Perfiles del horizonte político

Escrito por Jesús Orozco Castellanos on dic 8th, 2008 y archivado en Política. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

El periodista Ciro Gómez Leyva comentó que un grupo de trabajadores administrativos y de intendencia de uno de los estudios de Televisa esperó a que saliera Enrique Peña Nieto de una entrevista con Adela Micha para saludarlo. Eran muchos. Hay todo un fenómeno en marcha. Quienes promovieron la reforma legal que impide a los funcionarios públicos hacerse publicidad en los medios, deben estar muy sorprendidos: el gobernador del Estado de México está más fuerte que nunca.
La más reciente encuesta nacional del Gabinete de Comunicación Estratégica (16 mil entrevistas telefónicas y 1,500 domiciliarias) le da a Peña Nieto más del 48% de preferencia en la intención de voto, frente a 13% de Marcelo Ebrard y 9% de Santiago Creel.
El escenario hacia el 2012 se va perfilando. Si el gobernador Peña Nieto no comete errores y si sus adversarios no encuentran algo para hundirlo, difícilmente alguien le arrebataría la candidatura presidencial por el PRI. Por el lado del PAN no hay precandidato a la vista, salvo Creel, a quien no se ve cómo pudiera su partido postularlo. Ya perdió frente a AMLO la elección para jefe de gobierno del D.F. en el 2000 y perdió también las primarias del PAN a manos de Felipe Calderón. Claro que falta mucho tiempo. A Calderón nadie lo imaginaba candidato del PAN dos años antes de la elección y ahora es Presidente.
En el flanco izquierdo las cosas se van aclarando poco a poco. La corriente Nueva Izquierda que ahora tiene el control pleno del PRD ha tendido una cortina de humo que nadie toma en serio. Dicen que su proyecto para el 2012 es el ex rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, ahora en un relativo desempleo y el mismo que tras las elecciones del 2006 soñó en convertirse en el Portes Gil del siglo XXI. Pero De la Fuente ni siquiera estuvo presente en el discurso inaugural de Jesús Ortega en el Teatro de la Ciudad (de México). El único prospecto de peso con que cuenta el PRD de Ortega es Marcelo Ebrard (que sí se hizo presente), habida cuenta de la ruptura cada vez más profunda con AMLO. Lo del ex rector es sólo un pretexto para encarecerle a Marcelo la negociación de su candidatura.
Por su parte, AMLO prepara el terreno para lanzar su candidatura por cuenta propia, apoyado por los dirigentes del PT y Convergencia. Cuando le preguntaron si piensa permanecer en las filas del PRD, dijo que lo decidirá hasta las próximas elecciones federales. La prensa creyó que se trata de un enigma indescifrable. ¡Qué ingenuidad! Ese asunto es más claro que el agua. Si el resultado electoral les permite a sus actuales aliados (PT y Convergencia) conservar el registro, tiene la opción de armar su candidatura presidencial montado en esos partidos. Si lo pierden, las cosas se complican. Tendría que buscar la formación de un partido nuevo. Eso no es tan difícil. El problema es que no tendría dinero para su campaña porque el financiamiento a los partidos se deriva de los resultados electorales que alcancen. Y sin dinero oficial, cualquier gasto llamaría a sospecha. Por eso AMLO no descarta permanecer en el PRD y dar la batalla desde adentro. Por algo dejó a Encinas como cabeza de playa dentro del partido.
Las malas lenguas dicen que AMLO tiene un “guardadito” porque no se gastó todo el dinero que le dieron los empresarios en la elección del 2006. Nadie se explica cómo le hace para sostener su “movimiento” (acarreos, transporte, giras personales, sueldos de los integrantes del “gobierno legítimo”, viáticos, etc.). Él dice que cuenta con aportaciones voluntarias de sus partidarios. Pero lo que será mucho más difícil de explicar es cómo va a financiar el semanario que comenzará a circular en febrero próximo con el nombre de “El Periódico”. Será el órgano oficial del Gobierno Legítimo (así, sin comillas ni cursivas). El periodista Pablo Hiriart publicó una columna en la que comenta este asunto. La publicación tendrá un millón de ejemplares, certificados ante notario público. Y asómbrese usted…¡serán gratuitos! Hiriart afirma que con un cálculo conservador, cada ejemplar costaría cinco pesos, más gastos de administración de “El Periódico”. Para sostenerlo se necesitan por lo menos 250 millones de pesos al año.
El escenario pinta para que la elección del 2012 pudiera darse entre cuatro candidatos de peso: Peña Nieto, Marcelo Ebrard, López Obrador y el que seleccione el PAN. Pienso que no hay que menospreciar a este último partido. El Presidente Calderón pondrá en juego su capital político y su estrategia de imagen. Esto puede favorecer a su candidato. Su diseño de imagen pública es realmente ingenioso. En la más reciente encuesta de Consulta-Mitofsky, el Presidente tiene una aprobación del 61%. Está por encima de Fox hace seis años (54%), de Zedillo hace doce (56.8%) y casi igual que Salinas hace 18 años (64%).
Ahora bien, un 74% de los encuestados afirma que la situación política del país va de mal en peor. Y hay un dato alarmante: el 85% dice que su situación económica ha empeorado. ¿Cómo se explica esta contradicción? Con sus propios datos, Roy Campos, el dueño de la empresa, tiene la respuesta: la gente no ve como responsable a Calderón de los graves males que aquejan al país. Y el Presidente se encarga de que así ocurra, al poner a los culpables en otro lado: la crisis financiera mundial, la falta de apoyo del Congreso, las políticas equivocadas de otros sexenios, etc., etc. Esto hace pensar que podría llegar con fuerza a la contienda electoral del 2012 y esa fuerza la puede poner a disposición de su candidato.
Con cuatro candidatos fuertes, el panorama se complica porque cualquiera que gane llegará a la Presidencia con un Congreso muy dividido. Y peor aún, con una posible fracción parlamentaria, la de AMLO, dispuesta a tomar a cualquier precio lo que no le dé la correlación de fuerzas parlamentarias. Imaginemos un escenario hipotético en el que el PRI tenga 200 diputados, el PAN 130, el PRD 100 y la fracción de AMLO 70. Probablemente no habría problema de entendimiento entre PRI, PAN y el PRD de Jesús Ortega. Pero con 70 rijosos apoderados de las tribunas se puede impedir cualquier intento de arreglo institucional.
Se ha sugerido que, en previsión de estos escenarios, se apruebe una reforma constitucional para el cambio de régimen, de manera que podamos contar con un jefe de Estado (el Presidente de la República) y un jefe de gobierno designado por el Congreso a propuesta del Presidente. Esto permitiría contar con mayorías parlamentarias en automático. Muchos vemos con buenos ojos esta posibilidad. Sin embargo, encuentro que hay una dificultad para la que no se ve solución en nuestro país.
Para cualquier cambio de régimen se requiere una suerte de pacto fundacional. Así ha ocurrido, por ejemplo, en países como España, Chile, Rusia, Sudáfrica y los países de Europa Oriental. Y ese pacto supone la unanimidad de los actores políticos. Para que el nuevo régimen funcione se requiere que todos estén de acuerdo. Ese es el problema nuestro. El ala radical de AMLO no acepta el juego democrático, trabaja dentro de las instituciones para dinamitarlas. AMLO seguirá con su proyecto de refundación de la República, arguyendo que le robaron la elección y que va por la segunda oportunidad. No lo demos por muerto, dice el articulista Jaime Sánchez Susarrey. Es un político hábil, tenaz, con la fuerza necesaria para dar la batalla. Creo que difícilmente ganaría la Presidencia, y menos frente a Peña Nieto. Pero sería un terrible dolor de cabeza para el país enfrentar un escenario como el aquí descrito. Y todo parece indicar que para allá vamos. La única opción a la vista es el diseño de una política social que satisfaga en la mayor medida posible los intereses de la izquierda para poder aislar a los ultras. Aislados, no tendrían más camino que aceptar el juego democrático y las instituciones de la República o atenerse a las consecuencias legales. Para eso es la ley, para aplicarse.

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