un hermoso perico de cabeza amarilla que gritaba insistentemente para que se percataran que él también quería su nixtamal como desayuno.
De las experiencias más bonitas me quedaría cuando nació cada uno de mis hijos. La alegría de ver a un ser pequeñito que llega a este mundo no se paga con nada. Cada uno fue una experiencia diferente pero con el mismo cariño y la misma ilusión.
Me quedaría con la belleza del sol al ocultarse en la bahía de Bucerías, Nayarit. Un sol enorme como una bola gigantesca de fuego que contrastaba con el azul intenso de un firmamento al que yo sentí parte de mis raíces. Y más hermoso al contemplarlo en compañía de mi familia, sin más comunicación que el mismo ruido de las olas del mar.

Volvería a la imagen de Cristo Rey en el cerro del Cubilete..¡Que belleza!..¡Que devoción más grande de la gente! Una obra monumental en un lugar en el que se siente la cercanía del cielo. Un Cristo del cual se siente como emana una energía capaz de hacer vibrar al más incrédulo.
También me quedaría con las primeras experiencias de escribir para un diario. Las primeras columnas escritas con la vieja maquina Remington..¡Del año del caldo!
Me quedo también con las enseñanzas de Felipe González. La vida ha sido su maestra y con ello ha logrado cosas importantes. Recuerdo que cuando gobernador, en una gira de trabajo por el municipio de Asientos me dijo mientras recorríamos la carretera hacia aquel lugar: “La ingenuidad no se permite en la política, ni en ninguna otra actividad de la vida”. Lo anterior debido a que había quienes decían que Felipe no era político. Les falló y tanto que llegó a ser el segundo hombre más importante en la Secretaría que maneja la política nacional. Y ahí, en muchas ocasiones actuó como si fuera el titular. Resolvió conflictos muy delicados.

Con Felipe he tenido la oportunidad de estar cerca para percatarme de situaciones que para algunos serían increíbles, como su fe y respeto por la dignidad humana. Su amor imperecedero por su madre, de quién el solo recordarla le pone los ojos llorosos. Su deceso le sigue doliendo al ex gobernador. Anécdotas tengo muchas. Cosa aparte es la bohemia que hemos compartido en no pocas ocasiones. San Álvaro Carrillo siempre ha estado presente junto con una copa de un buen vino tinto y un aromático puro veracruzano.
Desde luego que me quedo con el cariño de mis padres e hijos. De Ara, mi compañera, que se preocupa a veces de más por mi. De mi hermano a quien de vez en cuando tengo la oportunidad de verlo. Y no es que sea despegado de la familia, así es él. Cariño y presencia a cuenta gotas ¡pero efectivas! Recuerdo como si fuera ayer cuando estudiaba en San Luis y andaba sin un clavo en la bolsa. O cuando recién termino su carrera que tuve la oportunidad de recomendarlo para su primer trabajo con el licenciado José Severo Mendoza Q.E.P.D.
¿Que tiraría?…las ofensas, la humillación y la impunidad. Pero sé que sin ellas tampoco sería quien soy. ¡Bienvenidas! Me quedaría con la certeza de que no hay mejor camino para crecer que el dolor. Que la vida que me ha tocado vivir ha sido buena. Me ha enseñado los rostros y las personas claves para entender lo humano.
Lo que habría que olvidar: La mentira, la traición, la deslealtad. El lado oscuro del ser humano del que nadie estamos exentos de sufrir sus consecuencias y que duelen mas, mucho más cuando vienen de un ser cercano a quién se le tenía toda la confianza del mundo. Pero en fin, somos seres humanos y hay quién sucumbe.

Me llevo los poemas del maestro Francisco López Yañes y las canciones de los compositores mexicanos. Las acuarelas de mi ex condiscípulo Tomas González. Los olores y sensaciones que han hecho que recupere la memoria de mi especie. Pero sobre todo, esta vida que me ha tocado vivir me ha enseñado que cuando todo esta perdido, el amor es lo único que lo salva.

¡Feliz Año Nuevo para todos!

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